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GALERÍA FOTOGRÁFICA © Paolo Bassani
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DESPUÉS DE VIA D’AMELIO

Por Miriam Cuccu

DESPUÉS DE VIA D’AMELIO

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Por Miriam Cuccu – 21 de Julio de 2015

“Emanuela, tenías hambre y sed de vivir”, “Antonio, vuestro espíritu nos acompaña todos los días” “Agostino, eres un mártir de esta ciudad”. Son solo algunas de las frases dedicadas a los agentes de escolta asesinados en Via D’Amelio junto a Paolo Borsellino: Agostino Catalano, Emanuela Loi, Vincenzo Li Muli, Walter Eddie Cosina y Claudio Traina, así como sus colegas Vito Schifani, Rocco Dicillo, Antonio Montinaro, quienes volaron por los aires en Capaci al intentar proteger las vidas de Giovanni Falcone y de Francesca Morvillo.
Nombres que han “pasado a la inmortalidad”, como ha señalado Luigi Lombardo, secretario provincial del SIAP de Palermo, desde el escenario de una ardiente Via D’Amelio (el Sindicato de Miembros de la Policía ha sido el organizador de la jornada junto a la redacción de la revista “Antimafia Duemila”, al periódico “Il Fatto Quotidiano”, al Movimiento “Agende Rosse”, a la “Scorta Civica” de Palermo, al “Centro Studi Paolo Borsellino”, al “Laboratorio Zen Insieme”, a “Agesci”, a la Asociación deportiva de aficionados “Ruota Libera”, a la Asociación universitaria “ContrariaMente”, con el patrocinio de la Municipalidad de Palermo).
“A Paolo lo recuerdan todos – ha agregado Salvatore Borsellino – pero a los chicos de las escoltas no, es por ello que serán sus nombres los que leeremos en primer lugar sobre este palco y solo después leeremos el suyo”. El grito desesperado con el que el hermano del Juez asesinado pide justicia llega a la multitud mientras se lee la poesía de Marilena Monti, “Giudice Paolo”, inmediatamente después de hacer el minuto de silencio en su memoria.
Está también Luca, agente de escolta napolitano que ha encontrado en Palermo su segunda casa, lee su carta a Antonio Montinaro. Y más tarde llega Ivan “hijo de los atentados”, quien se dirige a Agostino Catalano. Después Claudia, quien después de 23 años le sigue hablando a su amiga Emanuela. Mauro recuerda el fuerte “sentido de protección” de Eddie Walter Cosina hacia el prójimo. Los verbos están conjugados en el tiempo presente, porque hoy las personas y los recuerdos están más vivos y queman más que nunca. “Aunque hayan pasado 23 años para nosotros siempre es como el primer día” dice la hermana de Agostino Catalano. “Para nosotros el atentado de Via D’Amelio es la continuación de Capaci” dice en cambio Brizio Montinaro, hermano de Antonio.
Los agentes de escolta también lanzan una alarma: “Se están haciendo recortes a los servicios de escolta, que no deberían ser tocados – han protestado – cada día tenemos que luchar dentro de nuestra administración para tratar de tener lo mínimo indispensable para alguien que se expone con nosostros y más que nosotros”.
Siempre hacen falta algunos días para metabolizar Via D’Amelio, donde cada año da la sensación de volver a caer entre aquellos trozos de cuerpos y de edificios, parece escuchar las sirenas y los llantos, oler el olor a quemado y la desesperación. Para luego preguntarnos: ¿a dónde queremos ir? ¿Y de qué manera?
Este año han sido sobre todo los niños quienes nos lo han dicho. Durante la jornada, además de las tradicionales actividades de la mañana, se han desarrollado una serie de representaciones teatrales, canoras y musicales que han llenado la calle, las mismas estuban a cargo, entre otras, de la orquesta sinfónica infantil “Falcone e Borsellino”, las “Agende Rosse” de Palagonia, el grupo “Our voice”, y por la tarde artistas como Ficarra y Picone, Ernesto Maria Ponte, Maurizio Bologna, Salvo Piparo, Costanza Licata, Paride Benassai, Vito Parrinello y el grupo musical “Tamuna”; se han presentado además proyectos dirigidos a los más jóvenes (el proyecto “Velegalmente” en favor de los chicos de la cárcel de menores) inspirados en la necesidad de darles una oportunidad diferente a la de terminar siendo delincuentes juveniles. Todas ellas no son más que pequeñas demostraciones de un movimiento nacido desde abajo y que está tomando forma mirando a su futuro: las nuevas generaciones. Porque, y después de años de aniversarios tenemos que reconocerlo, la resistencia no es suficiente.
Puede ser un trampolín de lanzamiento para tomar impulso, pero frente a esas ruinas que aún siguen humeando hay que tener conciencia de que hay que arremangarse y comenzar a arreglar las cosas, tratando de sembrar algo que el día de mañana pueda ser recogido. Y se han comenzado a ver algunas señales de todo esto: la misma: “Casa di Paolo” es el sólido testimonio de un renacimiento. Más allá de todo esto, no podemos olvidar que nuestro país siempre se ha distinguido, hasta el día de hoy, por haber avanzado a tumbos y golpes, seguidos por silencios e inmovilismos perpetuos. Lo dice la historia, escrita entre masacres y atentados para encauzar (o al menos con la intención de hacerlo) algunos de los acontecimientos y las decisiones claves para dirigir una Democracia que, cada año que pasa, parece tender cada vez menos al proyecto de nuestros Padres constituyentes.
Al día siguiente de la muerte del Juez Falcone, así como del Juez Borsellino asistimos a una oleada de rabia y de dolor, cuando toda Palermo (y no sólo) salió a las calles para gritar “Nunca más”. A 23 años de distancia es mucho lo que se ha construido. Pero de ese vigor también mucho se ha perdido. Es testimonio de ello este año una Via D’Amelio que si bien claramente no es símbolo de derrota, se presenta en parte agotada por las polémicas de los días previos. La esperanza es que no sea necesario un nuevo latigazo, que no se tengan que sacrificar más magistrados condenados a muerte, como Nino Di Matteo, quien junto al pool del proceso sobre la negociación han tenido el atrevimiento de ir más allá del punto al que habían llegado Falcone y Borsellino, denunciando indiscriminadamente a políticos, oficiales de las fuerzas del orden y a boss mafiosos. Que ya no sea necesaria solo esa ola de rabia y de dolor, tan poderosa, pero también tan frágil no siendo inextinguible.
Hoy también hace falta esa fuerza que permite que las heridas abiertas se curen, que la tierra quemada vuelva a dar frutos, para reemplazar la desconfianza y las divisiones con la unión de intenciones comunes. Giordano Bruno, en su obra “Il candelaio” escribió: “La gota perfora la piedra, no por su fuerza, sino cayendo a menudo”. La misma constancia tiene que tener el compromiso para convertir, algún día, esta tierra en algo maravilloso.
GALERÍA FOTOGRÁFICA © Paolo Bassani
http://www.antimafiaduemila.com/2015072156206/primo-piano/dopo-via-damelio.html