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CASO AMIA: EL OPORTUNO DEDO ACUSADOR DE MARIO CIMADEVILLA

Por Georges Almendras

CASO AMIA: EL OPORTUNO DEDO ACUSADOR DE MARIO CIMADEVILLA

A la verdad del escritor Juan Salinas se suma la verdad de un ex funcionario público

Por Jean Georges Almendras-30 de enero de 2019

La pista iraní es débil. Importa más que se mantenga la sospecha sobre Irán que la verdad. Insisto que la pista iraní es débil, pero hay que investigarla. Pero así y todo, tanto Estados Unidos como Israel prefieren que persista el manto de dudas sobre los iraníes. Prefieren eso en lugar de que se avance a fondo para conocer si realmente tuvieron algo que ver. Y el gobierno nacional, en esto, se coloca bajo la mirada que tiene Estados Unidos”.

Quien recientemente así habló con periodistas del diario de Trelew, fue el ex titular de la Unidad Especial AMIA del Ministerio de Justicia, Mario Cimadevilla. Pero además y por si fuera poco, en un texto de su puño y letra, de 50 páginas, reveló sin cortapisas que en el año 2016 expertos de los servicios de inteligencia extranjeros cuestionaron la pista iraní, la participación de Hezbollah, la existencia del suicida en el atentado contra la AMIA y la utilización de un auto que reconocen estuvo frente a Pasteur 633, pero que tal vez no se incrustó sino que cargaba explosivos que se direccionaron hacia el edificio comunitario de Israel.

Los bombazos a la embajada de Israel, del año 92 y a la sede de la AMIA, del año 94 (en Buenos Aires, Argentina) dejaron hasta hoy una estela de intrigas, indescriptibles. Intrigas y canalladas de diferente tenor en las que las responsabilidades de las muertes ocasionadas están estrechamente ligadas a un entramado donde las mafias (y en particular las turbias actividades de hombres del poder desviado) el accionar de servicios de inteligencia de Argentina, Estados Unidos y la mismísima Israel, tuvieron mucho que ver.

Tanto tuvieron que ver, que en el después de los bombazos predominaron más las metodologías operativas (a cargo de personas del Estado argentino) tendientes a encubrir a los verdaderos autores materiales e ideológicos, que tendientes a sacar a la luz, la verdad de cada uno de los atentados.

Pero en medio de ese viciado entorno también es viable destacar la presencia de periodistas independientes de investigación y de funcionarios del Estado argentino que se vieron implicados en la muy ardua labor de no solo desenmascarar ese obsceno encubrimiento sino a abrir paso a los caminos para llegar a la verdad. Uno de esos pocos funcionarios del Estado fue precisamente el ex senador radical por Chubut, Mario Cimadevilla, quien en marzo del año 2018 (en palabras del escritor y periodista Juan José Salinas -otro activo involucrado en el desenmascaramiento de los culpables- durante una entrevista que concedió periodistas del programa Frecuencia Joven a fines del 2018) fue retirado por Mauricio Macri de la Unidad Especial AMIA “so pretexto de reducir el Estado y las secretarías, porque Cimadevilla y su gente se estaban peleando todo el tiempo con el ministro Garavano (Germán), porque el ministro dio orden de salvar a algunos de los inculpados por encubrimiento, como por ejemplo los fiscales Eamon Mullen y José Barbacci”

Pero además, el periodista Salinas, en diálogo con los jóvenes colegas de la radio agregó lo siguiente: “Entonces Cimadevilla se enfrentó porque no estaba dispuesto a hacer todo este chanchullo y así lo echaron. Para defender su gestión Cimadevilla publicó un informe que casualmente se llama igual que mi libro, Informe AMIA, y es un informe de lo actuado en los años que estuvo al frente de la Unidad de Investigación del Poder Ejecutivo, y Cimadevilla reconoce ahí que no hay ninguna prueba. Es oficial esto, no hay prueba de que haya habido coche bomba, ni chofer suicida por supuesto, ni participación del Hezbollah ni tampoco, y lo dice a regañadientes, tampoco participación de Irán. No hay pruebas. Esta es la realidad de los atentados. Después uno si quiere puede escuchar al periodista réprobo, Daniel Santoro, en Clarín, lo puede leer, pero todo es mentira, de pe a pa, porque se ha perdido la vergüenza.”

Tanto Mario Cimadevilla como Juan José Salinas aún por separado, pero con suficientes elementos y datos en su poder fruto de rigurosas investigaciones, apuntaron en el mismo sentido: que en épocas del atentado contra la AMIA hubo (o habría) una trama de tráfico de armas y negocios ilícitos, como trastienda (y como leiv motiv) de los dos bombazos, orientado a sospechar más en personas de origen sirio que de origen iraní. No hay que olvidar que por aquellos tiempos operaba en el medio el traficante sirio Monzer Al Kassar, precisamente durante el gobierno de Carlos Menen.

La prensa argentina sacó a relucir el voluminoso texto (informe) de Mario Cimadevilla sobre la investigación del atentado a la AMIA, cuando obviamente estaba al mando de la “Unidad Especial AMIA” recolectando durante dos años y dos meses, información judicial, policial y de inteligencia.

El diario Página 12 publicó las conclusiones del documento que Cimadevilla envió al presidente Macri, quien finalmente lo desvinculó de la Unidad Especial: 1)”La investigación del atentado quedó amarrada a previas determinaciones de hipótesis de verdad” (En otros términos Cimadevilla sostiene que se armó la acusación por intereses geopolíticos y extranjeros); 2) “A la fecha del atentado, Hezbollah registraba pocas operaciones externas a su zona de conflicto”; 3) “La utilización de un vehículo nunca fue sustancialmente evidenciado ni investigado”; 4) “La geolocalización de una llamada de Mohsen Rabbani, en las cercanías de la AMIA el día del atentado, es el único vínculo que se encontró entre Rabbani y la camioneta. No fueron exploradas las demás llamadas” (Es decir que Cimadevilla pone en duda la pista Rabbani, el agregado cultural de la Embajada de Irán y principal sospechoso según el juez Juan José Galeano y según el fiscal Alberto Nisman); 5)”Respecto del soporte logístico y financiero, hubo importantes movimientos de dinero coordinados en la zona de la Triple Frontera. Esto podría indicar que la red apoyaba intereses iraníes, pero llevando a cabo otras tareas y que no estuvieran relacionadas con el atentado

En Página 12 también se pone énfasis en señalar de que Cimadevilla parte de que la idea de que hubo un gigantesco encubrimiento, que incluye al gobierno de Cambiemos, y que la razón de ese encubrimiento es la trama de negocios de armas y otros ilícitos que hubo detrás del atentado.

Pero en el texto de Cimadevilla se puntualiza también otra conclusión: “que se deben analizar en conjunto el atentado contra la Embajada de Israel, el atentado contra la AMIA y la explosión en Río Tercero”

Agrega el documento: “La adjudicación a organizaciones palestina o iraníes del atentado contra la Embajada de Israel concentró la vigilancia legal e ilegal, sobre la comunidad musulmana e iraní. En especial en la Triple Frontera. La observación la hicieron los servicios de inteligencia argentinos, brasileños, israelíes y norteamericanos. Asumir que se pudo haber repetido el modelo de atentado es exagerar la ineficiencia de esos servicios de inteligencia”

Mario Cimadevilla y Juan José Salinas van en el mismo camino aunque estén en tiendas diferentes: el primero, mientras estuvo al mando de la Unidad Especial AMIA y hasta un minuto antes de que Macri lo hiciera a un costado, y el segundo, como un periodista que a poco del atentado a la AMIA y varios años después investigó a fondo sobre ambos bombazos.

Con palabras diferentes y en escritos diferentes, y en ámbitos diferentes (pero no incongruentes) Cimadevilla y Salinas hacen causa común con hipótesis muy bien definidas.

Se desliza de que detrás del atentado a la AMIA por ejemplo, además de haber un esquema estrechamente vinculado con el tráfico de armas, no se niega la posibilidad de que estuvieran involucradas empresas iraníes, poniéndose el acento (en una clara referencia a Menem, y a sus hermanos Emir Yoma, Alfredo Yabrán, Monzer Al Kassar, Ibrahim al Ibrahim, todos vinculados con la administración del ex presidente de los argentinos oriundo de La Rioja) en que “un grupo con vinculaciones familiares y orígenes regionales en Siria adquirió manifiesta influencia y participación en la Presidencia de la Nación, la Cancillería, aduanas y servicios logísticos”

Y Cimadevilla además de agrega en el informe que detrás de esa trama hubo un enorme movimiento de dinero resaltando que “organizaciones ilícitas forman parte de la trama económica argentina hasta hoy y eso explica el continuo encubrimiento” subraya lapidariamente que “no ha existido una masiva conspiración para producir un atentado sino que éste fue generado en un masivo marco de negocios

El artículo periodístico de los colegas Raúl Kollmann e Irina Hauser, de Página 12, se cierra con una reflexión muy gráfica y determinante:”Desde el punto de vista del expediente, Cimadevilla no aporta ninguna evidencia sólida. Parece más bien una elucubración. Pero es significativo que el hombre a cargo de la investigación del caso AMIA describa que todo está supeditado a intereses geopolíticos y que las pruebas son muy escasas. En eso coincide con el juez de la causa, Rodolfo Canicoba Corral, que más de una vez dijo que las pruebas son informes de servicios de inteligencia que no tienen suficiente entidad probatoria”

Mauricio Macri, presidente de la Nación argentina, fue directamente señalado con el dedo (acusador) por Cimadevilla de “no estar dispuesto a cumplir el compromiso de buscar la verdad sobre el atentado, de proteger a los amigos del Gobierno y de sujetar (o someter, podría interpretarse) la investigación a los intereses de EE.UU e Israel”

El periodista y escritor Juan José Salinas (por fuera del Estado) porque su sitial es muy distinto al de Cimadevilla, igualmente va por el mismo rumbo: de denunciar este perverso entramado de mafia y poder. Y su reciente libro “LaINFAMIA” resulta profundamente revelador y vital para conocer todo este cúmulo de canalladas, donde la muerte y el encubrimiento han sido y siguen siendo la cuna que mece a la corrupción lisa y llana en los más altos niveles.

Historiando el episodio de disolución de la Unidad Especial AMIA por Macri, en Página 12 se ha dicho que esa Unidad tuvo ese destino “en medio de un escándalo, cuando fueron revocados los poderes de los abogados del Ministerio de Justicia que querían pedir penas para todos los implicados en el juicio sobre las irregularidades en la investigación original”

Mario Cimadevilla en diálogo con los periodistas de Página 12 dijo: “Le dije a Macri que le agradecía por relevarme de cumplir un compromiso que él no estaba dispuesto a asumir”.

Historiando sobre el documento presentado por Cimadevilla, cabe consignar que la Unidad Especializada, entre sus múltiples cometidos, había una en particular consistente en aportar a la causa madre sobre el atentado, que sigue impune, sin avances, y ejercer la querella estatal en el juicio que está en marcha por el encubrimiento del atentado a través de maniobras en la investigación original, con acusados como Carlos Saúl Menem, Hugo Anzorreguy, el ex juez Juan José Galeano, los fiscales Mullen y Barbaccia, el ex comisario Jorge “Fino” Palacios, el ex titular de la DAIA Rubén Beraja y Carlos Telleldín, ,acusados básicamente de haber armado una historia falsa para explicar el atentado. En ese marco se pagó con fondos de la ex SIDE a Telleldín para que acusara a un grupo de policías.

No en vano en un tramo del escrito de Cimadevilla se dice : “La Unidad iba camino a convertirse en una Unidad de Encubrimiento. Frente a crímenes de esta magnitud no hay derecho al secreto, ni al misterio, ni a la preservación de amigos. La investigación del atentado a la AMIA ha quedado amarrada a previas determinaciones de hipótesis de verdad sentadas por flojas decisiones anteriores, que no acusa ingenuidad epistemológica, sino simple inercia, hipocresía, cobardía o directamente complicidad institucional. Hay un entramado de delitos, negocios y negociados, estratégicos y diplomáticos, que rodearon al atentado”

La actuación del Estado argentino en la investigación está lejos de ser eficaz y efectiva. Todo lo contrario los cientos de vidas destruidas en AMIA no han logrado conmover la indiferencia del Estado, que lejos de investigar y castigar se ha regodeado en una evidente convivencia delictual, hasta extremos promiscuos. El análisis de las maniobras de encubrimiento, que adquirieron una dimensión desmesurada, sostiene la hipótesis que se obstruyó la investigación sobre el mecanismo del atentado para proteger y mantener oculto un profuso sustrato de corrupción y sus múltiples relaciones locales”.

Mario Cimadevilla y Juan Jose Salinas: el caso AMIA hace levantar una vez más el dedo acusador de ambos, para desenmascarar a los responsables materiales e intelectuales , y por si fuera poco, también para desenmascarar a los encubridores de toda una corruptela mayúscula que marcó con explosivos y muerte, una página negra de la historia argentina.

Una página en extremo macabra, por el cinismo con el que ambos bombazos fueron investigados partiendo de una sola premisa: la de que ocultar la verdad cueste lo que cueste; la de ocultarla y la de encubrirla, también cueste lo que cueste. Porque el abanico de involucrados en diferentes grados, es amplísimo.

Es repugnante por donde se lo mire. Y más repugnante se torna con el correr de los años, cuando cada 365 días las instituciones del Estado, y desde el Ejecutivo mismo se ponen palos en la rueda, para que el carro avance a paso de tortuga en pos de la verdad.

Desde el 92 y desde el 94, cada día transcurrido se ha erigido como una bandera de la impunidad, porque detrás y por el costado de los bombazos, hay olor a azufre mafioso y a funcionarios corruptos de Estados (de varios países, incluido Israel), y a servicios de inteligencia (también de varios países, incluido el MOSSAD) pútridos. Pero pútridos. Muy pútridos.

Mario Cimadevilla y Juan José Salinas, levantaron el dedo acusador y con aires de denuncia.

Porque ya es hora de patear el tablero, de una intricada red mafiosa, para que se desmorone.

Para que se destruya y para que una vez logrado ese objetivo se pueda recuperar la dignidad y la verdad, de una sociedad pisoteada por el crimen.

Porque en definitiva, los dos bombazos, no fueron otra cosa que actos mafiosos inspirados en la sed de poder y de dinero, a través de negociados sucios, como por ejemplo el tráfico de armas.

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*Foto de Portada: www.página12.com