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EMANUEL CHIDI NNAMDI HA MUERTO POR CAUSA DEL RACISMO

Por AMDuemila

EMANUEL CHIDI NNAMDI  HA  MUERTO POR CAUSA DEL RACISMO

Se escapa de Boko Haram, lo asesinan en Fermo, Italia y su  mujer cuenta el infierno vivido en el gomón. ¿Qué queda de la solidaridad?
Por AMDuemila – 07 de Julio de 2016

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Lo ocurrido en la ciudad de Fermo nos compromete a todos en primera persona. La trágica muerte de Emmanuel Chidi Nnamdi, quien logró escapar de la violencia terrorista de Boko Haram junto a su amada mujer Chimiary, fallecido a manos de un hincha de Fermo, no puede hacer más que hacernos reflexionar sobre la solidaridad que estamos dispuestos a ofrecer como comunidad local, a quienes llegan en gomones a tierra marchigiana. Emmanuel y Chimiary,después de haber perdido a toda su familia en Nigeria, querían comenzar una nueva vida en otra tierra. Incluso habían logrado que Don Vinicio Albanesi los casara. El los había recibido en el seminario del arzobispado, a pesar de que aún no contaran con documentos regulares.

Luego llegó ese encuentro: “Mona africana”, así fue como la llamó uno de los dos hinchas mientras Chimary paseaba junto a su marido. Después de la discusión llegó la pelea: Emmanuel (más allá de cómo se desarrollaron los hechos, que la investigación tendrá que aclarar) quedó agonizando y entró en estado de coma irreversible. Su corazón latía pero no tenía actividad cerebral. Después del paso de las horas necesarias de espera, se declaró oficialmente su muerte.

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© Paolo Bassani

© Paolo Bassani

Ahora Chimiary, con apenas 24 años, se encuentra sola, en una tierra extranjera que no la supo recibir. Después de haber escapado de su Nigeria tuvo que renunciar a sus estudios de medicina con tal de salvar su vida. Pero en cambio no pudo lograr salvar la que llevaba en su vientre y la perdió durante el terrible viaje a través del mar en el que muchos no logran alcanzar tierra firme.

 Ahora Emmanuel tampoco está. “No puedo vivir sin mi marido” dice con la voz entrecortada, entre sollozos, durante la manifestación organizada ayer por la noche en el seminario de Fermo. Un llamado a la comunidad local para unirse al dolor de una joven mujer que estando en medio de estas colinas soñaba con encontrar un futuro diferente. Pero la respuesta fue de pocos cientos de personas.

“Imaginaos si hubiéramos hecho antes esta reunión – dijo uno de los participantes de la marcha – en sus vidas ya habían vivido el martirio y podrían habernos contado sobre ello. Si la ciudad se reúne únicamente por la tragedia no es algo bueno, lo sería si se reuniera para hacer una fiesta, para la solidaridad, solo así se exorciza la violencia. Lamentablemente esta noche esta ciudad tampoco está unida”.

Los presentes se dispusieron en forma circular alrededor de Chimiary que se vio obligada a sentarse en una silla, completamente vestida de blanco. A la luz de las velas cantó una canción en su idioma para darle voz al dolor por su pérdida, transformándose en un lamento que hacía temblar las venas y los corazones de quienes la escuchaban.

“Esta canción dice: ¿Dónde estás? ¿Por qué me has dejado en este mundo malo sin Emmanuel? Para mí es muy doloroso estar sola porque vivir solos es matar a la mente. Entonces para mí sería mejor perder la vida si no podemos estar juntos”.

Los representantes de las instituciones locales improvisaron discursos sobre caliente, mensajes de disculpas que no serán suficientes si no se llegaran a ver acompañadas por los hechos. El Intendente Calcinaro habló de “muerte de la comunidad” – para luego continuar diciendo: “No puedo hacer otra cosa que pedirle perdón a Chimiary, a Emmanuel y a todos los huéspedes de la estructura. Habríamos tenido y tenemos que protegerlos de lo mismo que han huido”.

Muchos de los presentes son huéspedes de la estructura, compatriotas suyos y en general muy jóvenes, algunos de ellos se asomaban por las ventanas del edificio. Todavía nos queda mucho por aprender en cuanto a la solidaridad y a estar juntos. Donde en la relación y en el diálogo cada uno se convierte en el espejo del otro y encontrándonos nos conocemos, pero sobre todo nos reconocemos ya que somos profundamente seres humanos, tan diferentes pero tan iguales y es precisamente por ello que somos portadores de unicidad y de belleza. Un muro invisible de indiferencia y prejuicio amenaza con dividir a quienes albergan de quienes son albergados, y tenemos que derribarlo con las armas de la solidaridad, de la comprensión, del respeto. Para evitar que la violencia llame a más violencia.

Para nosotros es un momento muy doloroso – dijo uno de los jóvenes, un huésped del seminario -. Varias veces hemos dicho que queremos colaborar con vosotros, no queremos seguir teniendo miedo. Nos hemos escapado de la guerra, del hambre… lamentablemente uno de ellos encontró la muerte aquí. Pero también hemos visto la respuesta, esto es muy importante. Tiene que haber justicia, no se puede arrebatar así una vida”.

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© Paolo Bassani

Nunca como hasta ahora hemos tenido una desesperada necesidad de justicia para curar esta herida abierta. “Existe la justicia divina pero yo también espero la terrenal – advirtió Don Vinicio Albanesi porque una y otra tienen que llegar a coincidir”. Y luego prometió “Haré de todo para que Chimiary pueda retomar sus estudios de medicina”.

Ahora dejemos que sean sus palabras, leídas por las monjas durante la manifestación, las que narren el infierno que padecieron en aquel interminable viaje que afrontaron junto a Emmanuel. Alrededor del recuerdo de él y del dolor de ella se une en un abrazo la redacción de la revista ANTIMAFIADuemila: nacida para dar voz y un apoyo a la verdad frente a las injusticias perpetradas por las mafias y que no puede permanecer sorda ante una tragedia engendrada por la violencia, por el abuso, por el odio de cuya mentalidad mafiosa se nutre (independientemente de las diferencias culturales y religiosas) que de repente han estallado en nuestro territorio. Frente a lo cual todos nos vemos llamados a reaccionar, a seguir siendo humanos para no volvernos cómplices.

“Mi nombre es Chimiary, tengo 24 años y mi marido Emmanuel tiene 35. Somos nigerianos, venimos del Norte de Nigeria, en mi país yo estaba en segundo año de medicina. Mi marido y yo perdimos a nuestra familia en un ataque terrorista kamikaze perpetrado por Boko Haram, en mi iglesia.Antes de que ocurriera este episodio mi marido y yo vivíamos junto con mi suegro.”

Imagen 1“Ese día dejamos a mi suegro con nuestra niña de dos años para ir a hacer las compras y

cuando volvimos del negocio vimos una gran multitud que gritaba en la calle. Muchos lloraban. Nos acercamos y vimos que la explosión había afectado también nuestra casa y algunas otras vecinas. Nos pusimos a buscar a nuestra hija y a mi suegro, pero ellos ya no estaban”..

“Y así nos quedamos sin ningún familiar, pariente, o amigo porque a partir de ese momento se creó un clima de desconfianza entre la gente y teníamos miedo unos de otros. De hecho Nigeria es un país que desde hace algunos años está siendo aterrorizado por un grupo extremista islámico, Boko Haram”.

“Y como ya no nos quedaba nada comenzamos a dormir en las casas abandonadas, pidiendo limosna en la calle y a veces lográbamos saciar el hambre con un poco de pan y de agua.”

“Un día le dije a mi marido que ya no podíamos seguir viviendo de esa forma entonces le dije que lo mejor para nosotros sería irnos a otro país porque a esta altura la situación se había vuelto muy difícil y no quería que nos ocurriera algo”.

“Así fue como abandonamos Nigeria y tardamos dos días para llegar a Niger. No conocíamos a nadie de Niger y allí también dormíamos en la calle. Nos quedamos un mes, a veces mi marido lograba conseguir algún que otro trabajo pero como no era suficiente decidimos ir hasta Libia. Por lo pronto dejamos Niger y nos fuimos a Libia. En Libia tampoco conocíamos a nadie y nos vimos obligados a dormir debajo de los puentes. Un día mi marido había salido para buscar trabajo y se encontró con un hombre al que le contó nuestra situación y él le dijo que podríamos ir a quedarnos en su casa. Pero no nos dijo que dentro de poco tiempo partiría. De hecho tiempo después se marchó y nos dejó que nos quedáramos en su casa.”

“Nos quedamos un mes y tres semanas en Libia y yo estaba embarazada de tres meses. Un día sentí que golpeaban a la puerta, pensé que se trataba de mi marido ya que había salido. Pero cuando abrí la puerta me encontré con cinco hombres armados que llevaban puesto un pasamontañas negro a través del cual lo único que lograba ver eran sus ojos. Entraron por la fuerza en la casa y comenzaron a revolver todo. Buscaban dinero y otras cosas de valor. Luego me preguntaron si era cristiana o musulmana y respondí que era cristiana. Inmediatamente comenzaron a pegarme y a darme patadas en el vientre. Caí al suelo. Más tarde llegó mi marido y ni bien vio lo que estaba ocurriendo y que me estaban golpeando se arrojó encima del hombre que estaba arriba mío y éste le pegó con la pistola en la frente entonces él también cayó al suelo. Nos quedamos tirados en el suelo no sé cuánto tiempo, llorando y gritando, pidiendo ayuda.”

“Un joven vecino de casa escuchó nuestros gritos y salió para ver qué había pasado, al vernos salió corriendo para pedir ayuda pero cuando los hombres lo vieron le dispararon. Cuando logramos levantarnos lo único que vimos fue el cuerpo sin vida de ese chico.”

“Salimos y comenzamos a pedir ayuda y un hombre libio que vivía en nuestra misma calle nos dijo que había visto a los hombres pero que no podía darnos una mano porque les tenía miedo, porque sabía que nosotros éramos de color y que por lo tanto él correría riesgo de vida si nos ayudaba. En lo único que nos podría llegar a ayudar era poniéndonos en contacto con un hermano suyo que era uno de los que organizabanlos gomones para viajar hasta Italia. Esa misma noche nos acompañó a donde su hermano y mi marido le dijo que no teníamos dinero porque lo poco que teníamos lo habíamos dejado en casa. Y ese hombre nos dijo: ¿Por qué hablar de dinero? Vuestra vida es más importante que el dinero.”

“Entonces fuimos hasta la playa y había muchas personas, a nosotros nos tocó en un grupo que zarpaba esa noche. Éramos 140 en un mismo gomón y durante el viaje sentí un fuerte dolor en el vientre a causa de las patadas que había recibido. Mi marido estaba sentado lejos de mí y yo pedía ayuda pero nadie podía ayudarme. Pasamos tres días en medio del mar, sin comida, sin agua y sin dormir. Al cuarto día fuimos socorridos por un barco italiano y nos llevaron a tierra firme”

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“El dolor era persistente y comencé a sangrar. Así fue que cuando llegaron los voluntarios de la Cruz Roja se dieron cuenta de la gravedad de mi condición y me llevaron al hospital. Allí los médicos me dijeron que había perdido a mi hijo, luego nos llevaron hasta Sicilia, donde nos quedamos un mes y dos semanas. Yo seguía mal y tenía hemorragias. Luego nos dijeron que nos enviarían a Fermo. Cuando llegamos a Fermo nos dijeron que nos tendrían que separar porque en las estructuras a las que nos habían destinado no podíamos estar juntos porque no eran para hombres y mujeres. Pero una mujer llamó a Sor Rita, ella comprendió nuestra situación y dijo que podíamos ir juntos porque ella nos encontraría un lugar en el cual poder estar juntos”.

“Llegamos a Fermo,y ese mismo día me llevaron al hospital y luego volví a la estructura donde me dieron comida y ropa.Todos los domingos, junto a Sor Rita y a las demás hermanas que se encargaban de nosotros, íbamos a misa y allí conocimos  a Don Vinicio, le contamos nuestra historia y le explicamos que en Nigeria Emmanuel y yo nos habíamos casado únicamente por civil y que no habíamos podido casarnos por iglesia porque dos semanas antes de la fecha de la boda había sido la explosión en la iglesia. Entonces Don Vinicio nos permitió que hiciéramos una ceremonia de bendición en la iglesia el 6 de enero.”

“Estamos muy agradecidos con todos los italianos que nos han recibido y que nos han permitido cumplir nuestro sueño y agradecemos a Sor Rita, a Don Vinicio y a Sor Filomena, nuestra querida amiga. Deseamos lo mejor para todos vosotros y para vuestras familias. Y os decimos que tenéis que creer siempre en que Dios puede hacer posible lo que parece imposible y nos da la fuerza para superar todas las dificultades. Es por ello que agradezco a Dios por nuestra fe, por habernos hecho cristianos. Os pedimos que recéis por África y por nuestro país, Nigeria. Que Dios pueda darles la paz a a estos pueblos. Lo que deseamos para nuestro futuro es la posibilidad de vivir en este país y para que pueda seguir con mis estudios de medicina con la ayuda de Dios. Gracias”

Por Miriam Cuccu

Foto de la boda © Ansa