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EL ÁNGEL DEL MAL

Por Giorgio Bongiovanni

EL ÁNGEL DEL MAL

Provenzano ha muerto, el sanguinario boss mafioso de Cosa Nostra
Por Giorgio Bongiovanni13 de Julio de 2016

Habrá sido el alter ego “contable” de la “bestia”, o bien de Totò Riina. Pero Bernardo Provenzano, fallecido hoy en el hospital de San Paolo de Milán, no deja de ser el sanguinario boss de Cosa Nostra, aquel que no se opuso y que hasta se unió a la terrible estrategia terrorista de su conciudadano corleonés, “u’ curtu”. Además, la cuenta que la justicia le terminó cobrando fue una de las más caras: veinte cadenas perpetuas, 33 años y 6 meses de aislamiento diuno, 49 años y un mes de reclusión y 13.000 euros de multa. Entre los delitos por los cuales “Binnu u’ Tratturi” había sido condenado se encuentran el atentado de Capaci, el atentado de Via D’Amelio, el atentato de Florencia, el de Milán y el de Roma de 1993 y otros crímenes como los magnicidios del General Carlo Alberto Dalla Chiesa, de Rocco Chinnici, de Piersanti Mattarella, de Pio La Torre y de Cesare Terranova. Además en el año 2009 Provenzano fue condenado a cadena perpetua por el atentado de Viale Lazio, ocurrido en 1969 y que fue uno de los más cruentos ajustes de cuentas de la historia de Cosa Nostra.

Y precisamente al recordar este rol suyo, tanto de estratega político como de autor e ideólogo de atentados y homicidios, es cuando nos viene a la mente otra figura sanguinaria, diferente por el contexto y el tiempo histórico: la de Heinrich Himmler, comandante de la Gestapo del Tercer Reich (nombrado por el mismo Hitler, de quien era su brazo derecho, Ministro del Interior en 1943) así como también uno de los mayores responsables de la instauración del nacional-socialismo.

Por un lado Himmler, jefe de la policía política e ideólogo del exterminio de millones de judíos.

Siendo también el creador del proyecto en el que se sumó Hitler para la eliminación masiva de claros ribetes políticos del pueblo judío, la exaltada solución que le habría permitido seguir reinando al Tercer Reich. De hecho Himmler se califica como el inspirador de la así llamada Endlösung der Judenfrage (solución final de la cuestión judía) aplicada por los nazis inicialmente para definir la deportación de judíos hacia los territorios bajo su control. Un proyecto que a corto plazo se convertiría en el exterminio sistemático en los campos de concentración.

Por el otro lado tenemos a Provenzano, el “intermediario” de Cosa Nostra, quien verdaderamente mantenía contacto con la política, con la masonería, con los servicios secretos. Mientras que Totò llevaba a cabo el ataque frontal en contra del Estado a través de su mafia militar, Binnu (quien jamás, al menos formalmente, llegó a convertirse en el jefe de la Cúpula, ni siquiera después del arresto de Riina) hablaba, negociaba, planificaba, estrechaba lazos con altos cargos de las instituciones, dirigía esa rama de la “intelligence” mafiosa, tanto interna como externa de Cosa Nostra y realizaba pactos y alianzas a la sombra y en el silencio. Por otro lado, de las relaciones entre Provenzano y sus contactos institucionales (que le garantizaron 43 años de permanencia en la clandestinidad) nos hablan algunos de los más importantes colaboradores de justicia. Comenzando por “Manuzza” Giuffrè, ex colaborador fiel de Binnu, quien habló de “rumores que circulaban en Cosa Nostra sobre las relaciones entre Provenzano y los carabinieri”. Para  continuar con el ex boss mafioso de Ficarazzi, Stefano Lo Verso: el arrepentido que hospedó al boss corleonés mientras estaba prófugo entre el año 2003 y el 2004, y que contó como “Provenzano en varias oportunidades habló de las relaciones con la política y las instituciones”.

Jamás llegaron a encontrarse Himmler y Provenzano, por obvias razones de tiempo, sin embargo sus “carreras” criminales tienen aspectos similares: el uso indiscriminado de la violencia y del exterminio (aunque Himmler fuera responsable del asesinato de millones de víctimas y en cambio Provenzano “apenas” se ensució con unos miles de crímenes) pero que no fue utilizado en beneficio propio sino para alcanzar determinados y aberrantes fines políticos e ideológicos. Y ambos traicionaron a sus superiores: Himmler cuando, en 1945, se declaró dispuesto a llegar a un acuerdo, sin que Hitler lo supiera; Provenzano “vendiendo” a Riina en la mesa de esa negociación que había comenzado con algunos sectores del Estado y que desembocó en el arresto de u’ curtu.

¿Cómo ha podido el Estado italiano, encarnado por hombres de las instituciones, funcionarios, agentes de las fuerzas del orden, alcaldes y hasta incluso hombres religiosos, llegar a un pacto con el Heinrich Himmler de Sicilia? La muerte de Provenzano no reduce la urgencia de alcanzar la verdad sobre estos oscuros acuerdos de los cuales aún quedan demasiados elementos cubiertos por el silencio.