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DIEZ CAPITULOS EN SITUACION DE CALLE Y UN LAVADO DE CULPAS

Por Jean Georges Almendras

DIEZ CAPITULOS EN SITUACION DE CALLE Y UN LAVADO DE CULPAS

Por Jean Georges Almendras- Agosto 15 de 2015.

Uno
La fotografía, en blanco y negro, nos permite ver un comercio con las cortinas de acceso bajas, en una esquina cualquiera de Montevideo. Allí se observa, a las puertas del local, a un hombre de aspecto mayor con una boina negra en la cabeza. Está descansando su cuerpo sobre unas frazadas y un cubrecama, tendidos sobre la vereda a modo de colchón, en la calle. El hombre se ha ubicado bajo un balcón de un primer piso, cuyo alero lo protege de una muy fina llovizna y del viento. El hombre está recostado contra la pared y se lo ve inclinado sobre su brazo derecho. El hombre se da calor y se protege de las inclemencias del tiempo con unas frazadas visiblemente deterioradas. El hombre mira a la fotógrafa en silencio. Un perro que lo acompaña, que tiene un trapo cubriéndole el lomo a modo de capa de mascota, también mira con atención a quien está con la cámara. El animal no ladra pero se pone en alerta. Es el único compañero del solitario hombre. Ambos viven en la calle y las pertenencias del ciudadano están sobre un carro de supermercado apoyado contra el borde de la acera. Así vive este hombre. La calle es su casa, llueva o truene. La calle es su hogar, vaya uno a saber desde hace cuando y por qué.

Dos
Esta imagen y otras más, de igual tenor, han sido logradas por la periodista y fotógrafa de Antimafia Dos Mil Erika Pais en las calles de la capital del Uruguay, y han sido exhibidas en la plaza Libertad (también llamada Cagancha) en el centro de la ciudad en el marco de una movilización organizada por nuestra redacción y la Asociación Cultural Un Punto en el Infinito: Una movilización que se llevó a cabo en la lluviosa y fría noche del 14 de agosto de este año.
“Se trata de una movilización de solidaridad y concientización sobre la situación que atraviesan todas las personas que por diferentes motivos y razones están en situación de calle. La movilización consiste en permanecer toda una noche en la plaza Libertad, al igual que ellas, manifestándonos e informando a la población sobre esta temática” nos explica la colega.

Tres
Fue una movilización inédita en el Uruguay, en particular porque la convocatoria incluía permanecer toda la noche. Lo que efectivamente ocurrió. Participaron más de una veintena de personas. Llevando en sus manos una pancarta en la que se leía: “Sin justicia no hay felicidad social”, se repartieron volantes con el título “Todos somos responsables”, y se habló con todas las personas que transitaban por la plaza desde las siete de la tarde. Y en una improvisada cartelera se exhibieron una docena de fotografías tomadas por Erika Pais, en las que se apreciaban a muchos uruguayos y uruguayas viviendo en las calles.

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La misma noche de la movilización, a nivel de gobierno, las autoridades debieron asumir en todo el país una situación de emergencia por las intensas lluvias que desde hace varios días se venían registrando sobre el territorio nacional. Y cuando la movilización se realizaba en la plaza Libertad, por donde además pasó una manifestación de jóvenes (actividad que se hace anualmente) en homenaje a los mártires estudiantiles de los años setenta, en las zonas más afectadas del Uruguay, por las lluvias y los vientos, se produjeron inundaciones que motivaron la intervención de bomberos, policía y ejército, evacuándose a unas mil personas en diferentes zonas, al tiempo que personal militar, además de dar alimento, instaló carpas para dar cobertura habitacional a los cientos de desplazados. En medio de ese día verdaderamente frío y lluvioso, en la plaza se repartieron volantes con un explicativo en el que se fundamentaban los motivos y el significado de la movilización solidaria.
“Como un colectivo humano y formando parte de esta sociedad, comprendemos que la verdadera solidaridad se realiza de manera horizontal. La solidaridad que se realiza de forma vertical, es decir, de arriba hacia abajo no es solidaridad, es caridad. Que si bien también en es un acto de desapego en pro del prójimo, éste no logra abarcar todas las circunstancias que provocan la degradación humana, al punto de dormir, comer y vivir en la vía pública” se dice en el repartido que se alcanza mano a mano a los transeúntes.
Muchos preguntaron a los movilizados ¿De qué forma se sirve al prójimo?. La respuesta por parte de Erika Pais, una de las promotoras de la movilización, no se hizo esperar: “Para servir al prójimo, pero servir y ser solidario realmente, debemos hacerlo siempre, desde las perspectivas y la óptica de quien recibe ese servicio, ayuda o solidaridad. Si para ayudar lo hacemos desde nuestra visión y postura personal solamente realizamos un acto de asistencialismo base. Es decir solucionamos por una noche, un día, una situación determinada, pero atamos a la otra persona a dos cosas: a depender de que ese acto sea continuo y superfluo, y a que su identidad y personalidad se vaya diluyendo con el correr del tiempo. Eso es debido a que se acepta ese acto sin considerar las razones de base que lo empujaron a la situación de abandono. Sean estas económicas, sociales o médicas. Desde ese punto de vista los refugios nocturnos instrumentados por el Estado, se vuelven insuficientes”.

Cinco
Semanas antes de la movilización vi una salida en directo, del noticiero Telemundo en Canal 12, de la periodista Iliana Da Silva, sobre las personas que viven en situación de calle. La colega, a quien conozco y con la cual trabajé muchos años en el noticiero de canal 4, preguntó a unas personas que vivían bajo el puente de la Av. Sarmiento, sobre Bulevar Artigas, en la zona del Parque Rodó de Montevideo, cuáles eran los motivos por los cuales muchas personas que estaban viviendo en las calles decidían no acudir a los refugios que les ofrecía el Estado.
Los entrevistados, que previamente le narraron a la periodista la forma en la que vivían en la calle, no titubearon en señalar que los refugios estaban muy distantes, que de esos refugios ellos tenían que retirarse en las primeras horas de la mañana sea que el día esté soleado, sea que el día esté lluvioso; que en los refugios no se sentían seguros, porque debían pernoctar muchas veces con personas que les robaban su escasos valores; y que acudir a esos locales para pasar la noche les significaba dejar sus muy modestas pertenencias a la deriva, en la vía pública. En consecuencia, optaban por “hacer rancho” en el lugar donde pasaban el día, resguardándose –como en este caso- bajo un puente, en una plaza, junto a un árbol, o bajo un alero de alguna casa o comercio cerrado o abandonado, Y además, recalcaron, que estar en la calle y en una zona determinada no los alejaba de algunos pequeños trabajos, como el de cuida coches, que les permitía si acaso lograr algún dinero para el alimento. En definitiva, los refugios, para ellos no eran una respuesta favorable, de parte del Estado.
El camarógrafo que acompañaba a la colega, en ese informe en vivo y logrado en una noche fría, registró gráficamente a unas personas cocinando alimentos al calor de un pequeño caldero instalado sobre un murallón bajo el puente de la Av. Sarmiento. La improvisada fogata les daba además el calor necesario para sobrellevar la velada nocturna, cubriéndose con frazadas y acostados sobre cartones. Los colegas cumplieron con su trabajo y se marcharon. Los televidentes se informaron y luego continuaron con lo que restaba de la jornada en el confort de su hogar.

Seis
“Existe un mundo que circunda a la persona que vive en la calle, y es en ese mundo que debemos entrar para poder ayudarlo. Generalmente intentamos ayudar desde nuestra propia realidad sin ver la situación en profundidad” sigue explicando Erika Pais. Cercana a ella están otros activistas de la Asociación Cultural Un Punto en el Infinito. Los unos portando la pancarta, y sujetándola con fuerza para no ceder al viento. Llovizna. La madrugada comienza a sentirse en la plaza Libertad, donde sus luces definen las siluetas de los movilizados, que no son personas en situación de calle, pero que esa noche procuran sentir (si acaso muy parcialmente o fugazmente) cómo es aquello de estar a la intemperie por unas cuantas horas. Una suerte de acercamiento con una realidad, muy, pero muy distante con la de cada uno de ellos. Porque la realidad de quienes viven en la calle es otra muy distinta. En las calles, las personas viven con lo puesto; sin trabajo fijo; sin cobertura médica; sin techo; sin alimentos guardados en la heladera; sin intimidad. Libres de obligaciones económicas con el sistema financiero y con el Estado. Viven el día a día. Subsisten por la solidaridad de los vecinos o por alguna magra pensión. La mayoría de ellos no delinquen, pero igualmente son discriminados como marginales afectos al delito y a la vagancia, y son agredidos verbalmente y hasta físicamente, por algunos ciudadanos que se precian de “civilizados” y “de buenos montevideanos”.

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“Entendemos que el tema no se puede leer a través de la política partidaria o que incumba solamente al gobierno de turno. La situación de estas personas es algo que nos involucra a todos los uruguayos como sociedad, y al mundo entero como modelo humano. Porque la base está en la distribución de la riqueza y en nuestra visión interior del mundo que nos rodea. Se trata de cómo percibimos nuestra existencia y la de los demás ¿Vemos la marginalidad como un fenómeno netamente social, ajeno a uno y parte de una estadística o como una señal de alerta de lo que estamos logrando como seres sociales?. Porque si existe una sola persona viviendo en la calle, las razones por las que está allí, son todas atendibles y solucionables, sean éstas las que sean” nos dice periodista y fotógrafa Erika Pais.

Ocho
En algún momento de la noche, a la plaza Libertad, escenario emblemático de movilizaciones preferentemente relacionadas con las causas relacionadas con el pedido de justicia, gradualmente se fueron acercando personas que en otros tiempos habían estado en situación de calle y otras que padecían esa circunstancia actualmente. En aquella plaza de las libertades y de los reclamos se dio la oportunidad para conocer a los unos y a los otros. A aquellos que ayer sufrieron en carne propia los desamparos de un sistema perverso y a aquellos que se encontraban aún sumergidos en la soledad de las calles de la ciudad.
Fue el momento propicio para escuchar atentamente las historias de vida. Para que comenzaran a salir a luz las sombras y las luminarias de la vida en las calles. Para que todos los ajenos a esa realidad comenzaran a comparar sus respetivas historias con esas otras historias. Las historias de la calle. Las historias de las personas que viven el estigma de la exclusión. Las historias de las personas que no pueden evitar padecer o soportar los malos tratos y las miradas de rechazo de esos seres humanos que no alcanzan a comprender que la existencia de esos andrajosos, de esos harapientos con malos olores, también son parte de la historia de la humanidad, y en consecuencia también forman parte de nuestra sociedad. De la misma sociedad en la que todos nacemos, pero que no necesariamente tenemos las mismas posibilidades para educarnos y desarrollarnos. Porque aún están a flor de piel las diferencias sociales y las diferencias económicas. Porque, desafortunadamente aún no todos somos iguales.

Nueve
“Este es un llamado a la reflexión y posterior acción, pero acción real, concreta y verdadera, de todos los uruguayos. Profesionales o no, todos podemos hacer algo que vaya más allá de las situaciones aisladas, de cobijo y de asistencia. Todos podemos llegar a comprender realmente de qué se trata la justicia social, y desarrollarla abiertamente, desde cada ámbito, para construirnos como una sociedad feliz pero justa” fueron las conclusiones finales de la fotógrafa y periodista Erika Pais que se quedó con los “sin calle” en la plaza Libertad hasta altas horas de la madrugada, rodeada de los otros participantes de una movilización, repito, inédita y sin precedentes, en nuestra ciudad. Una movilización humanamente muy enriquecedora.

Diez
Años atrás con un viejo amigo camarógrafo teníamos un debate permanente. Trabajando en las calles de Montevideo, como parte de un equipo de prensa de Telenoche, de Canal 4, abocado a los hechos policiales, cada vez que veíamos personas en situación de calle, yo le decía que de esa lamentable forma de vivir, en alguna medida, todos los integrantes de la sociedad teníamos nuestra cuota de responsabilidad. Obviamente, él opinaba en contrario. Diferíamos radicalmente en esos temas. Y no se trataba de que yo fuera más bueno que él, o viceversa. Lo único que pasaba era que observando las mismas situaciones teníamos una visión muy diferente. Años después ambos nos retiramos de nuestras actividades en el noticiero, yo sigo con el mismo pensamiento y el drama de quienes están en situación de calle continua siendo una de las problemáticas sociales más dramáticas de Montevideo.
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Epílogo
¿El lector ha tomado conciencia que hay personas que no se sensibilizan ante estas situaciones? ¿Ha tomado conciencia que hay personas que son indiferentes a estos sufrimientos, por ser ajenos? ¿Ha tomado conciencia que hay personas que entienden que ese sufrimiento es causado íntegramente por quienes lo padecen y que la sociedad en su conjunto no tiene por qué hacerse responsable? ¿Ha tomado conciencia que muchos políticos en los tiempos electorales ha especulado con esos sufrimientos? ¿Ha tomado conciencia qué hay personas que entienden que estar a la deriva en la calle, es por voluntad propia, porque esa opción les resulta más cómoda? ¿Ha tomado conciencia que hay personas que no se compadecen, ni por un segundo, viendo a otro ser humano abandonado o desamparado en la calle, alimentándose de las sobras halladas en la basura o proporcionadas por algún buen ciudadano, que se las cede a modo de la limosna?
¿El lector ha tomado conciencia que vivir en la calle es vivir en el pretil de la nada?¿Ha tomado conciencia que “residir” en la calle es vivir aferrado al presente, exclusivamente, sin futuro alguno ?¿Ha tomado conciencia que vivir en la calle es estar a la vista de todos, vulnerable en lo más mínimo?¿Ha tomado conciencia que vivir en la calle es quedar expuesto cruelmente a la discriminación y a la exclusión?¿Ha tomado conciencia que vivir en la calle se es objeto de una violencia ciudadana sustentada en el prejuicio y en la soberbia de quienes se consideran inmunes a ese destino? ¿Ha tomado conciencia que vivir en la calle es sentirse desamparado, y hasta libre?.
¿Libre? Si. Pero una libertad muy especial. Tan especial, que pese a las carencias que padecen, los hace aferrarse más a la vida.
Nosotros, que no vivimos en la calle y lo tenemos todo, y que creemos estar libres, a veces, ni valoramos la vida y con mucha frecuencia somos indiferentes al sufrimiento ajeno. Y además, equivocadamente, pensamos que de esas vidas a la deriva no somos responsables. Error por cierto, porque somos responsables por donde se mire.
Y como me dijera mi colega Erika Pais, muy creyente ella: “Jesús no dijo ayuda a tu prójimo. Dijo ama a tu prójimo como a ti mismo. Entonces, tenemos que amarlo y no quedarnos solo con aquello de ayudarlos a medias. Hay que verlos a ellos como si fuéramos nosotros mismos, porque sino lo único que estamos haciendo es lavar nuestras culpas”,
Muy cierto. Y yo agrego: el Estado frecuentemente hizo y hace eso, un lavado de culpas.

*Fotos Antimafia Dos Mil Uruguay-Erika Pais