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LOS OTROS RESPONSABLES DE LA IMPUNIDAD

Por Jean Georges Almendras

LOS OTROS RESPONSABLES DE LA IMPUNIDAD

   Por los Detenidos Desaparecidos en el Uruguay, Marcha del Silencio en reclamo de Justicia

 Por Jean Georges Almendras-24  de mayo de 2017

 

El frío intenso del pasado 20 de mayo de 2017 no fue obstáculo para que se llevara a cabo la edición número 22 de la Marcha del Silencio en Montevideo –capital del Uruguay- y en varias ciudades del Interior del país. Una vez más (otro año más) miles de personas mayores y jóvenes formaron parte de una densa columna recorriendo la avenida 18 de julio. Y si bien la consigna oficial de los organizadores de la Marcha: Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos en Uruguay fue: “Impunidad: responsabilidad del Estado. Ayer y hoy” (consigna  muy bien definida e impresa, en un cartel que iba de vereda a vereda encabezando la marcha) otros carteles marcaron igualmente el sentir de un pueblo, literalmente superado por el tiempo transcurrido en torno a un tema que pudo haber registrado otros avances, en todos estos años de vida democrática en el Uruguay.

 Al final de cuentas, 22 años de Marcha del Silencio, no fueron (ni son) poca cosa.  No fueron 22 años de marchas por un capricho ciudadano. No fueron 22 años de marchas por motivaciones partidarias. No fueron 22 años de marchas por sed de venganza. No fueron 22 años de marchas para molestar a los gobernantes de turno. No fueron 22 años de marchas por especulaciones políticas o ideológicas. No fueron 22 años de marchas por sentimientos extremistas. Todo lo contrario: Fueron 22 años de reclamos. Fueron 22 años de perseverancia y de lucha. Fueron 22 años de marchas sin banderas. Fueron 22 años de marchas respetuosas y pacíficas. Fueron 22 años de lucha silenciosa, pero ensordecedora. Fueron 22 años de marchas de familiares de víctimas apoyados por el pueblo, en reclamo de justicia. Fueron marchas de familiares que vivieron el dolor de ver a sus seres queridos a merced de los represores del terrorismo de Estado, De esos represores y de esos sus cómplices del sistema político desviado de nuestro Uruguay, de aquellos años de dictadura y de los años de democracia que les siguieron.

Entonces, con la mano en el corazón, no nos hagamos los desentendidos cuando hablamos de esta manera, porque después de que se está 22 años marchando para reclamar justicia, y para hallar verdades sobre los desaparecidos, creo que se está llegando al momento, en que hay que hacer entender (así, ya sin ninguna forma diplomática) a los gobernantes de ayer y de hoy, que ellos también fueron ( y siguen siendo) los responsables de todo este panorama, en el sentido de que  aún sin querer, contribuyeron a la impunidad imperante, especialmente por el perfil aportado a su gestión, respecto a estos áridos temas de las violaciones a los derechos humanos y todo su contexto. Porque un gobernante es el alma de una nación, para imponer una determina impronta sobre determinados temas: y el tema de los desaparecidos, visiblemente fue siempre una asignatura pendiente, por más que año tras año, miles de uruguayos se lo recordaban al Presidente de la República de turno.

 ¿Estoy equivocado cuando entiendo que el Presidente de la República es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, desde que vivimos en democracia? ¿Será que  los Presidentes de la República no dieron la orden de romper la omertá (el silencio) militar para así dar a la Justicia los archivos de la dictadura y los lugares donde  se encuentran  enterrados los cuerpos de los uruguayos dados como desaparecidos?¿O será que los mandos militares nunca acataron esas órdenes?¿Será que los Presidentes no hicieron lo imposible para destrabar ese tema en extremo sensible y en extremo vital para fortalecer, precisamente la democracia y ser coherentes con ella?¿Será que en el seno de la estructura del Poder Ejecutivo y del sistema político no hubo la suficiente voluntad para llegar a la solución tan ansiada después de los años del terror?¿Será que conformar Comisiones y grupos de trabajo, anunciados con bombos y platillos, y con cara de circunstancia, desde la Presidencia de la República, es lo suficiente para decirnos a todos los uruguayos y uruguayas que se está haciendo lo máximo?  ¿Entonces si fue así (y si es así) en qué tipo de democracia estábamos y en qué tipo de democracia estamos viviendo ahora? ¿Una democracia virtual?¿Una democracia sustentada por la hipocresía y la demagogia?¿Una democracia tutelada por la fuerza militar? ¿Una democracia de la impunidad y para la impunidad?.Creo que por respeto a las víctimas de la dictadura y por respeto a los 22 años de Marchas del Silencio,  es hora de decir las cosas por su nombre.

No sé: algo les faltó a los gobernantes.  Y ese algo que faltó, hoy, inexorablemente los hace también responsables de la impunidad reinante, porque además, ese algo que faltó, ayudo a silenciar la verdad. Y si ese algo no habría faltado, hasta capaz no se habrían contabilizado 22 años de Marchas del Silencio. Así de simple y de sencillo. Porque los 22 años de Marchas del Silencio, hablan a las claras de la impunidad imperante, entre otros factores,  por la permisividad de quienes están en las riendas del país. 

Desde los mandos de nuestra República, desde el sistema político y desde la falta de conciencia ciudadana (por ejemplo a la hora de votar el No a la Ley de Caducidad) se le cedieron años y años a la impunidad. Años –unos cuarenta- que en su transcurrir  permitieron que la impunidad se instalara, en filas gubernamentales, políticas y militares.

Y todo sin considerar, que seguramente, también existieron otras motivaciones para que éste fuera el panorama. ¿Motivaciones a espaldas del pueblo?. Un pueblo que seguramente –como nosotros- debe haberse preguntado alguna vez: ¿Qué poderosos intereses mantienen a un país sin memoria y sin justicia? Porque en definitiva, que ya se llevan 22 años marchando en silencio, no es ni más ni menos que la prueba más irrefutable de que en los 40 años de democracia hemos perdido amplio terreno en materia de memoria y en materia de justicia, a propósito de las violaciones a los derechos humanos; a propósito de las investigaciones para definir culpables, en filas de los represores; y a propósito de no ser informados por los  militares (y por los civiles involucrados) de los lugares donde se encuentran los restos de los desaparecidos.

Y este es un sentimiento generalizado que -me parece- ha quedado plasmado en la consigna oficial de la Marcha del Silencio, solo que oficialmente no se ha dicho que el sentimiento que predomina haya sido ese. Y pese a eso, igual me cabe esta interrogante:  ¿Qué significa entonces cuando se escribe  “Impunidad: responsabilidad del Estado. Ayer y hoy”? ¿Si se dice que la impunidad es responsabilidad del Estado, ayer y hoy, no se está diciendo que  en realidad (y en esencia) son los gobernantes de todos estos años los responsables de esa impunidad bochornosa, oprobiosa y lacerante? ¿Y no será que esa impunidad vigente aún, constituye un burdo atentado contra todos y cada uno de los que marchamos por la avenida 18 de julio, y particularmente contra las madres y los familiares de los detenidos desaparecidos en el Uruguay? desapa1

En verdad, que otra consigna debería haber ido a la cabeza de la Marcha. Una consigna como ésta:”Impunidad: irresponsabilidad del Estado. Ayer y hoy” Una irresponsabilidad cómplice de quienes favorecieron (ayer) y favorecen (hoy) a la impunidad, no solo desde tiendas castrenses sino también desde tiendas del sistema político, de los partidos tradicionales y del Frente Amplio, sectores políticos del país que desde el retorno a la democracia, entraron a gobernar desde la sede del Ejecutivo.

En diálogo con Amanda Muñoz de  “La Diaria” Ocar Urtasún, hermano de José Luis Urtasún, militante del Movimiento de Liberación-Tupamaros (MLN-T) secuestrado en Buenos Aires en agosto de 1978, dijo:”Siempre tenemos ese cacho de esperanza, de expectativa, que nos hace seguir, y vamos a seguir” Y cuando la colega le preguntó qué sentido tenía marchar, Urtasún respondió: “Es político, pero es ideológico, es filosófico, y lo precisamos. No los desaparecidos, nosotros lo precisamos, tenemos que dejar todo. Yo tengo un hermano desaparecido; crecí con él y no puedo dejarlo, no puedo, más allá de mis convicciones políticas”. Y en la crónica de Muñoz, se consigna además que a título personal, Urtasún catalogó de “lamentable” la situación actual: “Es una vergüenza el Poder Judicial. Al Poder Legislativo nunca le interesó mucho este tema, nunca hizo nada. Y el Poder Ejecutivo juega a la política, y en la política parece ser que lo que da dividendos sirve, mientras que lo que no da dividendos no sirve” y que además pidió “ser radical para ir a las raíces y responder por qué no aparecen, por qué los milicos siguen con ese pacto de silencio, por qué no se toman medidas”. Y finalmente reprobó que el MLN-T casi no haya participado en el referéndum de 1989 para anular la Ley de Caducidad, y que haya designado a “lo peor” de sus militantes para esa tarea; del mismo modo, cuestionó al fallecido ex ministro de Defensa Nacional Eleuterio Fernández Huidobro, y dijo que ya estaba todo dicho sobre él cuando lo agarraron los militares y le dijo “al milico”: “No tires que soy yo”. “A los traidores hay que darles”.

Según lo consigna La Diaria, al ser entrevistada María Bellizi, de 92 años, madre de Andrés Humberto Bellizi, secuestrado en abril de 1977 en Buenos Aires, dijo: “La impunidad no ha variado en nada. Yo no tengo muchas esperanzas de que se haga justicia, pero seguimos igual. La marcha es un recuerdo, una memoria interminable, y los jóvenes, por suerte, demuestran mucho interés por la causa. Se avanza poco porque no hay interés. Lo dice la consigna de este año: nunca hubo interés, porque cuando hay un juez que trabaja en investigar algo, ya lo cambian de lugar

También  La Diaria publica una apreciación de Elena Zaffaroni, no menos indicativa:“Este tema es de interés de los uruguayos, no es solamente un tema de Familiares; no es un tema del pasado, es un tema que tiene que ver con el hoy, con mejorar en todos los aspectos, con la Justicia, con revisar toda la temática de las Fuerzas Armadas, con revisar toda su participación en el terrorismo de Estado, con todos los organismos represivos

En este marco, resultan ser muy oportunas las expresiones de Virginia Cardozo, integrante del Secretariado Ejecutivo del Partido por la Victoria del Pueblo y del Plenario Nacional del FA, a La Diaria, en relación a las causas de las violaciones de los derechos humanos: “Falta la voluntad política de exigir que aparezcan los documentos, y hay que generar una ruptura con la cultura de la impunidad. Cuando en gobiernos frenteamplistas salen a decir que los torturadores y asesinos que están presos y que desaparecieron a nuestros compañeros y compañeras son unos ‘pobres viejitos que deberían estar en su casa’, estamos reforzando una cultura de impunidad”

En un comunicado de Familiares, a propósito de la convocatoria a la Marcha, se  decía:Claro que sabemos más, que hay unos 30 militares presos por estos crímenes y que ha habido iniciativas y esfuerzos por todo el país en acciones de memoria y reparación […] Pero hay un freno que siempre enlentece, retarda u obstaculiza los avances”

Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos en el Uruguay también le pidió al Estado “más acciones, más investigación y avances” señalándose algunas incongruencias: “A 40 años, no podemos continuar con secretos en manos de las fuerzas que nos reprimieron, que nos robaron la vida de tantos compañeros, que nos atemorizaron, que nos hicieron huir de nuestro país. No podemos aceptar más sus privilegios (legales, salariales, jubilatorios). Ni tampoco sus declaraciones reivindicando la tortura, ni sus ‘comandos Barneix’, ni sus robos de los materiales que los incriminan, ni su vigilancia en democracia (como da muestra el archivo Castiglioni). Ese accionar sin consecuencias cuestiona los avances de estos años”.   silenc2

¿Será que ese cuestionamiento, en ésta  Marcha del Silencio, de mayo de 2017, no sobrevino de los organizadores, pero si sobrevino de un grupo de personas, que con los sentimientos comunes a todos los que recorrimos por 18 de julio, expresaron en sus pancartas lo que no pocos de los presentes sentían o pensaban, literalmente?

La Diaria” en su edición del día lunes 22 de mayo tituló:”Con acusaciones a los gobiernos, incluyendo a los del FA miles, reclamaron avances en la búsqueda de desaparecidos”. Más adelante, en uno de los párrafos del artículo de la colega Amanda Muñoz se agrega: “En la marcha hubo mensajes muy directos, como una pancarta que decía “Los responsables de la impunidad silencian la verdad”, acompañada por fotos de los ex presidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y José Mujica, y del presidente Tabaré Vázquez. Iba junto con otra pancarta que preguntaba: “¿Qué poderosos intereses mantienen un país sin memoria ni justicia?”. desa2

Pancartas que hablan de nuestro pensamiento. De nuestras ideas, sobre el tema de los desaparecidos y sobre todo lo (poco) que se ha hecho en este país, para dar castigo (ajustado a un estado de Derecho) a los responsables de delitos lesa humanidad, de apremios físicos, tortura, prisión ilegítima, desaparición forzada y muerte, formando parte del Plan Cóndor y de un repugnante terrorismo de Estado, aplicado en nuestro país.

Pancartas perfectamente identificadas. Identificadas como todas las pancartas que muchos ciudadanos y ciudadanas, y representantes de múltiples sindicatos, y organizaciones, portaron en esa noche fría, en la avenida 18 de julio, apoyando a quienes desaparecieron físicamente, pero que están junto a nosotros por sus ideas, que son también las ideas de todos los  presentes en los 22 años de Marcha del Silencio.

 Solo a través de una lucha durante todo el año y con las convicciones a flor de piel y en el alma, se podrá poner en su lugar a los represores y a quienes los apañan y los encubren, no solo desde filas tradicionalmente adversas a las luchas sociales y a las luchas de quienes dieron sus vidas por oponerse a la dictadura, sino también desde filas de personajes de la izquierda uruguaya, que desde hace 15 años, con sus silencios y sus omisiones o indiferencias, están sentados en sillones gubernamentales o parlamentarios apoyando sutilmente y descaradamente a la impunidad que cobija y cubre a los represores  policiales, militares y civiles , de los tiempos de la dictadura.

 Gústenos o no nos guste, los gobernantes de todos estos años de democracia, por más dialéctica y palabras, y oratorias en el lunfardo más descarnado o en el idioma castellano más doctorado, no han hecho el debido uso de su poder para cumplir con promesas electorales en materia de derechos humanos, si acaso los gobernantes del Frente Amplio.

Porque cuando en el 2017, se habla del Estado como responsable de la impunidad, se está hablando del gobierno, por más que se escriba Estado. No nos dejemos sorprender por el asombro ni nos rasguemos las vestiduras, porque de los únicos que puedo esperar asombros y quejas o muy duras críticas, o vestiduras rasgadas es de los gobernantes Sanguinetti, Batlle y Lacalle, que en definitiva son representantes de una clase política más cercana a las ideas y a las pautas del periodo dictatorial. Pero de los gobernantes de la coalición de izquierda –que bastantes dolores de cabeza nos están dando, a los frenteamplistas y a los no frenteamplistas-  no esperábamos  tanta indiferencia –y poco compromiso revolucionario-  a la hora de encarar un tema tan sensible y tan emblemático de la fuerza política, como es el tema de las violaciones de los derechos humanos, el castigo de los represores y la búsqueda de los detenidos desaparecidos.

No es para darle mucha vuelta a los hechos. Todo quien marchó por la avenida 18 de julio se debe haber  cuestionado en los últimos cinco años todas estas cosas; o al menos se lo debe haber planteado, como militante frenteamplista y no frenteamplista, que además de los militares, que no respetaron su uniforme participando de una guerra sucia y de un terrorismo de Estado, también los políticos se ensuciaron las manos, durante aquellos años y después. ¿Después?¿Por qué? Pues porque, al calmarse las aguas de la bota militar, y tras los pactos inevitables (y hoy a la distancia, asumidos como nefastos) que los políticos firmaron, sobrevinieron las inevitables consecuencias: 40 años de impunidad; 22 años de Marchas del Silencio; 40 años de desilusiones y de frustraciones; 40 años de ser testigos de lo dañina que puede resultar la maquinaria y la dialéctica política, para una democracia que se encuentra parada sobre los débiles cimientos de las verdades a medias.

Entonces, cuando miles marchan por la principal avenida de Montevideo, no lo hacen por capricho ni por moda, ni por compromiso anual. Se marcha por la principal avenida de Montevideo, por convicción. La convicción que solo puede pertenecer a quienes –sin pensar en sus banderas políticas- sin tanta palabrería o demagogia política, sienten que han sido defraudados. Defraudados por los otros responsables de la impunidad: los políticos y los gobernantes.

Y cuando alguien puede llegar a pensar (equivocadamente) que José Mujica y Tabaré Vázquez, por ser del Frente Amplio, no silenciaron la verdad y no son responsables de la impunidad, la respuesta en contrario ha sido dada tácitamente por una densa columna de hombres, mujeres, y jóvenes que desde hace 22 años marchan en silencio reclamando justicia. Es la prueba más flagrante de que los gobernantes de la derecha y de la izquierda, cada uno en su tiempo y con su impronta, y con su perfil, y con sus matices, tomaron parte directa o indirectamente, en la denigrante tarea de contribuir a que la impunidad continuara así por años y  años: intocable, y por desgracia, cada día más fortalecida, especialmente cuando no hay una autocrítica constructiva de los militantes de la izquierda uruguaya, sobre un tema que debería haber merecido la debida atención, por una cuestión de ética partidaria y militante.

¿Pensamos radicalmente? No me parece. Pensamos con el sentido común sobre la historia de un país que debería haber avanzado a pasos agigantados en materia de desaparecidos y militares, empecinados en guardar silencio sobre el paradero de dos centenares de conciudadanos enterrados en su mayoría, en predios militares.

 Hay mucho por hacer pero hay que hacerlo con celeridad, para que las huellas no se borren, para que los responsables no se mueran, para que los testigos y los cómplices no se mueran y para que el sistema político, recupere un poco de credibilidad, y para que el gobernante de hoy y el de mañana sea verdaderamente un gobernante y no un burócrata sentado en un puesto de poder, más condicionado por las presiones y los intereses, y los pactos, que por algo mucho más honorable y humano: la sensibilidad.

Esa sensibilidad que en la mayoría de los casos, a la hora de ser Presidente de la República, salvo contadas excepciones en el mundo y en América Latina, se diluye escandalosamente hasta quedar ausente y prisionera de los intereses, y del poder. Porque el poder y el dinero, y el ego, atrapan. Así estamos, como estamos

*Fotos: Antimafia Dos Mil

*Foto: www.elobservador.com

*Foto: www.resumenlantinoamericano.com