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Antimafia Dos Mil Paraguay

Por Jean Georges Almendras, director de Antimafia Dos Mil Uruguay

No se nos hace necesario apelar al pasado paraguayo para asumir que con la tragedia de la desaparición física de Pablo Medina y de Antonia Almada en manos del crimen organizado, en octubre de este 2014, no hay generación de la sociedad humana que no esté fuera del alcance del poder mafioso, por más que haya aún quienes lo ignoran o que equivocadamente lo vean muy distante de sus respectivas realidades, en su país de residencia.

Antimafia Duemila, fundada   en Italia hace 14 años, no es indiferente ni ajena a los difíciles momentos por los cuales vive la población paraguaya que ha sido testigo de la forma en que sicarios del narcotráfico segaron la vida de dos personas que no hacían otra cosa que trabajar, en y para su país, en el marco del ejercicio del periodismo libre.

Un periodismo que solo en el 2014, ya tuvo trs víctimas. Un periodismo lacerado por el poder mafioso instalado en diferentes ámbitos de la sociedad paraguaya. Un periodismo ejercido dentro de un país que conoce la corrupción y el crimen organizado desde los tiempos de la denominada guerra de la Triple Alianza hasta nuestros días, con todos los procesos históricos por los cuales la historia da cuenta.

¿Y vale la pena hacer periodismo libre en el Paraguay de hoy? ¿Y vale la pena hacer periodismo libre en el mundo? Creemos que ahora más que nunca el periodismo debe hacer gala de su libertad, contra viento y marea. Los profesionales debemos salirnos un poco de nuestros miedos o condicionamientos del sistema en el cual nos formamos y nos desarrollamos. Dejar atrás los parámetros del miedo, traducidos en aquellos consejos o dictámenes, más propios del periodismo alcahuete de los gobiernos corruptos, que del periodismo ejercido en una democracia libre. Dictámenes tales como: “no hay que meterse con tal o cual fulano o empresa o político o autoridad” y “no involucrarse en ciertos temas porque hacerlo se tornaría peligroso para la fuente laboral, el estilo de vida y hasta la vida”.

Miedos que nos han sido inculcados desde nuestros años jóvenes. Aquellos miedos que han hecho de nuestra profesión una verdadera meretriz del sistema complaciente con los poderosos de turno, que en su gran mayoría forman parte del circo mediático de los tiempos que corren. Tiempos en los cuales pensar libremente acarrea sus riesgos. Tiempos en los cuales ser servil al sistema es lo normal y no serlo, lo anormal. Tiempos en los cuales acarrear sobre nuestras espaldas la tarea de la denuncia y la tarea de la investigación resulta más un acto suicida o demencial, que un ejemplo de ética profesional. Tiempos en los cuales poner en la mira de nuestros artículos e informes a los mafiosos que detentan el poder, compartiéndolo con algunos integrantes del sistema político y del sistema gubernamental, sería inevitablemente uno de los más grandes desatinos de nuestra vida profesional, bajo riesgo de correr la suerte de Pablo Medina y de su asistente Antonia Almada, porque pensar y escribir libremente como lo hicieron ellos, por ejemplo, no es para todos los colegas, porque prometidas por los dueños de los circos de los medios masivos de comunicación.

Entonces, como un acto coherente, con Antimafia Duemila y en particular con su fundador y director Giorgio Bongiovanni, y con los parámetros de su sitio web, de su publicación impresa y de los sitios filiales tanto de Argentina, como de Uruguay, construir la página Antimafia Paraguay, se torna más bien en una obligación inevitable. En un fin en sí mismo.

En una forma de compromiso con la libertad de expresión dentro del territorio paraguayo. En una manifestación de la democracia paraguaya, que se hace extremadamente necesaria para acompañar sin restricciones la denuncia misma del colega Pablo Medina y para ser coherentes con la denuncia que hacemos a diario contra el mafioso organizado de la región, de Italia y del mundo. Y contra los personeros del terrorismo de Estado, que tal como ocurre en la Italia hoy, optan por lavarse las manos cuando saben perfectamente que un Fiscal de Palermo vive con el riesgo diario de ser volado en pedazos por Cosa Nostra, al igual que Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, en los años 90..¿ Quizás una opción por saberse cómplices del eventual estrago?

¿Antimafia Dos Mil Paraguay también puede ser una forma de homenaje póstumo a Pablo Medina y a todos los periodistas que como él, en el Paraguay, han sido asesinados por los grupos mafiosos?. También. ¿Pero además, puede ser una forma de abrir las puertas al periodista paraguayo para que pueda compartir la tarea de denuncia y de crear conciencia en la sociedad guaraní, de que el comunicador de hoy debe ser un comprometido perseverante con los valores de la vida y de la justicia?. Puede ser. Porque la comunidad humana no debe olvidar que abrazar esos valores, sin importar donde, es fortalecer el cimiento del desarrollo humano, y en consecuencia, es preservar a las generaciones del cáncer que resultan ser los individualismos humanos y los desvíos propios del poder político, del terrorismo de Estado y del terrorismo mafioso, en las entrañas mismas de una sociedad que se jacta y que se precia de consumista, más que de solidaria.

Las cartas que fueron echadas en la historia sudamericana conocen tanto de sangre y de muerte, como de lucha y como de emancipaciones. La historia del crimen organizado en Sudamérica ostenta su violencia y su impunidad, de la mano de los poderosos, algunos de ellos del sistema político. No hay épocas ni fronteras. Solo hay intereses e historias de maldades y de aprovechadores. Los intereses mafiosos de siempre. Los de este lado del Atlántico y los del otro, quizás más antiguos, pero intereses al fin.

Es hora y momento, de los recuerdos y de los homenajes, en las pantallas de nuestras computadoras, pero también es hora y momento de las luchas en las plazas y en las calles, con armas de tinta, de web y de cine digital. Poderosas herramientas de la tecnología de hoy, para la denuncia, que debemos multiplicar y defender, para además despertar las conciencias del ciudadano común, del universitario, del gobernante, del parlamentario, del trabajador, del joven, del adolescente y del niño.

¿Por qué? Porque se sigue derramando sangre de personas justas por las calles de nuestro planeta. Porque la muerte sigue siendo la carta de presentación del poder al margen de la Ley y dentro de ella. Como si las democracias y las leyes no existiesen y como si los mártires tampoco.

Paraguay, es una tierra que también conoce de sangre y de muerte, desde tiempos inmemoriales. Paraguay, donde una vez hace mucho tiempo hasta los niños se vistieron de hombres para darle pelea al enemigo avasallador sin importar las trágicas consecuencias, es una tierra más que se suma al dolor inmenso que provoca la injusticia. Es una tierra más que se suma al mapa del mal. Es una tierra en la que vive un pueblo que deberá despertar otra vez. Despertar con conciencia.

Con conciencia de que la democracia se puede desvanecer de las manos de sus ciudadanos. Con conciencia de que el crimen organizado se está meciendo en la cuna de la impunidad.

Hoy asistimos al nacimiento de un nuevo eslabón de una cadena internacional de denuncia masiva del mal. Una denuncia masiva del mal que nos lleva a recuperar fuerzas y a devolver el golpe criminal, con el golpe de nuestro derecho y nuestra obligación de informar y de exigir justicia. Y de informar con conciencia y a conciencia. Con conciencia de libertad. Con conciencia de legalidad. Y a conciencia de que hacerlo así, es revolucionar el alma paraguayo.