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CON MATEO GUTIÉRREZ, A 41 AÑOS DEL ASESINATO DE SU PADRE, QUE SIGUE IMPUNE

Por Jean Georges Almendras

CON MATEO GUTIÉRREZ, A 41 AÑOS DEL ASESINATO DE SU PADRE, QUE SIGUE IMPUNE

Por Jean Georges Almendras-12 de enero de 2017

Bs. Aires, mayo del 76, crimen del Dip.uruguayo Héctor Gutiérrez Ruiz, un crimen de Estado

 

Aún sin haber conocido personalmente a quien fuera el Presidente de la Cámara de Diputados del Parlamento uruguayo en los años setenta, Héctor Gutiérrez Ruiz “El Toba”, una de las figuras emblemáticas del Partido Nacional, pero solo haberlo visto en fotografías o en documentales me hacen decir categóricamente que su hijo Mateo, hoy un exitoso y reconocido fotógrafo, publicista y documentalista uruguayo, es muy parecido a su padre, vilmente asesinado en tiempos de la dictadura argentina y uruguaya. Mateo nos recibe en las oficinas de la agencia de publicidad en la que trabaja, que está enclavada en el límite entre los barrios Parque Rodó y Punta Carretas. Mateo, que nos habla con el timbre de voz del “Toba”, no es la primera vez que accede a recibir a un medio de comunicación para referirse sobre el documental que realizó sobre su padre, hace ya unos cuantos años, y sobre él mismo, tomando como punto de partida que haber producido y dirigido “Destino Final” fue una necesidad emocional. Pero Mateo Gutiérrez, que igualmente no restó ni palabras ni reflexiones sobre el documental “Wilson” ( Wilson Ferreira Aldunate, caudillo del Partido Nacional) que está en proceso, también profundizó, con mucha disponibilidad, sobre el sentido del crimen de su padre que conmocionó al Río de la Plata (uno de los tantos crímenes del terrorismo de Estado de aquellos días) y sobre la necesidad personal y social de que ese atentado no quede impune, enfatizando que “Destino Final” se constituyó además en un aporte en ese sentido, para que un día se informe todo sobre la muerte de su padre y de muchas personas, y para que no se olviden esos trágicos episodios.

Resultó muy constructivo y muy removedor, en los tiempos que corren, conocer el pensamiento y la visión del hombre que hoy es Mateo (de 47 años y padre de dos hijos) siendo que en la noche del secuestro de su padre, tenía tan solo 6 años de edad, que fueron suficientes para que tempranamente comprendiera los alcances y los males del terrorismo de Estado de aquellos días. Esta vivencia dramática que le tocó en suerte a él, a su madre y sus hermanos inexorablemente contribuyó para que comprendiera (cabalmente) años después el valor y el sentido del camino de compromiso que eligió su padre, al punto de homenajearlo y recordarlo a través de un documental sensible, mordaz y acusador. Un homenaje también dirigido a quienes lo acompañaron durante las luchas de denuncia en el exilio, en tiempos del terror.

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Hablar con Mateo Gutíérrez, de su padre y del documental “Destino Final”, y del documental “Wilson”, aún sin él pretenderlo, es tender redes para que la sociedad uruguaya del 2017 no deje en la cuenta del olvido la invalorable lucha que llevaron adelante tantos uruguayos, contra las dictaduras del Río de la Plata, en aquellas épocas que parecen lejanas, pero que no lo son tanto porque las impunidades y los encubrimientos siguen a la orden del día. Impunidades y encubrimientos que también alcanzaron (y alcanzan) a los asesinos del Senador Zelmar Michelini y los jóvenes Rosario Barredo y Willian Whitelaw cuyos cadáveres maniatados y presentando impactos de bala fueron hallados con el de Héctor Gutiérrez Ruiz en el interior de un automóvil marca Torino, en el cruce de las Avenidas Perito Moreno y Dellepiane, en la ciudad de Buenos Aires, el 21 de mayo de 1976. Hace ya 41 años, que no justificarían para dar vuelta la página, así como así. Porque hacerlo sería como ser cómplices de esa detestable y perversa impunidad que no cesa de aguijonearnos por décadas y por décadas, trascendiendo fronteras y víctimas.

Él llegó a casa, serían las doce y media, y yo todavía no me había acostado. Y nos fuimos a dormir y a la hora, esa sensación de que no ha pasado mucho rato, pero no sé exactamente la hora, no miré el reloj. Algunas veces digo una y media y otras dos y media o tres. No sé. Golpearon muy fuerte la puerta. Unos golpes brutales. Una puerta antigua en un departamento antiguo. Y nosotros teníamos el dormitorio y muy cerca de ahí, y saltamos inmediatamente. Cuando llegamos ya estaba abierta la puerta, abierta a golpes. Y había un hombre muy grande que la había violentado. No sé cómo lo hizo. ¡Era una bestia¡. Era ese y cuatro más. Mi visión era de cinco hombres, aunque me puedo equivocar. El impacto es terrible. Estaban en una actitud absolutamente violenta. Es más, yo siempre pensé que actuaban como drogados, porque una violencia así contra gente que no conocen, que no tienen ni idea de quién es. No sabían nada. Preguntaban ¿Usted cómo se llama? ¿Quién es? ¿Usted es el dueño de casa?. Nos preguntaban quiénes éramos. Mi marido dijo quién era, dijo que sí era el dueño de casa.” gutierrez2

Mi marido quedó anulado inmediatamente porque lo encapucharon y la capucha le hizo un efecto anulante. Yo no le oí más la voz hasta un determinado momento. Incluso me acuerdo que le hacían alguna pregunta y él contestaba con cierta torpeza, lo que no era nada natural en él. Con cierta torpeza como que no entendía lo que le preguntaban. Yo pienso que era la capucha. Aunque todos reaccionamos distinto. Yo discutí con los hombres muchas veces, y a él no le pasó nunca eso. Quedó anulado. Lo único que dijo es que se lo llevaran a él y que a nosotros no nos tocaran. Estuvieron mucho rato y robaron absolutamente de todo, de todo lo que se pueda imaginar. Estuvieron mucho rato..aunque es difícil calcular cuánto..pero fue más de una hora . Fue muy largo. Mientras tanto mi marido estaba ahí, en el living. Ellos recorrieron toda la zona, entraron en el cuarto de los chicos. Vaciaron todo. Los objetos de valor. Estuvieron desvalijando toda la casa, durante una hora. Siete valijas enteras se llevaron. Todas las que había. Todo tipo de papel. Volcaban los cajones de los escritorios. Y así marcharon apuntes de historia, papeles míos, cualquier cosa. A mi marido le pusieron un traje arriba del pijama, una gabardina, pero no lo calzaban. Entonces cuando vi que no lo calzaban pedí para calzarlo y me autorizaron a hacerlo. Y en el momento en que me acerqué él me dio nombres. Lo único que me habló en ese momento. Me repitió nombres a quienes yo debía acudir. Me hizo como una lista larga que yo trataba de reconstruir pero que eran bastante. Me dio diez nombres argentinos y los obvios uruguayos. Y ellos oyeron y el único nombre que les hizo reaccionar fue el de Michelini”

Me cortaron la línea telefónica y dejaron un auto en la puerta. O sea que no podía hacer nada. Al final, cuando se fue él, cuando se lo llevaron. Bueno, a mí también intentaron llevarme. Cuando ya estaban prontos para llevárselo a él, había una persona que dirigía el operativo, con un lenguaje un poco más pulido y con traje y corbata. Los otros eran el típico parapolicial de ese submundo. Este era un poco más refinado: tenía una cara helada. Yo discutí con él. Y mi chico mayor me gritaba a cada rato:”Cállate mamá”.

Dijo no sé qué y que los iban a matar. Que no le avisase a nadie porque si no mataban a los secuestrados. Es una amenaza que me hizo. Que no avisara a ningún uruguayo porque si no los mataba. Y ellos se habían identificado como Policía Federal. Y les dije:”¿Así que la policía mata?””Sí, mata” me dijo en el de la corbata. Y me ordenó que me vistiera porque me iban a llevar. Y ahí me metí en el cuarto de los chicos más pequeños y los chicos se pusieron a llorar. Yo pienso que no tenían el encargo de llevarme, pero que entendieron que tal vez era útil hacerlo. Y ante la resistencia optaron por no llevarme”

Cuando ellos se lo llevaron yo estaba con una confusión total. No sabía qué hacer, tenía una desorientación absoluta. No sabía ni quien era ni donde estaba. Una confusión, un aturdimiento absoluto. Lo primero que hice fue darle a los tres más chiquitos un calmante, de esos calmantes que uno tiene en casa. Y me parecía que es lo único que uno puede hacer. Eran tan chiquitos que se durmieron casi enseguida. Con el más grande me puse a conversar. Y yo quería dar señales de vida al mundo exterior, de alguna manera comunicándome con alguien. Algo intenté y dije de bajar y él me anunció que había un auto abajo. Al final lo que hicimos fue despertar a mi vecino”*

*Relato de Matilde Rodríguez Larreta esposa del Presidente de la Cámara de Representantes del Uruguay, Héctor Gutiérrez Ruiz (extractado del libro “Asesinato de Estado” del periodista Claudio Trobo) sobre el secuestro del diputado.

-¿Cómo ve Mateo Gutiérrez, más de 40 años después, un episodio en el que está involucrado su padre? Un episodio de la dictadura, ¿Cuál es la evaluación que haces, tomando en cuenta este contexto de democracia, donde las investigaciones de derechos humanos en alguna medida creo que han avanzado en forma muy lenta, con una dinámica de tortuga y con muchas asignaturas pendientes? ¿Cómo lo ve un protagonista directo y un protagonista que también, con su aporte documental, ha creado y ha formado conciencia?

– Bueno justamente, me dio por ese lado. Yo tengo un proceso personal. Opté por hacer un desarrollo profesional del tema. Entonces mezcle las dos cosas: la falta de información que yo tenía – a medida que iban pasando los años sobre todo post dictadura- y mi propia experiencia personal de ser padre y llegar a cierta edad. Y me tiré de cabeza a hacer un trabajo sin tener en cuenta el enredo. O sea, sin que me influenciara otra cosa que no fuera mi propia necesidad de contar la historia. O sea, yo tuve como un proceso personal haciendo ese documental, sin duda. A medida que yo lo iba haciendo, yo iba aprendiendo.

– Muy removedor…

– Muy removedor, en todo sentido. Aparte me tiré de cabeza, levante alfombra en el sentido de…

-.. de una necesidad.

– Seguro. Yo dije en ese momento que era una necesidad emocional, de ordenar un poco mis imágenes y mis ideas, a partir de una historia, y bueno y así fue. Entonces, esa fue mi manera de vivir el tema todos estos años. Es cierto que a nivel gubernamental, lo que sucedió fue como un reconocimiento de que el Uruguay estaba más o menos al tanto de lo que pasaba, pero no se avanzó mucho en realidad, en la causa. 

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– La causa Zelmar Michelini entre otras…

-Exacto. ¿Te acuerdas que hubo un juicio contra Bordaberry y Juan Carlos Blanco? Entonces se hizo como una responsabilidad política y todo eso, que yo lo valoro y me parece interesante, pero no me sirvió como información esa instancia. A eso me refiero. Que yo es lo que quería.

– ¿Te molesta la impunidad en esta causa y en otras causas?

– Y sí, me molesta sí. Y sí, no me gusta, no me gusta nada y confirma que el proceso no fue bueno. Lo viví en su momento, pero bueno, creo que se votó algo para alguna circunstancia y lo estoy estudiando ahora haciendo el documental sobre “Wilson”. Te podrás imaginar que yo como director, trayendo a Wilson (Ferreira Aldunate) a la escena me topo con ese momento. Para nuestra familia fue complicado, yo tenía 17 años y no se entendía que estaba pasando bien, por qué se apoyaba esa idea. Yo ya te digo, tenía 17 años en ese momento, estamos hablando del ’86. De ahí en adelante yo empiezo a tener conciencia. Empiezo a formar mi conciencia política, en la experiencia de mi familia y en lo que iba viendo con mis ojos. Entonces el trabajo. Primero lo del Toba y el de Zelmar fue muy personal, fue muy emotivo en ese sentido porque trae la imagen esa, a tierra, que yo tenía de niño, además. Y bueno, creo que ese es un repaso de lo que realmente puede haber sucedido, por más que no se lleguen a conclusiones específicas. Y esto de Wilson es lo mismo, es como un proceso continuado.

– ¿Cómo va el rodaje del documental sobre Wilson?

El rodaje se hizo desde agosto de este año (2016) y está prácticamente terminado. Estoy gestionando una entrevista importante en el exterior, que ojala salga porque son de esas entrevistas que le darían un vuelo más internacional al trabajo. Pero estamos en plena edición. Yo estoy seleccionando archivos y estoy seleccionando las entrevistas y eso.

– ¿De alguna manera también se vive la necesidad emocional con Wilson? ¿O lo que se pretende, o lo que tú pretendes, es que la figura de Wilson perdure y tenga un respaldo de memoria ante una coyuntura política en la que las nuevas generaciones puedan ir olvidando ciertas cosas?

– Es más lo segundo sí, porque no me ata directamente una cosa emocional ahí. Es como una rama que mi padre me lleva a él directamente y mi madre también. Yo viví -y siendo el más chico- muy cerca de ella -los otros ya eran más grandes, en esa época- el conflicto que hubo con él, lo vi muy cerca porque Matilde obviamente no estuvo ni a favor ni encabezó el referéndum con las otras mujeres, y yo viví esa instancia, lo viví muy cercano. Entonces esa parte de la historia también la he vivido muy cerca. Llega un momento, que después de haber hecho el otro trabajo, obviamente que me di cuenta que yo me consideraba con la capacidad de poder equilibrar todo el espectro que Wilson abarca. Porque Wilson abarca a gente muy progresista y a gente muy conservadora. Y yo no estaba dispuesto a tomar el banderín de ninguno. Yo quiero mostrar lo más vivo y lo más crudo posible. Por suerte hay mucho archivo de él, de los canales que pasaban lo que tenía, la familia etcétera. Entonces bueno, como director me balanceo en ese equilibro que quiero mostrar de Wilson, que tiene varias partes, obviamente es un tipo que su vida va cambiando muy radicalmente, muy rápidamente, en las décadas que van sucediendo.

– ¿Se hizo una zancadilla muy grande a Wilson para que no llegara a la presidencia? ¿Tú crees que si?.

– ¿En qué año decís?

– En la que fue proscripto.

Ah por supuesto. Una zancadilla de un sistema político, no de la bota militar.

– ¿Eso realmente es preocupante?

Si, para mi eran las reglas del juego. Julio María Sanguinetti se lo dice en… creo que es en Bolivia, esa reunió en que le dice: “los militares no van a achicar, están agotados pero no van a achicar porque los presionaron”. Y bueno, y él en algún momento, creo que considera que le hicieron la zancadilla y no tiene otra manera de seguir adelante, no tiene vuelta atrás, porque obviamente era… yo siempre digo, lo mejor de Wilson debe ser lo que no fue, lo que pudo haber sido.

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-El Uruguay se perdió un buen presidente.

– Sí, en el ‘71, en el ‘84 y en el ‘89. En el 71 ya sabemos las condiciones, pero bueno, es la primera, el tiempo surge; la del 84 es lo que estamos hablando y en el 89 era el Presidente y lo agarra la enfermedad y lo mata. Es increíble, entonces ¿el mensaje cuál es?, lo que pudo haber sido ese hombre y eso es lo que quiero reflejar en el documental.

-Un hombre que se salvó de la muerte en el periodo de tu padre.

Yo lo viví muy cercano, obviamente, todo eso. Y fui consciente de que en el momento no había una conciencia de que ese operativo había sido para Wilson también. Y a partir de ahí hubo que proteger a Wilson y hubo que salvarlo. Tengo la duda de que el operativo en sí haya sido también para Wilson, porque la conexión del Toba y Zelmar con Whitelaw era real. Era real en el sentido de la relación de contactos, de hablarse, de tratar de congeniar. Y Wilson no tenía ese grado de contacto, para nada, para eso estaba el Toba. Entonces ahí me entra la duda, pero a esta altura no es algo que me parezca que merece mucha atención.

– Tú no eres político, eres un documentalista, un realizador. Pero eres un protagonista de esta historia. Desde ese ángulo. No como el político pero sí desde el realizador, que maneja temas políticos. ¿Cómo ves el sistema político uruguayo? ¿Cómo ves la actual coyuntura en la que hay tres periodos del gobierno del Frente Amplio, hay un conflicto de poderes muy grande, con temas de inseguridad, temas económicos, con temas de Pluna, con temas de Ancap, con temas de derechos humanos, con una vigésima primera marcha del silencio?. Parece que está todo por salir en un camino progresista pero en realidad creo que se queda estancado. ¿Cómo analizas todo esto?

– Bueno en realidad, lo primero que dijiste, yo intento no hablar de política por más que hablo de política desde que tengo 15 años. Porque en mi casa era así, hablábamos de política todo el día, pero va directamente en contra de mis trabajos a veces, porque si yo tomo material político mis trabajos se leen con…

-Entre comillas, pero cuando tú haces un documental como “Destino Final”. Cuando vas a hacer un trabajo documental de “Wilson” estás hablando de política….

-Sin duda, sin duda… yo estoy mostrando lo que estoy queriendo mostrar, tu sabes mucho de eso, o sea, la edición es lo más manipulable, y uno lo muestra como lo quiere mostrar.

– Como lo quiere mostrar.

– Eso sin duda. Entonces ahí te puedo contestar que sí, que yo creo que hubo mucha esperanza en el primer gobierno frenteamplista, creo que se hicieron buenas cosas. El segundo -con todo su folclore- tuvo cosas positivas para el país y otras no tanto. Fue más desordenado obviamente y obviamente hay un problema interno ahí y no veo bien la oposición, ese es el problema. Entonces creo que es un buen momento para mostrar un trabajo sobre Wilson. Porque el nivel político, hoy en día, no es bueno, para mí está en crisis. Sin duda está en crisis. No quiere decir que no haya buenos senadores o buenos diputados.

– Pero hay una crisis…

Pero hay una crisis política, seguro. Y Wilson justamente representaba eso, Wilson no representaba una opción. Sí, obviamente era una opción y para otros también era otra opción. Pero era un tipo mucho más abarcativo, mucho más amplio.

– Era un caudillo..

– Un caudillo, claro, entonces yo quiero transmitir un poco eso.

-¿Hay caudillos en la izquierda? ¿Tú ves?

– No.

-¿En este momento no hay caudillos?.

No

– Creo que el último, uno de los últimos en morir fue Jorge Batlle.

Sí, Jorge Batlle podría ser un caudillo postmoderno.

– Era un caudillo de la vieja escuela

Sí, bueno esa es la otra. Lo que pasa es que uno habla de la lógica que todos tenemos, en cuanto a las reglas políticas, o sea, pero se están rompiendo las reglas. Mira Trump ¿no? barrió con las reglas políticas y ganó ahí, y bueno, yo ahí es cuando empiezo a dudar, fa capaz estamos cambiando de era, de manera de ver las cosas y de cómo se van a hacer y uno y bueno no lo sé.

-¿Te duele, te molesta, te irrita cuando quizás jóvenes de esta generación hablan de desaparecidos, hablan de dictaduras y quedan un poco indiferentes?

Y bueno antes sí.

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-Hace falta mantener la memoria viva de ciertas situaciones. Me parece ¿puede ser? ¿Tú compartes eso?

A nivel histórico sí. A nivel histórico sin duda, porque la historia no puede tener baches y ese es el problema que estamos teniendo ahora. O sea el problema que tuvo la salida, más allá de juzgamientos o no, es que dejó baches históricos en el correr del país. Entonces eso no creo que sea sano para nadie y obviamente todos los involucrados la sufrimos más porque queremos saber. Ojo yo también. Cuando empezaron a aparecer cuerpos enterrados me golpeó duro, dije “ah, mierda, no era tan como decían”. Siempre se habló todo de Argentina, de uruguayos en Argentina, no, aparecieron acá también.

Porque en tu caso, es decir en el caso de tu padre, el “Toba”, en el de Zelmar Michelini, en el de Rosario Barredo y Willian Whitelaw, aparecen los cuerpos. Hay un entierro, hay un velorio, hay una página que se da vuelta. Pero hay 200 y pico de uruguayos, no hablemos de la realidad Argentina, hablemos de la uruguaya, que está el signo de interrogación.

-No, por eso, yo me pongo en ese papel, viviendo el mío ¿no?, me pongo en ese lado y se me eriza la piel, porque todo el sentimiento que tiene uno con la ausencia y todo, encima marcarle eso que está. Esa interrogante de dónde está, eso es terrible, eso es terrible, eso hay que entenderlo. Pero bueno, a medida que pasa el tiempo la gente se empieza a enfriar. Al principio obviamente, cuanto más cerca de las fechas y más joven era uno más defendía. A medida que va pasando uno se empieza a acostumbrar, empieza a convivir con eso y como a mí me paso de empezar a hacer estos trabajos digamos que hice mi catarsis, o lo que quieras llamar. Por ese lado que coincidió con trabajos buenos profesionales por suerte, entonces en ese sentido yo tuve un proceso interesante, yo posiciono las cosas ahora en un lugar donde no me duelan y no todo el mundo tiene esa posibilidad.

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-Retomando tus dos trabajos, pero fundamentalmente “Destino Final” ¿crees que es bueno? o mejor dicho ¿sería conveniente que este trabajo y otros, vinculados a la información de violaciones de derechos humanos, para mantener la memoria viva, sea obligatorio o sea indispensable que a nivel de la juventud o de enseñanza secundaria se imponga? Sé, por ejemplo, que tu hermano Marcos hizo un trabajo que no se si se llegó a publicar.

-Para tercer año de liceo, si.

– Si, exacto, pero aparte de eso, no sería conveniente, porque quedan generaciones…

Yo creo que está cambiando, yo por ejemplo. Mi hijo tiene 15 años. Esta en 4to, tiene un profesor de Historia -analista y político- que lo llegué a entrevistar, además es joven y muy buena onda y está repasando a Wilson, al “Toba” y todo esto, entonces claro, yo estoy viendo eso a flor de piel.

-¿Tu documental no se trata de divulgar entre los jóvenes de la enseñanza secundaria?

En realidad yo no lo quise, pero tuve un pedido inmediato de grupos de historia de varios lugares, de liceos, de facultades, incluso gente vinculada con la Asociación de Psicólogos. Yo estaba buscando mi foco nada más.

-No, obviamente, pero para mí es importantísimo que ese tipo de trabajos…

Bueno y ahora se votó, con los 40 años del asesinato, se vota como ley, que se reediten todos los libros de Zelmar y como no hay libros del “Toba”, sí se está haciendo uno ahora, que se reedite la película, que ahora se me acabó, porque tenía años ya, igual hay que reeditar el dvd pero hay que inventar ahora que se maneja todo con links…

-Hago la pregunta porque quiero traerla a una situación que en este momento vive Italia. Italia tiene dentro el estigma de 200 años de mafia. Italia es la madre de todo el contexto mafioso mundial. El ejemplo siempre ha sido Cosa Nostra y siempre ha sido el molde para que se realcen las otras mafias. Y en este momento, los jóvenes en Palermo, los jóvenes en Italia, viven el olvido y hay otros grupos de jóvenes que quieren mantener la memoria viva de jueces como Paolo Borsellino y Falcone (que fueron asesinados por la mafia) por todo lo que han hecho en su lucha en contra de la mafia, sabiendo que la mafia está dentro del estado italiano y que es un verdadero cáncer dentro de Italia. Está la corriente de los jóvenes que quieren precisamente que esos líderes, caudillos, referentes, como se quiera llamar, de Falcone y Borsellino no queden en el olvido, como quizás los jóvenes de hoy o los viejos de hoy no quieren que Héctor Gutierrez Ruiz “El Toba” y Zelmar Michelini queden en el olvido… ¿qué es lo que está pasando en el mundo?, el mundo vive una esquizofrenia. O me olvido y tapo y queda todo impune o lucho para que no quede impune y para que no quede tapado y no quede olvidado. Se dan estas dos corrientes, tú como hombre que has hecho este trabajo ¿qué mensaje das sobre esos pensamientos?

Bueno ahí tengo sentimientos encontrados porque yo pienso lo mismo y este tipo de películas me han demostrado eso, que la gente joven conecta con esa situación. Yo pensaba que no ,“Destino Final” tuvo buena llegada a los jóvenes. Pero vos me preguntabas, por ejemplo estos 40 años se organizó la marcha del silencio… bueno fue una marcha especial, digamos, y me impresionó la cantidad de gente joven… yo entiendo que es un ejemplo que tenemos que pasar desde generaciones y que no se debe olvidar.

-¿Falta algo?

-No, me dio como cierta lástima, porque lo deberíamos haber arreglado nuestra generación y no ellos. Pero es un sentimiento muy personal.

-No tan personal.

-Me dio como cosa, los jóvenes deberían estar ocupados por otras cosas.

-Con mis hijos he ido a muchas marchas…

Si claro, yo he ido con mis hijos, mis sobrinos.

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-Y tengo la impresión de que sí, de que eso deberíamos haberlo arreglado. Entonces la pregunta es: ¿Se están transformando esas marchas en una fecha patria. Me pregunté en la última marcha ¿esto no deberíamos hacerlo los 365 días del año? Sino mis nietos van a tener 70 años y vamos a seguir marchando.

Si claro, bueno yo viví en carne propia, la primera marcha que fui que se llamaba como tal. Era en el ’86, que estaba Wilson, Seregni, se agarraban todos de los brazos, me acuerdo.

-Año ‘86 y estamos en el ‘2016.

– En realidad la marcha del silencio se hizo desde el año ‘96, estamos 10 años antes, entonces vi pasar mucho y justamente mucha gente.

-Mucha agua bajo el puente.

Exacto, entonces claro, uno se va curando de espanto. Pero si, yo siempre tuve esa sensación de que es terrible esto como corre. Yo como hijo quiero información.

-Como hijo no quieres la impunidad.

No claro, no quiero impunidad, después si van presos o no van presos bueno… No me muero porque vayan presos, pero yo quiero saber que pasó.

La captura del Sr. Presidente de la Cámara de Representante del Uruguay Héctor Gutiérrez Ruiz fue efectuada en las primeras horas del 18 de mayo, en su domicilio sito en Posadas 1011, por un nutrido grupo de individuos provistos de armas de guerra, que actuaron en forma pública, pausada y disciplinada. Llegaron en varios automóviles Falcon blancos, idénticos a los que usa la Policía Federal, que desde ellos se comunicaban por radio a alto volumen, con un comando central desde donde se impartían instrucciones. Por otra parte, los secuestradores informaban a gritos, desde el cuarto piso del edificio, a quienes habían permanecido en la calle, el progreso del “operativo” 

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Durante toda la operación, no se hizo presente ningún policía procedente de la Seccional próxima, a pesar de la natural alarma que los hechos suscitaron en el vecindario y entre quienes acertaron a pasar por el lugar. Tampoco acudió nadie desde las nutridas custodias armadas permanentes instaladas ante las Embajadas de Brasil, Francia, Rumania e Israel, a pesar de que la más lejana se encuentra a menos de 150 metros. Los asaltantes no entraron al edificio por la puerta más discreta señalada con el número 1011, sino por la gran puerta de la esquina con el Pasaje Saever, exactamente frente a la entrada de un edificio donde habitan el Agregado Militar del Brasil y el Dr. Marcelo Sánchez Sorondo y que cuenta con guardia armada permanente. Dicha guardia intervino pero se retiró cuando los asaltantes exhibieron credenciales que los individualizaban como integrantes de la policía y las fuerzas armadas, actuando según manifestaron, en “operaciones conjuntas”.

La familia de Gutiérrez Ruiz, presenció aterrorizada, durante una hora frente al jefe de familia atado y encapuchado, toda la operación de saqueo. Vio por lo tanto cuáles fueron los objetos que los ladrones se llevaron, pero también aquellos que desdeñaron luego de tenerlos en sus manos. Ninguno de los malhechores usaba guantes y sus huellas digitales quedaron estampadas por toda la casa, y algunas de ellas, muy nítidas, en lugares que no son tocados corrientemente. Tal es el caso de cuadros provistos de vidrios, colgados a cierta altura y que los asaltantes tocaron varias veces y luego arrojaron al suelo. La misma profusión de huellas dejaron en las habitaciones del Senador Michelini, donde también actuaron exhibiendo la seguridad de su impunidad”*

*Fragmento de una carta, que el día 24 de mayo escribió Wilson Ferreira Aldunate al general Jorge Rafael Videla, al refugiarse en la embajada de Austria, tras el cerco de muerte que también se había tendido sobre él; transcripción del libro “Asesinato de Estado” del periodista Claudio Trobo, sobre el secuestro del diputado.

-Aquel día trágico, hace unos cuarenta años, tenías seis años. ¿Algo te recuerdas de esos momentos?

– Me lo han preguntado, y yo siempre digo que debe ser por la edad. El recuerdo es como errado. Como que uno no fuera parte de la escena. Como si uno fuera el lente, capaz que es una deformación profesional. Claro a mi me decían que yo estaba llorando por ejemplo, pero no me acuerdo de mi llorando, de mi persona llorando, pero si me acuerdo de mi hermana, o sea, el cuarto de dos, yo y mi hermana. Ruido y gente que pasaba y de repente mamá que entra así como que se agita toda la casa y yo me acuerdo de mi hermana llorando y de mi madre calmar a mi hermana y figuras que pasaban, yo no reconocía a nadie, era un niño. Pasó de todo -que me lo contaron mis hermanos- y después yo la siguiente imagen, porque mi madre nos deja a los niños ahí, a los chicos, la siguiente imagen ya es cuando se van los tipos, porque yo al Toba no lo veo.

– ¿No lo llegaste a ver en ese momento?

– No, porque mi madre no nos dejó, a los chicos, a los más chiquitos, salir del cuarto.

– ¿Cuándo lo viste al Toba antes, cuando te despediste?

El día anterior, era muy normal verlo, esperarlo para darle un beso.

-¿Nunca te comento, te dejo entrever?

-No, jamás, ni a Matilde te diría, a mi menos. No, el Toba tenía… todos los que estaban cercanos a él, decían que tenía una cosa de tranquilidad constante “que no se preocupen, que no va a pasar nada” hasta los últimos 15 días y eso coincide con Whitelaw. Y ahí se preocupa. Se empezó a sentir seguido, se da cuenta que lo están siguiendo. Yo fui armando ese puzzle con algunas piezas que me han dado, evidentemente me faltan otras piezas, pero me convencí un poco de eso. Perdón, me quedo en el camino la imagen cuando yo salía del cuarto. Cuando yo salgo del cuarto, como te dije se lo llevaron al Toba, yo salgo y veo toda la casa hecha mierda, dada vuelta.

-¿Sentiste golpes, ruidos?

– Sí, sí, claro.

– ¿Frases? ¿Alguna frase, alguna palabra?

No, eso no.

– Pero no viste todo…

No, no vi todo. Esa puerta daba al corredor que iba al cuarto de mis hermanos. No, no vi nada. Solo veía pasar gente…

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– ¿Armas?

– No, pero Juan Pablo y Marcos sí, claro. Juan Pablo y Marcos estaban en el otro cuarto con Facundo que era el tercero y ellos sí. Juan Pablo lo cuenta todo. Que el oso Paqui lo agarro a Marcos y Gordon a Juan Pablo y les dijeron “no, váyanse para el cuarto”

– Eran más grandes ellos también.

14 y 12 años. Por eso. Entonces claro, eso que te digo al principio y cuando salgo veo que la casa estaba hecha… Entonces ahí, la última imagen que tengo, que también me quedó. La vieja queda como inconscientemente, una cosa como de gallina con los pollitos. La primera persona que entra a mi casa ve que está ella en el sofá con los cinco tirados alrededor y con una frazada tapada, como si fuera la perra herida con los cachorros.

– ¿Cómo te ves ahora en un contexto después de todos estos años?. Con tu familia, con tus hijos. Con una profesión de realizaciones publicitarias, documentales, no ficción sino de compromiso político y con una mirada de hombre que no le gusta la impunidad ni quiere impunidad para su caso

-Tratando de aportar lo que pueda. Me di cuenta que si con esto yo me realizo profesionalmente, personalmente y si encima sirve ¿qué más puedo pedir yo? como realizador de audiovisual, si mi trabajo sirve para algo, para reconstruir…

-¿Reconstruir qué?

La historia que nos está faltando. No coinciden, la cuenta está desencajada, hay una versión frenteamplista, hay una versión tupamara, hay una versión de los herreristas, hay una versión batllista del Uruguay. En realidad estamos más acostumbrados a la versión batllista y no está todo arriba de la mesa como para tener una historia clara.

-Aclarada la muerte de tu padre, la de Zelmar Michelini y la de Rosario y Willian. Aclaradas estas muertes ¿las cartas estarían sobre la mesa?

-No, estás loco. Cuando yo me refiero a información no me refiero solamente al Toba. Obviamente que primero que nada, lógico, pero me refiero a todo. Claro, al segundo vuelo de la muerte, al posible tercer vuelo, a todos los que fueron a Orletti… Pero a nivel popular no hay una historia contada del ¿qué sucedió?, ¿qué fueron a hacer y porque?

– ¿Te sientes comprometido entonces con esto?

Ah sí por supuesto, estoy comprometido totalmente porque lo hago con gusto, porque lo hago por mi viejo. Así que lo hago con gusto.

El Toba –dice su esposa- no fue un protagonista de las entrevistas con Végh Villegas (Ministro del dictador uruguayo Bordaberry), sino que fue un vínculo solamente. La persona que le trajo la propuesta de Végh se la trajo para que la llevara a Wilson, como Jefe del Partido. Es una persona intima amiga nuestra, y del Toba especialmente. Estuvo en las conversaciones pero no fue un destinatario de la propuesta. Y después con Michelini. Es horrible, siempre pensamos que hay una conexión entre este hecho y el asesinato. Y es incluso un cargo de conciencia para los que participaron y no tenían culpa ninguna, pero ..es claro al haber iniciado este proceso de intentar una apertura, los otros sectores más duros del gobierno de Bordaberry, quisieron cortarla de alguna manera con un episodio de ésta índole. Bueno, eso es una interpretación, tampoco se puede decir que una cosa es consecuencia de la otra. Pero puede ser que ese intento de ablandar a los sectores más duros les haya provocado una reacción que terminara en un episodio así”*

*Extractado del libro “Asesinato de Estado” del periodista Claudio Trobo

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Las víctimas del asesinato sabían los riesgos que enfrentaban cotidianamente, poseían información suficiente sobre cómo operaban los servicios represivos. Habían denunciado internacionalmente esos procedimientos. Y después, el propio Ferreira Aldunate, que logró burlar el atentado que le estaba también destinado, se encargó de seguir adelante. Uno de los primeros éxitos de esa lucha, fue incidir sobre congresistas demócratas norteamericanos lo que llevará a la presentación de la enmienda Koch en setiembre del 76, que eliminó la ayuda económica a la dictadura”

Múltiples materiales se manejaron tempranamente sobre la participación de la dictadura en el asesinato. Veamos lo que dijo Brecha el 2 de mayo del 86 “Uno de los móviles del crimen es el propósito de abortar una salida democrática que había comenzado a insinuarse en 1976 cuando el entonces superministro Alejandro Végh Villegas venía oponiéndose a las concepciones corporativistas del presidente Bordaberry. Michelini en carta a Quijano el 12..5.76 –seis días antes del secuestro- comentó su contacto con Végh en la confitería Richmond de la porteña calle Florida”. Como afirmara el diputado Alem García, “el sangriento operativo de Buenos Aires aparece como un balde agua fría tirado sobre esa remota mesa de negociaciones que se estaba insinuando con los principales líderes de la oposición”*

*Extractado del libro “Asesinato de Estado” del periodista Claudio Trobo.

Aún sin haberlo conocido personalmente a Héctor Gutiérrez Ruiz “El Toba”, me sobran los motivos para respetarlo y homenajearlo, para reclamar se castigue a los autores materiales de su muerte (y la del Senador Zelmar Michelini y los jóvenes Rosario Barredo y Willian Whitelaw) y a los autores ideológicos, que son los peores y los que generalmente, cuando se trata de terrorismo de Estado o mafia, siempre encuentran –amparados en esa repugnante impunidad que hoy se viste de muchas formas- un recoveco donde cobijarse, mientras la justicia actúa o al menos pretende husmear donde no se debería husmear.

Fue un crimen de Estado en todo el sentido de la palabra. Como tantos otros. Un crimen que no pasó inadvertido y que no debería quedar en el olvido, no solo por la “muy personal” manera de mantenerlo en la memoria (para que no se olviden de aclararlo), a través del documental “Destino Final” (que recomendamos expresamente verlo) sino porque por sí mismo, el crimen es repulsivo, cobarde y merecedor de todo el repudio imaginable, sin importar épocas o circunstancias políticas, de hoy y de mañana.

Cuarenta y un año después, quien fuera niño el día del secuestro del legislador y de haber vivido esos instantes de terror, hoy es el reconocido realizador y fotógrafo Mateo Gutiérrez, cuyo mérito mayor no ha sido exclusivamente haber creado “Destino Final” sino el hecho de no haber renunciado a su dolor y a su rabia por el atropello cometido contra su padre y otros connacionales; y en definitiva, de no dejarse comer por la desidia o por la rutina, o por esa execrable y egoísta opción de perder la memoria y dejarse fagocitar por las mieles del éxito, el confort y su calidad de vida.

*Foto de portada y de entrevista: Denise Almendras