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GISELA MOTA, EL LUTO NUESTRO DE CADA DIA

Por Jean Georges Almendras

GISELA MOTA, EL LUTO NUESTRO DE CADA DIA

Por Jean Georges Almendras – Enero 4 de 2016

 

Impotencia. Otra vez
Dolor. Otra vez.
Asesinaron a balazos a una alcaldesa en un poblado al sur de la ciudad de México que estaba siendo constantemente asediado por la violencia de pandillas.
Fue el sábado 3 de enero de este 2016, en horas de la mañana.
Se llamaba Gisela Mota y el mortal ataque se produjo a tan solo 24 horas de que ella tomara posesión al cargo en la ciudad de Temixco, en el estado de Morelos
Lagrimas derramándose por los rostros de mexicanos. Otra vez.
Otra vez. Como una maldición. Como una operación matemática inspirada en los confines de la criminalidad organizada de los tiempos que corren, en esa tierra de dolores crónicos, apañados por esa impunidad, igualmente crónica.
Gisela Mota era una ex congresista federal de 33 años de edad, representante del izquierdista Partido de la Revolución Democrática, que al tomar su legítimo cargo de alcaldesa públicamente declaró que su combate al delito sería frontal y directo.
Fue su sentencia de muerte.
Hombres armados. Cuatro pistoleros con el alma negra vomitaron plomo sobre el hogar de la flamante alcaldesa, y le segaron la vida.
Y aunque la policía reaccionó de inmediato, matando a dos de los atacantes y capturando a algunos de ellos, el mal fue hecho. Y nos duele a todos.
Pero, seamos sinceros. ¿Ese nuestro dolor es comparable con ese dolor en el que se ven sumergidos los integrantes de la familia de Gisela? ¿Ese nuestro dolor es comparable con ese en el que se ven sumidos sus amigos más cercanos?. ¿O sus colaboradores más directos?.¿ O como el pueblo mexicano?.

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A la distancia, donde no nos toca vivir esa escalada de violencia, este hecho nos duele de manera diferente. Ese dolor ajeno, que lo hacemos nuestro, tiene –y debería tener- el rostro del compromiso con la causa que abrazó Gisela en vida. Un compromiso que nos debería hacer sentir ese mismo dolor. ¿Por qué? Porque cuando se mutila la vida de un luchador de la talla de Gisela, y de otros de la historia de la humanidad que no nos alcanzarían las páginas para enumerarlos, se mutilan las vidas de todos los que procuramos acercarnos a su mismo nivel combativo.
Y es ahí cuando ese dolor se expande y uno lo llega a sentir como en carne propia. Y es ahí cuando aquellas palabras que nos identifican con las causas de las tantas víctimas de la delincuencia organizada, del poder financiero criminal y del terrorismo de Estado, nos acercan a ese sentimiento de indignación y de rabia, por lo que va ocurriendo en el mundo, más allá de nuestros respectivos microcosmos.
¿Y entonces, podemos hacer algo?¿Podemos contribuir en algo para neutralizar todos estos ya cotidianos ataques contra los nuestros?
Me reformulo la pregunta y busco convencerme -y convencerlo a usted- de que capaz, sí podemos hacer algo, aún sin habernos manchado con la sangre de todos los caídos.
Porque si no pudimos detener tantas balas asesinas, que acabaron con muchas personas, en esa tierra querida, que desde hace años no hace otra cosa que conocer de violencias y de arbitrariedades y de corrupciones, capaz podemos crear conciencia fuera de sus fronteras, de que esos ataques no se circunscriben al lugar de los hechos , sino que trascienden. Se incrustan en el alma de otras gentes y de otros luchadores como Gisela. Porque además, esos males también se ven en otras latitudes, en otros pueblos del planeta.
¿Entonces, qué podemos hacer ahora, por esa mujer justa cuya gestión anticriminal desde su silla de poder le costó la vida?. Pues mínimamente honrarla. Liberarla de las ataduras de la compasión para darle su justo y merecido lugar en la nómina mundial de los mártires. Nosotros, en tanto, seguiremos movilizándonos para hacer que todos esos mártires no caigan en el saco roto del olvido, y sean memoria viva.
No debemos ser indiferentes a todas estas muertes, porque esas detestables indiferencias podrían llegar a dibujar nuestra complicidad con la cultura de la impunidad. Esa impunidad sin fronteras. Esa impunidad lacerante, tal cual una alimaña agazapada sobre las sociedades humanas, y siempre lista para apañar a los poderosos –asesinos- de saco y corbata y de brazos tatuados y de fieros rostros
Mataron a Gisela.
No a la impunidad, estamos gritando (reclamando) otra vez.
Porque otra vez ese luto nuestro de cada día, nos hace sombra, pero al mismo tiempo nos da fuerzas para mantener la lucha. Claro está, si así lo queremos y si tenemos conciencia. De lo contrario, haremos buenos escritos, diremos lindas palabras, pero en definitiva seremos indiferentes. Y si nos descuidamos un poco, por ejercer estas indiferencias, seremos hasta cómplices de los ríos de sangre de tantos justos asesinados.

*Foto de portada: Gisela Mota www.sinembargo.mx
*Foto inferior: funeral de Gisela Mota www.sdpnoticias.com