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ESTADO-MAFIA: BERLUSCONI DETRÁS DE LAS MASACRES DEL ‘93

Por Lorenzo Baldo

ESTADO-MAFIA: BERLUSCONI DETRÁS DE LAS MASACRES DEL ‘93

Mientras Mori festeja la absolución en Casación, el jefe Giuseppe Graviano pone en cuestión al ex premier por ciertas “viejas historias”
por Lorenzo Baldo – 09 de junio del 2017

“Viejas historias”. Todavía me parece escuchar a Silvio Berlusconi, mientras definía las investigaciones sobre las masacres de hace 25 años, que lo vieron involucrado junto a su brazo derecho Marcello Dell’Utri (actualmente en la cárcel cumpliendo una condena de siete años por concurso externo con la mafia). Tan grande era la irritación del Caimán cuando sus abogados le informaban de las investigaciones sobre las bombas en Roma, Florencia y Milán que no podía contenerse. Como humo en los ojos eran las palabras de aquellos arrepentidos que lo señalaban como posible instigador externo de los asesinatos del período ’92/’93. Uno sobre todo, el antiguo jefe Gaspare Spatuzza, que contó con pelos y señales la reunión de Roma en el bar Doney, el 22 de enero del 94, junto con el asesino Giuseppe Graviano. Este último había mencionado el nombre de Berlusconi explicando que tenía el país en las manos graciasa nuestro compatriota Dell’Utri. Después de más de dos décadas es siempre Graviano -en este caso, interceptado en la prisión mientras habla con el co-detenido Umberto Adinolfi– quien retoma el tema. “Berlusca me hizo esta cortesía … por esto era la urgencia …“. El diálogo entre los dos, reportado en el sitio de la República, es del 10 de abril de 2016 y es una de las miles de páginas presentadas hoy en el juicio sobre la tratativa Estado-mafia. Para entrar en el corazón de la historia basta releer el pasaje cuando se cita al propio Berlusconi. “En el ’92 ya quería dejar … lo quería todo, y estaba preocupado, porque me disparaban… con aquello…“. “Debían ir hacia abajo, pero en ese momento no eran viejos, me dijo que harían una cosa hermosa“. Para los investigadores es la referencia explícita a las matanzas de esos dos años.

Regreso al futuro

Entre los años 90 y los años 2000 el fiscal Luca Tescaroli estaba investigando a los ‘mandantes externos’ de Cosa Nostra en las matanzas de ’92. Desde el 98 hasta el 2001 en esa investigación también fueros citados Dell’Utri y Berlusconi. Sin embargo, el entonces fiscal de Caltanissetta Gianni Tinebra, impidió que Tescaroli siguiera haciendo su trabajo a la vez que avisó a los dos indagados sobre el pedido de archivo de las actuaciones, 24 horas antes de que fuera presentado regularmente (el 2 de marzo del 2001, ndr).

Del dueño de Fininvest y de su colaborador más cercano, indicados como posibles instigadores externos de las matanzas de ’93, se había ocupado unos años antes la fiscalía de Florencia. También en aquel caso se había llegado a un pedido de archivo (1998, ndr) en el cual, sin embargo, quedaron evidenciados aquellos contactos no meramente episódicos entre Dell’Utri, Berlusconi y los sujetos criminales referidos al programa de estragos realizados. Años después, el Tribunal Supremo confirmó la condena a siete años por concurso externo con la mafia para el mismo Dell’Utri definiéndolo como el garante decisivo del acuerdo entre Berlusconi y Cosa Nostra. Por su parte, los jueces habían dictaminado que el propio Berlusconi, durante un cierto período, había establecido con el jefe una relación de do ut des (doy para que me des, ndt).

Las nuevas investigaciones basadas en las declaraciones Giuseppe Graviano vuelven a abrir una herida que nunca se ha curado y que continúa sangrando en la demanda de verdad y justicia de Giovanna Maggiani Chelli, presidente de la asociación de familiares de las víctimas de la matanza de Via dei Georgofili, pero ante todo madre de una niña que quedó inválida en el atentado de Florencia. Se trata de una delicada línea de investigación en la que el nombre de Giuseppe Graviano es sólo el primero de la lista.

La exultación

Mientras que al proceso de la tratativa se agregan nuevas actas, incluyendo las declaraciones de Totò Riina, más lúcido que nunca, sobre sus vínculos con Licio Gelli, Rosario Pio Cattafi y otros más, hay un acusado de este mismo proceso que exulta de gozo por su absolución (en otro proceso), junto con gran parte de los medios de comunicación. No hay asombro por la alegría de Mario Mori y Mauro Obinu ante una sentencia de la Corte de Casación que establece su inocencia.

Su “suerte” es la de vivir en el país del Truman Show, donde de un personaje como Giulio Andreotti se recuerda a lo sumo la palabra absuelto en el saludo de Bruno Vespa, pero no se recuerda la prescripción del “delito cometido en 1980. Una actitud que se repite a menudo para muchas otras “celebridades”.

Probablemente también para Moros y Obinu el italiano medio recordará esencialmente la palabra “absolución” por la fracasada captura de Provenzano. Difícilmente los grandes medios de comunicación recuerden las tantas áreas grises que permanecen en el fallido Blitz de Mezzojuso (Nota: lugar donde supuestamente se encontraba y debió ser capturado Provenzano en el ’95, ndt). E incluso menos memoria tendrá un pueblo que apenas sobrevive en un país con una democracia frágil cuyos últimos gobiernos (por usar un eufemismo) no brillaron por su coherencia y honestidad, especialmente en la lucha contra la mafia.

El documento

En el recurso de casación presentado hace unos meses por el Fiscal General de Palermo, Roberto Scarpinato (junto con fiscal sustituto Luigi Patronaggio), el mismo afirma que en la sentencia apelada no se había hecho una valoración adecuada de un documento presentado en el proceso y que la acusación entendía decisivo para probar el dolo. Se trata del informe del ROS de Palermo (Nota: ROS es un grupo operativo especial -Raggruppamento Operativo Speciale- del Arma de Carabineros, con competencia en el crimen organizado y el terrorismo, ndt) en el que el Mayor Obinu comunicaba la identificación de Giovanni Napoli, sujeto que cuidaba al fugitivo Bernardo Provenzano y que el 31 de octubre del ’95 había ido a detener Luigi Ilardo (hombre de confianza del coronel de carabineros Michele Riccio) en el cruce de Mezzojuso (Palermo) para luego acompañar al jefe corleonés con un auto (un Ford Escort), que fue incluso fotografiado por los carabineros. En el documento presentado a la Corte Suprema, en el que se pide la anulación de la sentencia de segunda instancia, el Fiscal General puso de relieve que “a pesar de que  Ilardo había proporcionado de inmediato el número de matrícula del auto e indicado el nombre de pila (Giovanni) de dicho pasajero, no se había activado durante meses ninguna investigación para identificar al propietario del auto“. Sólo cinco meses después de los hechos, por pedido enviado el 12 de marzo de 1996 y firmado solamente por Mori, comenzó la investigación con sólo introducir los datos proporcionados por Michele Riccio e Ilardo en la base de datos del Ministerio del Interior. De acuerdo con la Oficina del Procurador General, con solo tener en cuenta que esa información había sido transmitida a Mori y Obinu, se demuestra “la responsabilidad penal de los acusados“, así como  “la voluntad favorecedora de los mismos” ante los encubridores de Provenzano y del mismo jefe de Cosa Nostra que continuó impunemente evadido por otros 10 años. Comportamientos de ayudasigue afirmando el recursoaún más decisivos si se enmarcan en relación a las conductas omisivas anteriores y posteriores de los imputados.

Evidentemente para las togas de armiño no fue así.

Foto © Filippo Monteforte – AFP – Getty Images