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EL FANTASMA DE CHERNOBYL

Por Jose Proal

                              EL FANTASMA DE CHERNOBYL

                          Por el Dr. José Proal-Mayo 21 de 2016

 

 

A finales de abril de 1986 se activaron las alarmas de seguridad de varios países europeos por los crecientes niveles de radiactividad detectada en sus territorios. Días antes, el 26 de abril, en la entonces Unión Soviética, ocurrió un desastre nuclear en la central nucleoeléctrica de Chernobyl, de tales proporciones, que nuevamente puso de manifiesto el debate nuclear sobre la mesa de organismos e instituciones públicas y privadas en el mundo entero, enfrentando las posturas de gobiernos y generando posiciones encontradas en la comunidad científica internacional sobre el futuro de la energía nuclear.

Lamentablemente, el caso de Chernobyl no es el único antecedente de este tipo que enciende focos rojos en el porvenir de la humanidad, los accidentes ocurridos en las plantas nucleares de Tres Millas en Estados Unidos y en Fukushima, Japón, nos recuerdan que la llamada “Tecnología de Punta” en la planeación, construcción, operación y mantenimiento de las centrales nucleares, así como en la disposición de los desechos nucleares, distan mucho de garantizar la anhelada seguridad al hombre y al ambiente.

Lo más preocupante es, sin embargo, nuestra manifiesta impotencia para controlar definitivamente ese fantasma de la radiación nuclear. A 30 años de la catástrofe de Chernobyl y a tan solo 5 años de la tragedia de Fukushima, ambos sucesos clasificados con una alerta nuclear de nivel 7, el punto más alto en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares, estamos lejos de manifestar que el peligro en esas centrales se ha terminado. Los reactores de Chernobyl y de Fukushima siguen inestables, en el primer caso: porque por debajo del sarcófago de concreto que lo cubre, la radiación continúa, producto de reacciones y manifestaciones nucleares latentes y, en el segundo: debido a la fragilidad determinada en sus estructuras, por la continua manifestación sísmica en esas latitudes y por la colosal contaminación que ha sido detectada en el mar que lo rodea y que ha penetrado alarmantemente en el interior del Océano Pacífico, afectando la seguridad misma de la población asentada en sus costas y pasando factura de un costo ambiental, cuyo pago no lo puede cubrir economía alguna.

¿Cómo se genera la energía nuclear?

La energía nuclear se obtiene, básicamente, a partir de dos distintos mecanismos de reacción: La fisión nuclear, que ocurre cuando el núcleo de un átomo se divide al ser bombardeado con neutrones, lo que produce una gran liberación de energía, o por fusión nuclear, proceso por el cual dos núcleos atómicos pequeños se unen para formar un átomo más grande. Los reactores nucleares generan energía a partir del bombardeo con neutrones del átomo de Uranio 235, provocando una reacción en cadena. Cuando un neutrón de energía cinética térmica (neutrones que se desplazan con energías menores a 0.025 electrón-Voltios) impacta sobre un núcleo de Uranio 235, se forma el Uranio 236, que es otro isótopo del elemento Uranio. El núcleo de Uranio 236 formado bajo este mecanismo es muy inestable, por lo que de manera casi instantánea se divide en dos fragmentos de masas aproximadamente iguales a la mitad de la del núcleo original, liberando, a su vez, de uno a tres neutrones con energías cinéticas cercanas a los 2 Mega eV (1 Mega eV equivale a un millón de eV), emitiendo principalmente radiación alfa (núcleos de Helio-4), radiación beta (electrones y positrones) y radiación gamma (radiación electromagnética de origen nuclear), con diferentes energías cinéticas, así como neutrinos, liberándose en promedio una energía cercana a los 200 Mega eV por núcleo fisionado o dividido. El proceso se constituye en una reacción en cadena, ya que los neutrones así liberados producen, a su vez, otras reacciones de fisión nuclear con la consiguiente emisión de más neutrones y así sucesivamente [1].

Existen diversos elementos atómicos cuyos núcleos pueden ser utilizados en los procesos de fisión nuclear: Uranio 235, Uranio 236, Uranio 238, Plutonio 239, Plutonio 241 y Torio 232. Para tener una idea cercana de la capacidad energética que se libera en el proceso de fisión nuclear, comparemos la energía que libera aproximadamente 1 cm3 de combustible nuclear, la cual sería equivalente a la energía obtenida a partir de 480 m3 de gas natural ó 565 litros de petróleo o bien, a partir de 810 kilogramos de carbón.Jose-Proal

La fusión nuclear es, en principio, el proceso inverso a la fisión nuclear, en éste dos núcleos atómicos pequeños se fusionan en uno más pesado, liberándose también una enorme cantidad de energía. En el universo ocurren muchos ejemplos de reacciones de fusión nuclear, siendo el mecanismo de las reacciones termonucleares que ocurren en el sol el más conocido para nosotros, en donde dos núcleos atómicos de hidrógeno se fusionan para producir helio, liberando una enorme cantidad de energía y permitiéndole permanecer encendido muchos miles de millones de años. Sin embargo, la temperatura interior del sol es superior a los 11 millones de grados centígrados y la presión en su interior es enorme, debido a su natural gravedad. Resulta claro que no pueden ser reproducibles esas condiciones solares de temperatura y presión en la tierra y, por ende, los retos del desarrollo tecnológico para el aprovechamiento de la energía por procesos de fusión nuclear aún no concluyen. Se han desarrollado, no obstante, propuestas científicas y tecnológicas, como el Tokamak, para alcanzar las condiciones de temperatura y presión requeridas para obtener un balance positivo de energía a partir de la fusión de isótopos de hidrógeno, conocido como confinamiento magnético, ya que la presión necesaria se obtiene mediante intensos campos magnéticos. La generación de nuevas propuestas tecnológicas permitirá entrar en operación otras versiones experimentales en el año 2018, como el caso del ITER, que se encuentra actualmente en construcción en Cadarache – Francia [2].

¿Cómo opera un reactor nucleoeléctrico?

Desde principios de la segunda década de este siglo, la generación de energía eléctrica a partir de reactores nucleares contribuye con aproximadamente el 16 por ciento de toda la electricidad que se produce a nivel mundial, mediante la operación de más de 450 reactores de este tipo en una treintena de países. Francia es el país que genera el mayor porcentaje de su energía eléctrica a partir de energía nuclear y China es el país con el mayor número de reactores nucleares en etapa de construcción.

El principio de funcionamiento de los reactores nucleares en operación tiene su fundamento en la fisión nuclear controlada, en la cual un neutrón golpea a un átomo pesado y lo divide en dos nuevos átomos generando la liberación de energía; aproximadamente 200 Mega eV por cada fisión y la liberación de 2 a 3 neutrones que, a su vez, generan una reacción en cadena.

La mayor parte de los reactores nucleares que se encuentran en operación se clasifican como reactores térmicos; esto es porque la energía de los neutrones que producen la fisión tiene una energía baja, y se le conoce como térmica. Los neutrones nacen con altas energías, por lo que se precisa de algún medio que la disminuya. Los neutrones carecen de carga eléctrica, de ahí que la reducción de energía se logra a través de choques con algún medio; por ejemplo, los principales reactores nucleares usan agua para este propósito, ya sea agua ligera o natural, como los reactores de agua en ebullición BWR (del inglés Boiling Water Reactor) y los reactores de agua presurizada PWR (del inglés Pressurized Water Reactor). Existe otra clase de reactores que emplean agua pesada, en estos últimos se presenta el deuterio en lugar del hidrógeno en la molécula de agua. Un reactor nuclear produce y controla la liberación de energía de la división de átomos pesados; los elementos empleados en los reactores nucleares son el uranio y el plutonio. Cada átomo está formado, de manera natural, por diferentes isótopos y, en el caso del uranio, el isótopo 235representa sólo el 0.711 por ciento del átomo natural. Es por ello que el combustible nuclear está compuesto de pastillas de óxido de uranio enriquecido, un material donde la proporción del isótopo 235 de uranio (U235) puede alcanzar hasta el 5 por ciento[3].

En un reactor nuclear se genera energía eléctrica de la misma forma que en una planta termoeléctrica; la diferencia es la fuente de calor. La energía liberada de la fisión continua de los átomos del combustible, en forma de calor, es empleada para producir vapor. En el caso de un reactor BWR, el agua circula por los ensambles combustibles ganando calor y dadas las condiciones de presión se permite que hierva, generando vapor, el cual mueve una turbina que produce electricidad. En el caso de un reactor PWR, el líquido que está en contacto con el combustible nuclear no hierve, debido a las condiciones de presión y a través de un intercambiador de calor éste se suministra a otro circuito con agua, la cual hierve y genera el vapor necesario para mover la turbina y generar electricidad.

En los rectores nucleares existen diferentes componentes, comunes a los distintos tipos de reactores, estos son:

  1. a) Combustible: Generalmente pastillas de dióxido de uranio (UO2), contenidas en tubos que forman las barras de combustible del reactor nuclear, los cuales se presentan en arreglos cuadrados o hexagonales.
  2. b) Moderador: Medio que provoca la disminución de la energía cinética de los neutrones para poder generar la fisión. Generalmente es agua ligera o natural, pero también puede utilizarse agua pesada o grafito.
  3. c) Barras de control: Material que absorbe neutrones para controlar la rapidez de las reacciones de fisión. Normalmente se utilizan compuestos de cadmio, hafnio o boro. Adicionalmente existe un sistema secundario en caso necesario, que se inyecta en el sistema de enfriamiento del reactor para detener las reacciones de fisión.
  4. d) Refrigerante: Líquido o gas que circula a través del núcleo del reactor para remover el calor que los combustibles producen. En los reactores de agua ligera el refrigerante también actúa como moderador.
  5.  Generador de vapor: Parte del sistema de enfriamiento, en donde el calor se emplea para generar el vapor que moverá la turbina.
  6. g) Edificio de contención: Estructura alrededor del reactor, diseñada para protegerlo de cualquier intrusión externa, así como para proteger a la población de la radiación generada en el reactor en condiciones de operación y ante cualquier malfuncionamiento. Estructura de concreto y acero, generalmente, con un espesor de 1m.
  7. e) Vasija de presión o tubos de presión: En reactores de agua ligera es una vasija de acero que contiene al núcleo del reactor y al moderador. En los reactores de agua pesada son una serie de tubos de acero, en los cuales se alojan los combustibles y circula por ellos el refrigerante a través del moderador.

El combustible nuclear, como su nombre lo indica, se consume, por lo que cada determinado tiempo se reemplaza un porcentaje de las barras contenidas en el reactor, generando así los desechos nucleares de los reactores en operación. Estos desechos contienen materiales radiactivos derivados del proceso de fisión, los que se pueden clasificar en tres grupos principales:

1) Combustible original no gastado: esto incluye prácticamente todo el U-238 (94 por ciento de la masa inicial del combustible) y la fracción de U-235 no consumida (aproximadamente 0.8 por ciento).

2) Transuránicos que se forman: principalmente plutonio y actínidos menores como neptunio, americio y curio, los cuales representan aproximadamente el 1 por ciento de los desechos.

3) Productos propios de la fisión: que representan aproximadamente el 3 por ciento de los desechos.

Algunos de estos materiales son radiactivos por periodos cortos (algunos segundos), mientras que otros son de vida media larga (varios millones de años). Inicialmente, la mayor cantidad de radiación es emitida por los productos de fisión de vida media corta, como el yodo (I-131), cerio (Ce-141) y rutenio (Ru-106), con vidas medias del orden de 1 a 15 años. En los siguientes 200 años la mayoría de la radiación proviene de productos de fisión de vida media de entre 30 y 100 años, como es el caso del estroncio (Sr-90) y del cesio (Cs-137). Pasada la barrera de los 200 años, la mayor radio toxicidad de los desechos proviene de los elementos transuránicos (plutonio, neptunio, americio y curio), los que decaen antes de los 200 mil años. Pasado este tiempo los residuos restantes tienen muy poca actividad radiactiva ya que sus vidas medias son extremadamente largas, como es el caso de los isótopos radiactivos naturales.

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El manejo final del desecho radiactivo puede seguir dos estrategias generales: Desechar toda la barra tal como está o bien reprocesarla. La primera estrategia consiste en colocar las barras en contenedores sellados con vidrio y encapsulados en toneles de metal y, finalmente, confinados en instalaciones especiales bajo tierra donde no haya riesgo que sean liberados en cientos de miles de años. La segunda estrategia tiene como objetivo recuperar los actínidos, por métodos de extracción líquido-líquido, que posteriormente son confinados. Otra estrategia empleada es la reducción de la generación de residuos altamente radiactivos de mediano plazo, modificando la composición de las barras de combustible, por ejemplo introduciendo torio. Esto permite que el desecho radiactivo sea comparativamente menos radiactivo [4].

¿Existen tecnologías de alternativa energética?

El continuo crecimiento y desarrollo de las sociedades requiere una mayor demanda de energía, lo que nos impulsa a buscar nuevas fuentes de energía, caracterizadas por ser renovables, fundamentadas en modernas bases científicas y tecnologías limpias, y orientadas hacia una relación amigable con el ambiente. Existen fuentes de energía renovable, o sea, aquellas que se pueden regenerar de forma natural, a diferencia de aquellas que clasificamos como no-renovables, que se encuentran de forma limitada en el planeta, como el carbón, petróleo, gas natural (combustibles fósiles), que contaminan nuestro entorno y agravan nuestra salud, así como otras formas de generación de energía, como la nuclear, que ha mostrado, por desgracia, innumerables eventos catastróficos de inseguridad tecnológica, emitiendo altos niveles de radiactividad en el ambiente.

A continuación se mencionan algunas de estas opciones alternas de generación de energía, ya en operación:

  1. Energía Solar: Ésta es, probablemente, la fuente energética renovable de mayor abundancia en nuestro planeta. La tecnología utilizada, por ejemplo en la Planta de Gemasolar, ubicada en las Fuentes de Andalucía, España, consiste en un receptor de torre central, campo de heliostatos y sistema de almacenamiento de calor en sales fundidas. Esta planta constituye la primera a escala comercial en el mundo que aplica con gran éxito esa tecnología, con una potencia eléctrica nominal de 19.9 MW y una producción eléctrica neta esperada de 110 GWh/año, distribuida en un campo solar de 185 hectáreas y conteniendo 2650 heliostatos. La mayor ventaja de esta planta consiste en que el tanque de almacenamiento de sales calientes permite una autonomía de generación eléctrica de hasta 15 horas sin aporte solar. De esta manera, la prolongación del tiempo de funcionamiento de la planta en ausencia de radiación solar y la mejora de la eficiencia en el uso del calor del sol consiguen que la generación de energía por este medio, sea más eficaz a la alcanzable con otras tecnologías en una instalación de igual potencia. El aumento notable de la eficiencia energética de esta planta asegura la producción eléctrica durante unas 6500 horas al año, o sea, cerca de hasta 3 veces más que otras energías renovables, suministrando, de esta manera, energía limpia y segura a 25,000 hogares y reduciendo en más de 30,000 toneladas al año las emisiones de dióxido de carbono [5].

Otro ejemplo exitoso de huerta solar se encuentra en Erlasse, Alemania; que cuenta en su totalidad con una capacidad de producción de 12 MW. Existen, sin embargo, muchos países en África, América, Asia y Oceanía que cuentan con alta exposición solar, con bastantes mejores condiciones de radiación solar que los países de Europa, señaladas por un gran número de académicos, investigadores y especialistas en fuentes renovables de energía, como una gran oportunidad de explotación de energía solar.

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  1. II) Energía Hidráulica: La central hidráulica de Itaipú, en el Río Paraná, está situada entre Brasil y Paraguay; se inauguró en 1982 y tiene la mayor capacidad generadora del mundo. Muchos otros países de nuestro planeta presentan, también, excelentes condiciones hidrológicas para explotar esta forma de generación renovable de energía.

 

III) Energía Eólica: En el año 2009, China duplicó su capacidad instalada en tecnologías renovables por energía eólica, alcanzando los 25.1 GW de generación eléctrica por este medio, desplazando a España, con  19.5 GW y sólo por detrás de los Estados Unidos, con 35.16 GW y de Alemania, con 25.78 GW. La generación de electricidad mediante el uso de esta fuente de energía renovable es ampliamente recomendable para muchos países que presentan inmejorables condiciones naturales en sus mapas de corrientes de viento.

  1. IV) Energía Mareomotriz: La Rance River fue la primera central mareomotriz del mundo, se construyó desde 1960 a 1967. En esta región del norte de Francia se conjugan elementos únicos que hacen posible el aprovechamiento de la fuerza del agua para la generación de energía eléctrica.
  1. V) Energía por Biomasa: La central eléctrica de biomasa más grande del mundo se ha puesto en operación en el extremo este de Alemania, en la frontera germano polaca, en la localidad de Penkun. Se compone de gigantescos digestores, recipientes de hormigón de 2500 m3 de capacidad, en los cuales se fermentan residuos agrícolas de toda clase[6].
  1. VI) Energía por Hidrógeno: Existen aplicaciones del hidrógeno en la industria espacial. El hidrógeno líquido en reacción con el oxígeno se utiliza para la propulsión de cohetes. Éste es capaz de impulsar automóviles y de generar energía eléctrica para plantas industriales, sustituyendo a las fuentes de energía tradicionales, desde baterías hasta motores de vehículos.

VII) Energía Geotérmica: En Italia, Nueva Zelanda y Canadá, la energía geotérmica apoya el consumo tradicional. En Japón, el sistema geotérmico tiene una capacidad de potencia de 1000 MW y en Filipinas, de 2000 MW. En México, la energía geotérmica representa aproximadamente el 4 por ciento del total de la producción eléctrica, ubicándolo en el cuarto productor mundial de electricidad por fuentes geotérmicas, por detrás de Estados Unidos, Filipinas e Indonesia.

¿Átomos para la paz?

El uso de la energía nuclear va más allá de su aprovechamiento para fines de generación de energía eléctrica, mediante la operación de reactores en las centrales nucleares. Otros usos de esta forma de energía van asociadas al diseño y construcción de sofisticadas armas nucleares.

Al igual que los soldados y sus pertrechos, durante la Segunda Guerra Mundial la ciencia fue reclutada y movilizada a gran escala. Los científicos dejaron su trabajo en las universidades para ocuparse en retos e iniciativas militares. Todos los recursos disponibles fueron concentrados en facilidades específicas y se crearon los grandes laboratorios especializados de investigación y desarrollo, tal y como los conocemos ahora. El modelo fue asentado por el proyecto Manhattan que conjuntó miles de físicos bajo una logística militar, para diseñar y construir la primera bomba atómica. La construcción de la bomba atómica representa la imagen más popular del uso bélico de la ciencia. En tan sólo seis años, un grupo de teorías y conocimientos sobre el núcleo del átomo, pasaron de ser una idea interesante a la horrible realidad que puso fin a la Segunda Guerra Mundial. El principio científico de las bombas atómicas del proyecto Manhattan, Little Boy (Niño pequeño) y Fat Man(Hombre gordo), fue la fisión nuclear [7].

La historia nos muestra, por desgracia, episodios vergonzosos asociados también al fantasma del uso de la energía nuclear y a la desesperanza de truncar la propia existencia de la raza humana, producto de las decisiones prepotentes del hombre con poder y de sus gobiernos, al utilizar la ciencia sin conciencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos detonó dos bombas atómicas sobre las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki, en Japón, durante 1945, con sus horribles consecuencias. A partir de entonces, la energía nuclear sufrió un estigma, pues se convirtió en un sinónimo de muerte y destrucción. De ahí que el problema de confianza en el uso de la energía nuclear no sólo radica en la seguridad, investigación, desarrollo y avances tecnológicos de nuevos reactores nucleares, sino que, dadas las experiencias adquiridas, más allá de sus ampliamente demostradas aplicaciones para la guerra y para la paz, estamos obligados a plantearnos el uso integral de esta forma de energía, desde un cuestionamiento ético, desde el natural deseo de supervivencia de nuestra especie y por ende, dirigido hacia la evolución de nuestras conciencias.

Antes y después del accidente nuclear de Chernobyl, muchos países han llevado y siguen llevando a cabo explosiones de potentes bombas atómicas, en aire, mar y tierra, con el fin de comprobar su efectividad y de dar a conocer y de advertir a otras potencias, sobre la posesión de colosales armas de destrucción masiva. Esas detonaciones de armas nucleares dejan grandes secuelas de contaminación al ambiente, causando graves trastornos al entorno, debido a la tremenda disipación de energía, alterando el equilibrio de los procesos en la naturaleza y por supuesto, en la concepción del desarrollo humano.

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Las naciones que han aceptado poseer armas nucleares y que conforman el Club Atómico, además de Rusia y los Estados Unidos, son: Inglaterra, China, Francia, India, Paquistán y Corea del Norte, más Israel, que ni lo afirma ni lo niega, al ser cuestionado. En este mismo 2016, Arabia Saudita hizo una declaración oficial sobre la posesión de la bomba atómica, no por la vía del desarrollo tecnológico de la misma, sino por la compra que ese país realizó a Paquistán, con el consentimiento de los países aliados. De acuerdo con The Bulletin of the Atomic Scientist, una organización fundada por varios de los científicos del proyecto Manhattan en 1945, en 2012 existían aproximadamente 23 mil armas nucleares en 111 instalaciones ubicadas en 14 países. La mayor parte de esos artefactos pertenecen a Rusia y a los Estados Unidos, en conjunto ambos países poseen el 96 por ciento del inventario global.

Un fantasma recorre Europa (y el mundo?)

Después de la inauguración, en este mes de mayo de 2016, de la instalación terrestre del sistema misilístico “Aegis Ashore” de los Estados Unidos en la base aérea de Deveselu, Rumania, por el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (NATO, por sus siglas en inglés), Stoltenberg, podemos afirmar que un nuevo fantasma recorre Europa, el fantasma de la confrontación nuclear. La NATO también anunció en ese evento, el inicio de los trabajos para realizar en Polonia otra instalación “Aegis Ashore”, que estará lista para entrar en operación a finales de 2018, análoga a la ya entrada en funciones en Rumania, dotadas de misiles interceptores SM-3 y de lanzamiento vertical MK 41 de la Lockheed Martin .

Rusia considera al sistema antimisiles, que Estados Unidos instaló cerca de Rusia para proteger a los países miembros de la NATO, una amenaza contra sus intereses de seguridad y advierte que viola el tratado sobre el equilibrio de fuerzas nucleares. La polémica instalación y activación del escudo antimisiles, que en realidad es un escudo ofensivo, constituye un factor más en la creciente tensión entre Rusia y Occidente.

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En el encuentro con los gobernantes de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega, llevado a cabo el 13 de mayo de este año en Washington, el presidente Obama denunció “la creciente presencia y postura militar agresiva de Rusia en la región Báltico/Nórdica”, reafirmando el empeño de los Estados Unidos por “la defensa colectiva de Europa”, haciendo referencia, en ese encuentro, acerca del consenso europeo de mantener las sanciones contra Rusia. Europa retorna, así, a un clima de guerra fría, con toda la ventaja para Estados Unidos que pueden, de esa manera, acrecentar su influencia sobre los aliados europeos [8].

Hoy, 30 años después de la catástrofe de Chernobyl, conmemoramos una experiencia que, por desgracia, sus efectos y consecuencias podemos volver a padecer, dada la alarmante tensión que causa una nueva confrontación nuclear a nivel mundial. Es por ello que debemos alejar el fantasma que constituye la amenaza del uso de la energía nuclear en cualquiera de sus formas. NO AL USO DE LA ENERGÍA NUCLEAR, NO A LA GUERRA.

 

Cd. de México, México.

*M. en C. en Fisicoquímica

Dr. en C. en Biofísica

 

[1] Hernani Yee-Madeira y Edmundo del Valle Gallegos. La fisión en la energía nuclear. Conversus- Revista del Instituto Politécnico Nacional. Núm. 89, 2011.

[2] Gonzalo Ramos López. Fusión nuclear: El siguiente horizonte energético. Conversus- Revista del Instituto Politécnico Nacional. Núm. 89, 2011.

[3] Gustavo Alonso Vargas. Cómo produce energía eléctrica un reactor nuclear. Conversus- Revista del Instituto Politécnico Nacional. Núm. 89, 2011.

[4]M. Nieto y G. Ramos. Los desechos nucleares. Conversus- Revista del Instituto Politécnico Nacional. Núm. 89, 2011.

[5] Torresol Energy Investments, S.A. – Información pública 2016.

[6]Ricardo Urbano Lemus. Alternativas y renovables: opciones energéticas. Conversus- Revista del Instituto Politécnico Nacional. Núm. 89, 2011.

[7] Daniel de la Torre. El niño pequeño y el hombre gordo. Conversus- Revista del Instituto Politécnico Nacional. Núm. 89, 2011.

[8] Manlio Dinucci. Missili USA in Romania e Polonia: L´Europa sul fronte nucleare. Comitato promotore della campagna #NO GUERRA #NO NATO. 17 de mayo de 2016.

 

 

*Foto de Portada: www.interviu.es

*Foto dos: Dr. José Proal

*Foto tres: www.abc.com.py

*Foto cuatro: www.losporquesdelanaturaleza.com

*Foto cinco: www.alertacatástrofes.com

*Foto seis: www.tanringa.net