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JFK: HOMICIDIO DEL ESTADO

Por Giorgio Bongiovanni

JFK: HOMICIDIO DEL ESTADO

La verdad puede ser obstaculizada pero nunca detenida
por Giorgio Bongiovanni – 28 de octubre del 2017

Dos mil ochocientos noventa y uno. Este es el número de documentos desclasificados de los Archivos Nacionales de Washington relativos al asesinato del Presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy. Tanto se ha escrito en los últimos años. También nosotros en ANTIMAFIADuemila hemos publicado un dossier que detalla las implicaciones de la CIA, de la Mafia y de otros poderes económicos en el asesinato. Entre los entrevistados está Gianni Bisiach, de los periodistas italianos sin duda el más cercano a los Kennedy (especialmente a Ted), que tuvo acceso a los secretos de una de las más importantes familias estadounidenses, precisamente por esa relación de amistad establecida con los tres hermanos. Fue el primero de todos en decir (como está escrito en su libro “El Presidente”, y en la película “Los dos Kennedy”), que John Kennedy fue asesinado por la mafia, con la colaboración de algunos sectores de la CIA. Una declaración que les recomendamos en su totalidad. Para avalar aquella tesis del reportaje como también la de la Comisión Stokes, está el Comité sobre el Asesinato de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, que confirma lo que hasta 1979 solo podían parecer teorías. Y no solo eso. Incluso el ex director de la CIA William E. Colby, muerto en circunstancias misteriorsas, admitió durante una presentación del libro de Gianni Bisiach, que la Agencia Central de Inteligencia había colaborado con la mafia, pero excluyó categóricamente la participación en el asesinato del Presidente.

Los nuevos documentos, desclasificados por Donald Trump (lo cual es digno de elogio, aunque todavía creemos que no es apto para el papel de Presidente por su política racista y de extrema derecha), proporcionan nuevos elementos que señalan cómo la verdad puede ser obstaculizada, pero tarde o temprano siempre sale a la luz. Y así resulta que quien asesinó al presidente de Estados Unidos no fue Lee Harvey Oswald, sino un oficial de policía, J. D. Tippit. Un sujeto, este último, asesinado el 22 de noviembre de 1963, con disparos, 45 minutos después del ataque a Kennedy en Dealy Plaza en Dallas. Hubo 12 testigos del crimen de Tippit. Ocho de ellos reconocieron o creyeron reconocer a Oswald como el asesino, tanto durante los enfrentamientos como después con la ayuda de fotografías.

Pero si esto se sabía, lo nuevo que surgió fue que Oswald y Tippit se habían conocido en el club nocturno de Jack Ruby, una semana antes del asesinato de Kennedy. Ruby, relacionado  a la mafia local, habría después matado a Oswald en el subsuelo de la policía de Dallas. De modo que se convierte en algo más que una hipótesis el hecho de que Ruby intervino para taparle la boca a Oswald y evitar que el mismo dijera la verdad sobre lo que había sucedido.

Dichas actas se agregaron a la investigación conducida por el juez Jim Garrison, en la que resultó que la CIA había sido ayudada por “otros”, como el propio FBI o, aunque marginalmente, la mafia. Teorías que también forman parte del guión de la película “JFK” del director Oliver Stone.

Se puede considerar suficientemente probado que le dispararon al Presidente Kennedy de cuatro puntos diferentes, así como está suficientemente probado que la mafia ha hecho una gran contribución al “magnicidio”, no solo respaldando el plan de muerte (los Kennedy le habían dado la espalda a la Cosa Nostra americana después de los votos recibidos en la campaña electoral), sino también interviniendo con sus hombres.

La verdad, entonces, surgirá siempre, incluso en un país como los Estados Unidos de América. Una nación de grandes contradicciones, capaz de dar nacimiento a grandes mentes e intelectuales, pero que aún hoy es gobernada por grupos de presión fascistas, autoritarios y racistas. Y quién sabe si tarde o temprano no surgirán nuevas verdades sobre el genocidio masivo del 11 de septiembre de 2001. Desde JFK hasta el ataque a las “Torres Gemelas”. En el fondo son los signos de verdaderos crímenes del Estado.