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HORACIO CARTES DETRÁS DE UNA REELECCION, SIN IMPORTAR A QUE PRECIO

Por Jean Georges Almendras

HORACIO CARTES DETRÁS DE UNA REELECCION, SIN IMPORTAR A QUE PRECIO

Por Jean Georges Almendras-5 de abril de 2017

Basta con mirar con atención y discernimiento lo que está ocurriendo en el Paraguay de hoy para llegar a la conclusión, que para intentar comprender la situación planteada- conviene primero ver el bosque y no el árbol. O quizás, primero ver el bosque y solo después, ver el árbol.

¿Cuál bosque? Un bosque llamado Paraguay. Un bosque que tiene, desde hace ya unos cuantos años democráticos, todo tipo de espinas (y espinas muy venenosas) incrustadas en su sociedad y en sus instituciones. Incrustadas en la vida ciudadana. Una vida ciudadana, apuñalada, agredida y manoseada, casi con sagrada insistencia. Una vida ciudadana sometida literalmente a toda una serie de manipulaciones cívicas y políticas, desde los sitiales del poder de turno, no obstante haberse tomado –cronológicamente- suficiente distancia de la dictadura del Gral Stroessner. Y como si se tratara de una maldición histórica (porque no hay que olvidar que antes de la guerra de la Triple Alianza, el Paraguay era una nación resplandeciente en economía y cultura) el país hermano, que dejó de ser la tacita de plata de aquellos años, en plena democracia no ha hecho otra cosa que ir acumulando, en su historia nacional, acontecimientos y situaciones que le han sido (y siguen siendo) perjudiciales para su convivencia, su democracia y sus instituciones. Hoy en día, es el Paraguay: de la Corrupción, de la narco política, de los graves problemas sociales, de los altísimos índices de pobreza, de las severas diferencias sociales, de las masacres inexplicables (como la de Curuguaty, por ejemplo), de los asesinatos de periodistas ( ya van 18 víctimas de la libertad de expresión, siendo los más recientes y los más mediático, el de Pablo Medina y su asistente Antonia Almada), de los avasallamientos de comunidades campesinas, de los negociados a espaldas del pueblo, del robo público y del crecimiento descarado del narcotráfico en la zona fronteriza con el Brasil. Estos, solo son algunos de los males más mediáticos que la aquejan, o que literalmente la estrangulan como República, en la era Cartes. Una República que no termina nunca de madurar y de progresar. Y en ese contexto, particularmente lastimoso, predominaron (y siguen predominando) las mezquindades, que hoy transformaron a ese país, en un país azotado por una muy fuerte crisis institucional y política, plagada de incertidumbre y descontento generalizado. Entonces, por todas estas razones no queda otra, que primero mirar el bosque y no quedarse con el árbol.

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Horacio Cartes y Fernando Lugo

¿Cuál árbol? Un árbol de tronco robusto y de muchas ramas. Un árbol llamado Democracia, de ramas favoreciendo a los vientos de la discordia y de la corrupción, erosionando todo a su paso, con la fuerza destructiva de un tsunami. Un tsunami dañino para los sectores sociales más carenciados y más populares; y para las clases trabajadoras de los cuatro puntos cardinales de un país rico en naturaleza, y en tierras. Tierras paraguayas cada vez más absorbidas por los terratenientes en labor depredadora de los pueblos originarios. Tierras saqueadas a los campesinos y a merced de una sistema financiero devorador, perverso e implacable. 

¿Qué ramas? A saber: la aprobación en una oficina privada del Senado, porque el plenario estaba ocupado por opositores (el viernes 31 de marzo), de un proyecto de enmienda constitucional para habilitar la reelección del actual presidente, por una mayoría de 25 senadores, de un total de 45, lo que constituyó un hecho violatorio de la Constitución Nacional, de la República y del Estado de Derecho; la designación de un presidente de facto para el Senado, que en consecuencia, dividió el Senado en dos: uno legal y otro ilegal, éste último apoyado por senadores del Frente Guazú, que responden al ex presidente Fernando Lugo, quien también estaría en acuerdo con la idea de la reelección, porque en caso de aprobarse sería plenamente beneficiado en las próximas elecciones; una airada y violenta protesta popular (¿popular?), que incluyó el incendio de algunos sectores del edificio del Congreso y una feroz represión policial que derivó en un impactante derramamiento de sangre, registrándose cerca de 30 heridos (tres de ellos parlamentarios) y una muerte, la de un joven veinteañero, cuando contra toda lógica un piquete policial irrumpió, a balazo limpio e ilegalmente, en una sede partidaria, sembrando el terror, en una noche de extrema tensión y en la que fueron detenidas unas 200 personas.

En resumidas cuentas, todas estas ramas son de un árbol en crisis, que se sacudieron de tal forma que se transformaron en hechos muy graves, que no fueron otra cosa que la respuesta a una serie de situaciones previas, en las que el presidente Horacio Cartes tendría mucho que ver, gracias a sus políticas económicas, y a su fama de hombre empresario recostado (o mejor dicho, vinculado) a mafiosos del contrabando de cigarrillos y del ámbito del narcotráfico; gracias a sus políticas sociales que de hecho son “antisociales” y “anti campesinas”; gracias a sus políticas educativas de tendencias conservadoras viciadas por prácticas anti populares y anti estudiantiles. Políticas que lo fueron marcando a él como persona y a su gestión de gobierno, como un verdadero obstáculo para el desarrollo nacional. Obstáculo que fue (y es) oportunamente señalado y consignado, a todos los vientos y por todos los medios, por los legisladores de la oposición, precisamente en el Congreso, a pesar de las mayorías cartistas, que no pasaron ni pasan desapercibidas.

Desde las entrañas mismas de la administración Cartes es que se fue engendrando la idea de una reelección que ya el año pasado fue rechazado como proyecto. Y para que un nuevo proyecto pudiese prosperar, según la Constitución Nacional, sería necesario que transcurriera un año, por lo que resultaría necesario esperar hasta el mes de agosto de este 2017, para plantear, por segunda vez, el proyecto de enmienda. Y si por esas, se diera por legal ese proyecto de enmienda, solo recién en un máximo de seis meses se convocaría a un referéndum. A una consulta popular.

Cuando el viernes 31 de marzo se comunicó que el proyecto de enmienda había sido aprobado, es que se desataron las furias. Los ánimos se caldearon, hablándose de un “Golpe parlamentario”, de un “Marzo paraguayo” y hasta de “un auto golpe” . Las furias se hicieron notar primero dentro del Congreso, cuando los legisladores opositores asumieron que todo habría sido orquestado para favorecer a un mandatario anti popular y cargado de “peros”. Después, en las calles, sorprendentemente (y significativamente) la furia se tornó incontrolable, desencadenándose las primeras represiones.

Sobrevinieron los primeros golpes, los primeros bastonazos policiales, los primeros gases para dispersar a los revoltosos y los primeros escopetazos con balas de goma. Sobrevinieron los primeros heridos, entre ellos varios parlamentarios de la oposición. Y todas esas escaramuzas fueron registradas por cámaras de televisión y por reporteros gráficos. En uno de esos registros se pudo apreciar perfectamente el momento en que resultó herido en el rostro el legislador liberal Edgar Acosta.

El video del episodio, que se hizo público, muestra nítidamente cuando un policía levanta la escopeta sobre las cabezas de las personas que están avanzando contra una fila de uniformados cubiertos con escudos, y dispara hacia un sector del grupo, prácticamente a quemarropa. Una situación que perfectamente pudo haber sido neutralizada a bastonazos, pero no con el uso de armas de fuego, dada la proximidad de quienes estaban enfrentando a los policías.

Este hecho fue la antesala de una noche infernal.

A las afueras del Congreso se comenzaron a concentrar decenas de personas. Ya la noticia de la agresión al diputado se había esparcido por la ciudad. Los ánimos se fueron caldeando cada vez más. Y el repudio popular se intensificó de tal forma que comenzaron a emerger grupos (¿organizados?¿espontáneos?) que acometieron sobre el Congreso, irrumpiendo en algunas de sus instalaciones, e iniciando un incendio de proporciones.

Pero la noche trajo consigo más desgracias. La sede del Partido Liberal Radical Auténtico (PRLA), ubicada en el centro de la ciudad de Asunción, fue escenario de una alevosa muerte: la del joven dirigente estudiantil liberal, del distrito de La Colmena, Rodrigo Quintana, de 25 años de edad.

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Rodrigo Quintana yace sin vidas en el local del PLRA

Dos videos de este hecho de sangre (de dos cámaras de circuito cerrado instaladas en el interior del local partidario) que también se hicieron públicos, muestran con absoluta nitidez (desde dos ángulos muy bien definidos) el momento en el que irrumpen en el local policías con uniforme reglamentario; el momento en que unas diez personas que estando pacíficamente ubicadas en el corredor principal de la sede, al darse cuenta del asalto policial y seguramente al escuchar las detonaciones de las escopetas, echaron a correr en busca de un lugar donde refugiarse; el momento en que un joven con un gorro y de remera oscura , en la corrida, cayó al piso tras haber sido alcanzado por el disparo de escopeta que hizo uno de los policías que instantes después se lo vio acercarse al joven caído, para pisarle la espalda con una de sus botas, para finalmente –y sin prestarle asistencia- avanzar al otro extremo del corredor, dejando agonizante al joven Quintana, en una conducta de lo más execrable tratándose de un servidor del orden y tomando en cuenta que las personas allí dentro se hallaban desarmadas y no estaban en actitud hostil.

Más tarde, el informe oficial del forense se hizo público: la autopsia correspondiente, según lo comunicó el profesional Pablo Lemir, del Ministerio Público, permitió constatar que el cadáver del infortunado joven presentaba nueve impactos de balines metálicas de escopeta. Uno de ellos a nivel de los pulmones, que obviamente le provocaron su deceso, por asfixia y por hemorragia interna. Y otro a nivel del cráneo. 

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Imagen del video, del asalto policial

La muerte del joven Rodrigo Quintana marcó con creces el sesgo violento de la represión. Y marcó con sangre el deseo cartista de la reelección. Un deseo compartido por el ex obispo Fernando Lugo, que como se dijera por ahí, después de la noche trágica, como Cartes, también tendría sus manos tintas de sangre. Lo que no me parece desacertado.

Después, desde el oficialismo, sobrevinieron las promesas de investigaciones, las críticas a todos aquellos que adoptaron formas violentas durante la protesta, la destitución del Ministro del interior y del alto mando policial, la detención del policía que está imputado de haber baleado a quienes estaban en la sede del PLRA con el resultado de muerte del joven Quintana, y el anuncio irritante de la senadora colorada Lilian Samaniego, de que tiene la firme convicción de que la reelección será aprobada y de que quienes instigaron a la violencia fueron periodistas de Telefuturo y Efrain Alegre, Presidente del PLRA.

Pero también y ante los hechos, sobrevinieron interrogantes.

¿Más allá de que la reelección favorecería a Horacio Cartes y a Fernando Lugo, qué sentido tendría generar un auto golpe parlamentario, cuando las mayorías parlamentarias a la postre estaban aseguradas a nivel del Congreso? ¿Qué otros intereses estaban en juego aquel viernes 31 de marzo, para que a puertas cerradas se encendiera la mecha de un proyecto de enmienda notoriamente ríspido y anti popular, en un clima político ya tenso desde hace tiempo en el Paraguay?¿Quienes fueron realmente los violentos de aquella noche a la hora de encenderse teas para destruir a fuego virulento el edificio del Congreso?¿Se trato de un repudio popular verdaderamente? ¿O será que en medio del sentimiento de rechazo a la idea de reelección de Cartes, se infiltraron en las protestas legítimas grupos organizados para desatar los fuegos y la represión, agravando así la situación, vaya uno a saber con qué fin?¿Será, quizás, que desde las sombras orquestaron todo el malestar de la jornada, para dividir a la oposición?¿Será que todo fue un plan cuidadosamente planificado, para desestabilizar al Congreso y en consecuencia facilitar o adelantar los plazos para presentar formalmente los proyectos de enmienda para aprobar la reelección?¿Y si ha sido todo muy planificado, de dónde viene esa planificación?¿De grupos radicales? ¿De sectores desviados de la Inteligencia del gobierno de Cartes? ¿De sectores no tan desviados de la Inteligencia del gobierno de Cartes? ¿De dónde?

Si bien hubo y hay, una marcada y tenaz resistencia a esos proyectos de reelección, por las inconstitucionalidades que generan, quedó muy claro (por los videos de los medios televisivos presentes) que no todos quienes protestaron aquella noche tomaron participación en el incendio del Congreso. Y lo que es más, apagado el fuego del máximo edificio parlamentario, la calma retornó al lugar y hubo una inexplicable represión en el local del PRLA, con un saldo de muerte inconcebible. 

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Secuencia del sepelio del joven asesinado

Y a propósito: ¿Por qué la policía se ensañó con la sede del PLRA?¿Qué orden de allanamiento llevaban en su poder los policías que tomaron por asalto la sede partidaria?¿Acaso se trató de un procedimiento policial llevado adelante por personal descontrolado? ¿O será que cada procedimiento policial, en medio de la revuelta, estuvo muy bien orquestado y muy bien monitoreado? ¿O será, tal vez, que desde las fuerzas policiales (o desde los ideólogos de las violencias generadas) no consideraron que se iba a producir una muerte, como la del joven Quintana?¿No será también, que quizás esa muerte frenó una andanada mayor de violencia y vandalismo, totalmente ajeno a un repudio popular que no salió de la plaza frente al Congreso?¿No será que hubo quienes provocaron todo el episodio para medir respuestas populares y políticas, exclusivamente? ¿Y no será que todo se les escapó de las manos, a quienes desde las sombras buscaron desestabilizar la democracia paraguaya, aprovechando los descontentos populares ante la inminente aprobación del proyecto de enmienda constitucional que habilitaría la reelección de Horacio Cartes y de Fernando Lugo?

Vamos hilvanando que si todo este repudio popular que se observó durante la jornada del viernes 31 de marzo, al día siguiente e inclusive este reciente lunes 3 de abril, en la Plaza de Armas, frente al Congreso, es verdadero y está suficientemente extendido en la conciencia popular ¿la futura consulta ciudadana tendría su éxito más que asegurado y la reelección sería neutralizada? ¿O será que Horacio Cartes apuesta a que la ciudadanía le seguirá en sus sueños de reelección? Honestamente, me atrevería a decir, que si las movilizaciones populares se mantienen (pacíficamente, claro) y no se estrangulan en sí mismas, dudo mucho que en la consulta popular vaya a ser aprobada la tan mentada y ansiada reelección, salvo que surjan las sorpresas de siempre. Las sorpresas de autor anónimo que siempre terminan empañando y enturbiando las luchas contra el poder.

En definitiva, si esa consulta popular rechaza ampliamente esa reelección, Horacio Cartes y Fernando Lugo deberán esperar sentados en sus casas hasta que en algún momento de la vida nacional paraguaya estén dadas las condiciones para verlos nuevamente en la titularidad del Ejecutivo o si acaso en las campañas electorales, buscando contra viento y marea recuperar sitiales y posiciones, para tener sus respectivas revanchas ¿como si sus respectivas gestiones hubiesen sido armoniosas y transparentes, y dignas de un replay?

La cuestión es que Cartes y los parlamentarios que lo apoyan, sean oficialistas o no, hoy por hoy parecen estar empecinados en no asumir y reconocer que hay un denominador común en la población paraguaya (obviamente con excepción de los sectores políticos que apoyan a Cartes: un rechazo generalizado a la aprobación de todo mecanismo que lleve a una reelección.

Horacio Cartes, hoy por hoy, sentado en la silla del poder, puede apostar a todo lo que se le venga en gana -para lograr su objetivo de ser Presidente por segunda vez- obviamente, pero no debe olvidarse, que esa apuesta no debe violentar leyes y la Constitución Nacional vigente y mucho menos vidas humanas. Pero esto ya aconteció: un joven, padre de una niña de 9 años, perdió la vida. ¿Y todo para qué, pare que un presidente como Cartes, sea reelecto? Eso duele e irrita.

Pero Cartes (y Lugo) no parecen estar ni dolidos ni apesadumbrados, ni afectados, por todo lo que ha venido pasando y por la muerte del joven. Y tanto es así, que el Presidente redobló la apuesta (¿siempre buscando la reelección?): en la jornada dominical hizo público –con osadía admirable- que materializaría una mesa de diálogo con la participación de un representante del Ejecutivo (no él, por supuesto), de un representante de la Iglesia Católica y con cada uno de los representantes de todos los partidos políticos, y los representantes de los tres poderes del Estado. ¿Una mesa de diálogo?

Enseguida tuvo la respuesta desde la oposición: se le contestó que una de las condiciones para participar de esa “mesa de diálogo” sería contar con su presencia y que además, sería indispensable excluir el proyecto de enmienda que habilitaría la reelección.

¿A Horacio Cartes se le están poniendo los puntos sobre las íes?¿ Es probable.

¿A Horacio Cartes se le hizo la noche, la noche del 31 de marzo? Es probable.

No bien conocida la propuesta de la mesa de diálogo (se estima a llevarse a cabo en muy breve lapso, y quizás cuando estas líneas ya estén publicadas) los senadores, diputados, gobernadores y autoridades del Partido Colorado que respaldan la reelección manifestaron públicamente que la enmienda no será retirada del Congreso. Cabe consignar que la reelección como tal fue prohibida en la Constitución Nacional desde 1992 y cabe agregar, en función de esa disposición, que los opositores a la reelección recurrieron a la Justicia para solicitar que se tramite aceleradamente el recurso de inconstitucionalidad presentado en la semana pasada contra la instauración del senado paralelo, buscándose en definitiva que se declaren ilegítimas las decisiones adoptadas por esos senadores. Asimismo, los senadores opositores a la reelección presentaron, en nombre del Senado, un recurso de amparo para que la Cámara de Diputados no pueda tratar el proyecto de enmienda. Y en tal sentido se pudo saber que la Jueza María Rosa González aceptó el recurso en cuestión, solicitando una serie de informes a la Cámara de Diputados, impidiéndose así -si acaso momentáneamente- que sea tratada la iniciativa.

Juan Sebastian Godoy, un ciudadano paraguayo, de 30 años de edad, que se concentró en la Plaza de Armas, frente al Congreso durante la noche de la revuelta callejera (cuando se incendió el edificio parlamentario) y después, el día lunes, junto a numerosas personas – estando entre ellas algunos redactores de nuestra redacción paraguaya- dijo públicamente “El incendio del Congreso no comenzó acá, comenzó mucho antes y lo que no da gusto es que todos tenemos nuestra responsabilidad. El incendio comenzó cuando decíamos que no nos importaba la política, comenzó cuando alguna autoridad robaba, cuando no nos importaba que haya un niño en la calle y cada uno de nosotros fue parte de ello”

Estamos más que seguros, que ubicado en la silla presidencial, Horacio Cartes ha seguido atentamente cada una de las instancias de los últimos días. Ha sido el protagonista de turno. Ha sido el primer actor de una obra donde las intrigas de Palacio (y del Congreso, y del sistema político) se hicieron carne para favorecer las pasiones del poder, como la de buscar formas y maneras para no dejar el puesto de primer mandatario, así como así, y que en el 2018 pueda estar en carrera nuevamente para pretender ser por segunda vez el máximo conductor de la nación paraguaya.

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Protesta por muerte de Rodrigo Quintana

Horacio Cartes no ha hecho el mea culpa del asesinato de Quintana. Horacio Cartes decidió ponerse a rigurosa distancia de los hechos de violencia, responsabilizando a la oposición y al periodismo de toda la hecatombe que se desató, incitando y buscando afanosamente que la ciudadanía cierre un ojo y haga de cuenta que no pasó nada. Duele e irrita todo esto. 

Horacio Cartes, no hace otra cosa que seguir pisando el fango sobre el que se encuentra parado. Un fango denso, negro y pútrido, de tanto cinismo y de tanto descaro. Un fango suyo, de sangre y muerte. Exclusivamente suyo.

Todo apunta a que no dejara entrever de su boca, la idea de dar un paso al costado, y dejar en la nada esa maldita idea (ahora tinta de sangre) de buscar la reelección. ¿Ni siquiera por decoro, dará un paso al costado?. ¿Ni siquiera por respeto al joven Rodrigo Quintana cuya vida fue segada arbitrariamente, dará un paso al costado?.¿Ni siquiera por respeto a su investidura y a la democracia, dará un paso al costado? ¿Ni siquiera por respeto a su pueblo, dará un paso al costado?.

Por ahora, todo apunta a que Horacio Cartes, seguirá aferrado a la idea de una reelección en el 2018, sin importar cómo y a qué precio.

*Foto de portada: www.laprensaperú.com

*Foto 2: www.diario99.com Horacio Cartes y Fernando Lugo

*Foto 3: www.laestrelladeparaná.com Rodrigo Quintana yace sin vidas en el local del PLRA

*Foto 4: www.elpaisinternacional.com Imagen del video, del asalto policial

*Foto 5: www.eldiariodeyucatán.com Secuencia del sepelio del joven asesinado

*Foto 6: www.lajornada.com Protesta por muerte de Rodrigo Quintana