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COBARDES ASESINOS ARREBATARON LA VIDA DE BERTA CACERES, EN HONDURAS

Por Jean Georges Almendras

COBARDES ASESINOS ARREBATARON LA VIDA DE BERTA CACERES, EN HONDURAS.

por Jean Georges Almendras-Marzo 4 de 2016

¿Quién era Berta Cáceres? Se preguntarán los europeos ¿Qué hacía para merecer la muerte? Seguirán preguntándose. Quizás hasta los sudamericanos también se harán preguntas en similares términos.
Los hondureños en cambio, saben muy bien quién era Berta Cáceres. Y tienen una sola respuesta sobre su muerte: la asesinaron por luchar.

¿Luchar? ¿Por cuál causa? ¿Contra quién o quiénes? ¿Para qué? ¿Por qué?
Berta Cáceres, era una activista que tenía 45 años y que dejó cuatro hijos. Era una líder indígena del pueblo lenca de Honduras, que había recibido anteriormente numerosas amenazas de muerte por defender las luchas de su pueblo. Era una incondicional defensora del medio ambiente. Una incondicional defensora de su pueblo. De la libertad. De la vida. De los derechos humanos.

“Crecí en un hogar dirigido solo por mi mamá (que fue partera, enfermera y alcaldesa en los años 80, de dura represión) y desde temprano ella trabajó en la defensa de los derechos humanos. A mi madre le tocó vivir dictaduras, golpes de Estado, y hoy en día me motiva para continuar con esta lucha” dijo muchas veces Berta Cáceres
“Actualmente somos más de 400 mil lencas. Somos un pueblo milenario en Honduras y el oriente de El Salvador. Nos consideramos custodios de la naturaleza, de la tierra, y sobre todo de los ríos” insistía siempre Berta Cáceres
Como coordinadora del Consejo de Pueblos Indígenas de Honduras, Berta Cáceres desde hace tiempo era víctima de persecución política. Recientemente –el año pasado- había sido galardonada con el Premio Medioambiental Goldman, en reconocimiento de su mérito como activista medioambiental.

En horas de la madrugada del jueves 3 de marzo dos o más hombres irrumpieran en su casa de la Colonia Líbano, en la ciudad de Esperanza, y la asesinaron a balazos, obviamente amparados en las sombras de la noche y muy seguros de la más absoluta vulnerabilidad de su víctima, que se hallaba entregada al descanso. Apenas dos semanas antes, Berta Cáceres había revelado públicamente en una rueda de prensa que cuatro dirigentes de su comunidad habían sido asesinados y que varios más habían reportado amenazas.

Berta ponía sobre el tapete público una dura realidad de esa región de la América Latina de hoy, aún con las venas abiertas.
Pero Berta Cáceres, en el 2013, fue mucho más allá.
Cuando el gobierno de los Estados Unidos planeaba instalar la mayor base militar de toda América Latina en Honduras, Cáceres denunció la iniciativa, y por si fuera poco, en sus declaraciones sobre este tema señaló: “las instalaciones serían un proyecto de dominación y colonización con el propósito de saquear los recursos de los bienes comunes de la naturaleza, en la nación centroamericana”

Y ese mismo año –según las informaciones que se dieron a conocer tras su asesinato- Berta Cáceres alertó: “Estados Unidos tiene previsto instalar una enorme base en una plataforma marítima. Nosotros hemos denunciado que esta base también amenaza a los pueblos hermanos. Estados Unidos, hay que recordar, siempre ha usado a Honduras como una plataforma para invadir a otros pueblos hermanos, como sucedió en los años 80 contra Nicaragua. Esta vez podría ser Venezuela”

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Las ideas, el pensamiento, la frontalidad, la transparencia y la consistencia de sus denuncias, fueron inexorablemente la esencia de la sentencia de muerte de Berta Cáceres, no obstante la cínica apreciación de las fuerzas policiales de Honduras que acudieron a la escena del hecho, dejando entrever que el atentado a su vida pudo haber sido con fines de robo: la burda argumentación de las autoridades de turno. Una hipótesis “policial” lanzada al aire para enmascarar los verdaderos móviles del mortal ataque. Una vieja artimaña, que no pierde vigencia en nuestros días.

Las autoridades de turno; el gobierno de turno; los poderosos de turno, siempre a la derecha del mal. Siempre protagonistas del mal, como agazapados para servir a la impunidad y no a la verdad. Porque la verdad hay que taparla. Esconderla. Desdibujarla. Y más aún, tenderle una trampa para que todo se distorsione y todo pase desapercibido.

En esta selva con ropaje de sociedad democrática, civilizada y coherente, las incoherencias sobran, y las arbitrariedades más aún. Pese a ello, todos estos señores corruptibles y despreciables del tercer milenio, en el que nos hallamos inmersos, que cometen asesinatos o los ordenan, no pueden evitar compartir las calles de la ciudad o el territorio en el que viven con los luchadores y las luchadoras de la talla de Berta Cáceres. Esa mujer hondureña; esa indígena, que tuvo la osadía de enfrentarse a esos lacayos del sistema- imperio, señalándolos con el dedo.

Y es inevitable entonces que esos criminales se empecinen en pulverizar a sus enemigos y por ese razón los sicarios asaltaron la vivienda de Berta Cáceres y la mataron a puro plomo. Cobardemente.
Berta Cáceres se ha marchado, o mejor dicho, la han obligado a marcharse. La han arrebatado de nuestra vida. De su pueblo lenca –una de las mayores etnias indígenas de Honduras- al que organizó para luchar –por ejemplo- contra la instalación de la represa de Agua Zarca, cuya construcción estaba prevista en el noroeste del país, más específicamente en el río Cualcarque. Un río considerado sagrado para las comunidades indígenas de la región y vital para su supervivencia.

Mientras se llora en Honduras la muerte de Berta Cáceres, los periodistas de su país y las cadenas noticiosas del mundo, que tuvieron la deferencia de dar a conocer su asesinato, no dejan de recordar la forma en que la activista indígena, oportunamente, encaró a quienes formaban parte de la construcción de la represa Agua Zarca, emblema de una colonización imperialista y dañina.

En un informe de BBC Mundo se consigna: “La campaña emprendida por Cáceres logró que el constructor más grande de represas a nivel mundial, la compañía de propiedad estatal china Sinohydro, retirara su participación en el proyecto hidroeléctrico, abandonando también el emprendimiento –tenazmente resistido por las comunidades indígenas lideradas por Berta- la Corporación Financiera Internacional, Institución del Banco Mundial”

¿Qué hubiera ocurrido si se construía la represa? ingenuamente, capaz puede llegar a preguntarse uno de nuestros lectores.

“Hubiera significado desplazamientos y hubiera impedido a la comunidad desarrollar sus actividades agrícolas. Porque no solo se privatiza el río sino además varios kilómetros a la redonda. En esos proyectos el río deja de ser de las comunidades y pasa a manos privadas” explicó Cáceres por aquellos días de lucha contra el proyecto. Un proyecto que había sido autorizado por el gobierno a espaldas de los indígenas residentes en la zona donde se llevaría a cabo la represa. Un proyecto que -según Cáceres- negó el derecho de consulta libre previa y garantizada en el convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas, ratificado por Honduras.
A la situación planteada por la represa de Agua Zarca se sumo otra no menos compleja. Amenazaron con construir una nueva represa, en otro punto del territorio, aguas arriba, surgiendo entonces el proyecto Blue Energy –sobre el río Cangel- con capitales estadounidenses y canadienses. Nuevamente la comunidad lenca y Berta se opusieron al proyecto y procuraron un apoyo en el gobierno.

Recordando los hechos, y para destacar a la luchadora y activista Berta Cáceres y a todos quienes la secundaron en sus movilizaciones, cabe mencionar que ante la falta de respuesta del gobierno, en el año 2010 Berta personalmente llevó la protesta a la capital de Honduras, a Tegucigalpa, exigiendo al Congreso el rechazo al nuevo proyecto hidroeléctrico.
Pero el poder ganó la pulseada y se otorgaron los ríos a empresas privadas, por más de 30 años. Esto derivó en la concreción de más movilizaciones: en el 2013 el pueblo lenca comenzó la toma indefinida de carreteras para impedir la entrada de maquinaria. Estos bloqueos duraron más de un año y según recordó la misma Berta Cáceres “fueron períodos difíciles. Había presencia y hostigamiento militar, policial, guardias privados y sicarios. Incluso la policía hizo acciones, como por ejemplo, apuntar los cañones de sus fusiles a las cabezas de los niños, niñas y ancianos de la ciudad de Río Branco. Y hubo muertes”

El proyecto de Agua Zarca está momentáneamente detenido y los grupos de indígenas prosiguen con su lucha para desmantelar los demás proyectos, Entre tanto, Berta Cáceres, dentro del contexto de esas luchas recientes, recibió múltiples amenazas.
En diciembre del pasado 2015 integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunciaron: “reportes que apuntan a una completa ausencia de las medidas más básicas para dar respuesta a denuncias de graves violaciones a los derechos humanos, a pesar de patrones de violencia, identificados por organizaciones campesinas, en relación a la participación del Estado en los presuntos incidentes”

Todo este sombrío panorama se torna aún más sombrío con los datos estadísticos en relación a los hechos de violencia. En el año 2014 Honduras fue el país que registró más asesinatos per cápita de defensores del medio ambiente, en todo el mundo. De las 116 muertes de ambientalistas que se documentaron en el año 2015 (el número real puede ser mayor) casi tres cuartas partes ocurrieron en América Latina, cuyas venas –insisto- siguen estando abiertas. Muertes cometidas en Honduras, Brasil y Perú, preferentemente.
Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas, ratificado por Honduras.

Y siendo más precisos, porque vale mucho la pena serlo, especialmente en estos momento que estamos informando sobre el telón de violencia en torno al crimen de Berta Cáceres, de acuerdo a un informe periodístico de BBC Mundo, en el caso de Honduras, entre 2002 y 2014, se produjeron 111 asesinatos de activistas ambientalistas, solo en territorio hondureño.

Y un detalle no menor. Yo diría más bien un detalle mayor: Chis Moye, de Global Witness en diálogo con periodistas de BBC Mundo, dijo que de esos 111 asesinatos más de 80 tuvieron lugar solo en los últimos tres años en una región conocida como Bajo Aguán.
Cabe consignar que voceros de ésta ONG cuestionan que “mientras los gobiernos se reúnen constantemente a discutir en foros globales el cambio climático, quienes están en la vanguardia de la defensa de ríos y bosques mueres impunemente sin siquiera generar cobertura en la prensa internacional”

¿Alguien puede poner en duda que Berta Cáceres estaba en la vanguardia de la defensa del medioambiente en su tierra natal? ¿Alguien puede poner en duda que Berta Cáceres estaba en la vanguardia de la defensa de la soberanía de su país? ¿Alguien puede poner en duda que Berta Cáceres trae a nuestra memoria la muerte de Francisco Alves Mendes Filho, más conocido como “Chico” Mendes, en el Brasil, el 22 de diciembre de 1988?¿ Alguien puede poner en duda que la lucha de la comunidad lenca es legítima? ¿Alguien podría llegar a suponer que verdaderamente quisieron robar a Berta Cáceres?¿ Alguien puede poner en duda que los grupos de poder económico de Honduras y de la región, dirigidos quizás desde los Estados Unidos, podrían no ser ajenos al crimen de Berta Cáceres? ¿Por qué se sigue repitiendo la historia de crimen e impunidad en contra de los activistas de nuestras tierras sudamericanas pisoteadas constantemente por el imperialismo del Norte? ¿Por qué se sigue repitiendo la historia de crimen e impunidad en perjuicio de quienes luchan por la defensa de los derechos humanos y las causas justas? ¿Usted sabe por qué?.

A tan solo 48 horas del crimen de Berta Cáceres, los ecos de repudio y de reconocimiento a su persona no se hicieron esperar. Múltiples expresiones de rechazo a este tipo de atentados y en particular al cometido contra ella recorrieron el mundo.
“Noticias increíblemente tristes llegan de Honduras. Debemos honrar las valientes contribuciones de Cáceres. El mundo ha perdido a una líder indígena increíble. Todos debemos honrar las contribuciones valientes de Cáceres, ecologista, humanitaria e inspiración para todos” fueron las expresiones en Instagran, del actor norteamericano Leonardo Di Caprio.
Por su parte el cantante del grupo Calle 13, el puertorriqueño René Pérez expresó en Twiter: “Quieren detener el incendio que se propaga pero hay fuegos que con agua no se apagan. El asesinato de Berta Cáceres multiplicará la lucha”
“Asesinato de líder indígena Berta Cáceres es horrendo crimen y golpe a derechos humanos del pueblo. Que se esclarezca crimen ya” fue el pedido desde Twiter, del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) , el uruguayo Luis Almagro, agregando: “hoy instamos a dar mejor protección y entablar diálogo con comunidades indígenas para mejor comprensión de sus problemas”.

La mexicana Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) afirmó en un comunicado que este organismo “eleva su voz para exigir justicia, para demandar el respeto y la protección de todos aquellos que como Berta, a lo largo de América Latina, empeñan su vida en construir derechos para todas y todos”
Voceros del Programa de la ONU para el Medio Ambiente se sumaron a las protestas y destacaron que Berta Cáceres “trabajó por defender el derecho de sus conciudadanos al acceso a recursos naturales, en especial el agua, uno de los objetivos que está en el corazón de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”
¿Estamos llegando a los más insospechados extremos? Tal parece que sí. Ya no hay límites desde las filas del poder para segar la vida, de quienes por fuera del sistema financiero criminal (devorador de almas y de libertades) luchan a brazo partido para preservar y defender a las comunidades indígenas sometidas y abusadas por los intereses; y para preservar y defender las tierras en las cuales viven desde tiempos ancestrales.
Los asesinos accionaron los gatillos de sus armas sobre una mujer valerosa. Le arrebataron la vida. La arrebataron de entre nosotros. Como tantas veces ha sucedido y sigue sucediendo con otros luchadores y luchadoras del mundo. No hay palabras para resumir el vacío que se siente al saber de la pérdida de Berta Cáceres.
El pueblo hondureño está de luto. Todo un reto para el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández a quien le llueven los pedidos de justicia. El pueblo lenca está de luto. América Latina está de luto, pero sin bajar los brazos.
América Latina, que sigue con las venas abiertas, sigue doliente pero luchadora. Más aún.

*Foto de portada: de www.goldmanprize.org
*Foto inferior BBC MUNDO