Home / Información general / LA OBRA DEL PADRE COSSIMO, UN SOL EN LOS BARRIOS POBRES DE PALERMO

LA OBRA DEL PADRE COSSIMO, UN SOL EN LOS BARRIOS POBRES DE PALERMO

Por Jean Georges Almendras

LA OBRA DEL PADRE COSSIMO, UN SOL EN LOS BARRIOS POBRES DE PALERMO.

Adriana Gnani, habla de una obra llena de amor, donde hay sufrimientos y mafia 

   

                             Por Jean Georges Almendras-9 de febrero de 2018

Aunque nacida en Ferrara, en el seno de una familia de agricultores, y con una infancia en la zona de Piamonte, de la bota italiana,  Adriana Gnani , hoy  vive en Palermo, Sicilia. Es una tenás voluntaria de la obra del sacerdote  Cósimo Scordato. La tenacidad y la entrega, de Adriana Gnani son el resultado de su historia personal. Una historia que le salta por los poros. En su bella sonrisa, en su personalidad y en su sensibilidad. Esa sensibilidad que siempre la llevó de la mano, desde muy jovencita, a conocer personas vinculadas a las luchas sociales y a la  ferviente  -y sacrificada-  tarea de divulgar valores de justicia y de solidaridad.  Esa sensibilidad que la llevó a tener una capacidad admirable para el trabajo rural. Un trabajo rural que fue la base de su vida. Y que fue la base para conocer al ser humano, para creer en  él, pero también para desilucionarse de él, como cada uno de nosotros. No obstante, construyó su vida, tuvo dos hijos  -que me consta, son maravillosos- y ahora en Sicilia, además de vincularse a la  Asociación “Scorta Cívica” (Escolta Cívica) que nació para apoyar al Juez Nino Di Matteo, a nuestra redacción Antimafia y a la ONG Funima Internacional, es parte protagonista de una obra inmensa liderada por el sacerdote Cossimo Scordato, fundador de la obra “Parco del Sole” ( El Centro Parque del Sol). Una obra que conoceremos a traves de las palabras de Adriana Gnani; de sus emociones y  de las vivencias que le tocaron en suerte desde el momento mismo que conoció personalmente al religioso, internándose con él, en medio de los barrios pobres de Palermo, principalmente en la zona de Ballaró, también un barrio de mafia. Junto a otros voluntarios, cada uno con su historia, Gnani trabaja denodadamente porque sintió el pedido de ayuda del sacerdote.

-¿Qué haces en el Centro “Parco del Sole” y cuáles son las principales actividades que se realizan allí?

-Entre la innumerable cantidad de cosas que hago resalto una sola: hago de mamá para cincuenta niños, les doy mucho cariño y amor, intento comprender las dificultades de cada uno de los chicos. Eso sumado a las actividades de ayuda escolar, asistencia y mucho juego. Los niños tienden a querer mandar y por lo tanto el juego los ayuda a compartir y a ayudarse unos a otros, de esa forma aprenden que los que tienen más facilidades pueden ayudar a los más débiles y necesitados… cuando se logra hacerles entender este concepto los resultados son estupendos. En dicho contexto intento desarrollar, además, un proceso educativo en pos de la legalidad porque en este tipo de ambientes esto también es necesario .La actividad primordial es precisamente la de educar a los niños: cuando aparecen frente a nosotros parecen varios potrillos descontrolados que necesitan de un guía, entonces intentamos convertirnos en un punto de referencia para su crecimiento interior, tratamos de hacerles entender que cuentan con personas que están allí para escucharlos, más que aprender a leer y a escribir necesitan ser escuchados.  cosimo2 

-¿Podrías contarnos en qué contexto se encuentra el Centro, cuál es la realidad del barrio y qué problemáticas tienen los niños?

 

El Centro se encuentra en el popular e histórico barrio de la Albergheria, cerca del famoso mercado de Ballarò, plagado de monumentos, donde rige la cultura de la tradición: entre las callecitas todavía se pueden ver los carritos en los que, por ejemplo, se venden papas hervidas y panes típicos; además de eso, en el barrio también está la cuna del abandono, de la ilegalidad, de la deserción escolar y de los abusos. Todos los días estos niños viven en medio de escenarios tristes. Entre esas calles ven a personas que se pelean, o asisten a tiroteos y violencias, hasta incluso resultan heridos. Viviendo este tipo de situaciones casi siempre tratan de imitar, de avasallar a los demás, porque aprenden que su única arma reside en hacerse valer imponiéndose, o usando la violencia. Estos niños viven en la pobreza, no solo económica, sino también social, cultural y sobre todo afectiva. Su casa es la calle, y allí se ve mucha tristeza. Como la que a veces solemos ver en los documentales sobre África. Aquí también vemos a  niñas chicas que tienen en sus brazos a sus hermanitos, o hermanitas más pequeños, y por lo general no son hermanos de sangre porque sus padres pueden tener al mismo tiempo tres o cuatro mujeres. Tienen muchos hermanos pero para ellos es casi normal. Los más grandes tienen que cuidar a los más chicos, salen a hacer las compras y van de aquí para allá en estos barrios, vestidos lo mejor posible. Pude entrar en una de estas “familias”: en sus casas no se vive la cultura de la familia, sino la de la manada, estos niños tienen un sándwich para comer, ropa para vestirse, pero solo pocos conocen lo que es el calor familiar. Aquellos que tienen a sus padres son afortunados, por lo general los crían sus abuelos, sus tíos, o quienes se hacen cargo de ellos. Gracias a Dios no todos, pero muchos de sus padres no pueden estar físicamente en contacto con sus hijos y se encuentran en establecimientos carcelarios.
cosimo1

-¿Podrías contarnos una historia que te haya conmovido profundamente?

De muchas historias os puedo contar dos, una me dio risa, y otra me dio mucha ternura y una sensación de tristeza. Quería conocer un poco mejor a los niños del Centro, saber lo que hacían sus familias: cuando le pregunté a una niña “¿qué quieres ser cuando seas grande?” su respuesta fue “-¡quiero vender zapatos!”… por lo tanto, ingenuamente, le pregunté si en su familia tenían un negocio de zapatos, pero la niña me dijo que su padre los encuentra cuando recorre la ciudad y luego los vende en un mercado de cosas usadas y que ella lo ayuda. Le pregunté si le gustaba esa actividad y muy contenta me dijo que sí, porque con lo que ella gana el padre le compra lo que desea. La otra historia tiene que ver con una niña extrovertida, muy locuaz e inteligente. Lamentablemente está viviendo una prueba muy dolorosa en el seno de su familia. Junto a su hermana más pequeña estuvieron presentes en el momento que arrestaron a su padre. Luego de ese shock su carácter cambió: permanece mucho tiempo en silencio, a veces se pone a llorar, se aísla y siente rabia. Pero un día le pedí que confiara en mi y con el paso del tiempo su ánimo empezó a cambiar y recuperó la sonrisa: escribíamos juntas cartas para su padre y se las llevaba cada semana, cuando lo iba a visitar a la cárcel.  Luego, le otorgaron la custodia legal a sus abuelos. Al volver a verla, después de un año que no venía al Centro, para mí fue un pequeño milagro: quiso volver a “Parco del Sole”, lugar al que hacía mucho que no iba, donde se siente bien querida. Ahora está mejor, volvió a ver a sus amigos y no se quiere ir.

Los niños que vuelven aquí son una fuente de alegría. Estas cosas nos llenan el corazón y nos impulsan a seguir adelante, con tenacidad.

 

-¿Los padres ayudan?

 

-Nuestro proyecto también está dedicado a las familias, lamentablemente muchos padres están ausentes por cuestiones de trabajo, o porque están detenidos, pero intentamos que los presentes colaboren. Los invitamos a participar de las actividades y a trabajar codo a codo con sus hijos, haciéndoles sentir el entusiasmo de hacer hasta las cosas más pequeñas, como puede ser un dibujo, una torta, preparar guirnaldas, participar de cursos de danza y organizar fiestas y espectáculos. Los padres premian a sus hijos por su esfuerzo y esas fiestas en familia son ocasiones para unirlos entre sí. Los resultados son tangibles ya que los padres confían en los miembros del Centro y ven la alegría de sus hijos. Oír frases como “ven mamá, mira lo que he hecho” es algo indescriptible. Estos niños te buscan aunque sea para poder pronunciar la palabra “mamá”. Una vez una niña me dijo: “Adriana, sé que no eres mi madre pero ¿te puedo llamar mamá?”. Lograr ver a madres e hijas dibujando juntas, bailando juntas, o bien llamarse la atención unas a otras, es algo estupendo.

 

-¿Cómo se percibe vuestro trabajo en el barrio?

 

Luego de una fase inicial de desconfianza, como si nuestra presencia molestara, nuestro compromiso y nuestra constancia recibieron su premio finalmente: cada año aumentan las inscripciones en una forma exponencial, al punto tal que, aunque no nos guste a veces no logramos satisfacer la enorme demanda, lamentablemente los espacios con los que contamos son limitados y además tenemos que seguir en forma adecuada, sin dispersiones, a todos los niños presentes en el Centro.

 

-¿Cuáles son las necesidades actuales del Centro? ¿Qué necesitaría?

 

-Hay una gran parte de la humanidad que tendría que sensibilizarse y abrir el corazón y ayudarnos, yo soy una voluntaria, no tengo nada a nivel económico: por lo tanto he puesto a disposición mi persona. Lo que necesitaríamos es un gran pizarrón, una vez tuvimos uno pequeño y pude ver como los niños eran más aplicados con él y se divertían haciendo la tarea y resolviendo los problemas allí, en lugar de hacerlo en sus cuadernos. Necesitamos material didáctico, sillas plegables, las que tenemos ahora ocupan mucho espacio. El Centro, en la medida de lo posible, intenta ayudar incluso económicamente a las familias más carenciadas: se comparten los gastos de las consultas a los especialistas, los controles que realizan los dentistas y los cardiólogos, así como la compra de anteojos para leer. Mi gran sueño es tener una camioneta, parece algo absurdo, pero muchos de estos niños jamás han visto el mar. Hace dos años nos prestaron un autobús por un fin de semana: me impresionó ver cómo tocaban el agua por primera vez, como admiraban el mar, como si fuera un milagro que se manifestaba frente a sus ojos. Con esta camioneta podría llevarlos a recorrer Palermo, tendríamos la posibilidad de hacerles conocer los teatros, los museos, sacarlos de su limitado y restringido mundo de callejuelas en el que viven todos los días. Queremos hacerles vivir momentos de alegría y serenidad, sentimientos y sensaciones que, lamentablemente, muchos de ellos conocen únicamente en el Centro. Tenemos la esperanza de que algún día ellos logren transmitir esos valores, esperanzas y sueños a sus amigos, parientes e incluso a sus hijos. Estamos seguros de que siempre habrá alguien para ayudarlos cuando estén en problemas. En una sociedad en la que los teléfonos celulares, la televisión y los videojuegos “reinan”, intento que estos niños vivan una realidad diferente, por lo tanto les cuento fábulas que no todos tienen la suerte de conocer, como la de “Pinocho”, de “La Bella y la Bestia” y otras. Como nunca han tenido a alguien que se las cuente, sus rostros demuestran cómo se sienten maravillados y sorprendidos al escucharlas: yo hago una animación para cada una de las historias y los hago ser protagonistas de un mundo que se merecen.

————————

*Foto de Portada: Funima internacional

*Foto de padre Cossimo: www.gionarlidisicilia.com

*Foto de Adriana Gnani: Funima internacional