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JOSE LUIS CABEZAS, SU MUERTE UNA ETERNA DENUNCIA CONTRA EL PODER MAFIOSO

Por Jean Georges Almendras

JOSE LUIS CABEZAS, SU MUERTE UNA ETERNA DENUNCIA CONTRA EL PODER MAFIOSO

Por Jean Georges Almendras-27 de enero de 2017

El crimen que en la Argentina del 97` fue un duro atentado mafioso a la libertad de prensa

 

¿En qué términos debemos reflexionar a 20 años del repugnante crimen del reportero gráfico argentino José Luis Cabezas, por haber fotografiado (es decir, por haber dado rostro) a uno de los mafiosos más grandes de la Argentina de los años noventa, el empresario Alfredo Yabrán, en la playa del balneario Pinamar, en territorio argentino?¿Qué parámetros ético- profesionales nos pueden movilizar interiormente, al instante de recordar dos décadas de indignación y de impotencia , primero: por el crimen en sí; segundo: por saber que del crimen participó un siniestro grupo de hombres, policías en su mayoría, que cumplieron órdenes del empresario en cuestión; y tercero: por saber que a veinte años de la tragedia los involucrados en el atentado mortal nunca cumplieron la cadena perpetua de las condenas, encontrándose libres?¿ Qué sentimientos nos pueden embargar recordar a José Luis Cabezas, a quien le sobrevivieron una esposa , un hijo varón y dos nenas, una de las cuales en aquel entonces tenía seis años y hoy ya es toda una mujer, y fotógrafa de profesión, que le dice a su padre, en una carta pública “..hoy también voy a pensarte, como todos los días de mi vida”. Algo que deberíamos hacer todos nosotros también, si es que amamos ésta profesión y respetamos al extinto colega.

Bajo ningún concepto, desde ésta redacción, pensaremos que la muerte de José Luis Cabezas fue en vano. Y mucho menos diremos públicamente (como lamentablemente dijo un fotógrafo uruguayo, de un diario capitalino al ser entrevistado por un noticiero de televisión, precisamente el día del aniversario del crimen) “que no hay foto que valga una vida”, agregando “…Está bien que siempre tengamos presente a José Luis como para poder tener un metro patrón para que nos diga hasta donde nos vamos a exponer y cuál tiene que ser el camino para exponer a los corruptos para dejarlos en evidencia sin que necesariamente cueste la vida nuestra o de nadie”

Bajo ningún concepto mancillaríamos el sacrificio (el martirologio) de José Luis Cabezas, con reflexiones tibias sobre su persona y su trabajo, porque él sabía perfectamente, por aquellos días, quién era Alfredo Yabrán, como lo sabían miles de argentinos. Como lo sabían todos los involucrados en su red de corrupción, en niveles del gobierno y fuera de él, pero igualmente lo apañaban o se hacían cómplices de sus manipulaciones, maniobras ilícitas y sus crímenes, dentro del más alto nivel, político y financiero. Como lo sabían muchos de los colegas de aquellos tiempos. Los colegas, no solo de la vecina orilla, sino también de la nuestra. Porque todos sabíamos que el poderoso empresario Alfredo Yabrán no andaba por los buenos pasos. Pero nadie se atrevía a señalarlo con el dedo, y mucho menos escracharlo. Eso fue exclusividad (y una opción a conciencia) de José Luis Cabezas y de su colega Gabriel Michi, que lo secundo en la tarea de seguirlo y fotografiarlo en la playa del balneario PInamar. Y es por esa razón, con todo el respeto que me merece el fotógrafo uruguayo (con quien muchas veces me crucé en coberturas de la convivencia ciudadana, durante mis más de 20 años de cronista policial de diario y televisión, y al que mucho valoro por su trabajo profesional), no solo no comparto sus desafortunadas apreciaciones, sino que las mismas me impactaron, porque sin quererlo (y así lo espero) recordando a Cabezas, en paralelo le restó el significado y el valor a su decisión –convicción mediante- de cumplir con su trabajo de exponer a los corruptos, y en particular a los “corruptos poderosos”. Y hasta quizás, mi colega uruguayo –también sin quererlo- no hizo otra cosa que minimizar una opción de Cabezas, que en definitiva –aún a costa de su vida- no hizo otra cosa, que honrar al periodismo de denuncia. Al periodismo comprometido. Con su única herramienta: su máquina fotográfica, es decir, con el registro gráfico del rostro del mafioso, que fue mucho peor, que cientos de escritos lanzando acusaciones e informando corruptelas. No en vano el mismo Alfredo Yabrán lo llegó a decir “Ustedes no saben lo que han hecho, sacarme una foto es como pegarme un tiro en la frente”.

Y tanto fue así, que Alfredo Yabrán, acusado en aquellos días por el ministro de Economía Domingo Cavallo de ser “un mafioso enquistado en las filas del gobierno” respondió la osadía de Cabezas (de registrarlo gráficamente en una escena anodina y banal, de esas que se registran a montones en las playas de los balnearios en períodos estivales) a tiros. Y aunque Yabrán negó insistentemente estar vinculado al crimen, en todo el país se sabía quién estaba detrás de la muerte de Cabezas. Que conste además, que una vez que la fotografía fue tapa de la revista Noticias, detrás de esa tapa estaba toda una cúpula del medio periodístico, avalando y apoyando, logística, ideológica y editorialmente el trabajo de Cabezas, aunque solo él fuera el único autor material del escrache. Convengamos que José Luis Cabezas, no actuó ni impulsivamente ni caprichosamente, actuó con el profesionalismo que lo caracterizaba, convirtiéndose irremediablemente en el talón de Aquiles de Yabrán. Cabezas se transformó en el enemigo suyo, por excelencia. Y Yabrán como tal lo trató: maquinó su muerte, aunque lo haya negado. Y en toda la Argentina se supo que las manos de Alfredo Yabrán y de sus secuaces se entintaron de sangre. De la sangre de un trabajador de la comunicación que tuvo la valentía de no dejarse amilanar por los miedos, o por las tibiezas del momento. Que tuvo la valentía de ser consciente de su profesión de informar, con su herramienta de trabajo y con su sagacidad. Pero fundamentalmente con sus valores. Los mismos valores que demostraron tener, en otras partes del mundo, no pocos colegas suyos que corrieron la misma suerte. Reporteros gráficos y periodistas que ofrendaron su   cabeza1 

vida, denunciando al crimen organizado enquistado en la sociedad o en el poder político. Reporteros gráficos y periodistas que no tuvieron un metro patrón que les indicase hasta donde exponerse o no. Fueron reporteros gráficos íntegros y muy distantes de los trabajos a medias tintas.

Y a propósito de la integridad de los profesionales de la comunicación, cabe referirnos a un colega del matutino La Diaria, de Montevideo: Marcelo Aguilar, quien cerró su artículo “A 20 años del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas” con expresiones que además de muy ciertas (y afortunadamente muy acertadas), compartimos desde el alma, como profesionales primero y como seres humanos después.

No olvidarse de Cabezas es también no olvidarse de Rubén Espinosa, fotógrafo mexicano asesinado en julio de 2015 en México por trabajar en Veracruz, uno de los lugares más peligrosos del mundo para los periodistas. De Sérgio Silva, fotógrafo que perdió su ojo izquierdo a causa de una bala disparada por la Policía Militar mientras cubría una de las protestas de 2013 en San Pablo. De Atoq Ramón, fotógrafo peruano baleado por la Policía hace unos días mientras cubría la protesta contra la instalación del peaje de Puente Piedra en Lima, y ahora pelea por salvar la vista de su ojo izquierdo. El crimen de Cabezas, los constantes asesinatos de periodistas y fotógrafos, y la represión de su trabajo, muestran las distintas facetas en las que se manifiesta una misma cara: la del poder. Su incomodidad ante la desnudez y sus mecanismos para evitarla a cualquier precio” escribió Marcelo Aguilar

Nosotros, sumaríamos a esa nómina que alude Aguilar, más vidas segadas por el poder criminal y por el terrorismo de Estado, dentro de nuestra profesión y fuera de ella. Sumaríamos a la nómina, al periodista y reportero gráfico paraguayo Pablo Medina, del diario ABC Color y de nuestra redacción, asesinado por la narco política el 16 de octubre de del pasado 2014 en la región de Curuguaty, en Paraguay. Sumaríamos a la nómina de Aguilar, la veintena de periodistas asesinados en el Paraguay, en democracia, por denunciar a mafiosos del narcotráfico y del sistema políticos de su país; sumaríamos también a los indígenas y activistas recientemente asesinados en Honduras y México: Berta Cáceres (en marzo del 2016) e Isidro Baldenegro (el 15 de enero de este 2017), respectivamente; sumaríamos igualmente a la comunidad mapuche de la Patagonia argentina, que en los primeros días de enero fue brutalmente reprimida por la policía , solo por reclamar la legitimidad de sus tierras y denunciar al empresario italiano Luciano Benetton como el usurpador de ellas; sumaríamos también a los campesinos paraguayos que fueron asesinados en Curuguaty, en la mañana del 15 de junio de 2012, en un operativo policial en extremo dudoso y confuso, durante un desalojo de tierras reclamadas como propias por los campesinos que las ocupaban; sumaríamos a muchos más , reporteros gráficos y no, periodistas y activistas, muertos en el mundo, siempre por sicarios mandados por el poder amparado en el poder mafioso o de un sistema político contaminado y pútrido, pero a la vista de todos incólume y honesto.

José Luis Cabezas, prácticamente a un año de haber fotografiado a Alfredo Yabrán caminando por la playa junto a su esposa, fue secuestrado en la madrugada del día 25 de enero de 1997 lapso después de estar en una fiesta de cumpleaños del empresario postal Oscar Andreani, a la cual concurrió con su amigo y compañero de tareas Gabriel Michi , como enviados especiales de la revista Noticias.

   cabeza2La periodista Fernanda Jara (para Infobae), a 17 años del crimen, así resumía los hechos: “Dijeron quienes lo vieron en la fiesta que José Luis estuvo allí hasta las 5:10 y después se retiró a descansar. Al llegar a su casa en Pinamar, unos matones (luego se los conocería como “la banda de los Hornos”) lo tomaron del cuello, lo golpearon y lo obligaron a subir al mismo auto que la revista había alquilado, para que los trabajadores se movieran durante sus coberturas. Lo llevaron hasta un descampado de la localidad de General Madariaga, cerca de una laguna. Allí lo esposaron, lo obligaron a arrodillarse y bajar la cabeza. El policía Gustavo Prellezo se encargó de darle los dos disparos en la cabeza que acabaron con su vida. No contento con eso, le pidió a Horacio Braga no dejar rastros y que rociara el cuerpo de Cabezas y el auto con nafta. Las agujas del reloj del fotógrafo se habían parado a las 5:25. A las 7:30 el cuerpo del reportero gráfico había sido encontrado calcinado, por un capataz de una estancia vecina”

Cometido uno de los atentados más grandes a la libertad de prensa en la Argentina del gobierno de Carlos Menen –en tiempos democráticos- no quedaba otra que aguardar la actuación de las autoridades y de la justicia. Progresivamente se fueron atando cabos hasta que finalmente fue posible desenmascarar a una mafia policial que operaba en las entrañas mismas del poder. Una mafia policial que estaba estrechamente relacionada con el horrendo hecho.

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Por distintos motivos, el contexto era, por cierto, de una extrema gravedad. Tómese en cuenta además, que la fotografía de portada de la revista Noticias, de Alfredo Yabrán (una de las fotografías más buscadas del periodismo argentino) inevitablemente había puesto al empresario bajo la lupa de la opinión pública, como responsable de una serie de maniobras ilícitas Sobre sus empresas de transporte, logística y seguridad pesaba la firme sospecha de que eran utilizadas para ocultar el tráfico de drogas, armas y lavado de dinero. Su rostro se conoció en los cuatro puntos cardinales. Y cuando sobrevino la muerte de Cabezas, los argentinos no demoraron mucho en relacionarlo con la tragedia,, sencillamente porque sus hombres de confianza –entre ellos el jefe de su custodia Gregorio Ríos y el policía Gustavo Prellezo- estaban implicados en el asesinato, sin perjuicio de que el agente policial también formaba parte de una banda de delincuentes conocida como “Los Horneros”.

Aún con todo este panorama Alfredo Yabrán siempre negó haber tomado participación en el crimen hasta que el 20 de mayo de 1998, cuando las autoridades policiales estaban tras él (y por allanarle la vivienda, para formalizar la imputación de ser el autor intelectual del crimen) según se dijo, optó por suicidarse de un tiro de escopeta en una chacra de la provincia de Entre Ríos. Según los investigadores, se voló la cabeza y su rostro quedó irreconocible. Desde ese momento, inclusive, quedó la duda si era verdaderamente el cuerpo del empresario. ¿Duda que persiste hasta nuestros días?

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Los implicados en el asesinato de José Luis Cabezas, que obviamente planificaron el atentado, fueron enviados a prisión. Oportunamente y después de un proceso judicial mediático, sobre un hecho criminal que generó estupor e indignación en el periodismo argentino y regional, y en la opinión pública (levantándose una muy significativa y visible polvareda dentro del sistema político de la época), se informó , por el 2 de febrero del año 2000, que los policías Sergio Camaratta, Anibal Luna y Gustavo Prellezo ( como autor material del crimen) más otros sujetos no policías, como ser Sergio González, Horacio Braga, José Auge y Héctor Retana habían sido condenados a cadena perpetua. También fueron condenados Gregorio Rios, quien era el jefe de seguridad de Yabrán y pesaba sobre él la acusación de instigador del crimen; y Alberto Gómez, apodado “La Liebre”, el Comisario de Pinamar, a quien se le responsabilizó haber liberado la zona, precisamente para que los matones cumplieran sin inconvenientes la orden de matar al reportero gráfico.

Pero ésta condena no la llegaron a cumplir íntegramente, de hecho hoy por hoy, a 20 años del asesinato, salvo dos implicados que fallecieron los restantes gozan de la libertad. Veamos: el agente policial Aníbal Luna fue liberado el pasado 2016 al cumplirse dos tercios de la sentencia; el agente policial Gustavo Prellezo, obtuvo un arresto domiciliario en el año 2010, por cuestiones de salud, y el día 21 de diciembre del pasado 2016 fue liberado.; José Auge recuperó la libertad en el año 2004; Sergio González en el 2006 y Horacio Braga, el 25 de enero de 2007, ya que fue beneficiado por el dos por uno, porque los informes psiquiátricos fueron favorables, porque en prisión tuvo buena conducta y porque pagó una fianza de 20.000 pesos argentinos para salir de la Penitenciaria número 9; el ex sargento Gregorio Ríos, quien fuera condenado como instigador del crimen fue liberado en el año 2008; por su parte Héctor Retana y Sergio Camaratta, fallecieron, de SIDA en el 2001 y el 3 de abril de 2015, respectivamente. En cuanto al Crio Alberto Gómez, apodado “la Liebre”, recupero la libertad después de nueve años y medio de prisión.  cabeza5  

En una entrevista concedida a El País de Madrid, la hermana de José Luis Cabezas, de nombre Gladys, declaró:” La justicia no es justa y dejan a los asesinos libres simplemente porque son abogados o sufren de asma. La justicia parece un jardín de infantes y es una vergüenza. Nosotros, los familiares, estamos muy enojados y muy dolidos, por el país, porque esta gente no va a ir más presa y nosotros ya no somos parte del expediente”

Y la frutilla de la torta, en medio de este desolador panorama, es que a veinte años del crimen, quienes le sobrevivieron a Alfredo Yabrán: su viuda y sus tres hijos, estarían residiendo en el Uruguay, con bajo perfil y sin ocultar su identidad, administrando diversas inversiones, herencia del empresario Yabrán; trascendiendo además que tales negocios estarían siendo direccionados y monitoreados en la zona de Carrasco de Montevideo y en Punta del Este

¿En qué términos debemos reflexionar a 20 años del repugnante crimen del fotógrafo argentino José Luis Cabezas? En términos de honra, de homenaje a su persona y a sus convicciones. Las convicciones que lo llevaron a no dejarse condicionar y a denunciar, aún a costa de su vida. Como corresponde a un hombre de su talla.

¿Tuvo miedo a la hora de sacar la fotografía? Seguramente, pero igual siguió adelante y no se dejó amedrentar; ¿Tuvo miedo cuando se publicó la foto de Yabrán y comenzaron a llegar las amenazas? Seguramente, pero igual siguió adelante y no se dejó amedrentar. ¿Tuvo miedo cuando fue secuestrado y cuando fue obligado a arrodillarse esposado? Seguramente. Pero también, por algunos instantes, los últimos de su vida, seguramente, además de pensar en su familia, debe haber entendido que sus convicciones –aún a costa de perder su vida en la soledad de la cava en la que más tarde fue hallado calcinado – lo hicieron ver el rostro de la muerte con la conciencia tranquila y en armonía consigo mismo. Como concierne a los hombres íntegros, que sin proponérselo, y en la soledad mas inenarrable pasan a integrar la extensa nómina de mártires en una sociedad, que por decadente, patética e hipócrita, no supo protegerlos en su momento, ni comprenderlos después. La historia de la Argentina, de América Latina y del mundo entero tiene en su haber una lista enorme de hombres y mujeres como de la talla de José Luis Cabezas: Ernesto “Che” Guevara, Chico Méndez (activista brasileño), Martin Luther King, sacerdote Carlos Mugica, jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, entre otros.

Por todo esto, la muerte de José Luis Cabezas, no fue en vano. Su muerte fue, sigue y seguirá siendo una denuncia contra el poder. Y un constante reclamo de una justicia libre, pero de una justicia libre y con mayúsculas, porque la que se vio hasta ahora, no pasa de ser una burla a la inteligencia, a la sensibilidad y a la ética humana. La muerte de José Luis Cabezas, también fue, es y será una enseñanza. Una más de las tantas que la historia de la humanidad guarda obligatoriamente en sus entrañas. Y no habrá peor ciego que aquel que no la quiera ver, a veinte años de la trágica noche, y después también.

 

*Foto de Portada: www.explícitoonline José Luis Cabezas

*Foto 2: www.inforbae El lugar donde se dio muerte a Cabezas

*Foto 3: www.elesquiu.com Gustavo Prellezo en una instancia judicial

*Foto 4: www.noticias.com Tapa de revista Noticias

*Foto 5: www.pergaminoverdad.com Alfredo Yabrán, foto lograda por José Luis Cabezas

*Foto 6: www.lanacion.com Oscar Andreani, José Luis Cabezas y Gabriel Michi