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LA VERDADERA OBRA DE BIEN DE LOS PRESIDENTES DE EE.UU.

Por Massimo Fini

LA VERDADERA OBRA DE BIEN DE LOS PRESIDENTES DE EE.UU.

por Massimo Fini – 28 de octubre del 2017

Los cinco presidentes de EE.UU. que han precedido a Trump se reunieron para recaudar fondos para las víctimas de los últimos huracanes. Estas “Damas de San Vicente”, versión Estados Unidos, harían mejor en contar las bajas civiles que causaron durante su presidencia y en reconsiderar los desastres políticos que juntos produjeron. No todos por la verdad. El demócrata Jimmy Carter fue un presidente pacífico y pacifista. En cambio, el igualmente demócrata Bill Clinton atacó a Serbia contra la voluntad de la ONU y sin ninguna razón seria. Serbia se enfrentó a un conflicto interno: los albaneses de Kosovo, como mayoría, habían creado un movimiento independentista armado (armado por los EE.UU.) que, como ha sucedido en cada lucha de liberación, utilizó el terrorismo, mientras Serbia defendía la integridad de sus propias fronteras.

Eran dos razones enfrentadas que debieron haber sido resueltas por los contendientes sin ninguna laboriosa intervención externa. En su lugar aparecieron los EE.UU. desde diez mil kilómetros de distancia, y después de haber intentado el acuerdo de Rambouillet, que Serbia no podía aceptar porque habría significado su fin como un Estado soberano, decidieron que la culpa estaba sólo del lado de los serbios y bombardearon durante dos meses ese país. Resultados. 5.500 muertes civiles, de los cuales 500 eran albaneses, es decir, aquellos que se suponía que debían defender. Hoy en día, Kosovo es “libre”, pero a costa de la mayor limpieza étnica de los Balcanes: de los 360 mil serbios que vivían en Kosovo quedaron sólo 60 mil. Es cierto que hoy en Kosovo los estadounidenses tienen su mayor base militar en el mundo, pero de esta manera favorecieron, contra la Serbia ortodoxa de Milosevic que actuaba como “policía” de los Balcanes, al componente musulmán donde hoy en día las células de Isis se enquistan, mientras que los crímenes comunes (drogas, tráfico de armas y de seres humanos) han aumentado exponencialmente. Además, después del precedente de Kosovo, que está muy lejos de los Estados Unidos, se hace un poco difícil impedirle a Rusia que anexe a los territorios de habla rusa en sus fronteras. Algunos atenuantes ha tenido Bush padre, republicano: Saddam Hussein atacó Kuwait, Estado soberano representado en la ONU (aunque, para ser honesto, Kuwait es un Estado títere creado por los Estados Unidos en 1960 por sus intereses petroleros). La perplejidad, por nombrarlos como tal, proviene de la forma en que los estadounidenses condujeron esa guerra.

En lugar de enfrentarse de inmediato, en tierra, con la cobarde milicia iraquí que había sido golpeada incluso por los kurdos y para salvar al rais de Bagdad debió intervenir Turquía (y cuán cobarde era este ejército se ha visto recientemente en Mosul y en Raqqa) bombardeó Bagdad y Basora durante tres meses, creando 157.971 víctimas civiles, incluidos 32.195 niños. Fue entonces cuando su hijo George W. Bush, republicano, ideó la teoría totalitaria de que los Estados democráticos no solo tenían el derecho sino también el deber de exportar, con la ayuda de las bombas, la democracia a aquellos que no eran democráticos. La guerra contra el Afganistán talibán ha sido, y sigue siendo, una guerra puramente ideológica. Al mimo tiempo sucedió, es cierto, lo del 11 de septiembre. Pero los hechos han demostrado inequívocamente que los talibanes no tuvieron nada que ver con la caída de las Torres Gemelas. La teoría de Bush luego se extendió a Iraq (2003) y con el demócrata Obama a Libia (2011). En Iraq, las consecuencias, humanas y políticas, han sido devastadoras. Las muertes causadas, directa o indirectamente, por la intervención estadounidense van de los 650 a los 750 mil. Además los estadounidenses, que siempre habían luchado contra los iraníes y que en la guerra entre Iraq e Irán habían intervenido para evitar que los hombres de Khomeini ganaran el campo, con la guerra a Iraq entregaron a los iraníes, que no tuvieron que disparar ni siquiera un tiro, las tres cuartas partes de Iraq. La tragedia libia, cuando Obama era presidente, está en los ojos de todos. En Siria hubo una revuelta contra Assad. Aquí también, como en Serbia, era un asunto interno de ese país. Los estadounidenses intervinieron con los bombarderos y los drones habituales, lo que permitió a los rusos entrar en el conflicto. Los muertos de esta tragedia dirán al final si habrá un final. El aventurerismo estadounidense ha sido seguido por la lealtad canina de los europeos (con alguna excepción: Angela Merkel) y se ha revertido debidamente en el viejo continente.

La agresión estadounidense contra el mundo musulmán ha dado a luz al ISIS, que a pesar de las derrotas en Mosul y Raqqa, está lejos de haber terminado y es más peligroso que nunca para nosotros, los europeos, porque los combatientes extranjeros están volviendo. También se encuentra en las costas del viejo continente, especialmente en las italianas, que reciben a parte de los migrantes que huyen de las guerras lideradas por Estados Unidos. Si los presidentes estadounidenses que se han unido para hacer de “almas bellas” son cínicos o cretinos, no podríamos decirlo. Lo cierto es que los europeos hemos sido sólo cretinos.

Extraído de: Il Fatto Quotidiano del 27 de octubre del 2017