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JURO FIDELIDAD ¿PERO A QUIÉN?

Por Marta Capaccioni

Obra de teatro de Our Voice que cuenta la verdadera historia de nuestro país y sus opresores.

Por Marta Capaccioni – 26 de enero del 2020

Una mattina mi sono alzato. O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao. Una mattina mi sono alzato e dhotrovato l’invasor!” (Una mañana me levanté. O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao. Una mañana me levanté y encontré al invasor)

La llamaron resistencia. Los llamaron partisanos. Partidarios de la libertad. Cantando bajaron de las montañas y celebraron el fin de una era. Junto con los principales partidos del país gritaron “poder al pueblo”. Anhelaban la paz después de años de guerras y vejaciones, anhelaban justicia después de un período de abuso e ilegalidad, aspiraban a la igualdad después de décadas de diferencias sociales. Habían luchado contra el nazi-fascismo. Y crecieron en la liberación de nuestro pueblo. De un acto de amor nació nuestra Constitución, nació una esperanza que se transformó en principios democráticos, en principios de paz y de solidaridad.

Este es el comienzo de la obra ¡Juro fidelidad interpretada por los jóvenes del Movimiento Our Voice, concebida por la directora Sonia Bongiovanni y llegada por primera vez al teatro Macerata el pasado viernes 24. “Una misión que al principio parecía imposible: describir la verdadera historia de nuestro país”, dicen los jóvenes. “Pero lo hicimos. Porque si bien es cierto que muchos intentan eliminarla de los libros escolares, también es cierto que hay unos pocos que, con determinación y audacia, continúan diciendo que están listos para arriesgarlo todo, incluso su vida”.

Entonces – continúan –si tienes curiosidad por conocer esta historia, si estás listo para conocerla y vivirla como la hemos vivido nosotros, observarás el mundo con ojos diferentes, despojados de esa pátina que altera la verdad y la confunde con la mentira”.Es el final de la Segunda Guerra Mundial, Italia ha sido liberada de la dictadura. El pueblo vota democráticamente por el nuevo presidente, Felice Gagliardi (personaje de ficción), interpretado por el actor y protagonista Stefano Centofante, que jura lealtad a su amada Constitución, personificada por Beatrice Boccali. Pero ella le advierte que, una vez que ingrese a las salas del poder, todo será más difícil, se necesitará coraje para resistir y la tentación de traicionarla será muy fuerte. Porque la liberación siempre tiene un precio. Y tendrá razón. Aquí llega, disruptivo, arrogante, autoritario, el dictador, interpretado por el coprotagonista Jamil El Sadi, que representa al Sistema y se hace llamar por todos “Primer Ministro”. “Y te preguntarás a ti mismo, pero ¿a quién nos referimos? ¿A los protagonistas de nuestra historia o más bien a ese círculo de historiadores que pueden escribir la historia antes de que se manifieste?”. Son la cima de la pirámide de poder que gobierna al planeta Tierra, algunos los llaman los “dueños del mundo”, otros los “dueños universales” y otros los banqueros, petroleros, empresarios, la CIA. Es difícil identificarlos, pero ya no se duda de la existencia de este “sistema criminal”.

¿Su modus operandi? “Lo estudiamos en detalle. Pero no fue difícil, porque es suficiente con seguir las instrucciones del señor que las ordena: el dios del dinero. El absurdo y la locura de su razonamiento a veces nos ha dejado atónitos“. Y tal vez el viernes, en el teatro, incluso en las escenas más hilarantes, detrás de las sonrisas más divertidas se ocultaba una verdad que, bien mirada, era angustiante. Este vértice de poder controla incluso al gran gobernante de Occidente y del mundo entero, los Estados Unidos de América. El “hijo predilecto” del Sistema, alineado con Italia, el aliado perfecto, el servidor más fiel, una colonia indispensable. Estados Unidos que se presenta en cada elección dispuesto a reunirse con el nuevo presidente italiano. ¿Con qué fin? Señalar las fronteras entre lo legal y lo ilegal, o más bien entre lo útil y lo inoportuno. Por lo tanto, lo que sucede es que el voto de los ciudadanos se pulveriza y el poder del nuevo político se convierte en los hilos de un títere guiado hacia un estado de esclavitud cada vez más peligroso.
La primera herramienta utilizada por el Sistema e impuesta a Felice es la mafia, “su compañera, su mitad perfecta, su brazo armado”, presentado como “su mejor guardaespaldas, su protectora”. Ella, también llamada “el pulpo” y personificada por Sonia Bongiovanni, renueva su pacto de sangre con cada nuevo elegido, de generación en generación. Pero no es la fantasía o la exageración de un grupo de jóvenes, sino la verdad verificada de nuestro país, como se dirá varias veces durante el debate al final de la noche. Esta fiel compañera ofrece varios servicios: dinero para dormirse, seguridad para gobernar y honor para corromper. Felice acepta, hiriendo gravemente el juramento hecho a la Constitución.

Pero aún no ha terminado. El sistema regresa a Felice con otra tarea: invertir parte del dinero recibido de la mafia para mantener las armas y las bases militares de su “hijo favorito” en la zona. Estamos hablando del exterminador, otro fiel servidor, esa máquina de guerra concebida en 1949 por los Estados Unidos de América e impuesta a todos los países “pacíficamente liberados”: la OTAN. El “Señor Otan”, magistralmente interpretado por Denis Bordin, encarna la locura y la crueldad del país de las 50 estrellas. Quizás sean las escenas más cómicas del espectáculo, pero también las que más dejan pensando. Porque esa locura está realmente en la base de la política agresiva estadounidense que, persuadiendo de la bondad de sus acciones a favor de la paz y la democracia, ha perpetrado crímenes de guerra y genocidios, destruyendo países enteros y matando a miles de personas inocentes. ¡Increíblemente, Italia es parte de esto! Y estas guerras no solo causan la aniquilación de naciones enteras, sino que también son la causa de los enormes flujos migratorios: familias enteras obligadas a mudarse de sus tierras, obligadas a permanecer durante largos períodos de tiempo en áreas fronterizas que son verdaderos campos de concentración, forzados a aterrizar en un país que, en lugar de preguntarse por qué llegan, se pregunta cómo devolverlos a nuestras bombas. Seres prescindibles. Y nosotros somos los culpables de su sacrificio. Quizás los más expertos se pregunten ¿cómo es posible que nadie se rebele contra este sistema de poder? ¿Cómo puede funcionar una subyugación tan efectiva de toda la población mundial? Esta vez el Sistema lo pensó bien. Porque no sólo afecta a todos los países del mundo, sino que también condiciona la vida privada de todos los seres humanos: ha entrado en hábitos diarios, en los modelos sociales y de pensamiento, ha entrado con la moda de las grandes marcas y con la comida de las cadenas rápidas, ha ingresado con los teléfonos inteligentes y los programas demenciales. Vino para convencernos que, aunque no extrañemos nada, siempre necesitamos algo. Este es quizás el personaje más sutil y letal: Miss Media. Detrás de la risa del público, excitada por la interpretación de Elisa Pagano, hay una inquietud inesperada: la de estar frente a una verdad que vivimos cada momento de nuestra vida.

¡Felice ya ha conocido a todos los “leales”! Está listo. ¡Italia está lista! ¡Y jura fidelidad!
Solo quedan unas pocas páginas desgarradas de una Constitución que, a pesar de todo, todavía representa el baluarte de la paz y la democracia, un punto de referencia para todo el mundo. Y bajo esos valores y principios aún se lucha, todavía se denuncia, aún se arriesga la vida. Porque los pocos que cuentan, partisanos de diferentes épocas, son la resistencia que nunca muere. Terminarán cantando, como cantando hemos celebrado nosotros, todos los presentes, al final de esta “misión imposible”, pero exitosa:
“E questo è ilfiore del partigiano. O bella ciao bella ciao bella ciaociaociao. E questo è ilfiore del partigianomorto per la libertà” (“Esta es la flor del partisano. O bella ciao, bella ciao, bella ciao,ciao,ciao. Esta es la flor del partisano que murió por la libertad”)
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*Fotos de Marta Capaccioni