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ENEMIGO ÍNTIMO

Por Alejandro Diaz

ENEMIGO ÍNTIMO

Por Alejandro Díaz-11 de diciembre de 2018

 

En tiempos no muy remotos, hombres, mujeres, adolescentes, incluso ancianos y niños han sido brutalmente torturados, vejados y humillados para exponer a sus compañeros, a sus contactos, a sus superiores o simplemente a quien sea.

Todos sabemos que somos espiados.

En una era dominada por la tecnología, y más aún, por las telecomunicaciones, prácticamente todo lo que hacemos es archivado, cuantificado y analizado. Mucho de todo esto ni siquiera debe ser hackeado. Todo se postea, todo se publica. Incluso algunos delincuentes se sacan selfies durante los hechos delictivos. En nombre de la “seguridad” asumimos ser espiados cada vez que aceptamos los “términos y condiciones”. El precio que cobra El Sistema.

Pero distinto es que un agente, legal o ilegalmente, se escabulla por las anchas redes de la inocencia, incluso de la ingenuidad tan naturales en quienes asumen proyectos solidarios y cooperativos. Este intruso, se propaga como un parasito en nuestras conversaciones, en nuestros proyectos. Desfila por nuestras casas, juega con nuestras mascotas, aúpa a nuestros hijos. Se acerca, cada vez más y más. Tan íntimamente como le sea posible. Viles entregadores. Lobos vestidos de corderos que simulan vivir con sangre caliente, para matar a sangre fría, parafraseando a El Residente.

El pasado 22 de noviembre en el Juzgado Federal n°12, a cargo del Juez Sergio Torres; fue indagado Américo Alejandro Balbuena. El ex Oficial Mayor del Servicio de Inteligencia de la Policía Federal, que estuvo infiltrado, de manera ilegal, en la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh, por casi 11 años.

En pleno estallido social del 2001, y luego de un breve paso por Radio La Tribu, ya en 2002, Balbuena ingresó a La Walsh.Y logró, desde su labor de movilero, cubrir desde cerca los eventos, reuniones, actos y protestas; y acceder así, al entramado interno de varias organizaciones y movimientos sociales.

“El Pelado”, como se le llamaba, estaba en todos lados y a toda hora, cuentan sus víctimas.

El hecho fue denunciado en 2012. La fuga se produjo, probablemente, desde dentro de la Federal. En estos juegos de poder y de extorción, donde unos suben y otros caen. Carpetazos e intimidaciones. El Sistema es flexible, se adapta, es incluso tolerante. Pero hay ciertos sectores de poder imperecederos que no deben ser tocados. Y que el mínimo roce con estos decapita funcionarios, sin ningún pavor. Aquella vez pago los platos rotos Nilda Garre.

Durante la indagatoria Balbuena negó las acusaciones. A pesar de aceptar su filiación a la Policía Federal, de la cual se retiró en 2014. El acusado no encuentra incompatibilidades en su labor de Agente y Reportero. Y las investigaciones internas (de la PFA y de la AFI) por ahora no aportan resultados. Todo indica que comenzaron las evasivas políticas y el proceso de abandono del espía caído en desgracia.

¿Es este un hecho aislado? 

Este cuerpo de espías funciona desde 1963, cuando el Dictador Ongania reglamentó (por el decreto 2322/67) la “Orgánica del Cuerpo de Informaciones de la Policía Federal Argentina” creada por el decreto 9021/63. Este grupo tiene hasta la actualidad, según las estimaciones de los rumores (oficiales y no tan oficiales), entre unos mil y dos mil agentes, infiltrados en el entramado social.

En julio de 2003,  el en ese entonces  Ministro de Justicia de la Nación Gustavo Beliz firma la resolución 38/2003, que deroga los decretos firmados por Illia y Ongania, y dispone que los Organismos de Inteligencia se ajusten estrictamente a las disposiciones contenidas en las leyes 24.059 (de Seguridad Interior) y 25.520 (de Inteligencia Nacional).

La Ley 25.520 promulgada en diciembre de 2001, sentencia en su artículo 4°que: Ningún organismo de inteligencia podrá:

  1. Realizar tareas represivas, poseer facultades compulsivas, cumplir, por sí, funciones policiales ni de investigación criminal, salvo ante requerimiento específico realizado por autoridad judicial competente en el marco de una causa concreta sometida a su jurisdicción, o que se encuentre, para ello, autorizado por ley.
  2. Obtener información, producir inteligencia o almacenar datos sobre personas, por el solo hecho de su raza, fe religiosa, acciones privadas, u opinión política, o de adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales, comunitarias, cooperativas, asistenciales, culturales o laborales, así como por la actividad lícita que desarrollen en cualquier esfera de acción.

El mismo Gustavo Beliz había sufrido estas maniobras de espionaje. Su partido “Nueva Dirigencia” había sido infiltrado por la Agente Mónica Beatriz Amoroso en el año 2000.

Beliz intento una imagen de moralidad y transparencia. A mediados de los 90 abandono el menemismo (era Ministro del Interior) con la frase:“me voy de este nido de víboras”. Más adelante daría un salto al vacío.

En 2004 es separado del Gabinete de Néstor Kirchner, por las internas de la cartera que manejaba el ministro. Al día siguiente, quizás por indignación, por venganza o por un verdadero intento de justicia, Gustavo Beliz mostró por televisión nacional, en el programa de Mariano Grondona (Hora Clave) una foto con el rostro del espía más controvertido de la SIDE: Jaime Stiusso (quien merece un estudio aparte).Este gesto le valdría a Beliz, una denuncia por violar los Secretos de Estado. En 2015, finalmente, seria absuelto.

Muchos son los casos y las denuncias de infiltraciones ilegales. Quizás la más reconocida, la que más hondo calo en el sentimiento argentino. La más infame de todas las infiltraciones fue la de “El rubito”, “el Ángel de la muerte”: Alfredo Ignacio Astiz.  Condenado en 2011 a cadena perpétua por Crímenes de Lesa Humanidad.

“A la que yo dé un beso, ésa es.” Así marco Astiz a sus víctimas.

No le basto con señalarlas a la distancia. Lo hizo con un gesto de confianza y cariño. Las traiciono íntimamente. A  Esther Balestrino, María Ponce y Azucena Villaflor, fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, y a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. Todas fueron secuestradas, torturadas y finalmente arrojadas vivas al mar, en uno de los tantos vuelos de la muerte. Un horror. Quizás haya que considerar que el verdadero entregador fue Monseñor Emilio Teodoro Grasselli, secretario del Vicario Castrense, que recibía diariamente a las Madres y anotaba detalladamente todo cuanto, en confianza y desesperación, estas le contaban, para luego entregar esa información a los servicios de inteligencia. Hablando de traidores y Judas.

Años más tarde, Astiz se rendiría frente a las tropas británicas en la Guerra de Malvinas. Podrá uno tener sentimientos encontrados ante este doble estandarte de destructor y defensor, pero el mismo Astiz borra esa posibilidad cuando le confiesa a Gabriela Cerruti:

“Yo digo que a mí la Armada me enseñó a destruir. No me enseñaron a construir, me enseñaron a destruir. Sé poner minas y bombas, sé infiltrarme, sé desarmar una organización, sé matar. Todo eso lo sé hacer bien. Yo digo siempre: soy bruto, pero tuve un solo acto de lucidez en mi vida, que fue meterme en la Armada.”

Sus enemigos no eran soldados armados, ni células terroristas. Sus enemigos eran un grupo de viejas. Pido perdón, por referirme tan vulgarmente a estas heroínas de la historia. Pero me es imposible entender como los “defensores de la patria” pudieron encontrar en estas mujeres un peligro para la sociedad. Y es esto lo que borra cualquier duda sobre los motivos de los servicios de inteligencia.

No combaten estos infiltrados a un enemigo de la sociedad, combaten a los enemigos del Sistema Criminal Integrado.

Los samurái aprenden a matar para no hacerlo ¿nuestras fuerzas de seguridad aprenden a matar para protegernos?

La mejor forma de proteger a la sociedad es cumplir la ley, no imponer la violencia. Y que quede claro, reprimir a los estafados de las promesas de campaña y a los marginados que se caen de la estética del Sistema no es una forma de hacer cumplir la ley. Como tampoco espiar a opositores y críticos.

Por supuesto que la Federal no es la única. También la Gendarmería es acusada de las mismas maniobras. En general, en algún momento de la historia todas las Fuerzas de Seguridad han cometido aberrantes crímenes contra la sociedad que juran defender.

Las excursiones genocidas de Roca, los fusilamientos masivos del Teniente Coronel Varela (el empleado fiel de la familia Braun), el “Jardín de los Suplicios” del perverso Leopoldo Lugones (h), el Bombardeo en Plaza de Mayo, los fusilados de José León Suarez. La disposición final de la dictadura. Los cientos de casos de gatillo fácil de la democracia. ¿Y ahora? Bolsonaro a la vista.

Estos días, envalentonada por recibir a los genocidas modernos en la Cumbre del G20, embriagada de sangre e impunidad, la Ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich (acusada por los sectores populares de haber sido ella misma, una infiltrada en Montoneros);intento avanzar sobre las políticas de mano dura. Y promover una resolución ampliando los casos de uso de la letalidad por parte de las Fuerzas de Seguridad. Peligro inminente, citó en el escrito para justificar las acciones.

Por supuesto que no todos los gatos son pardos. Hay hombres y mujeres que sirven honestamente y valientemente al servicio de la ley.

Las preguntas son casi obvias. ¿Cómo se justifican estas instituciones en una República? ¿A quiénes sirven verdaderamente estos agentes? ¿Es viable que hablemos de un Estado Paralelo? ¿Son en definitiva los servicios secretos (desviados) el vínculo entre el Estado y la Criminalidad Organizada.

 

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*Foto de Portada: www.latinta.com