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JUICIO A AHED TAMIMI, A PUERTAS CERRADAS A CAL Y CANTO

Por Jean Georges Almendras

JUICIO A AHED TAMIMI, A PUERTAS CERRADAS A CAL Y CANTO

El tribunal militar decidiría una arbitraria sentencia el 11 de marzo 

                              Por Jean Georges Almendras-14 de febrero de 2018

 

Aplicándose un perfeccionismo de neto corte nazi, como cuando  se organizaba la llegada de los judíos a los campos de concentración, hace ya más de 70 años, el tribunal militar israelí, de la prisión de Ofer, de la aldea de Betunia en Cisjordania, organizó hace pocas horas el juicio, pero a puertas cerradas,  a una de sus encausadas: la líder juvenil palestina Ahed Tamimi. En efecto, y contra todo principio jurídico y  ético ordenaron  que la sala en la que se llevaría a cabo la audiencia estuviera ausente de periodistas y público en general. Es decir, que el juicio contra la jovencita, uno de los más mediáticos y emblemáticos de los últimos tiempos relacionados estrechamente con el conflicto  entre el gobierno de Israel y el pueblo palestino, fuera a puertas cerradas. Cerradas a cal y canto, para el mundo exterior, tal como los nazis cerraban a cal y canto los campos de exterminio, mintiendo cínicamente a la población alemana y al mundo entero, sobre el horrendo genocidio judío. Cerradas a cal y canto, diciendo cínica e hipócritamente al pueblo palestino, al pueblo de Israel y al mundo, que esa medida no tenía otro cometido que  “proteger la intimidad de la joven”, Ahed Tamimi, de 17 años. ¿Dar protección a la intimidad de Ahed Tamimi?. Mentira. Una burda mentira, porque desde que Ahed fue detenida, el 19 de diciembre del pasado 2017, esa intimidad y sus derechos más elementales fueron conculcados por las fuerzas represivas del régimen sionista (sentando en el gobierno de  Israel) que la detuvieron en horas de la noche, arrebatándola junto a su madre y prima, de su casa de la aldea Nabi Saleh de Cisjordania; encerrándola en una prisión sin tomar contacto con su familia ni contemplarse obligaciones impuestas por la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño (marco jurídico ratificado por Israel, para todo lo relativo a la infancia). Entonces ¿de qué protección se está hablando?. Solo de una: de la protección del régimen. Porque un juicio público podría desvelar, perfectamente, el tonel de arbitrariedades que Israel comete: en la ocupación de territorios desde hace más de 50 años, en el trato que se da a los prisioneros palestinos menores de edad, en el barbarismo que significa juzgarlos con privación de libertad por resistir y protestar, y en la captura y acusación de la cual es objeto Ahed Tamimi, sobre la que se impusieron una docena de cargos, cargos que podrían llevarla a ser sentenciada a diez años de prisión. 

Un panorama devastador por donde se lo mire. Como devastador ha sido el régimen israelí de hoy (y de ayer) que tiene sobre sus espaldas un  monstruoso historial de muertes y de sufrimientos para el pueblo palestino, comparable –sin titubeo alguno- con un modelo genocida; con un modelo racista; con un modelo criminal, particularmente en tiempos en los cuales, desde los sitiales del gobierno de Israel se habla y se escribe, con ánimo de jactancia, que en ese país se practica ejemplarmente, la única democracia de corte occidental, y en Oriente.

La audiencia del juicio contra Ahed Tamimi  no tuvo la transparencia y la difusión pública deseada. Ahed, que fue detenida con 16 años, y que en prisión, el día 1ero de febrero, cumplió los 17 , ingresó esposada y engrillada, a la sala de audiencias de la prisión de Ofer. Custodiada por guardias de Instituciones Penitenciarias, que fueron abriéndole paso entre la numerosa concurrencia  compuesta por amigos, familiares y numerosos periodistas, Ahed mantuvo siempre la calma y su entereza, y su  bello rostro coronado por sus rubios cabellos se destacó como en otras oportunidades. De pronto, uno de sus custodias tiró con fuerza de las esposas que llevaba en sus muñecas. Y ese momento fue observado por los reporteros gráficos allí presentes, que al instante se dispusieron a registrar, pero en el intento sobrevino la tajante orden de desalojar la sala. Una orden dada por el Juez del Tribunal Miltar, el Teniente General Menachen Lieberman, integrante de las Fuerzas Armadas de Israel, el Tsahal. Debieron salir de la sala, amigos, familiares y simpatizantes de Ahed, todos los  periodistas y los camarógrafos y fotógrafos, y también los representantes del cuerpo diplomático.

La audiencia fue a puertas cerradas.

La abogada de Ahed Tamimi, doctora Gaby Lasky, en otrora secretaria general del movimiento pacifista Shalom Ajsav (Paz Ahora) en diálogo posterior con los periodistas allí apostados dijo enérgicamente: “En este caso todas las audiencias sobre su arresto se llevaron a cabo en audiencia pública. A pesar de que la fiscalía dijo que no le importaba, el juez decidió cerrar las puertas, porque cree que es malo para Ahed. Creo que el juez no cree que sea bueno para el Tribunal. El Juez no busca preservar la integridad de Ahed sino que busca ocultar la ocupación ilegal de territorios palestinos y la represión, especialmente a los jóvenes”.

Una vez más la impunidad se adueñó de la vida humana. Se adueñó de la libertad. Se adueñó de la verdad. Una impunidad descarada.

Ahed Tamimi es el emblema de una lucha popular y juvenil. Es el  emblema de la lucha de un pueblo. Es el símbolo viviente de una resistencia forjada por mujeres y hombres, y jóvenes (y niños y niñas) que se entregaron a una causa, que hoy ya es una causa mundial.

Una causa mundial que los integrantes del Tribunal Militar de la prisión de Ofer pretenden minimizar o peor aún, ignorar.

Pero por más cerradas que estuvieron las puertas de la sala de audiencias, la arbitrariedad que se cometió y se comete con Ahed Tamimi, no pasó inadvertida. Ni pasará inadvertida  el próximo día 11 de marzo, cuando otra vez Ahed Tamimi sea llevada esposada y engrillada para comparecer a una nueva inquisición de un régimen implacable y deshonesto. Deshonesto, para con sus propios valores y para con quienes sufrieron el holocausto en manos de los nazis.

La  comunidad internacional no está distante a tanto atropello, pero tampoco puede jactarse de haber cerrado sus  filas para detener al usurpador de los territorios palestinos. No hay aún una protesta compacta. Y aunque  todavía predominan las controversias y las hipocresías, y  todavía predominan los intereses,  y todavía el sionismo tiene el sartén por el mango, el nivel de conciencia de que las resistencias tienen que ganar terreno mundial, aumenta progresivamente. Buscando afanosamente que los frutos podridos que hoy están en el poder, caigan. Que se desbarranquen  y se defenestren. Para encontrar a una Palestina libre. Para encontrar a un pueblo libre.

Hoy por hoy,  el pueblo palestino ha avanzado en su lucha. A los años de masacres con bombas y más bombas, de muertes y más muertes, siguieron los años de represiones y más represiones. Represiones contra los jóvenes, contra los adolescentes, contra los niños. Represiones que han costado igualmente vidas.  Ocupaciones ilegales y más ocupaciones ilegales.

Los mártires palestinos no conocen de límites. Sus victimarios han arrasado con todo a su paso. Y con todos a su paso.

La abogada de Ahed Tamimi, ha sido muy clara encarando a los jueces: “el control israelí de los territorios palestinos constituye una ocupación ilegal” al tiempo de poner en cuestión tanto la jurisdicción como la legitimidad de una corte de justicia militar que juzga a civiles y menores palestinos; y además condenar la aplicación de dos ordenamientos jurídicos dentro de un mismo territorio, en función de criterios de nacionalidad, etnia y religión.

“ A los palestinos se les aplica la jurisdicción militar –mucho más dura, que hace que la comisión de faltas pueda acarrear amplias penas- y a los colonos israelíes la civil –mucho más laxa, que hace que el asesinato de un palestino por parte de un colono pueda verse penado con una sanción económica y una sentencia de menos servicios comunitarios. Cincuenta años después de la ocupación israelí del territorio palestino, ya no se puede considerar como una situación temporal derivada de las necesidades militares. Debe finalizar la presencia de israelí en Cisjordania”, ha dicho la abogada.

Para la organización palestina para los derechos de los presos, denominada Addammeer, el número de menores palestinos detenidos en cárceles israelíes asciende a 350, más unas 58 mujeres.

En este contexto, la delegación en Ramalá de la Oficina del Alto Representante para los Derechos Humanos de la ONU ha emitido un duro comunicado solicitando a Israel que  recapacite sobre el trato jurídico que están reportando las dos mujeres Tamimi: Ahed y su madre Nariman (que también aguarda juicio, acusada de difundir el video del incidente con los soldados), y que  revise todo el entramado legal y judicial que utiliza para juzgar a  menores.

Doce cargos han sido impuestos a Ahed Tamimi. Los más destacados: incitar a la violencia, tirar piedras contra las patrullas militares y asaltar a un soldado, dándole patadas, puñetazos y una bofetada.

Tales, algunos de los crímenes cometidos por Ahed Tamimi, según criterio de los fiscales. Según un sesgado criterio. Según una arbitrariedad impuesta y en pleno uso de sus facultades.

Doce cargos contra una jovencita de 17 años que corre serio riesgo de entrar a la cárcel como adolescente y salir de ella como una mujer, de 27 años.

Doce cargos infames. Para una mujer, aún siendo adolescente.

Una injusta sentencia en puerta. Otra canallada más, de un régimen israelí marcado por el poder, la soberbia, la ilegalidad descarada y el racismo genocida. 

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*Foto de Portada: www.elciudadano.com