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BALLOTAGE EN URUGUAY: ¿IZQUIERDA AFUERA Y DERECHIZACIÓN EN PUERTA?

Por Georges Almendras

BALLOTAGE EN URUGUAY: ¿IZQUIERDA AFUERA Y DERECHIZACIÓN EN PUERTA?

Plebiscito: triunfó el NO  a la reforma de la Constitución, el NO a la militarización

                          Por Jean Georges Almendras-28 de octubre de 2019

Con toda la parafernalia fascista de Piñera, en Chile (desatando en los últimos días los infiernos de la dictadura pinochetista que no dejó de teñir de sangre y de represión las  calles y las plazas de Santiago y de otras ciudades del interior) como telón de fondo en la región,  se llevaran a cabo en Uruguay y Argentina, durante la reciente jornada dominical pasada las elecciones nacionales. Y los resultados fueron consecuentes con las realidades de cada país.

En el Uruguay, ganó el presidenciable Daniel Martínez, de la fuerza política oficialista Frente Amplio, dándose paso al ballotage que será el último domingo de noviembre. En paralelo a esta contienda que aún tiene puntos suspensivos, la propuesta del senador Jorge Larrañaga de Reforma de la Constitución no tuvo andamiento, en el marco del plebiscito que acompasó a las elecciones de los gobernantes. Es decir triunfó el NO a la Reforma. La propuesta de Larrañaga de “Vivir Sin Miedo” promovía la creación de una guardia nacional que pondría a 2 mil militares en las calles en tareas de seguridad (una burda militarización) habilitando los allanamientos nocturnos, la eliminación de las libertades anticipadas para determinados delitos (entre ellos la rapiña) y la cadena perpetua para algunas figuras delictivas.

Por su parte en Argentina, ganó  el Frente de Todos (el kirchnerismo) con Alberto Fernández, imponiéndose sobre el partido oficialista Juntos por el Cambio, cuya cabeza es Mauricio Macri.

Con los resultados sobre la mesa el panorama político en el Río de la Plata presenta ahora particularidades que no nos deben llamar la atención: en la vecina orilla la administración Macri no hizo otra cosa que sembrar desatinos económicos y sociales de proporciones en los diferentes frentes y la polarización dijo presente entre los argentinos. El oficialismo fue literalmente asediado por la oposición y el triunfo de Alberto Fernández, que ganó en una primera vuelta con un 48.03% de las mesas escrutadas, resulto ser inevitable. La fórmula Fernández-Fernández se apuntaló sobre la premisa ya generalizada de que los argentinos “deben dejan de sufrir”. El triunfo de Alberto Fernández y Cristina Fernández significa el punto final de un gobierno de extrema derecha, donde el saqueo al país fue descarado, y la pérdida de soberanía sobre los recursos naturales y territorios fue una constante, con el plus de la instalación de bases militares norteamericanas. También fue el punto final (así lo esperamos) de un panorama social estremecedor: en la Argentina de hoy millones de personas viven bajo la línea de pobreza.

¿Con Alberto Fernández como titular de la Casa Rosada cuáles serán los pilares de su gestión?¿ Dentro de qué parámetros se llevaran adelante las innovaciones?¿Serán Alberto y Cristina una garantía para que la Argentina tenga una nueva imagen y las realidades sociales den un giro de 180 grados?¿Las persecuciones a los pueblos originarios que conocemos (con las muertes de Santiago  Maldonado y Rafael Nahuel, ambos aún impunes) se detendrán? Alberto Fernández dice tener el poder real  ¿Será así verdaderamente?. ¿El FMI será siendo el “Protagonista” del nuevo poder kirchnerista? Preguntas sobran. De aquí en más los resultados se verán en la cancha.

En el Uruguay, el panorama resulta ser diferente: habrá un ballotage que pone al Frente Amplio (la fuerza política progresista “la izquierda uruguaya”)  literalmente contra las cuerdas. El candidato Daniel Martínez ahora tiene como único contrincante a Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional.

 ¿El país está a un tris de girar a la derecha? ¿Las posibilidades son claras y contundentes?: El candidato socialista del Frente Amplio Daniel Martínez alcanzó un 39.9 por ciento de los votos frente a Luis Lacalle Pou, un joven abogado (hijo del ex presidente Luis Alberto Lacalle) que obtuvo un 29 por ciento. Y más allá de los porcentajes logrados por los restantes candidatos, que no fueron pocos esta vez, estas cifras determinaron no solo la realización de una segunda vuelta el próximo 24 de noviembre, sino la posibilidad de que los partidos de la derecha y de la ultraderecha uruguayoa estén en carrera para mover el mapa político del Uruguay, después de 15 años (tres períodos) de triunfo de la coalición de izquierdas, siendo presidentes: Tabaré Vázquez y José Mujica, ambos seriamente cuestionados no solo por la oposición, sino por los sectores de izquierda escindidos del Frente Amplio.

Hoy, quizás como respuesta a una cadena de fallas (indiferencias en temas sensibles como el de los DDHH, omisiones, corrupciones o malas administraciones públicas, etc) dentro de los períodos consecutivos de los sectores de izquierda, el pueblo uruguayo mostró una clara tendencia a dar vuelta la página. Y esta situación verdaderamente sorprendió a los dirigentes del partido oficialista quienes rápidamente, y tras conocerse el resultado de las elecciones nacionales, llamaron a todos hacer una autocrítica y a estrechar lazos, con la esperanza de no perder los sitiales de poder, en la segunda vuelta.

Pero las cartas para el Frente Amplio ya se habrían echado desde hace mucho tiempo cuando una sucesión de circunstancias fueron arrinconando a las bases y la fuerza militante del Frente Amplio comenzó a resentirse.

La sociedad uruguaya comenzó a fragmentar sus ideas y en esa dinámica se fueron creando nuevos partidos. Entonces, con ese panorama en el correr de este 2019 se registró un episodio que dejó a todos atónitos: a los partidos tradicionales (Blanco y Colorado), al Partido Independiente (de línea moderada), al Partido de la Gente (de línea conservadora) al Partido Ecológico (de línea ambientalista), al Partido de los Trabajadores, a Unidad Popular (ambos de corriente de izquierda), se sumaron el Partido Verde Animalista (crítico básicamente del Frente Amplio) y el  Partido Digital y el Partido Cabildo  Abierto, éste último liderado nada más ni nada menos que por el ex Comandante en Jefe del Ejército, el Gral (r) Guido Manini Rìos, de ideas de derecha. En simultáneo, el Partido Colorado se fue debilitando visiblemente y el Partido Nacional  mantuvo sus niveles de oposición, creciendo notoriamente su militancia.

En las elecciones de este domingo último salieron todos los actores políticos a la cancha y la masa ciudadana  sembró de sorpresas las filas del oficialismo y las filas de los analistas.

El Frente Amplio perdió su mayoría parlamentaria y el Partido Nacional fue sensiblemente su oponente más firme y más próximo en cifras de votantes,  de ahí que en el ballotage próximo, la Presidencia de la República la disputaran entre el candidato frenteamplista Daniel Martínez (socialista) y el senador Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional. Todo hace suponer que la izquierda en esta oportunidad, de no producirse un sorpresivo giro de la ciudadanía a la hora de votar, sería puesto a distancia de la casa de gobierno, lo que significaría un verdadero traspié para la fuerza política que se mantuvo en el poder por quince años.

Pero en medio de este inusitado panorama, lo que verdaderamente nos resulta preocupante es que  a través del  partido Cabildo Abierto, de muy reciente creación, la casta militar (o el ala de la derecha y ultraderecha uruguaya) estará presente flagrantemente en el Parlamento Nacional. Los militares, que representan a una institución que sigue impune frente a los delitos de Lesa Humanidad cometidos en dictadura, formarán parte de la vida política. ¿La cultura de la impunidad lisa y llana?.

Cabildo Abierto alcanzó más del 10% de los votantes y en consecuencia tendrá tres senadores y once diputados. Una cifra alarmante tomando en cuenta su corta estadía en el escenario político  nacional.

¿Una inevitable derechización dentro del sistema político uruguayo?¿Donde quedaron los temas relacionados con los DDHH ahora que la casta militar tiene a los suyos en ambas Cámaras? ¿Si eventualmente el presidente electo sea el joven Luis Lacalle (de clara tendencia  conservadora y derechista, aunque con sesgos de liberal) como será el relacionamiento con los sectores más duros de la derecha uruguaya? ¿Cuáles serán las consecuencias de este nuevo giro que se estaría viviendo en el Uruguay, en materia de conducción del país? ¿Aún no habiendo salido triunfadora la Reforma de la Constitución (ergo la militarización)  de triunfar Luis Lacalle Pou, se respetará el resultado del plebiscito, es decir el NO a la Reforma?

Preguntas, y más preguntas, que nos hacemos en medio de un clima político con rispideces y con sorpresas que pueden ser determinantes para la economía, la educación, la cultura y la seguridad de los uruguayos, a poco de instalarse el nuevo gobierno uruguayo el 1ero de marzo del 2020.

Hoy, lo claro y contundente es que la izquierda del Frente Amplio en el Uruguay, con estos resultados, estaría prácticamente arrinconada y a riesgo de perder posicionamiento en la conducción del país. Al mismo tiempo, desde filas de los partidos que entienden que  son la izquierda verdadera, seguramente la resistencia deberá tomar otro sentido y otro rumbo, y su militancia deberá ser más intensa. Pero además, desde filas de la derecha uruguaya, crecen las ansias de cambio y de poner a un costado las ideas y las acciones de la izquierda frenteamplista.

Lamentablemente, creo que se nos avecina un Uruguay diferente: ¿Un Uruguay al estilo Bolsonaro? ¿Al estilo Piñera?  Esperemos que no, sinceramente.

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*Foto de Portada: www.radiocolonia.com /Daniel Martínez y Luis Lacalle  Pou

*Foto 2: www.diarioelpaisdeuruguay.com /Guido Manini Ríos de Cabildo Abierto