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EL VALOR DE RITA ATRIA VEINTICUATRO AÑOS DESPUES

Por Aaron Pettinari

Por Aaron Pettinari – 26 de Julio de 2016

EL VALOR DE RITA ATRIA VEINTICUATRO AÑOS DESPUES

Así recordamos a la ”picciridda” (niñita) de Borsellino

“Antes de luchar en contra de la mafia tienes que hacerte un auto-examen de conciencia y luego, después de haber derrotado a la mafia que está dentro de ti, puedes combatir a la mafia que está en tu círculo de amigos, la mafia somos nosotros y nuestro modo erróneo de comportarnos. Borsellino has muerto por aquello en lo que creías, pero yo sin ti estoy muerta”. Así escribió Rita Atria, la “picciridda” (niñita) de Paolo Borsellino poco antes de tirarse del séptimo piso de un edificio de la avenida Amelia de Roma, donde vivía en secreto ya que era testigo de justicia.

Un gesto terrible, ocurrido una semana después del atentado en el que fueron asesinados el magistrado, a quien ella consideraba como un padre, y sus agentes de escolta.

El 19 de julio de 1992 la mafia, que tanto la había hecho sufrir, había vuelto a golpear con violencia en su vida. Ya en 1985, a la edad de 11 años, Rita Atria había perdido a su padre: Vito Atria, mafioso del clan local, asesinado en una emboscada.

Cuando su padre murió Rita se acercó mucho principalmente a su hermano, Nicola, y a su cuñada, Piera Aiello. Y precisamente el primero (que también era mafioso) le hizo confesiones sobre los negocios y manejos mafiosos de la ciudad de Partanna.

En junio de 1991 sufrió un nuevo golpe en su vida, cuando Nicola Atria también resultó ser víctima de un homicidio mafioso. Así fue que Piera Aiello, que se encontraba presente en el homicidio de su marido, denunció a los dos asesinos y empezó a colaborar con la policía. También la joven Rita Atria, con apenas 17 años, en noviembre de 1991, decidió seguir los pasos de su cuñada, buscando, en la magistratura, justicia para esos homicidios.

El primer magistrado que le tomó declaraciones fue precisamente Paolo Borsellino (en aquel momento Fiscal de Marsala). Sus revelaciones permitieron arrestar a varios mafiosos e iniciar una investigación sobre el polémico Vincenzino Culicchia, quien había sido durante treinta años el Alcalde, o mejor dicho, el padre/patrón de la ciudad de Partanna.

Con el Juez Borsellino instauraron una relación muy fuerte y él “adoptó” a la “picciridda” Rita al punto tal que la joven pasó mucho tiempo junto a él y a su mujer, como si fuera de la familia. Ella no tenía ninguna culpa, jamás había cometido un delito.

Rita Atria fue una chica valiente, una heroína capaz de renunciar realmente a todo, llegando incluso a denunciar a su familia. Su madre, que ya la había repudiado, no participó a su funeral y después de su muerte destruyó a martillazos, con una violencia inaudita, la lápida porque, con sus decisiones  la hija rebelde había “deshonrado” a la familia.

Pero Rita Atria no era una “soplona” sino una joven que había decidido sonreírle a la vida siguiendo un verdadero ideal de justicia.

Las palabras que escribió poco antes de morir  siguen siendo una denuncia y son un ejemplo de lucha en contra del “sistema”.

Una especie de “testamento moral” que nos es transmitido y que vale la pena recordar a veinticuatro años de distancia. Palabras importantes como las escritas en el tema del examen de madurez que dio el 5 de junio de 1992.

Habían pasado pocos días del atentado de Capaci y ni siquiera se podía imaginar lo que ocurriría pocos días después, cuando un nuevo estruendo sacudiría la ciudad de Palermo.

“La única esperanza es la de no rendirse jamás – escribió -. Mientras Jueces como Falcone, Paolo Borsellino y muchos otros como ellos sigan viviendo, no hay que rendirse, jamás, y la justicia y la verdad vivirán en contra de todo y de todos. El único sistema para eliminar esa plaga es concientizar a los jóvenes que viven en medio de la mafia, ya que por fuera de ella existe un mundo formado de cosas simples, pero hermosas, de pureza, un mundo en el que uno es tratado por lo que es, no porque es el hijo de una, u otra persona, o porque ha pagado un pizzo (peaje mafioso) para que le hagan un favor. Tal vez nunca llegue a existir un mundo honesto pero quién nos impide soñar. Quizás si cada uno de nosotros intentamos cambiar, tal vez lo logremos”.