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BERTA CÁCERES: CONDENAS PARA ASESINOS NO PARA IDEÓLOGOS

Por Georges Almendras

BERTA CÁCERES: CONDENAS PARA  ASESINOS NO PARA IDEÓLOGOS

Por Jean Georges Almendras-1ero de diciembre de 2018

 

A 31 meses del crimen de la activista lenca Berta Cáceres, en Honduras, sobreviene la condena de los acusados. Una condena que significa mucho en un país donde la corrupción es un emblema. Pero se trata de una condena a medias, sencillamente porque  (como siempre ocurre en estos crímenes del poder) solo caen quienes empuñan las armas de fuego para acabar con vidas, mientras que los ideólogos que dan las órdenes quedan siempre entre las sombras, amparados por el manto de la impunidad.

Tal es el panorama en relación a uno de los tantos crímenes contra activistas, indígenas en su  mayoría, que luchan a brazo partido para defender tierras, comunidades, culturas y derechos. Un panorama que puede hacernos sentir regocijados, pero no podemos ser hipócritas y decir que es así, porque no es así como nos sentimos.

La hija mayor de Berta Cáceres, Olivia Zúñiga, ha dicho públicamente que la familia se siente contenta con el fallo (“de ver en la cárcel a los asesinos que mataron a mi madre”) pero agregó, enérgicamente, que exigen que se lleve a la justicia a los autores intelectuales del mortal atentado, en el que además fue herido de bala el activista ambientalista mexicano Gustavo Castro, en la fatídica noche del 2 de marzo del pasado 2016, en una vivienda del barrio La Esperanza, del suroeste de Honduras.

El periodismo hondureño dio a conocer el fallo. Un fallo en el que se declara culpables a siete de los ocho acusados. Los fiscales declararon culpables del asesinato de Berta Cáceres a Sergio Ramón Rodríguez, ingeniero de Desarrollos Energéticos SA (DESA), a Douglas Geovanny Bustillo, ex jefe de seguridad de (DESA) y militar retirado; a Mariano Díaz Chávez, ex soldado que sirvió con Bustillo; a Henry Javier Hernández, ex soldado hondureño, que sirvió con Díaz; a Edwin Rápalo, ex soldado hondureño; a Edilson Duarte Meza y a Óscar Torres.

Un octavo imputado: Emerson Duarte Meza fue declarado inocente por falta de suficiente evidencia en su contra, razón por la cual recuperó su libertad. Además a Hernández,Rápalo, Edilson Duarte y Torres se los halló culpables de tentativa de homicidio, por el atentado cometido contra el activista  Gustavo Castro, quien se encontraba en la vivienda en el momento de la acción criminal.

Inmediatamente de los hechos de ese mes de marzo, y al margen del repudio y de la indignación generalizada, el clima de tensión llegó a su máxima expresión debido al tenor del mortal ataque y de la víctima propiamente.

Berta Cáceres era regional y mundialmente conocida, en particular por su tenaz lucha contra las multinacionales que operaban en su tierra, con fines exclusivamente económicos y descaradamente indiferentes a las necesidades de las comunidades campesinas e indígenas de la zona. Un embate descarnado de estas empresas generó oportunamente una resistencia pacífica y muy fuerte de parte del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), cuya fundadora era ni más ni menos  que una mujer de carácter fuerte, carismática y muy preciada en la región por tratarse de una indígena lenca. Esa mujer era Berta Cáceres.

Berta, como así se le decía, alcanzó un prestigio tal (y un respeto tal) que en el año 2015 fue galardonada con el reconocido Premio Ambiental Goldman, fundamentalmente por su intensa labor de activista opositora a la construcción de la represa hidroeléctrica Agua Zarca, administrada por DESA. Un emprendimiento que literalmente amenazaba con poner en riesgo a las comunidades indígenas Lenca, habitantes de las márgenes del río Gualcarque. Un río considerado sagrado por los indígenas de esa región de Honduras.

De acuerdo a las informaciones procedentes de Honduras los acusados podrían recibir hasta 30 años de prisión por el homicidio de Berta Cáceres, y de 20 a 30 años por la tentativa de homicidio del activista mexicano Castro.

Pero todo esto se podrá saber recién el año próximo porque la lectura de las respectivas sentencias, por parte del Tribunal, se ha previsto para el día 10 de enero.

No podemos olvidar que Berta Cáceres fue ultimada a balazos. Porque a tiro limpio y amparados en las sombras de la noche entraron los asesinos en la vivienda del barrio La Esperanza.

No podemos olvidar que ese  ataque cobarde y de metodología mafiosa fue un ataque a las comunidades lencas y a los activistas que como Berta se enfrentaron al poder a riesgo de sus vidas, solo por el hecho de defender tierras y la paz que hay en ellas.

Las comunidades indígenas no son ni grupos terroristas, ni grupos de  delincuentes. Son hombres y mujeres que trabajan la tierra en la que nacieron, y en la que se desarrollaron, siempre bajo la mirada mezquina de los poderosos con los cuales deben convivir. Esos poderosos hondureños y esos poderosos extranjeros que anclan sus barcos de la codicia para saquear recursos y para avasallar seres humanos y culturas, con el pretexto empresarial, bandera de un capitalismo criminal y devorador de almas y de voluntades.

No podemos olvidarnos, aún con este fallo histórico y a medias (porque siempre los ideólogos de estas barbaridades sobradas en sangre y en muerte quedan en la penumbra y bajo el ala de la impunidad)  de la saña con la que actuaron y actúan los poderosos de nuestra amada América Latina.

No podemos ignorar tanta sangre derramada, porque antes de Berta Cáceres y después de Berta Cáceres hubo más muertes y más sufrimientos.

No podemos dejarnos seducir por los conformismos. No podemos.

Los ideólogos. Los mandantes. Los que dan las macabras y criminales órdenes: están libres. Libres y caminando por las calles y por los caminos, y por lo cerros de Honduras. Y fuera del país, también.

Están libres. Pero tienen el alma negra. Tienen sus manos tintas de sangre.

Berta Cáceres y los mártires de esas luchas, y de esos compromisos con la libertad y con la vida misma de las comunidades indígenas (que con su valor en la lucha y con su ética y con  su moral en la convivencia, son un ejemplo de humanidad) siguen siendo el faro de las comunidades. Siguen siendo el faro que da luz a las sombras extendidas de un sistema capitalista criminal e implacable.

¿Se hizo justicia en el caso Berta Cáceres? No lo sé verdaderamente.

Solo sé que las luchas no han terminado. Solo sé que hay involucrados gozando de la libertad. Solo sé que la justicia tiene muchas caras. Algunas caras son de transparencia y de honestidad. Otras no.

¿Por qué? Porque los condenados son únicamente la punta de iceberg. Y porque el iceberg entero difícilmente puede ser desenmascarado ante los Tribunales.

Una constante de los tiempos que corren. Un mal extendido por el mundo, pero mucho más por nuestra América Latina.

Una constante que nos lleva a redoblar resistencias, aún estando distantes de las tierras de Berta, lo que no es obstáculo para compartir la lucha de sus hijas y de sus compañeros del COPIHN.

Restan aún instancias judiciales en torno al ex director ejecutivo de DESA,   Roberto David Castillo Mejía, quien se presume es uno de los principales autores intelectuales del asesinato de Berta. Pero estamos seguros que hay más ideólogos.

Resta aún la etapa final en la que se dictarán las respectivas sentencias de las siete  personas detenidas.

Si todos aguardamos más de dos años (obviamente con muchas idas y venidas en las investigaciones, idas y venidas traducidas en obstáculos de toda forma y tenor) para llegar a este punto, esperar hasta el día 10 de enero, para conocer las sentencias, no creo que sea tan difícil.

Pero lo que sí nos resulta muy difícil es poder decir que se hizo justicia con mayúsculas, porque cuando se trata del poder sentado en el banco de los acusados, la justicia siempre se viste de artimañas y de pasadizos secretos para defender impunidades o para alivianar años de cárcel.

Y si eso pasa otra vez, habrá que tragar saliva y resistir, e intensificar los reclamos.

Cuando se trata del poder, sea en Honduras o fuera de ella, siempre se buscan caminos alternativos para que la verdad se opaque o literalmente se hunda en las aguas y en el tiempo.

Quisieron hacerlo luego de dar  muerte a Berta Cáceres  y sin ir muy lejos, y a modo de ejemplo de lo que pasa en América Latina, lo están haciendo en Argentina, donde fuerzas represivas operando ilícitamente contra pueblos originarios (mapuches), hace un poco más de un año, ahogaron en el río Chubut a Santiago Maldonado y hace pocos días ahogaron la verdad sobre este crimen de Estado, cerrando el caso como si nada hubiera ocurrido.

Entonces, allá y acá, seguirá la lucha de hombres y mujeres (y de jóvenes) avasallados por el poder.

Una lucha sin fronteras, para un poder criminal igualmente sin fronteras.

Entonces, no olvidemos que detrás de los siete condenados, quedan personajes impunes: los personajes de las tinieblas que dictaron órdenes, brindaron logística, dieron dinero y aportaron infraestructura.

Para silenciar a una mujer justa.

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*Foto de Portada: www.mundiano.com