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EL JEFE NITTO SANTAPAOLA

Por Giorgio Bongiovanni y Claudia Marsilli

EL JEFE NITTO SANTAPAOLA

También en Catania el Estado-mafia

por Giorgio Bongiovanni y Claudia Marsili – 13 de julio del 2018

 

Benedetto “Nitto” Santapaola es el último de los jefes mafiosos de una de las épocas más sangrientas de Cosa nostra, época que lo tuvo como protagonista junto con Totò Riina, Luciano Liggio y Bernardo Provenzano.

Descripto por todos como un hombre muy inteligente y carismático, Nitto Santapaola está en la cárcel desde el 18 de mayo de 1993, detenido bajo el régimen del 41 bis y condenado a 18 cadenas perpetuas.

Cosima D’Emanuele, madre de Nitto, y sus dos hermanas, como en un diseño macabro, dan vida a una dinastía de terror: son las tres familias más sanguinarias de la mafia de Catania, los Santapaola, los Ercolano y los Ferrera.

Nitto Santapaola nace en la calle Santa Maria delle Salette en San Cristoforo donde, en el oratorio del barrio, cursó la escuela primaria. Junto con su primo Natale D’Emanuele, asiste a la secundaria en el seminario y los dos tienen la intención de convertirse en sacerdotes. Sin embargo, el camino del seminario se detiene y Nitto continúa su formación estudiando para tipógrafo, pero dentro de él permanece para siempre un llamado muy personal de la fe cultivada en esos años de seminario: cuando es arrestado se reencuentra con una Biblia en su mesita de noche y con una capilla recién construida cerca de su habitación.

A finales de los ‘60, Nitto, después de seis años de noviazgo, se casa con Carmela “Melina” Minniti, una chica que no es de su entorno, sino que proviene de una familia burguesa. Carmela siempre ha deseado para sus tres hijos, Vincenzo, Cosima y Francesco una vida normal, fuera del crimen. De hecho, los hace estudiar en una institución privada frecuentada por la clase alta de Catania, pero su deseo no pudo realizarse: el día después del arresto del padre son detenidos también los dos hijos varones, posteriormente procesados dentro de la operación Orsa Maggiore.

Como jefe absoluto de Cosa Nostra en Catania y ligado a Provenzano, a finales de los años 70 Santapaola recibe de manos de la Comisión Regional presidida por Riina una serie de “feudos”: además del distrito de Catania, todo el territorio del este de Sicilia, la familia mafiosa de Lentini (encabezada por los Nardo, desde antes leales a Santapaola), la provincia de Siracusa – en cuyo territorio está radicado el clan Bottaro de Solarino – y el control de las organizaciones criminales locales externas a Cosa Nostra, hasta llegar a Messina, repartidas entre los Santapaola, la ‘Ndrangheta de los De Stefano y la Cosa Nostra barcelonesa, ​​ligada al ala de Corleone de la cual recibe órdenes.

Por ser una figura clave dentro de Cosa Nostra Nitto Santapaola siempre estuvo entre los que conocían los secretos sobre los instigadores externos de las matanzas, además de tener vínculos con personajes que pertenecían a los entornos del poder, tales como los cuatro “Caballeros del  Apocalipsis Mafioso” – para utilizar las palabras de Pippo Fava: Francesco Finocchiaro, Gaetano Graci, Carmelo Costanzo y Mario Rendo -, con sujetos destacados de la masonería e incluso con amistades dentro del poder judicial. Santapaola es un hombre que ha disfrutado ser un fugitivo protegido desde que en el ‘82 Giovanni Falcone firma una orden de captura contra él por la matanza de via Carini, donde fueron asesinados el general Carlo Alberto Dalla Chiesa junto a su esposa Emanuela Setti Carraro y al agente Domenico Russo. En Siracusa, por ejemplo – según palabras del arrepentido siracusano Francesco Pattarino, que murió en el 2007 en extrañas circunstancias en un accidente automovilístico en Macerata – Santapaola se refugia en la casa de la amante de su brazo derecho, Francesco Mangion, cuyo hijo es precisamente el colaborador de Siracusa. Y el mismo Pattarino es quien informa que vio a Santapaola ir a visitar a su madre a su casa (que el jefe utilizaba como escondite) en un automóvil de la policía con luces intermitentes. La dorada vida de fugitivo del jefe termina diez años más tarde, en el ‘93, cuando fue arrestado, pero las sombras sobre la relación entre la Cosa Nostra de Catania y personajes de las instituciones y la masonería, que no tienen nada que envidiar a los tejidos por las familias mafiosas de Palermo, persisten.

Según algunas fuentes y declaraciones de los colaboradores de la justicia, la estrella de Santapaola comienza a disminuir cuando Riina obliga a toda Cosa Nostra – Catania incluída – a adoptar la estrategia de ataque frontal contra el Estado. Cosa que Santapaola, siempre ligado al sector “negociador” de Provenzano, es bastante reacio a apoyar. A pesar de que nunca expresó claramente una opinión contraria – fue condenado como instigador interno de Cosa Nostra por las bombas del ’92 y había votado a favor de las masacres – Santapaola tiene “dudas” en la planificación de los asesinatos de policías y magistrados contrarios a Cosa Nostra. Cosa que no se le escapa al “jefe de jefes” corleonés, fuerte del ala que está a favor de los estragos, dirigida por su cuñado Leoluca Bagarella, por el hoy arrepentido Giovanni Brusca, por Salvatore Biondino y, en el lado de Trapani, por Matteo Messina Denaro. De ahí la orden de Riina de afiliar a Cosa Nostra a Santo Mazzei, llamado “el Carcagnusi”, perteneciente a una organización criminal no mafiosa y que disgustaba a Santapaola. Mazzei, que también es un amigo personal de Bagarella, a partir de ese momento es parte de la familia mafiosa de Santapaola, pero su lealtad va directamente a Riina, el único al que el nuevo iniciado debe rendir cuentas de sus actividades criminales. La estrategia de las bombas corleonesas, a pesar de que Santapaola no está de acuerdo, sacude también las bases de Catania cuando, el 27 de julio de 1992, es asesinado el inspector Giovanni Lizzio por su actividad en contra de la mafia.

Y si en Cosa Cosa se vive sobre todo de señales, incluso la solicitud de Santapaola de nombrar a su hermano mayor Salvatore como jefe de Catania, manteniendo para sí la “dirección” detrás de la escena, es un síntoma de que no comparte la estrategia de las masacres que Riina, a través de Mazzei, también impone en el territorio del Etna.

Quien da otra señal de la caída de la estrella de Santapaola es un ex jefe catanés que, desde la prisión, informa que el asesinato de un momento a otro de Nitto es ahora parte de los planes de Riina: la eliminación de una pieza “incómoda” como lo es el jefe de Catania, de hecho, permitiría al “jefe de jefes” designar en ese puesto de mando al fiel Mazzei, más predispuesto a declarar la guerra a los representantes del Estado que, en la ciudad, se niegan a bajar la cabeza frente al poder de la mafia.

En 1993, Nitto Santapaola fue arrestado durante la operación “Luna llena” en la zona rural de Mazzarrone. Pero también al arresto, que cierra una etapa de fuga protegida de diez años, se llega solo con la misteriosa indicación de un jefe mafioso catanés, muy leal a Santapaola, que revela el escondite del jefe fugitivo. ¿Quizás para conjurar el peligro del asesinato que quería Riina el que, si hubiese llegado a buen puerto, podría haber sido ejecutado por intermedio de Aldo Ercolano, sobrino de Santapaola pero cercano a Riina? En cualquier caso, después del arresto, el riesgo corrido por Santapaola ya no tiene razón de ser. Y en el silencio más absoluto, sobre el jefe caen las sentencias definitivas, incluida la del asesinato del periodista Pippo Fava, en el cual Santapaola había dado la orden.

Mientras tanto, el repentino asesinato de la esposa de Nitto, Carmela Minniti, representa una verdadera anomalía. El ejecutor del mismo es Giuseppe Ferone, quien pertenece a una organización criminal de Catania pero externa a Cosa Nostra. Tras su detención, Ferone decide colaborar con la justicia, pero aquel 1º de septiembre del ’95, después de haber “escapado” al control del Servicio Central de Protección para viajar a Catania – lugar prohibido por el programa de los colaboradores – vestido como policía, llama a la puerta de Minniti y la golpea en la cara con una andanada de balas. ¿Un homicidio del Estado? ¿Por qué si no un colaborador de la justicia repentinamente tira por la ventana el contrato estipulado con las instituciones? Lo cierto es que matar a la esposa del Riina de Catania – porque tal es el calibre criminal de Santapaola – puede significar dos cosas: o que la familia mafiosa ha terminado o no es un crimen de la mafia. Y, si es verdad que los Santapaola todavía hoy reinan sin oposición en Catania a pesar de que muchos de sus miembros están en prisión, la sombra de personajes externos a Cosa Nostra se hace cada vez más presente. Incluso la reacción de Santapaola resulta ser sumamente extraña. En uno de los juicios en su contra el jefe, en el momento de las declaraciones espontáneas, dice que perdona al asesino de su esposa y que quiere la paz. Según algunas fuentes hay una historia de fondo en esta “declaración de paz” por parte del jefe catanés, debido al hecho de que Santapaola habría sido contactado por una poderosa personalidad religiosa del Etna, ante el temor de la posibilidad de su colaboración y en la búsqueda de la mejor fórmula para evitar aquel “salto” que habría decretado el fin de Cosa Nostra, después de que Santapaola revelara todos los secretos de los que era depositario, escuchados de la boca de Provenzano. Empezando por los nombres de aquellos que estuvieron detrás de las masacres, los motivos que subyacen en la muerte de Falcone, Borsellino y dalla Chiesa, los diálogos entre el Estado, la mafia y el narcotráfico mundial, o por qué se les había dado autoridad a los Caballeros del Trabajo de Catania para poner sus manos en todos los contratos de Palermo. Y de nuevo, la relación entre Cosa Nostra y políticos – tanto de la Democracia Cristiana como del Partido Socialista –, y los de los servicios secretos y las familias de la ‘Ndrangheta, todos ellos vínculos de los cuales Nitto Santapaola tenía pleno conocimiento.

En este contexto, también el asesinato de la esposa del jefe mafioso catanés lleva consigo un mensaje muy preciso: que la colaboración no debe prestarse. Con la oferta del perdón, el jefe responde al mensaje: “No hablaré”.

Y esto sin contar que en cabeza de Nitto Santapaola también está el crimen de Luigi Ilardo, confidente asesinado el 10 de mayo de 1996. Un homicidio por el que fueron condenados a cadena perpetua como ideólogos del mismo Vincenzo Santapaola junto con Giuseppe “Piddu” Madonia, mafioso unido por un doble hilo al jefe catanés y a Provenzano. A la fuga de Nitto se vincula también la muerte del periodista barcelonés Beppe Alfano que, según una línea de investigación fue asesinado porque conocía, y por lo tanto podría haberlo escrito, la presencia de Santapaola en Barcellona Pozzo di Gotto, Messina.

Otro hecho inquietante que gira en torno a Santapaola es el de su fracasado arresto en Terme di Vigliatore, cuando el cerco contra el jefe mafioso se desvanece el 6 de abril del ’93, día en que el capitán Sergio “Ultimo” De Caprio, que estaba en la zona donde se había localizado a Santapaola el día anterior, junto con el capitán Giuseppe de Donno y otros militares del ROS, identifica a un hombre que es confundido con el fugitivo Pietro Aglieri. Luego de una persecución, se comprueba que se trata de un joven sin antecedentes penales, Fortunato Giacomo Imbesi, hijo de un empresario de la zona. Según la reconstrucción de la fiscalía general los militares del ROS, sin embargo, no se encontraban por casualidad en Terme di Vigliatore, “habían recibido la orden de servicio específica para ir ese día, a ese lugar, porque se debía preparar una operación policial haciendo un reconocimiento preventivo del territorio”, algunos de los cuales “habían venido incluso desde Milán y otros lugares”. Y no sólo eso. Los militares que dieron inicio a la operación estacionaron “los vehículos delante de un chalet situado a 50 metros de distancia del local en el cual el día anterior había sido interceptado el supuesto Santapaola y en vez de entrar en ese local, hicieron una irrumpción armada en la casa de Imbesi”. De los sucesos, los ROS no consideraron necesario informar ni a los jueces que habían interceptado al jefe fugitivo, ni al Mariscal Scibilia, de la Sección Anti Crimen de Messina.

Incluso en los informes oficiales no hay rastros de la incursión en la villa Imbesi, en cuyas actas no se indican los nombres de los militares que participaron en la búsqueda y carecen de la firma de las personas que sufrieron la persecución. Obviamente, después de la redada, Santapaola ya no volvió al lugar donde se encontraba y la policía lo arrestó recién al mes siguiente, el 18 de mayo.

Para concluir: mientras los gobiernos que se suceden en nuestro país no demuestran con hechos reales que desean derrotar al crimen organizado ningún Santapaola, Biondino, Madonia o Messina Denaro (siempre y cuando sea capturado) abrirá la boca delante del Estado. Ni revelará los secretos que poseen si no hay signos inequívocos de un gran avance, que pasa por arrestar y procesar no sólo a la cúpula mafiosa, sino también a los “intocables” que se sientan a la mesa con la mafia. Hasta entonces, el arrepentimiento de un jefe como Santapaola será solo una utopía.