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AHED TAMIMI, LA PRESA POLITICA QUE NO PODRAN CALLAR

Por Jean Georges Almendras

AHED TAMIMI, LA PRESA POLITICA QUE NO PODRAN CALLAR

Por Jean Georges Almendras-4 de enero de 2017

No le tembló el pulso al régimen israelí al descargar sobre Ahed Tamimi un intenso fuego de artillería judicial: doce acusaciones cayeron sobre  la adolescente, que sin desmerecer, o ignorar, o subestimar a otros patriotas palestinos del ayer y del hoy,  es el  emblema juvenil viviente de una lucha (por la libertad de Palestina) que lleva ya 69 años. El mundo se estremeció, cuando se conoció la noticia, de que el Tribunal Militar formalizó esa friolera y tendenciosa carga de acusaciones en contra de Ahed. La noticia generó protestas, indignación y repulsión por el proceder israelí. Pero también generó una inusitada (y muy merecedora) campaña internacional para que la joven, su prima y su madre sean liberadas, y para que no se cometan arbitrariedades o excesos legales durante el proceso que está en curso.

Fuera de los muros del lugar donde se encuentra recluida Ahed y sus dos cercanas parientes, la tamaña acusación resulta ser un atentado más a la libertad del pueblo palestino. Y por si fuera poco, también,  un atropello a la inteligencia humana de los pueblos que no forman parte de la comunidad israelí, y que disienten enérgicamente con la posición israelí respecto al pueblo palestino, a su territorialidad, y a su futuro.

¿Con estas acusaciones, el gobierno israelí, quizás pretende escarmentar políticamente al pueblo palestino en resistencia a la ocupación de los colonos?  Si así lo pensaron a la hora de definir, redactar y anunciar las acusaciones, me atrevo a decir –sin temor a equivocarme- que eso está muy lejos de ocurrir.

El pueblo palestino está más cercano de la resistencia que de la sumisión.

Ahed Tamimi, de 16 años de edad, activista palestina que desde niña no tuvo miedo a los invasores, fue detenida el pasado día 19 de diciembre, tres días después de haber protagonizado un incidente con soldados judíos, prácticamente en las puertas mismas de su casa, en la ciudad de Nabi Saleh, en Cisjordania. Este incidente, en el que Ahed y su prima Nour de 20 años, encaran a los soldados, pateándolos e increpándoles su presencia en el lugar, para finalmente abofetear a uno de los uniformados,  fue filmado y luego divulgado. Y esa fue la piedra del escándalo. Ese fue el crimen cometido por Ahed: abofetear e increpar a los soldados del gobierno israelí.  

En el incidente también tomó participación la madre de Ahed; y pues entonces ella fue igualmente detenida y sometida al Tribunal Militar. El saldo fue entonces de tres mujeres palestinas azotadas por el látigo de la “justicia”, de un gobierno que impunemente se rasga las vestiduras por su comportamiento ultrajante.

¿Ultrajante? ¿Entonces qué deberíamos hacer y decir de un gobierno que no ha cesado de ultrajar a todo un pueblo desde el año 1948?

En los 69 años transcurridos, ha corrido mucha agua bajo el puente, y mucha sangre se ha derramado; y muchas bombas israelíes han caído sobre poblaciones palestinas segando miles de vidas inocentes. Una andanada de violencias se fueron desatando y hoy en día, que las cartas ya están echadas, el pueblo palestino no tiene otra que seguir resistiendo.

A juzgar por los hechos, la  resistencia civil palestina vive una de sus facetas más mediáticas, y más dramáticas, después de las recurrentes represiones  de los últimos años, con el saldo de muertos y heridos.

A juzgar por los hechos, ahora que Trump apunta con su dedo a Jerusalén como la capital de Israel, se reavivaron las resistencias.  La alternativa de lucha civil, ya es imposible de ignorar o de obviar, porque el pueblo palestino llegó al límite. 

Ahed Tamimi, junto a su familia, y junto a otros jóvenes y otras familiares, viven esa resistencia no por marketing, ni por esnobismo. La viven  y la padecen, para poder vencer a la muerte y a la opresión, y para poder desarrollarse en paz. Del otro lado de las fronteras de Cisjordania y de la Franja de Gaza, los vientos son otros. Los vientos son de guerra. Los vientos son  de exterminio. De intolerancia y de un odio racial, tan recalcitrante, que para muchos, en otras latitudes, apoyar  la causa palestina resulta más una honra, que un riesgo o un pecado.

Ahed Tamimi, junto a su madre y su prima, siguen detenidas. Y hace 48 horas el Tribunal militar, particularmente a Ahed, le ha imputado doce cargos. Los más destacados: “agresión agravada”,”obstaculizar a un soldado en su cumplimiento del deber”, “incitación al odio” “lanzamiento de piedras”, “asalto” y “amenazas a la vida de un soldado”.ahed1 

Las cartas perversas del destino, momentáneamente en manos del régimen israelí, parecería que buscan apagar la llama de la resistencia que encendió la joven Ahed, pero no precisamente el día en que abofeteó al soldado, sino el primer día en que siendo más niña  (cuando apenas tenía once años) levantó sus puños infantiles a un soldado, a la vista de todos y a la vista de un celular que registraba el incidente; incidente que no quedó en el anonimato, porque fue divulgado por las redes sociales con celeridad increíble.

Creo que desde ese momento las fuerzas del orden israelíes tuvieron entre cejas a la niña Ahed de aquellos tiempos y a su familia. Creo que desde ese  momento, los odios a su persona y a su lucha se fueron intensificando. Y creo que desde ese momento, Ahed Tamimi, hoy ya una adolescente sobradamente consciente de sus actos, de sus ideas y de su lucha, se hizo de los enemigos que hoy la quieren ver encerrada, sofocada y callada.

El abogado militar que interviene en el proceso ha pedido  que Ahed y su madrem y su prima, permanezcan detenidas mientras se llevan a cabo los procesos contra ellas. El abogado militar ha pedido para ellas prisión incondicional. En definitiva, ha pedido que todo el peso de la ley caiga sobre ellas. ¿Quizás, buscando la aplicación de un castigo ejemplarizante para que otros palestinos se inhiban de seguir los pasos de Ahed y de las otras detenidas? Quizás. Pero no sé si será tan ejemplarizante. Y no sé si  se resentirán las manifestaciones y las protestas.

La cuestión es, que a diferentes niveles y en diferentes países de la región y del mundo se sigue el curso de los acontecimientos, y se apoya valerosamente la causa palestina. Custodiando celosamente, aún a la distancia, que Ahed no sea doblegada y mucho menos encerrada, como una delincuente., porque Ahed no es una delincuente, es literalmente, una presa política. Es una prisionera del régimen. Es una prisionera por sus ideas, más que por las bofetadas o por las patadas o por los gritos.

Doce acusaciones cayeron sobre ella: una forma de violencia más. Doce acusaciones de un régimen-imperio que hace una vez más, su demostración de despotismo y de autoritarismo. Doce acusaciones. ¿Con ánimo de callar a Ahed? ¿Con ánimo de debilitar una lucha legítima?¿Con ánimo de  crucificarla  judicialmente? Quizás. Pero dudo mucho que lo opresores  logren callarla y someterla.

Irónicamente, en la región, hace un poquito más de  dos mil años,  el poder de la época, torturó y  crucificó hasta la muerte a un justo, pero ni lo calló, ni lo sometió. 

Salvando las distancias,  respecto al  justo de hace dos  mil años,  y solo porque todo aconteció y acontece en esa región, no podemos evitar preguntarnos, y preguntar  al lector: ¿permitiremos que hoy  el poder prácticamente crucifique judicialmente a una joven adolescente que no dudó enfrentarse a la prepotencia de un régimen, por  comprometerse  con una lucha justa?

¿Lo permitiremos?

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*Foto de Portada: www.clarin.com REUTERS

*Foto 2: www.clarin.com AFP