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LA MADRE TIERRA PARAGUAYA SE LEVANTA POR UNA PATRIA NUEVA

Por Jean Georges Almendras

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Campesinos paraguayosdiezmil llegando a Asuncion reclaman salida de Cartes FotoRedafOrgar

LA MADRE TIERRA PARAGUAYA SE LEVANTA POR UNA PATRIA NUEVA

Más de diez mil campesinos paraguayos exigen la salida de Horacio Cartes

Por Jean Georges Almendras

Primero caminaron durante cinco días y después, el día martes 10 de febrero de 2015, por la noche, literalmente coparon la capital de Paraguay, Asunción. Luego, sin dejar de llevar pancartas y sin dejarse vencer por el cansancio, levantaron bien alto cada uno de los carteles en donde decían que Paraguay se ponía de pie por una Patria Nueva, rechazando así las políticas neoliberales del presidente Horacio Cartes. Por último, vocearon reclamando su renuncia, como una sola consigna, prácticamente a las puertas mismas del Congreso de la Nación.

Algunos observadores, entre los que no se encontraban obviamente integrantes de la prensa conservadora (los cuales minimizaron la marcha) no titubearon en señalar que se trató de una de las movilizaciones más largas del campesinado paraguayo, destacando además la magnitud de la misma, que involucró a más de diez mil campesinos.

La inmensa y colorida columna de campesinos se fue acercando a la ciudad de Asunción pasando por pueblos y apisonando carreteras y caminos. Gentes de diferentes rincones de la tierra paraguaya portando banderas, vitorearon palabras de repudio a las medidas gubernamentales y la concentración fue cobrando una inusitada fuerza. La fuerza de la madre tierra representada en campesinos que dieron consistencia a una demostración de masas, de inusitada presencia. Una movilización impulsada por el Partido Paraguay Pyahura, una de las organizaciones de izquierda de mayor crecimiento en el campo, que aglutina a miembros de la Federación Nacional Campesina (FNC), la Corriente Sindical Clasista (CSC) y la Organización de Trabajadores de la Educación-Sindicato Nacional.

Los campesinos no anduvieron con pequeñeces a la hora de sacar a la luz sus reclamos. Desafiando las altas temperaturas, que luego desembocaron en una lluvia torrencial (que no amilanó a ninguno de los presentes) dieron a conocer, que entre sus reclamos, estaba muy firme el de la denuncia del fortalecimiento de la narco-política, con la complicidad de los partidos políticos tradicionales. Pero por si fuera poco, a esa denuncia se sumaron otras más, como por ejemplo la denuncia de la implementación de la Alianza Público-Privada (legislación que dio vía libre a las políticas privatizadoras); la denuncia de la militarización, de la represión y de la constante persecución a líderes campesinos. Las pésimas condiciones de la salud y la educación del campesinado, y la inexistencia de una reforma agraria integral, fueron igualmente adosadas a la pesada plataforma de denuncias vociferadas durante la marcha y en el momento de su cierre.

En cuanto a los representantes del Partido Paraguay Pyahura , estos, reivindicaron la necesidad de un cambio total del gobierno y la necesidad de constituir una Junta Patriótica “para caminar hacia la segunda independencia”, acusando al presidente Horacio Cartes de entregar la soberanía del país al capital transnacional, consolidando un modelo agro-exportador que utiliza la mayor parte de la tierra para producir, para el desarrollo de otros países, no sin antes envenenarla con agro-tóxicos , hundiendo a la mayoría de la población en la miseria y forzándola a emigrar hacia el extranjero, lisa y llanamente para sobrevivir.

A propósito de la marcha, el periodista, escritor y realizador paraguayo Marco Ibáñez, informó en el sitio digital www.marcha.org.ar, que “en la actualidad se viene dando un proceso de confluencia del movimiento popular paraguayo, que se plantea en breve, su integración en el Congreso Democrático del Pueblo, con miras a enfrentar con más fuerza el rumbo neoliberal de Cartes. En ese marco la masiva movilización de este martes abre una nueva etapa de mayor confrontación a la política gubernamental”

Se oyeron guitarras, se oyeron poemas y los campesinos inclusive bailaron bajo la intensa lluvia que no llegó a aplacar el entusiasmo a flor de piel en cada uno de los movilizados. Pero hubo más, porque con su presencia dieron broche de oro, artistas invitados y no pocas comunidades, que en medio de los cánticos relataron las gestas campesinas durante las ocupaciones de latifundios, que conllevaban siempre represiones policiales, cobrándose vidas a diestra y siniestra. Vidas de luchadores cuyas generaciones posteriores ahora embanderan con sus nombres los muchos asentamientos conquistados. Y al final, seguramente ese martes 10 de febrero, viviéndose la algarabía de la inédita marcha campesina, algunos de sus participantes deben haberse acordado mucho de la masacre de Curuguaty, porque allí también el campesinado pagó muy caro el avasallamiento de los poderosos y de los mezquinos de turno.