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¿HABEMUS JUSTICIA?

Por Georges Almendras

                       ¿HABEMUS  JUSTICIA?

                                Por Jean Georges Almendras-14 de junio de 2018

 

Los abusos sexuales cometidos contra niños repugnan. Y si los abusos sexuales cometidos contra niños son cometidos por sacerdotes, repugnan mucho más.

En este tema árido, áspero y definitivamente mundial, cabe una sola interrogante: ¿hasta cuándo la institución católica, como institución, mantendrá siempre una distancia a la hora de ser diligentes y severos, con los responsables de estos atentados?.

¿Hasta cuándo seguiremos leyendo en las noticias que las jerarquías eclesiásticas de tal o cual lugar lo sabían desde hacía  tiempo y que en alguna medida miraron a un  costado cuando víctimas y no víctimas señalaban con el dedo y con argumentos y evidencias sólidas a los religiosos, muchas veces de rango jerárquico, autores de los atropellos? ¿Hasta cuando, por salvar la institución, se  prefiere optar por el silencio y por no respetar los derechos de quienes hacen las denuncias?

Veamos los hechos

Recientemente en Argentina el caso del sacerdote Justo José Ilarraz fue un escándalo. Pero ya no exclusivamente un escándalo porque salieran a la luz pública los atropellos por él cometidos, sino porque todo su periplo de aberraciones era conocido desde hace tiempo por otros de sus pares y los mismos optaron, oportunamente, por el silencio o por la indiferencia, hasta que finalmente, bastante tiempo después, todo salió a la luz pública.

El Tribunal de Juicio y Apelaciones de la ciudad de Paraná, de la provincia de Entre Ríos, en la Argentina,  condenó a Ilarraz a 25 años de prisión por delitos de abuso sexual de menores cometidos entre los años 1988 y 1992 en el Seminario Arquidiocesano donde el religioso era nada menos que Prefecto de Disciplina, guía espiritual, confesor de los niños y administrador de las finanzas de la institución.

De acuerdo a las informaciones de la prensa local el fallo fue firmado por unanimidad por los jueces Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel. En los fundamentos (de unas 375 páginas) se dieron por probados los hechos, confirmándose la veracidad de los testimonios de las víctimas, que fueron los alumnos del Seminario.

Por unanimidad los integrantes del Tribunal dieron por probado que Ilarraz “abusó sexualmente y de manera reiterada, de niños entre los 12 y 15 años, en la habitación que ocupaba en la institución”, en Paraná. Constatándose además que los abusos se cometieron “durante un viaje a Chile y durante unos campamentos y en un caso mientras se estaba duchando, luego de jugar al fútbol”.

Los jueces coincidieron en señalar enfáticamente en la dificultad que supone la investigación de delitos que se caracterizan por la clandestinidad, lo que repercute en la falta de prueba documental o de testigos presenciales, pero también descartaron de plano la delirante argumentación de Ilarraz respecto a que todo fue parte de un plan orquestado para perjudicarlo a él, al arzobispo Juan Alberto Puiggari, al cardenal Estanislao Karlic y también el Papa Francisco.

Cabe señalar que las declaraciones  de las víctimas, dentro de ese contexto tienen un valor trascendental. Y más aún al tratarse de niños.

En el dictamen del Tribunal se especifica que “los testimonios aparecen acordes a la personalidad y madurez de los declarantes, y sin evidencias o elementos de los que se pueda inferir que los vínculos existentes entre ellos o sus relaciones familiares o sociales pudieran haber influido en el intercambio o adecuación de sus versiones”; “tampoco se advierte en ellos intereses ni directos ni colaterales que busquen perjudicar al acusado”

El lector no debe olvidar, como un hecho que no es menor, que los sobrevivientes recién pudieron dar testimonio luego de vencer el prejuicio de sus respectivos núcleos familiares.

 En la sentencia se puntualizó que “la motivación de Ilarraz no era otra que satisfacer sus desviados deseos o instintos sexuales, desplegando una conducta o plan premeditadamente concebido, reiterado a lo largo del tiempo, con matices semejantes, el cual fue pacientemente desarrollado para lograr su cometido”; “su estrategia estaba dirigida hacia niños de edades tempranas, de raíces muy religiosas, de familias patriarcales o conflictivas, con escasas vinculaciones sociales que por sobre todo presentaban claros rasgos de vulnerabilidad afectiva”; “en consecuencia , la edad, la indefensión psíquica y formativa para enfrentar situaciones abusivas y la vulnerabilidad afectiva, convertían a estos niños en víctimas potenciales de Ilarraz, es decir, en sus potenciales presas”.

Y si la Justicia actuó sentenciando al sacerdote Ilarraz, ¿cuándo se dictará la sentencia de los encubridores? Es la pregunta que se hizo el periodista argentino Daniel Satur de La Izquierda Diario, y es la pregunta que nos hacemos nosotros.

Veamos los hechos.

Aludiendo al caso Ilarraz, el colega Daniel Satur pone especial énfasis en la impunidad que circundó todos estos casos.

“Fue tanta la impunidad que se tejió durante décadas alrededor de las decenas de abusos sexuales cometidos por Ilarraz  que ni siquiera la contundencia de las pruebas volcadas en el juicio dieron la seguridad a los sobrevivientes de que iba a haber una condena. Por eso, cuando el pasado mediodía el Tribunal dictó la sentencia, las lagrimas, la emoción y el sentimiento de cierta reparación estallaron tras largo tiempo contenidos”

“Fue la propia jueza Vivian quien lo anunció. “El Tribunal, por unanimidad, resolvió”, dijo y todos callaron. “Primero, no hacer lugar a los planteos de vulneración del principio de congruencia y de prescripción de la acción penal formulados por la defensa”. El acusado, mirándola fijamente, apenas se inmutó. Segundo, declarar a Justo José Ilarraz autor material y responsable de los delitos de promoción a la corrupción de menores agravado por ser encargado de la educación”, en cinco de los casos tratados, “y abuso deshonesto agravado por ser encargado de la educación”, en los dos casos restantes. El acusado, con la mirada fija en la jueza, apenas movió su papada, como tragando saliva”

“Y por ende condenarlo a la pena de 25 años de prisión de cumplimiento efectivo”, concluyó la jueza. El acusado, sin perderla de vista, movió la cabeza en gesto de negación. Tal vez lo dejó un poco menos molesto el hecho de que los jueces resolvieron que, mientras se espera que la sentencia quede firme (lo que puede implicar un largo tiempo), pasará su detención en su casa “controlado” con una tobillera electrónica monitoreada por el Servicio Penitenciario de Entre Ríos”

Una de las víctimas en el caso Ilarraz, Fabian Schunk , al ser entrevistado por los periodistas el mismo día en que se dictó la sentencia, fue directo y muy sincero en su respuesta, aludiendo al Arzobispado de Paraná:“que aprendan de una vez por todas. Esto no se puede esconder y acá tienen que seguir apareciendo los responsables. Nosotros tuvimos que romper el encubrimiento, la vergüenza y el silencio impuestos”.

Y cuando le preguntaron sobre la reacción del Papa Francisco respondió: “Desde que esto empezó nosotros nos contactamos con Bergoglio pero nunca hemos tenido una respuesta. Él siempre tuvo nuestros teléfonos y nunca se comunicó. Yo lo único que espero es el abrazo de mi familia y nada más. Las altas esferas de la Iglesia de Entre Ríos son responsables. No es casual de que en esta diócesis haya tanta pedofilia. El Papa debería echar mano a este clero e intervenir esta diócesis”

Julieta Añazco, de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico, en diálogo con La Izquierda Diario manifestó su conformidad con la sentencia acotando que se contrapone a la realidad de quienes tienen las causas prescriptas.

“Es la primera vez en Argentina que una causa declarada prescripta se reabre, llega a juicio y se condena al acusado. Esto sienta un precedente muy importante para sobrevivientes que tenemos causas prescriptas, nos da un empujón anímico inmenso. Admiramos la lucha de Fabián, Hernán, Maxi y los demás compañeros que, pese a todas las trabas que le pusieron siguieron adelante. La Red sabe que muchas de nuestras causas quizás nunca lleguen a juicio. Por eso estamos felices de que este juicio haya sido favorable para los denunciantes”

Liliana Rodríguez, psicóloga que asiste a los integrantes de la Red, dijo: “lo importante es el mensaje claro que se dio a una sociedad a la que por ahí le cuesta creer en los testimonios de los sobrevivientes que pasaron por eso y se animan a hablar después de mucho tiempo. No olvidemos esos mitos e ideas creados por la misma Iglesia de que se trata de campañas orquestada por los denunciantes que buscan dinero y demás. Este juicio echó por tierra con todo eso”.

El abogado Carlos Lombardi, también fue entrevistado por La Izquierda Diario y en la ocasión opinó que la pena aplicada es la que se esperaba “ya que es lo que había pedido la Fiscalía. Se ha hecho justicia. Y eso es lo que esperaba todo sobreviviente, algo que  nunca se ha hecho hacia dentro de la propia Iglesia dado el grado de encubrimiento y complicidad que tiene para con estos tipos”.

Ahora veamos otros hechos.

La versión oficial de la Iglesia, respecto al caso del sacerdote Ilarraz se pudo conocer a través de un comunicado expreso de la institución titulado: “Iglesia: compromiso, verdad, justicia y sanación”, que fue ordenado por el arzobispo Juan Alberto Puiggari.

La Curia de Entre Ríos asegura que “en su momento” no supo “encontrar los caminos más adecuados para dar respuestas ajustadas a las necesidades de las víctimas “calificando a Ilarraz como alguien que “incumplió con su vocación y su promesa a Dios”

Ilarraz , según el comunicado, dice que no solo atentó “contra quienes eran  merecedores de su cuidado y protección” sino que además “vulneró la confianza de la institución que lo albergaba, la de sus pares y sus superiores, y también la de toda la sociedad”.

En  el comunicado el Arzobispado, primero aclara que Ilarraz sigue siendo sacerdote porque es exclusivamente la Santa Sede la que debe dictar su expulsión del estado clerical; y después sigue aclarando: “los actos cometidos por unos pocos no pueden desacreditar ni desvalorizar la labor que abnegadamente desarrollan los curas y las monjas bajo su mando”

Finaliza el comunicado en los siguientes términos: “Invitamos a toda la comunidad a encontrar, a través de la reflexión, la oración y la acción solidaria con el prójimo, los caminos de superación de los males que nos aquejan como sociedad, dejando de lado las suspicacias, el encono y el prejuicio, actitudes que dañan el espíritu y alejan a las personas de la verdad”.

Todo bien, si nos referimos al comunicado. Todo bien, si nos referimos al dictamen del Tribunal de Paraná. ¿Todo bien realmente?

 Si analizamos profundamente esta situación, vergüenza deberíamos tener como sociedad, y vergüenza debería tener la institución católica  de expedirse por comunicados e invitando a la comunidad a dejar de lado “las suspicacias, el encono y el prejuicio, actitudes que dañan el espíritu y alejan a las personas de la verdad”

¿Era necesario aguardar tanto tiempo para una sentencia de culpabilidad?¿Cómo es posible que las víctimas tuvieron que esperar más de 25 años para ver con sus propios ojos la validación de sus denuncias? ¿Cómo es posible que el calvario (de esos menores) fuera ignorado por quien hace más de 25 años (el entonces arzobispo de Paraná Estanislao Karlic) tuviera conocimiento de las denuncias? ¿Cómo es posible?

¿Sigue siendo una realidad de nuestros días, aquello de que para salvar las instituciones siempre desde el poder se corta el hilo por el lado más fino?

¿Fue y sigue siendo esta una práctica habitual de las instituciones democráticas y una práctica de las instituciones católicas?¿Una práctica del clero, en casos de pedofilia?. ¿Una práctica sobrada en  dilaciones, en intrigas, en dudas respecto a los denunciantes y en idas y venidas, buscando siempre preservar a la institución, por encima de la verdad, y por encima de las víctimas?

Las víctimas del padre Justo Jose Ilarras debieron esperar más de 25 años para creer en la justicia.

¿Y ahora, dictada la condena para el autor material de los abusos, quien le podrá el cascabel al gato? , es decir ¿quién, cómo, y cuando se dictará la condena para los encubridores del padre Ilarraz?

Porque es obvio. Muy obvio, que fue apadrinado. Que fue cubierto por el manto sagrado de la impunidad eclesiástica.

Los integrantes del Tribunal de Paraná, además de dictar condena para Ilarraz, consideraron que la conducta de sus superiores y pares fue uno de los factores que “facilitaron” los abusos  “lesionando fatalmente el desarrollo de los niños”.

La crónica del  periodista Juan Cruz Varela es más que elocuente.

El sacerdote Justo José Ilarraz había confesado sus crímenes. Lo hizo mucho antes de que la justicia comenzara la investigación que hace unos días concluyó con su condena. Lo hizo ante el arzobispo de Paraná Estanislao Esteban Karlic, hoy cardenal emérito

Para la justicia, Karlic es uno de los eslabones en la cadena de silenciamiento y encubrimiento, aunque no es el único. Hubo, dicen los jueces, un “elemento facilitador” para que Ilarraz cometiera los abusos y ese fue “la posición asumida por sus superiores y pares actuantes al tiempo de los hechos”

La condena a 25 años de prisión (por cinco  hechos de corrupción de menores y dos hechos de abuso deshonesto ocurridos entre 1988 y 1992) después de 25 años de ocurridos los abusos es la prueba más contundente de que el concepto de justicia, cuando se trata de abusos cometidos por hombres de la Iglesia, se sale descaradamente del concepto de igualdad que todo buen ciudadano pudiera llegar a tener en nuestros días.

Decirnos a nosotros mismos y resignadamente “la justicia llega tarde, pero llega” me resultaría verdaderamente una blasfemia, ya que hablamos de hombres pecadores de la iglesia católica. Y no menos blasfemo me resulta la cómplice lentitud con la que las jerarquías eclesiásticas trataron y tratan las denuncias que señalan a sus sacerdotes como abusadores.

Y la posición del Vaticano, llámese hoy Papa Francisco, no quedaría exenta de esa complicidad, porque al final de cuentas si de hipocresías y de mentalidades desviadas se trata, la Santa Sede, tiene en su haber una sobrada cadena de exponentes, non santos. Y por más que hoy, el pontífice de turno –Jorge Bergoglio- quiera redimir las culpas y las aberraciones de su institución, con el compromiso social como bandera, no me convence para que desista de mis apreciaciones. ¿Por qué? Porque el Papa Francisco sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo en torno al caso Ilarraz, como lo sabían Estanislao Karlic ,Juan Alberto Puiggari, el presbítero Luis Alberto Jacob, que era el rector del Seminario y el sacerdote Andrés Emilio Senger, que era Prefecto de disciplina para los alumnos de los primeros años del secundario.

Los abusos sexuales contra niños cometidos por sacerdotes repugnan. Como también repugnan los encubridores de los abusadores.

El caso Ilarráz de la Argentina no es el único caso que hoy ha impactado en América Latina. En la hermana república de Chile episodios de esta naturaleza también han causado estupor e indignación. Pero esa ya es otra historia, no menos indignante ni menos reveladora, que trataremos en otra de nuestras publicaciones.

 

 

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*Foto de Portada: www.pagina12.com