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JUAN ONTIVEROS RAMOS, OTRO MARTIR DE LA LUCHA INDIGENA EN MEXICO

Por Jean Georges Almendras

 

JUAN ONTIVEROS RAMOS, OTRO MARTIR DE LA LUCHA INDIGENA EN MEXICO

Por Jean Georges Almendras-8 de febrero de 2017

 

A balazos, tal como ocurrió con el indígena rarámuri Isidro Baldenegro el pasado día 15 de enero, mataron al ecologista indígena, también rarámuri, Juan Ontiveros Ramos, en el municipio rural de Guadalupe y Calvo, al sur de Chihuahua, en tierras mexicanas.

El día 31 de enero lo secuestraron dos hombres armados ante la presencia de su hermano, el que logró ponerse a salvo de los atacantes; luego, una vez bajo su merced, a Ontiveras no le fue posible evitar el mortal atentado, se presume cometido en las primeras horas del día 1ero de febrero. Lapso después, recién con la luz solar, el cadáver pudo ser hallado en un terreno de las inmediaciones.

La muerte manipulada por el crimen organizado no avisa, aunque puede ser anunciada. Pero la ejecución propiamente dicha se concreta súbitamente. Y la muerte abraza a su víctima en la soledad más indescriptible. Esa soledad del hombre o de la mujer que se compromete incondicionalmente con sus ideas. Ese compromiso que honró Juan Ontivero, al punto de entregar su vida; ese compromiso que también honró Isidro Baldenegro como tantos otros, en México y en otras regiones del planeta., y en diferentes épocas.

Desgraciadamente, nos estamos acostumbrando a estos hechos que nos destrozan el alma y que nos generan rabia. Hechos que ponen en evidencia que la criminalidad organizada ha penetrado fuertemente en la conciencia, de quienes movidos por intereses netamente financieros o comerciales, no dudan un instante en apelar a los servicios de sicarios, para preservar sus recursos ilegales, para defender sus fortunas y para defender sus proyectos. Y poco les importa si en el camino hay que atentar contra la vida de personas. Personas que son obstáculos para sus negocios. Personas que además, forman parte de comunidades indígenas. Personas, que con sus creencias, su filosofía de vida y sus luchas (por defender sus tierras y sus derechos) no hacen otra cosa que molestar. Y en consecuencia, se transforman en personas que literalmente hay que sacarlas del medio.

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Todo esto está ocurriendo, desde hace tiempo, en nuestra América Latina, para beneficio de no pocas transnacionales; para beneficio de grupos empresariales y para beneficio de hombres de negocios ajenos a estas tierras. La historia repetida del saqueo a costa de vidas humanas. La historia del saqueo de siempre, desde tiempos coloniales, hasta los tiempos modernos. Historia que se repite, con los protagonistas vistiendo otros atuendos y apoyados en tecnologías del tercer milenio. Pero las muertes y los dolores que se acumulan, son los de siempre. No han cambiado.

Pero los asesinos, además, junto con los ideólogos del atentado, están empecinados en desvirtuar los hechos ¿para ser favorecidos por la impunidad? ¿Esa impunidad sagrada que crea historias de venganzas, o de pasiones, para que no se sepa la verdad? Esa verdad que salta a la vista, con solo evaluar el contexto y el perfil del fallecido. Esa verdad que salta a la vista, con solo atar cabos sueltos y no tan sueltos.

Juan Ontiveros Ramos, era un líder indígena, que en varias oportunidades había presentado al gobierno mexicano información sobre las preocupaciones y los problemas a los que se enfrentaba su pueblo respecto a la criminalidad, incluida la delincuencia organizada de la región.

Amnistía Internacional, en un comunicado da cuenta que el pueblo rarámuri o tarahumara (ambas denominaciones son válidas) se encuentra en riesgo. Y también consigna que se tiene información “de que otros miembros del pueblo rarámuri han sido blanco de ataques tras haber informado a las autoridades o haber hecho declaraciones sobre su preocupación por su seguridad”.

Pero hay más, la prensa internacional, en diferentes trabajos publicados, ha coincidido en afirmar que las comunidades locales de Latinoamérica que se han enfrentado, sea a la minería, sea al sector energético, sea a los negociados agrícolas o a los intereses forestales, por defender sus tierras, han resistido los golpes más duros.

Y con insistencia se ha dado a conocer un reciente estudio del observatorio británico Global Witness, cuyos técnicos llegaron a la conclusión de que América Latina es la región más mortífera del mundo para la lucha por el Medio Ambiente, dándose a conocer que del total de los asesinatos a ecologistas en todo el mundo (unos 185 en el año 2015), un 66% se dio en esta zona, y que 33 de ellos fueron en México.

Cometido el crimen de Juan Ontiveros Ramos, considerado en la región en la que residía y a nivel internacional como defensor del territorio de la Sierra Tarahumara, se pudo saber que el pasado 20 de enero había acudido a una reunión con integrantes de diversas organizaciones y representantes del gobierno, no solo para discutir aspecto de la situación de seguridad sino además particularidades del conflicto agrario en la comunidad Choréachi.

A todo esto se supo que en el mes de octubre de 2015 Juan Ontiveros ofreció su testimonio de la problemática en las comunidades indígenas de la Sierra de Tarahumara, testimonio que fue entregado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) durante una reunión de implementación de medidas cautelares.

Voceros de la Red Nacional de Organismos Civiles Todos los Derechos para Todas y Todos (Red TDT) dijeron a los medios de comunicación que las agresiones contra la comunidad indígena por parte de grupos de delincuencia organizada “son un problema sin resolver de mucho tiempo”. De hecho , ya anteriormente –por el año 2013- otros líderes indígenas comunitarios fueron asesinados, nos estamos refiriendo a los dirigentes Jaime Zubia Cevallos y Socorro Ayala.

Además, hay que recordar el lector que en el año 2014 la CIDH había dictado medidas cautelares a favor de varios habitantes de Choréachi por haber sido atacados por oponerse a la extracción de madera en territorios de sus comunidades y por defenderlos.

Pero el pasado día 24 de enero, apenas una semana y media después de la muerte del líder indígena Isidro Baldenegro, y apenas siete días antes del crimen de Juan Ontiveros Ramos, el Relator Especial de la ONU para la Situación de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos, Michel Frost, hizo público un voluminoso informe sobre la visita que realizó a México a los efectos de encontrarse con activistas mexicanos y de hablar con ellos sobre las múltiples situaciones que enfrentan en su labor de defensa. Trascendió que Frost dijo haberse familiarizado con la situación que enfrentan las y los defensores que protegen los derechos de la población indígena rarámuri, especialmente por los riesgos originados por el crimen organizado y la falta de protección por parte de las autoridades. En tal sentido Frost llamó a las autoridades federales y estatales a asegurarse de la debida investigación de todos los delitos cometidos contra los defensores de los derechos de los pueblos de la Sierra Tarahumara.

Los activistas sociales de América Latina, indígenas muchos de ellos, están lejos de transitar por senderos de lucha con las debidas garantías brindadas por las autoridades. Todo lo contrario: su trabajo diario, en las tierras que protegen y que pretenden –por razones históricas primero y por razones jurídicas después- se realiza con riesgos, con un entorno muchas veces tenso y ríspido, especialmente con las autoridades o los poderosos de turno, los que a su vez, sigilosamente ponen escollos. Y esos escollos tienen el rostro y la forma del terror. Porque se siembra el pánico y se amedrenta a los pueblos indígenas, a los pueblos campesinos, practicándose una suerte de terrorismo mafioso, que con frecuencia deriva en la pérdida de vidas humanas. Vidas humanas segadas, pero de un único bando. El bando de los desposeídos, de los que reclaman, de los que denuncian, de los que levantan el dedo acusador y de los que defienden la libertad.

Los unos y los otros. Los que avasallan y los avasallados. Los que mueren y los que siembran la muerte. La perversa realidad de un sistema devorador de hombres y culturas. Un sistema con el que no debemos estar de acuerdo y mucho menos apoyarlo.

Porque no queremos ser cómplices de más muertes. ¿Usted sí?

*Foto de Portada : www.sinembargomix.com

*Foto 2: www.periódicolavoz.com