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De la guerra de la triple alianza a la narcopolítica de hoy

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El  Paraguay fue un país que en el siglo XIX alcanzo un desarrollo superior que Rusia, Japón o cualquier país latinoamericano de la época. Luego desde 1865 al 1870 nos impusieron la guerra de la triple alianza, más conocida como el genocidio americano, donde el 70 % de la población fue literalmente asesinada. ¿Pero qué  había hecho el Paraguay para merecer de parte del imperialismo ingles tamaña masacre? ¿Que hicieron los gobernantes de aquella época para que todo un imperio haya utilizado a países hermanos como Argentina, Brasil y Uruguay para aniquilar a una nación?.

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Dramática escena de la Masacre en Acosta y el Día del Niño en Paraguay Foto 20MediosCom

Cuando me refiero a esta guerra imperialista, no es solo porque Inglaterra deseaba impedir el desarrollo económico autónomo del Paraguay, como nos describen los historiadores, sino por qué el plan de los poderosos de la época era exterminar genética y culturalmente a este desconocido país de América del sur.

 Mientras casi la mayoría de los países americanos estaban en el subdesarrollo económico y cultural, al ser dependientes de la metrópolis británica en lo político, económico, y sobre todo cultural, el Paraguay se estaba convirtiendo en un mal ejemplo para la región y el mundo.  El capitalismo empezaba a posar sus garras en todo el orbe. Esto significaba apoderarse de las riquezas naturales de los pueblos y de la ingeniería financiera, para estafar a los estados económicamente, con la creación de los bancos. Significaba implantar  la guerra cultural: matar todo atisbo de pensamiento autónomo y crítico, que  se da con la persecución de los que hablaban cualquier  idioma nativo como el guaraní, y con la desculturización de las naciones con la imposición de ideas, música, literatura e instrucción formal, que no solo chocaban con la idiosincrasia de los pueblos de América sino que además atentaban con la manera de ser y de vivir de la gente.
En Paraguay se estaba consolidando un desarrollo económico, sustentable como diríamos hoy, en equilibrio con la naturaleza pero sobre todo con el ser. Es decir un desarrollo integral donde el idioma guaraní, hablado por la mayoría del pueblo paraguayo, había adquirido una evolución milenaria que tenía  una cosmovisión espiritual y que  sigue teniendo hasta hoy, basado en la verdadera libertad, igualdad y fraternidad, mucho antes de que fuera enarbolada por los revolucionarios franceses.

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Portada del Museo de la Guerra de la Triple Alianza Foto de WWWaviacionargentinaNet

El Paraguay no solo era rico en lo económico. Sobre todo poseía altos valores espirituales que no se circunscribía a una religión determinada, sino que se reflejaba en su música, la literatura, el folklore, las costumbres,  en el trato social y en la igualdad en que se desenvolvía la gente. Pero sobre todo se evidenciaba en el dulce y profundo idioma guaraní, libre de ataduras mercantilistas, consumistas y sobre todo de la criminalidad organizada, que ya se estaba gestando en esa época, impulsada por el imperialismo inglés. Con el correr de las décadas, al tomar la posta el imperialismo norteamericano se consolidaría  un sistema criminal que no solo ha apoyado a las dictaduras latinoamericanas sino que  ha creado los mecanismos institucionales y político-ideológicos,  para que la corrupción, la miseria, el analfabetismo político y la ignorancia se masifique en toda nuestra sociedad por medio de los medios comerciales de comunicación, la instrucción formal no significativa, y  la promoción del  vaciamiento de todo lo ético, cívico y de valor cultural que tenga el pueblo. De esa manera, con el correr de los años,  se fue construyendo toda  una cultura de la ilegalidad;  que es la base fundamental por medio del cual el crimen organizado y la mafia misma fue creciendo en la época de la dictadura del general Alfredo Stroessner, y que en la actualidad se ha consolidado dentro del Estado paraguayo.

 Y cuando  afirmo que la  mafia se ha  consolidado no me refiero simplemente a los criminales  organizados que se organizan militarmente para traficar drogas, armas, vehículos, cigarrillos, órganos, y todo tipo de productos que tenga mucho valor en el mercado, ya sea utilizando la fuerza y el homicidio para el cumplimiento de sus fines.  Sino que estoy señalando a la mafia de un nivel  tan alto, que llega hasta los tres poderes del estado: legislativo, ejecutivo y judicial.
Una mafia que tiene una estructura político-financiera tan poderosa que es capaz de construir un poder paralelo, oculto a lo legal-institucional del estado. Un poder criminal como decía el Juez italiano Giovanni Falcone donde existen mentes refinadísimas que controlan todo el territorio nacional. Y como afirmaba el sociólogo Umberto Santino  -uno de los más destacados expertos internacionales en criminalidad organizada- valiéndose del uso político de la violencia, con los llamados delitos político-mafiosos, como el asesinato, hace ya más de 20 años, del General Rosa Rodríguez, ex ministro antidrogas de la SENAD, de Santiago Leguizamón y ahora,  en el mes de octubre,  del periodista Pablo Medina,  citando los casos más emblemáticos.
¿Por qué sostengo que estos asesinatos no son homicidios comunes del crimen organizado sino delitos político-mafiosos?. Porque como sostienen algunos  estudiosos del fenómeno mafioso como Santino,  “por  la finalidad que ellos persiguen: obedecen a exigencias globales de los grupos mafiosos y constituyen una pesada intervención sobre el marco general, en el sentido de que apuntan a paralizar procesos que pueden desarrollarse peligrosamente para los mafiosos y sus aliados y a provocar dinámicas favorables.” Es decir, en este tipo de delitos existe una convergencia de intereses con otros sujetos entre diversos actores: hombres del estado en connivencia con hombres de  la mafia.

El estado paralelo desviado,  en connubio con la mafia, se alía para eliminar a personajes incómodos  ya sea de la política, del periodismo, del campesinado y  de la clase obrera, o a cualquier ciudadano que se atreva  a desenmascararlos, a evidenciar sus crímenes. Crímenes que pueden  llegan a afectar a los más respetados “Señores” de nuestro país. Entonces, a esos personajes que incomodan los silencian con balas, al no poder comprar sus conciencias con dinero.
Es lo que ocurrió históricamente en el Paraguay, y el último asesinato de Pablo podemos circunscribirlo dentro de esta hipótesis. Medina empezaba a revelar sistemáticamente el modus operandi  de grupos criminales del crimen organizado. Estaba descubriendo la interna de esos grupos y contaba con suficiente información  que podría afectar a políticos, a personajes de las instituciones del estado, hasta llegar a los más poderosos empresarios del Paraguay, donde la mayor parte de sus riquezas es producto de sangre, lavado de dinero, etc.

Pero los antecedentes de esta alianza criminal estado-mafia en el Paraguay no es nueva, como precedentemente ya hemos mencionado. En el denominado periodo liberal,  luego de la guerra de 1870, que nació justamente de los despojos de todos los paraguayos es donde se empezó a incubar lo que hoy en día constituye la mafia verdadera, en matrimonio con hombres de las instituciones del estado. Desde aquella lejana época se empezó a construir todo un sistema criminal para embrutecer y mantener en la ignorancia a la mayor parte de los paraguayos,  controlarlos política, social y económicamente.
Lo que conocemos como el Estado Constitucional paraguayo tuvo su origen luego del genocidio del pueblo paraguayo, el que fue víctima de una conspiración internacional, donde tuvieron protagonismo no solo las fuerzas militares de tres países latinoamericanos, además del imperio inglés, sino sobre todo ese poder factico, llamado antes poder oculto, hoy mafia que en nombre de la libertad, la  paz, los derechos políticos y  económicos buscó exterminar a todo un pueblo sencillo, noble y digno. Pero no pudo lograrlo, porqué éste supo resistir con sus valores morales y culturales a esa invasión.

Los paraguayos debemos imitar a los ciudadanos sicilianos, y a todos los luchadores que en toda Italia están peleando una guerra civil contra el crimen organizado y la mafia. Pero no pensemos que esta guerra solo se está dando en Italia. Aquí también están cayendo o han caído asesinados compañeros y hermanos nuestros en ideales como PABLO MEDINA, pero antes, SALVADOR MEDINA, SANTIAGO LEGUIZAMON, ROSA RODRIGUEZ, y otros tantos mártires que han dado la vida por la Justicia.