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EN EL CORAZON DE LA INTERVENCION RUSA EN LA GUERRA DE SIRIA

Por Giulietto Chiesa

EN EL CORAZON DE LA INTERVENCION RUSA EN LA GUERRA DE SIRIA

Por Giulietto Chiesa- 24 de Enero de 2016
El periodista Giulietto Chiesa cuenta, a través de Pandora TV, la fuerza de las armas y el paisaje humano herido.

Antes de comenzar a contar mi viaje a Siria me parece oportuno describir las condiciones en las que se desarrolló el mismo. Luego de haber presentado una solicitud al Ministerio de Defensa ruso fui incluido en un grupo de reporteros y trabajadores televisivos que, después de salir de Moscú, llegaron al aeropuerto de Hemnym, transformado en base aérea de la aviación militar rusa. Siendo éste mi primer viaje al exterior en calidad de enviado especial de Pandoratv.it.
La comitiva era de gran prestigio, hasta a mi me sonaba extraño responder cuando pasaron lista después de medios como ABC y Associated Press de los Estados Unidos, el IPTV inglés, la BBC, la CCTV china, la RT ruso, la RAI italiana, y luego una larga serie de canales de televisión, español, bieloruso, francés, japonés, vietnamita, noruego, armenio, así como también la televisora libanesa Al Manar y muchas más, sumadas a la lista completa de las redes públicas y privadas de Rusia.
En este caso, todos rigurosamente en calidad de “embedded”. Término que significa ser llevados por una de las partes beligerantes y estar vinculados a su programa. Es decir, en otras palabras, nos estaban llevando a todos para ver lo que el ejército del país organizador desea que vosotros veais.
En el caso específico Pandoratv.it se hizo cargo del pago del viaje Roma-Moscú (ida y vuelta) del hotel, pero por el resto viajó gratis en un Ilyushin62 M de la Aviación militar rusa, desde y hacia Moscú. Y a lo largo de los tres días que duró el viaje fue trasladado y alimentado (no alojado) a cargo del Gobierno ruso. Exactamente como todos los casi cuarenta periodistas y operadores televisivos del grupo.
Estos datos son los datos esenciales para la descripción, pero además son insoslayables para aquellos que quieran ver desde dentro el aparato bélico ruso. Por lo tanto este es el contexto que le dará la posibilidad al lector de evaluar si el que escribe ha respetado la ética profesional sin transformarse en un operador funcional al aparato propagandístico.
En lo que a mí respecta fue una experiencia que valió la pena. Tres días en los que hubo tres actividades diferentes, todas cargadas de información y que ninguno de nosotros habría podido verificar de no haberlo hecho así. Comenzando por la base rusa y por la intensa actividad bélica que se está llevando a cabo desde hace alrededor de 4 meses.

El número de militares presentes es Top secret pero seguramente son varios cientos de soldados y oficiales. También es Top secret el número de pilotos que llevan a cabo los vuelos para bombardeos, vigilancia y patrullaje. También es Top secret el número y la cantidad de drones, pero eran muchos los que se veían en movimiento. Los drones son los que envían la información sobre los objetivos que hay que atacar, sobre los movimientos de las tropas de Daesh, sobre las colas de camiones cisterna llenos de petróleo que se desplazan hasta Turquía. Pero la base es algo muy complicado, en ella se encuentran: la policía militar interna (los cascos rojos), se hacen los ejercicios militares de seguridad hacia el exterior (“spetsnaz”, es decir hombres con asignación especial), los así llamados “vezhlivye liudi”, que ya se vieron en acción en Crimea, los “chicos joviales” dotados de un equipamiento especial, completamente verde, de visores nocturnos, de artefactos misteriosos colgados de un casco mimético, con guantes negros especiales y un fusil, también éste especial, colgado al cuello de forma tal de poder permitir su uso de la forma más rápida posible, con un pasamontañas verde que lo único que deja ver solo sus ojos, ya que les cubre la cara y el cuello. Y naturalmente un chaleco antibalas, también verde.
Una patrulla de estos spetsnaz nos siguió como una sombra a lo largo de los tres días, desde que llegamos hasta que nos fuimos, acompañándonos hasta el hotel de Lattakia, vigilando el perímetro durante la noche y esperándonos hasta la mañana siguiente. Nos habían advertido de que no nos permitirían realizar ninguna “variación” del programa, ninguna “descarrilamiento”. Dadas las condiciones todas estas no eran más que medidas comprensibles para garantizar nuestra seguridad física. De hecho la línea del frente (uno de los numerosos frentes de esta guerra) se encontraba a apenas 25 kilómetros de nuestro hotel. Hace algunas semanas cayó un cohete en el centro de Lattakia, matando a decenas de personas. Pero son muy probables las infiltraciones terroristas y un grupo con tanta concentración de periodistas extranjeros, que fueron llevados hasta Siria por los rusos, podría llegar a ser un blanco prioritario para perpetrar un golpe de gran alcance propagandístico. Los acompañantes/protectores rusos no querían correr ningún riesgo. Y se habían preparado de manera impecable.
La base ha sido completamente construida por los rusos, a una velocidad récord. Todo es ruso, desde el alambrado perimetral hasta la comida. Excepto las naranjas. Incluso al agua la filtran antes de que pase por los caños que alimentan las duchas. Los oficiales se hospedan en containers individuales. Al igual que los pilotos y el personal especializado en el mantenimiento de los aviones. El aeropuerto cuenta con dos pistas, una para los vuelos civiles, que son muy pocos, y la otra para los vuelos militares, una actividad vertiginosa, casi las 24 horas. Según un cálculo aproximativo (aunque nadie contesta con precisión a estas preguntas) hay unos cuarenta aviones Sukhoi de diferentes tipos estacionados en dos plataformas. En una tercera, la más protegida, se ven unos quince Sukhoi 34, el último grito de la aviación militar rusa, una joya de elegancia estilística, pintado con distintos matices de color azul que hacen que parezca un delfín, pero es capaz de subir diez mil metros en cinco segundos. Es más un cohete que un avión. Pero menos ruidoso que el Sukhoi 24 que cuando despega produce un “bang” tan potente que podría romper literalmente los tímpanos de quienes no se cubran los oídos. Más que un ruido es un violento golpe físico.
Durante horas asistimos a una impresionante serie de despegues y aterrizajes, permaneciendo en el borde de la pista, viendo decenas de misiones por día, pero también de noche . Los blancos se eligen uno por uno en base a diferentes tipos de información: como por ejemplo la que brindan los agentes sirios que se encuentran en el territorio (y ahora también los grupos que quieren tratar), que dan las coordenadas; la de los drones que delinean todos los días las posiciones de los grupos armados, la de los satélites. Los pilotos emprenden vuelo habiendo definido los objetivos, a veces con correcciones de último momento. “Cuando tenemos dudas sobre el blanco preferimos postergar el ataque para no correr el riesgo de matar civiles”. Fue una frase que nos repitió varias veces el mayor general Igor Evgenevich Konashenkov, responsable del Ministerio de Defensa en el sector de relaciones con la prensa, que nos acompañó durante los tres días de nuestra visita. “Nuestras informaciones tienen un alcance tal – agregó – que no solo sabemos perfectamente donde atacamos, sino que contamos con una descripción precisa de donde bombardean, cuando lo hacen, los aviones de la coalición occidental”. Luego, con una irónica sonrisa, dijo también: “las pocas veces que lo hacen”.
Los Sukhoi despegaban y aterrizaban de regreso en un lapso de media hora, o de 45 minutos. Según la complejidad de la misión. Salían cargados de misiles y de bombas, como si fueran puercos espines metálicos y volvían vacíos, como si fueran a su vez proyectiles disparados por un enorme cañón. Para frenar utilizaban paracaídas de colores que abandonaban en la pista y que luego algunos asistentes recogían y doblaban inmediatamente a través de movimientos relámpago. Todo esto: el ruido, el ritmo, la eficiencia, inevitablemente provoca gran estupor y admiración. Si no fuera que lo que a uno le viene a la mente es que esta es una máquina de muerte. Y que es monstruosamente costosa, tanto para quienes la padecen como para los que la usan. El balance que nos hicieron, esta vez con precisión, sin secretos, hasta incluso con orgullo, no es menos impresionante: en estos cuatro meses se han realizado más de 5700 misiones de vuelo, con más de 12.000 objetivos bombardeados. Sin esta intervención Siria ya no existiría. Lo que no nos dijeron es cuánto cuesta toda esta actividad, pero se trata de cifras exorbitantes. ¿Cuánto consume cada Sukhoi que emprende vuelo? Y ¿cuánto cuestan las bombas y los misiles que lleva? Además el combustible y las bombas llegan de las bases rusas de abastecimiento, a miles de kilómetros de distancia. Eso también implica otros gastos. Los colosales Ilyushin 76MD actúan de lanzadores. Tampoco nos dijeron con qué ritmo lo hacen pero en tres días vimos cuatro aterrizajes de pesados aviones de carga. Y ¿cuánto cuestan los helicópteros que sobrevuelan constantemente las áreas alrededor de las demás pistas? Ningún avión de combate, o de transporte, emprende vuelo sin que los helicópteros hayan neutralizado los eventuales sistemas de armas tierra-aire. Los rusos saben que las formaciones de Daesh se han abastecido de estas armas, así como de sofisticados cohetes que pueden alcanzar a un avión durante el despegue o el aterrizaje. El problema es impedir que lleguen a una distancia de lanzamiento. Y por lo tanto podemos imaginar cuántos hombres (tanto de los servicios secretos sirios como de los rusos) patrullan permanentemente en el radio de varios kilómetros. Una mínima distracción puede terminar en un desastre, no solo militar sino también político, mundial. El nivel de responsabilidad y de tensión se percibía en cada instante. Casi nadie hablaba, solo Igor Konashenkov. Cualquier palabra de más podría convertirse en un boomerang.
Nos encontrábamos frente a una logística militar de gran eficacia, así mismo de un gran efecto. Rusia está experimentando en vivo y en directo todas sus mejores armas, ante el estupor de todos. Y ellos, los oficiales que nos acompañaban, estaban visiblemente orgullosos de demostrar su fuerza. Esta operación antiterrorista también es, evidentemente, la exhibición de una fuerza y de una tecnología que el Occidente no conocía, o que consideraba algo irreal. A mí mismo, que he visto muy de cerca la guerra afgana y la chechena, me sorprendieron por su cambio.
Ahora se ve que Rusia ha hecho, por sí sola, en pocos meses, lo que la así llamada “coalición occidental” no ha logrado hacer. Sería mejor decir que “no quiso hacer”, siendo que ya ha quedado claro que Daesh no es absolutamente un enemigo para muchos de sus miembros. Este además es un segundo efecto que ha sumado Moscú: tanto político como militar. Muchos, incluso en Occidente, perciben que Moscú puede llegar a ser un aliado crucial y no solo el enemigo que ha sido creado obsesivamente a lo largo de estos últimos años. Es por ello que, salvo alguna que otra sonrisa irónica de Igor Evgenevich, no es necesario remarcar. Los periodistas enviados no escatimaban en preguntas, incluso provocativas. Las respuestas eran lacónicas. Os hemos invitado para que podáis “ver con vuestros ojos”. Los canales de televisión recibían DVD con filmaciones desde lo alto, de los bombardeos. Naturalmente no nos estaban regalando secretos militares y jamás nos dirían sus movimientos. Nos mostraron una máquina homicida que funciona.
Los misiles de crucero que, después de partir del Mar Caspio, alcanzaban los objetivos con una precisión excepcional de casi 2000 kilómetros de distancia, eran una clara demostración de que Rusia puede contraatacar en cualquier latitud y longitud. No solo en Siria. El hecho de que los servicios militares de la coalición occidental no hayan logrado saber nada antes, si bien toda la operación haya sido programada minuciosamente con Irán, dice que la omnipotencia notreamericana en cuestión de vigilancia de los movimientos del adversario ya no es tal.
Ésta no es solo una demostración de fuerza, es también un instrumento político y diplomático.
La respuesta occidental es la carta de Litvinenko. El general Konashenkov se sonrió y guardó silencio.
Cuando nos llevaron a Tartus, el segundo día, las sorpresas se multiplicaron. “Esta no es una base militar, como muchos de los medios de comunicación occidentales siguen sosteniendo – precisó el general Konashenkov ni bien subimos a bordo del cazatorpedero “Vice Almirante Kulakov” – ésta es una base de apoyo, abastecimiento, transporte, asistencia”. El puerto estaba casi desierto. Lo único que había era un barco militar ruso y algunos pocos buques civiles de carga, así como también un “mulo” de grandes dimensiones, con una sigla numérica en el lugar del nombre, que es el encargado de recuperar a los periodistas en alta mar, al regreso del crucero.

El “Kulakov” tiene ya su madurez. Entró en el agua en los años ’80 pero está lleno hasta los dientes de sofisticados artefactos electrónicos y de armas muy modernas para la caza de sumergibles. La tripulación parecía estar compuesta por hombres mudos y sonrientes. Solo uno era el que hablaba, el capitán. El lugar al que nos dirigíamos lo sabríamos solo al ver en el horizonte la figura del crucero “Variag”. La jornada de sol nos permitió mirar hacia el horizonte. Los únicos dueños de las costas sirias son estos dos buques rusos. Los franceses llegaron con su portaviones, efectuaron decenas de misiones y se fueron al Golfo Pérsico. Konashenkov comentó: “Con un portaviones no se puede hacer una operación de larga duración”. Pura operación de fachada.
El “Variag” se movía lentamente, hacia adelante y hacia atrás. Pero cuando llegamos cerca de él, lo suficiente como para contar los 16 poderosos cañones lanza misiles, aceleró de repente provocando grandes olas de espuma, quizás para brindarle a los observadores extranjeros la prueba de su capacidad de maniobra. Éste es el arma principal, que mantiene bajo control no solo el mar sino también el cielo de toda Siria y de mucho más allá. Tanto desde aquí como desde la base en tierra parten los misiles que son capaces de bombardear y de prevenir cualquier amenaza potencial en contra de un objetivo ruso, en tierra, en el mar, o en el aire.
Después del alevoso derribamiento del Sukhoi 24 en la frontera turca Putin advirtió: “El ‘Variag” llegó por esto”. Y los aviones turcos dejaron de violar el espacio aéreo de Damasco. Otros aviones militares vuelan sobre Siria, pero ninguno lo hace sin haberse puesto de acuerdo con Rusia en cuanto a su presencia. Incluso los norteamericanos lo hacen. Israel dejó de hacerlo: existe un acuerdo, de características desconocidas y ambiguas, pero existe. ¿Hay submarinos en la zona?
Un oficial de la “Kulakov”, que por un momento breve se volvió hablador, se limitó a hacer un comentario veloz: “Esta fracción del Mediterráneo ahora es la más vigilada del mundo. Pero nosotros vemos y escuchamos todo, incluso los suspiros”.
El helicóptero de a bordo transporta a un equipo de tele operadores. Y eso nos permitió asistir a la “ceremonia de las caricias”. No sé cómo la llaman los rusos y tampoco sé si existe en las otras fuerzas militares de aviación. Se que la realizan todos los pilotos rusos a los que vimos subir a bordo de los helicópteros y de los Sukhoi. Consiste en una especie de control donde se toca la carlinga, los alerones, los misiles que cuelgan de las alas, las bombas redondeadas que cuelgan por debajo del vientre del avión. Un control claramente supersticioso, entre lo tierno y lo melancólico, pero con total seriedad, que los hombres con casco y visera se permiten hacer sin apuro, antes de subir a bordo. Un saludo y una “captatio benevolentiae” a la máquina de la cual, poco después, podría depender su vida. Podría ser su último vuelo. Por ejemplo para el piloto del Sukoi de los turcos lo fue al ser derribado.
Al tercer día escalamos las montañas. En el horizonte se veía la nieve pero el paisaje era el mismo de Sicilia. Olivos y naranjos, naranjos y olivos. Esta era la “tierra prometida”… No para los judíos, sino para los hombres que, desde el desierto, miraban hacia el mar a lo largo de todos los siglos anteriores al corriente. En las alturas aún se ven los castillos de los cruzados llegados desde Europa, evidentemente ellos también estaban en busca de tierras fértiles más que de lugares santos. Las laderas están cubiertas de casas, de edificios de muchos pisos. Una infinita cadena de adefesios arquitectónicos, pero que demuestra los sentimientos populares muy difundidos. Es increíble la cantidad de casas dejadas a medio hacer, y además casi totalidad de los edificios se elevan hacia el cielo con columnas desnudas de hormigón armado, dando cuenta de los proyectos de una futura ampliación en altura de la casa: para los hijos, para los nietos, para venderla o alquilarla, para ganar dinero. Es como si todos los sirios, hace apenas cuatro años, estuvieran convencidos de que su futuro habría sido de paz y prosperidad. Y esto, en todos los Países árabes, significa tener una casa. Ahora estos edificios te miran con las ojeras vacías, con los balcones sin terminar, con las escaleras sin barandas, con las ventanas sin vidrios. Y luego llegó el Apocalípsis.
Millones de personas han escapado, quienes se han quedado tiene la maleta en la puerta. Si llega el Daesh hay que escapar si o si, ya que ningún alauita saldrá con vida. Y aquí son todos alauitas. A todas las casas las habían adaptado para negocios, pero ahora no son más que una larga fila de persianas bajas, que incluso ya se han oxidado. Pero también gran parte de los negocios antiguos han cerrado. Si Siria ha resistido en estos años de grave agresión por parte del extranjero es probablemente solo porque la defensa del territorio era idéntica a la defensa de la vida.
Al llegar un poco más arriba se detuvieron los autobuses. Nos pasaron a camiones blindados para el transporte de tropas. Totalmente nuevos, quiere decir más gastos. Estos también tienen vidrios blindados, con pequeñas ventanas. Aquellos que no llevaban puesto el chaleco antibalas recibían uno, siempre que quisieran continuar. La subida se realizó encerrados.
Igor Konashenkov pidió disculpas por la molestia. “Quería contentaros. Estáis aquí para recopilar imágenes y hemos hecho de todo para brindárselas. Pero solo esta noche decidimos traeros hasta aquí, después de haber considerado los riesgos con nuestros amigos sirios. Os pido perdón si hay cosas que os parecen improvisadas. Aquí, hasta hace una semana, se estaba combatiendo en cada una de las calles. Os llevaremos hasta menos de 8 kilómetros de la línea del frente, teníamos que estar seguros de que no correríais peligro”.
El pueblito de Salma, también formado por gran parte de casas sin terminar, ahora no es más que un montón de ruinas, a 850 metros de altitud. A lo lejos se escuchan los disparos de los cañones.
Los degolladores han dejado en medio de la calle uno de sus coches de guerra, una pick-up blindada que tiene una ametralladora encima, con dos cañones, también se puede utilizar como un arma antiaérea. Estaba lleno de sangre y con una rueda rota a causa del disparo de un bazooka. Los mecanismos ya se habían puesto en marcha.
Igor Evgenevich, paternal y socarrón nos advirtió: “No tenéis que atribuir esta victoria a nosotros, los rusos. Lo único que hemos hecho ha sido limpiar con nuestros cazabombarderos todas las alturas periféricas y hemos eliminado los tanques de guerra y los camiones blindados de Daesh. Toda la destrucción que se ve no es a causa de nuestros bombardeos. Aquí ha habido combates casa por casa y la victoria es del ejército sirio”. El frente se ha trasladado al Norte. El Gobernador de la provincia ya había llegado, junto a las primeras máquinas necesarias para la limpieza de las calles y para sacar las minasde las casas, que ahora ya han sido empapeladas con los retratos de Bashar al Assad e inscripciones sobre el festejo por la victoria de Damasco.
“Las formaciones – nos dicen de Al Nusra, alrededor de 1500 hombres – se retiraron unos diez kilómetros”. Un intérprete nos explicó: “-Su zona interna es Turquía, a menos de cien kilómetros de aquí”. “-¿La carretera está bajo su control?” “-Por el momento si, pero depende de un montón de factores. Claro está que intentaremos detenerlos pero muchos escapan por separado. Los ojos de los drones rusos están sobre ellos.
Pero Salma no es más que una de las muchísimas líneas del frente, donde hay asedios recíprocos. Lo que vimos aquí es el resultado de un enfrentamiento militar de grandes proporciones. A no más de 40 kilómetros de Lattakia. Lo mismo ocurre en las cercanías de Damasco. Allá no se puede bombardear porque el personal armado convive con la población en el mismo territorio. Moscú afirma: “No pondremos ni un borceguí en tierra”. “No nos hace falta una segunda base”, dijo Konashenkov.
Pero es evidente que esta, en las intenciones de Putin, es una operación a tiempo determinado. ¿Cuán larga será? Es algo que nadie sabe. El Kremlin quiere una solución política. La victoria ya la ha obtenido. Hay que ver cómo se llega, con qué relaciones de fuerzas. Por ahora Moscú se encuentra sola para desmantelar al Daesh. Por otro lado hay solo un gran movimiento para poner en marcha una delegación de “opositores al régimen de Damasco” que sean presentables para la opinión pública occidental. No será nada facil elegir, entre los degolladores, a aquellos que se puedan denominar “moderados”.
Extraído de: megachip.globalist.it
Video:http://www.antimafiaduemila.com/home/alternativa/243-pace/58667-viaggio-nella-guerra-di-siria.html