Home / Información regional / EVO MORALES Y EL PESO DE LA COCA.

EVO MORALES Y EL PESO DE LA COCA.

Por Erika Pais

EVO MORALES Y EL PESO DE LA COCA.

Por Erika Pais-30 de setiembre de 2018

 

Un discurso tenaz, claro, concreto, justo y hasta perfecto, fue el que dio el presidente de Bolivia Evo Morales en una de las recientes sesiones de la Naciones Unidas.

Sus palabras fueron impactantes bajo todo punto de vista. Sus palabras acarrearon repercusiones y generaron turbulencias en algunos círculos del gobierno norteamericano. Pero en definitiva fueron palabras reconocidas por la mayoría.

Palabras de un hombre que ya lleva tres períodos de gestión presidencial. Una gestión presidencial inédita  que le permitió siempre separarse de los convencionalismos y de las diplomacias habituales para pronunciar siempre palabras (en su tierra y fuera de ella) de contenido incisivo y cargado de mensajes directos y mediáticos, donde nunca han estado ausentes ni  el derecho a la vida, ni el derecho a la paz, ni el derecho a la soberanía o a la libre determinación de los pueblos.

Esta vez, en el corazón mismo de las Naciones Unidas, Evo Morales materializó una  dura acusación hacia Estados Unidos, por el bloqueo a Cuba, por su injerencia en la política interna venezolana, así como por el tema Sirio, rechazando rotundamente el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y alertando a la población mundial del peligro que implica la nueva escalada armamentista, y la destrucción del planeta y la raza humana.

Fueron muchos los aplausos y las felicitaciones para un discurso que compartimos en cada uno de sus tramos con comas y puntos incluidos. Como seguramente fue compartido por no pocos de los presentes en la ONU,  que además deben haber elogiado entre dientes (y para sí mismos)”la valentía” de este hombre, que además de ser un ciudadano nacido en una tierra andina, es un indígena quechua llevando los timoneles de una nación en una América Latina sobrada en dificultades de todo tipo.

Fueron muchos los aplausos y las felicitaciones para un presidente que gobierna con una orientación política de izquierda, fuertemente anti imperialista y muy arraigado a la cultura y a los pueblos originarios, diezmados y sometidos desde siempre por una minoría blanca.

Un presidente que  -luego de cientos de años de conflicto-  quizás  logre obligar a  que Chile  negocie y le conceda la salida al mar, más específicamente al océano Pacifico., en el marco de un juicio y un reclamo sobre el que la próxima semana la Corte Internacional de Justicia de la Haya deberá expedirse.

Desde que Evo Morales fue electo presidente (y mientras ya se dice que iría por su cuarto período de mandato presidencial) Bolivia no ha dejado de crecer. De hecho crece un 5 %  al año, estando, incluso, por encima de Estados Unidos. De hecho, la pobreza extrema se redujo del 37 % a un 17%, y el PBI se cuadriplicó desde el 2005 a la fecha, situándolo en el país de mayor crecimiento de Sudamérica. Entonces, estamos frente al llamado “milagro de la economía boliviana” según los expertos, en el que su principal cimiento es fundamentalmente la exportación de gas natural a Argentina y Brasil y si bien se ha intentado diversificarla con la soja, estaño y el diesel, muchos se preguntan cómo hará para poder sostener su modelo de desarrollo. No olvidemos que la nacionalización de los hidrocarburos inyectó de buen aire a la economía boliviana, permitiendo, entre otras cosas, desarrollar una reforma inclusiva, impuesta algunas veces con severidad estatal.

Y es allí donde nos deberíamos detener un momento: ¿Es Evo Morales un hombre valiente o es alguien que sabe perfectamente que no podrá ser tocado, diga lo que diga, acuse a quien acuse y haga lo que haga?

La que sigue en éste informe no es una valoración moral o ética de una postura política y económica, ni es un intento de legitimar o deslegitimar un proceso social, sino que simplemente se busca arrojar luz sobre una realidad.

Bolivia está ubicado en el tercer lugar mundial de productor de coca, luego de Colombia y Perú. Y su presidente Evo es aún hoy el líder vigente de los cocaleros de la zona del Chapare. Es quien podría bajar el dedo pulgar y detener en un segundo toda o casi toda la producción de coca del país. Esto lo convierte en un hombre intocable. Y eso, además, convierte a Bolivia en un Estado desde donde pueden salir las acusaciones, bien fundadas por cierto, hacia el gigante del norte y que tiene (y menos mal) la voz cantante y sin miedo alguno, de la denuncia desde los sitiales probos para hacerlas.

Pero si de economía hablamos y si entre bambalinas estamos, hay algunos datos interesantes de considerar. Recordemos, por un lado, que Bolivia necesita sostener el modelo de desarrollo que viene trazando y a una velocidad bastante difícil de concebir. Y recordemos, además, que Bolivia necesita también: o desarrollar otros modelos económicos, cosa que no ha logrado consolidar hasta el momento, o explotar al máximo las producciones en la que ya es fuerte, por ejemplo, la coca.
La hoja de coca representa para Bolivía la base de la economía interna, así como 8000 años de historia.

La hoja de coca fue y es utilizada como medicina, alimento, digestivo y para prácticas religiosas o espirituales ancestrales. Que esto sea reconocido por el mundo occidental es una de las “cruzadas” a las que se ha dedicado el presidente andino en diferentes foros internacionales exhibiendo toda una variedad de productos que se puede elaborar a base de la harina de coca, empezando de mermelada, refrescos, tortas y terminando con la cerveza.

Pero la hoja de coca, también representan más de 250 millones de consumidores de cocaína en el mundo. Y es el dinero sucio que procede de este tipo de comercio el que se necesita para financiar las guerras, mercenarios utilizados para infiltrar facciones “rebeldes”, hacer caer gobiernos, financiar campañas políticas, someter naciones completas. Para poder sobornar, corromper y desestabilizar se necesita dinero indetectable, del que no se podría determinar su procedencia y el tráfico y venta de drogas ofrece esto.

Evo Morales expulsó de Bolivia  al FMI, a Mc Donald y a la DEA. No importa el orden ni el peso, la cuestión es que el mensaje fue claro: Acá mando yo. Y cosa curiosa, no hubo grandes ni graves consecuencias.

En marzo del año pasado, impulsado por el oficialismo, fue promulgada la Ley 906, llamada Ley general de la coca, cuyo objeto sería:“Normar   la   revalorización,  producción,   circulación,   transporte, comercialización, consumo, investigación, industrialización y promoción de la coca en su estado natural; establecer el marco institucional de regulación, control y fiscalización; y regular las tasas administrativas

En pocas palabras, a la coca se le amplía el marco jurídico legal y lejos de luchar por disminuir los cultivos, más bien los multiplica y se reconocen 22.000 hectáreas cultivadas de coca frente a las 12.000 que regían desde el 1988. Una vez aprobada la ley las declaraciones de Evo lo dicen todo

“La hoja de coca se ha impuesto frente al imperio norteamericano, la coca ganó a Estados Unidos esta dura batalla porque Estados Unidos quiere cero de coca… queremos garantizar coca de por vida

Esta nueva ley, así como expande la producción de coca en la zona del Chapare, feudo político de Evo Morales y desde donde se catapultó a la vida política llevándolo a la presidencia, al mismo tiempo impone restricciones y la zona más afectada por estas restricciones serían los valles sub andinos de los Yungas.

En su artículo 5, se explican algunos de los términos utilizados por la ley: Erradicación. Es el proceso de supresión completa y definitiva del cultivo de coca en la zona no autorizada, a cargo de las entidades competentes del Estado;

Y es el artículo 6 el que nos dibuja un poco más claro el panorama: “La producción, circulación, transporte, comercialización, industrialización, investigación y promoción de la coca, quedan sujetas a regulación, control y fiscalización del Estado”

Curiosamente es precisamente la coca que se cultiva en la zona del Chapare, la que se destina, en gran parte para la producción de cocaína y la que eludía todo tipo de controles legales y era considerada “excedente” o ilegal. Se contabiliza que menos del 10 % de la coca producida allí era destinada a fines legales. De hecho, es por allí que se han encontrado “cocinas” de coca y donde los campesinos eran perseguidos por la DEA. Con la Ley de Coca, se eliminan los impuestos, o sea que se fomenta la producción y es el Gobierno de Evo que controla (o protege) su comercio.

Mientras que la cultivada en la zona de los Yungas es destinada prácticamente en su mayoría para usos medicinales y consumo cultural y religioso. Con la nueva ley se amplía (o se legitima algo que ya estaba sucediendo) la zona pasible de ser cultivada en la zona de Chapare y se controla y erradica parte de los Yungas.

Esto le costó a Evo (quien cuenta con cocales propios en la zona de Cochabamba también) duros enfrentamientos entre las dos facciones de los cocaleros. Gentes de los Yungas sostienen que el presidente no puede legislar siendo arte y parte, ya que Morales ha sido ratificado como dirigente sindical durante los últimos veinte años en Chapare, zona beneficiada por la ley. Donde además la inversión del gobierno en infraestructura es latente y clara, haciendo crecer la región y construyendo allí hasta un aeropuerto internacional…los fines de esto no son claros aún.

Pero resulta claro que si hoy Bolivia se encuentra en el tercer lugar de productor de coca y no en primer o segundo lugar, es simplemente porque las únicas vías de salida de la coca hacia Estados Unidos y Europa sería por aire (esa podría ser una de las razones por las que se construyó un aeropuerto en Chapare, desde donde no son pocas las voces que denuncian viajes en aviones privados con cargas de hasta 500 kilos de cocaína que no eran controladas por autoridad ninguna) y por tierra. Si Bolivia llegara a conseguir que Chile le conceda la salida al mar, otro sería el cantar.

Estos enfrentamientos costaron la vida a más de un dirigente sindical durante represiones policiales por parte del Estado. Y también existen voces de dirigentes sindicales cocaleros que han denunciado que el tipo de hoja que se cosecha en la zona de influencia de Morales no es adecuada para el “pijcheo” (bambeo, forma de consumo habitual)

Las matemáticas son exactas y estas indican que de las 22.000 hectáreas plantadas, aunque según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) a fines de 2017 se computaron en total unas 24.500 hectáreas, solo 14.000 se registran(aparentemente) como utilizadas para fines medicinales y legales. El resto…el resto imaginamos donde termina.

No podemos cerrar los ojos y tapar el sol con un dedo (o en este caso un discurso en la ONU) si con la ley del 1988 que fijaba como límite de producción las 12.000 hectáreas de cultivo, ya había excedente legal de hojas que se destruían y que 14.000 se derivaban a uso medicinal y cultural, nos encontramos que: Con la Ley Evo intenta legitimar una producción clandestina que ya se estaba desarrollando y además, también ampliar la exageradamente para una demanda de consumo legal que, al menos oficialmente, no existe.

Todos estos detalles y muchos más parecerían indicar que bajo un discurso cultural se esconden facetas íntimamente relacionadas con el tráfico de cocaína o por lo menos la facilitación de este tráfico por parte del gobierno boliviano.

El discurso de Evo Morales en las Naciones Unidas es perfecto pero su necesidad de promover la comercialización de la hoja de coca (sin importar con que fin se comercialice) para sostener su economía y su proyecto hace que sea al final contradictorio. Muy contradictorio. Eso si lo miramos desde un punto de vista benévolo, porque si hacemos eco de algunas investigaciones o acusaciones, sobre las que aún no se han arrojado aguas clarificadoras (como por ejemplo las de la “Ruta del Alba”, una iniciativa ilegal que fue revelada por el ex piloto y socio de la empresa LaMia, Marco Antonio Rocha y otras tantas que vinculan directamente al presidente Boliviano, o al menos a su gobierno,  con el tráfico de cocaína entre Cuba, Venezuela y Bolivia para los cárteles mexicanos) podríamos justificar el poder con el que goza Evo Morales y la rapidez con la que dirimió muchos litigios con los grandes y poderosos Santa Cruceños, con las mafias, con los sindicatos, con la DEA y con tantos otros.

Los fines a veces no justifican los medios. Levantar un pueblo a costa de la vida de millones de jóvenes vuelve vacías las palabras como: libre determinación, economía floreciente, destrucción del planeta pronunciadas en su discurso.

Muchas veces, o casi siempre, los proyectos políticos de izquierda (de los que se esperaría honestidad) requieren de fuertes inyecciones de dinero rápido para generar cambios que siguiendo los mecanismos ortodoxos llevarían muchos y penosos años. Para lograr esto se cae en la connivencia con el delito, el narcotráfico, el cobro de favores y muchos etc. Se podrán argumentar muchas razones ideológicas y desarrollar entre líneas el síndrome de Robin Hood, pero el delito es delito siempre, el tráfico es tráfico siempre y si éste, además, solventa guerras, mata nuestros jóvenes y esparce sufrimiento y mal en el mundo ¿De qué Justicia social hablamos? ¿Solidaridad entre que pueblos? ¿Censuras de que tipo? Llenar Siria de balas o España de cocaína es siempre violencia. De diferente tipo, pero es pagar guerra con guerra. Y al final se conjugan tanto derecha o izquierda en un mismo objetivo: destruir al Hombre de alguna forma.

Una vez, una mujer que se dedicaba al tráfico de cocaína y que conocimos personalmente nos dijo:” En Bolivia, Colombia y países productores, los indios siempre me dicen, que la coca es sagrada y que es la venganza del indio para que el hombre blanco se mate a sí mismo. A ellos no les importa si la traficamos, si nos matamos, porque ellos no la consumen en polvo. Eso es parte de su pensamiento. Ellos no viven el cultivo de la coca con una censura moral, porque consideran que somos nosotros que corrompemos la hoja de coca y nos destruimos. Ellos nos venden la hoja, nosotros hacemos la cocaína, así piensan ellos, es parte de su forma de pensar, de ver el mundo de la coca”

Y mientras todo esto sucede, mientras algunos aplauden, otros piensan y otros investigan. Por ahora lo que nos queda claro es que Evo Morales, tiene el peso del poder sobre su dedo

El peso de la coca.

 

———–

*Foto de Portada: www.hispantv.vom