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A 45 AÑOS DEL GOLPE, UNA MARCHA MILITANTE CONTRA LA IMPUNIDAD Y LA REPRESION

Por Georges Almendras

A 45 AÑOS DEL GOLPE,  UNA MARCHA  MILITANTE  CONTRA LA IMPUNIDAD Y LA REPRESION

Por Jean Georges Almendras-27 de junio de 2018

Más de doscientas personas, muchos jóvenes entre ellos, portando pancartas con fotos de víctimas de la dictadura y con consignas contra la impunidad y contra el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, y cantando slogans recorrieron cerca de una docena de cuadras, para finalmente concentrarse brevemente en las puertas del Comando General del Ejército de la Avenida Garibaldi y Juan José de Amézaga, de la ciudad de Montevideo donde leyeron dos proclamas y quemaron un muñeco con un uniforme militar. Fue una marcha que marcó la diferencia con la marcha del silencio de los días 20 de mayo,  por no ser encorsetada y por ser frontal en el reclamo de que lo militares responsables de violaciones de derechos humanos no queden impunes. En la pancarta insignia, de ésta marcha convocada y organizada por organizaciones y gremios estudiantiles, en la que no se registraron incidentes,  se leía  “Ningún milico en la calle, ningún impune sin condena”. Una consigna comprometida con  la justicia y con la coherencia de  preservar la democracia de hoy. La democracia que no implique volver a ver militares en las calles del Uruguay, con el pretexto de trabajar para la seguridad ciudadana. Una democracia, que signifique en los hechos y en las palabras, preservar la memoria sin hipocresías. Que signifique una herramienta legítima para preservar la libertad y para destronar la cultura de la impunidad (de la cual son cómplices los gobernantes de turno) y en consecuencia la indiferencia del Estado, en relación a la lentitud con la que se trabaja para hallar los restos de los detenidos desaparecidos en dictadura contribuyéndose así que los represores –militares, policías y civiles- sigan impunes y libres, en Montevideo y en el Interior del país.

A las 18 y 30 hrs del día miércoles 27 de junio de este 2018, tal como estaba previsto, numerosas personas de diferentes gremios y asociaciones comenzaron a llegar a la esquina de la calle Pando y la Avenida Garibaldi, sobre el ala norte del Hospital Español.

Jóvenes en su mayoría, los manifestantes fueron preparando sus pancartas y gradualmente formaron una columna que se ubicó sobre la Avenida Garibaldi en dirección  al edificio central del Comando General del Ejército. Entre esas pancartas estaban las de nuestros compañeros del Movimiento Cultural Internacional Our Voice, y de la Asociación Cultural Un Punto en el Infinito. 

Finalmente al caer la tarde, a los 45 años del golpe militar (materializado en aquellos días por el líder del partido colorado y en ese momento presidente constitucional del Uruguay, Juan María Bordaberry)  los manifestantes   comenzaron a desplazarse por la Avenida en dirección Sur.

Una camioneta encabezaba la marcha. Y desde un parlante se fue recordando a toda voz los momentos del golpe y los padecimientos de muchos uruguayos, pautando la tónica de la  movilización que contó con un poco más de 200 personas portando pancartas y banderas de gremios.

No hubo incidentes  ni con fuerzas policiales, por cierto no visibles ante la concurrencia, ni con ciudadanos que no participaban de la movilización. Una movilización que no por ruidosa o frontal resultó irrespetuosa o violenta. Todo lo contrario. La marcha se desarrolló pacíficamente en el marco de una expresión de libertad, que marcó una notoria diferencia con la silenciosa marcha de los días 20 de cada mes de mayo, organizada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos.

En todo el recorrido se respiraba en el ambiente el aire de la militancia juvenil y de la conciencia social. Se respiraban aires de libertad. Aires de militancia libre y distante del poder. Militancia de jóvenes expresando su disconformidad en un país en donde la cultura de la impunidad hace estragos en la conciencia ciudadana, especialmente cuando se trata de encarar el tema del castigo de los responsables de violaciones de los DDHH,  de torturas y de muertes en el tiempo dictatorial y el tema de los desaparecidos, es decir, de lo lerdas que resultan ser las tareas de excavación para ubicar restos de detenidos desaparecidos. Excavaciones que han sido obstaculizadas bajo diferentes modalidades, con la complicidad del sistema político, del Poder Judicial y por una omertá implacable y criminal de los militares, que no brindan información de los lugares de los enterramientos; y lo que es más, que tampoco son obligados por el Presidente de la República Tabaré Vázquez, a develar todos los hechos, obligación que tampoco cumplieron los otros presidentes post dictadura: Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y José “Pepe” Mujica.

La fase final de la marcha consistió, primero en la lectura de dos proclamas y adhesiones de gremios,  y segundo en la quema de un muñeco atado al vallado instalado en todo el frente del edificio del  Comando. Un edificio con las luces frontales apagadas. O sea, un edificio a oscuras, con los ventanales de la entrada principal tapiada por telones protectores.

A la quema del muñeco los manifestantes corearon algunas consignas y recorrieron una par de cuadras, hasta el cruce con Bulevar Artigas. Fue el punto final de una marcha combativa y militante. Una marcha sobrada en  vida y en ansias de justicia y de verdad.

En un momento, en medio de esa forma de lucha, estando allí, nos resultó imposible  no cuestionarnos sobre la ausencia de los miles de personas que se hicieron presentes el pasado 20 de mayo en la Marcha del Silencio de la avenida 18 de julio.

¿Dónde estaban?. No los vimos. ¿Acaso esa marcha de la Avenida Garibaldi trata de temas opuestos? No son opuestos en absoluto pero queda claro que las formas son diametralmente opuestas. Una incoherencia que debería avergonzarnos. Una incoherencia que favorece a los impunes y a los represores. Gústenos o no.

Pero así están planteadas las cosas.

¿Acaso marchar el 27 de junio de 2018, a los 45 años del golpe militar, de la forma en que se marchó hasta el Comando General del Ejército, es un acto ilegítimo?

Creemos que no. Que no es un acto ilegítimo. Y digo más: marchar así, es  dar un paso adelante. Es un paso firme para no ser condicionado, ni por el poder, ni por el sistema político.

Es un paso militante con mayúsculas. Muy distante de la institucionalidad y de la estructura de la  Marcha del Silencio.

Es un paso a favor de la memoria. De la memoria libre. Libre de presiones y de esquemas. Esquemas que a la larga se tornan cómplices del poder y de la impunidad.

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*Fotos de Antimafia Dos Mil y Our Voice.