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LOS “SIN NOMBRE” DETRÁS DE LA DESAPARICIÓN DE LA AGENDA ROJA*

Por Giorgio Bongiovani y Lorenzo Baldo

LOS “SIN NOMBRE” DETRÁS DE LA DESAPARICIÓN

DE LA AGENDA ROJA*

por Giorgio Bongiovanni y Lorenzo Baldo – 17 de julio del 2017

Las imputaciones contra Arcangioli son recibidas con ásperas controversias por parte de sus defensores. El 27 de febrero del 2008, los abogados Diego Perugini y Sonia Battagliese presentaron un escrito de defensa con la solicitud de audiencia para escuchar a numerosos funcionarios como el ex Presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro, los jefes de carabineros Antonio Subranni y Domenico Cagnazzo, el ex jefe de la policía Gianni De Gennaro y otros más. Los abogados de Arcangioli presionan para volver a los nombres de los integrantes de los servicios secretos presentes en Via D’Amelio el día del atentado y también quieren explicaciones de arrepentidos del calibre de Gaspare Mutolo, Salvatore Cancemi, Giovanni Brusca, Antonino Giuffrè y otros. El 5 de marzo del 2008 el fiscal presentó la solicitud de juicio para Arcangioli. El martes 1º de abril del 2008 se celebró la audiencia ante el Juez de la Audiencia preliminar de Caltanissetta, Paolo Scotto Di Luzio. A media tarde se dicta la sentencia que no hace lugar al proceso “por no haberse cometido el hecho”. Un mes después se dan las motivaciones de la misma. Entre las 27 páginas del documento el juez traza una sombra ambigua sobre la existencia misma de la agenda roja de Paolo Borsellino. Para éste, la circunstancia de que Arcangioli haya sido filmado en el acto de sacar el maletín que pertenecía a Borsellino no permite establecer “que el mismo contenía la agenda que luego se hizo desaparecer”, para señalar, unas pocas líneas más adelante, que tampoco es posible argumentar que el maletín contuviese con seguridad la agenda en cuestión”. El 13 de mayo la fiscalía apela la sentencia y recurre a la Casación. Los fiscales Renato Di Natale y Rocco Liguori, firmantes de la apelación, ponen de manifiesto las contradicciones expresadas en la sentencia, así como la inconsistencia de los fundamentos y, en especial, la tergiversación de la prueba. En cuanto a la consideración un tanto arriesgada del juez de la audiencia preliminar, que pone en duda la presencia de la agenda roja dentro del maletín del juez, se contrarresta con las declaraciones (hechas durante la fase de investigación) de la Sra. Agnese Piraino Leto, del hijo Manfredi y de la hija Lucía, quien en particular recuerda claramente cómo la agenda roja de su padre, que esa mañana había estado sobre la mesa, ya no estaba cuando partieron hacia Villagrazia di Carini. Di Natale y Liguori desmontaron pieza por pieza las evidentes incongruencias de la sentencia absolutoria de Arcangioli.

La hipótesis planteada por el juez acerca de la “presencia simultánea de dos maletines, ambos en poder del Dr. Borsellino” contrasta decididamente con el testimonio de los miembros de la familia que nunca denunciaron como desaparecida al segundo, como sí hicieron con la agenda roja.

La hipótesis sugerida por el juez de la audiencia preliminar de que Paolo Borsellino hubiese tenido en una mano la agenda roja en el momento en que iba a telefonear a la madre está en contradicción con la lógica de los hechos. “De la correcta (y en este caso no controversial) reconstrucción de los hechos -dicen los jueces- se sabe, de hecho, que el Dr. Borsellino conducía el coche blindado (era domingo por la tarde y por eso no estaba el conductor del Ministerio de Justicia), mientras que el maletín estaba en el piso trasero (donde fue encontrado después de la explosión). “De ello se desprende -subrayan los jueces- que es muy poco probable (y complicado) que el magistrado haya hecho uso del maletín (y menos que haya extraído la agenda del mismo) durante el trayecto a Via d’Amelio (mientras conducía), y tampoco se explica por qué el Dr. Borsellino llevaría consigo la agenda roja (que por cierto no utilizaba para las notas diarias, como citas, apuntes y cosas así) una vez llegado a Via d’Amelio, considerando que se bajó del auto sólo para tocar el timbre a su madre, a la cual debía acompañar al médico para una visita reservada desde hacía algún tiempo“.

En un laberinto de interpretaciones y tergiversaciones de la prueba, el Dr. Paolo Scotto Di Luzio cuestiona las tomas televisivas que filman a Arcangioli cuando se aleja de Via D’Amelio. Para el juez las imágenes no son capaces de determinar con exactitud el camino que siguió el teniente. “A pesar de que no se puede determinar por la película, ni el destino final de la ruta de Arcangioli –escribe el fiscal en el recurso- ni la hora exacta de la posesión del maletín, sigue siendo incorrecto e ilógico sacar conclusiones de pruebas circunstanciales absolutamente neutras, sin considerar que tanto el lugar de la imagen última de Arcangioli (ya de por sí fuertemente sospechosa) o la dirección (también sospechosa) o el hecho de que para sustraer un maletín (posiblemente entregarlo a terceros) no se requieren horas o minutos, sino sólo unos pocos segundos”.

Los fiscales de Caltanissetta desacreditan aún más la teoría del juez sobre la posible presencia de “dos maletines” pertenecientes a Borsellino y sobre la eventualidad de que Arcangioli hubiera podido estar, poco después, con el policía auxiliar, Francesco Paolo Maggi. “Esa suposición -reafirman los fiscales Di Natale y Liguori- tergiversa por completo las constancias probatorias y contrasta inevitablemente con los hallazgos de la DIA (Dirección de Investigación Antimafia, ndt) de Caltanissetta, que han llegado a la conclusión que la identidad de la bolsa encontrada por Maggi es la que se muestra en la foto de Arcangioli, y con las declaraciones de los miembros de la familia del Dr. Borsellino que reconocieron al único maletín de cuero utilizado por el juez de ese día“. “Además -resaltan los magistrados- la reconstrucción cronológica señalada en la sentencia se encuentra en conflicto irreconciliable con las declaraciones de los sujetos que de alguna forma habían estado en contacto con el maletín del juez“.

En el recurso de casación se comparan todas las contradicciones que surgieron de las declaraciones de Giuseppe Ayala y el propio Arcangioli, las que demuestran la absoluta necesidad de celebrar una audiencia para aclarar definitivamente la duda sobre un asunto tan delicado como la desaparición de la agenda de Paolo Borsellino. Los jueces de Caltanissetta sostuvieron que el juicio del juez de la audiencia preliminar “ha tenido la pretensión de juzgar la culpabilidad / inocencia del acusado como si se tratara de un procedimiento sumario y concluyó tratando de poner una lápida en uno de los hechos judiciales más inquietantes de los últimos tiempos“.

Pero la “lápida” sobre el misterio de la desaparición de la agenda roja se puso justo desde la VI Sala Penal de la Corte de Casación, presidida por Giovanni De Roberto el 17 de febrero del 2009. Pocos minutos fueron suficientes a los hombres de armiño para deshacerse de una historia muy molesta. Un caso para sepultar tan pronto como sea posible en los caóticos archivos de la papelería institucional. En los recintos austeros del “palazzaccio” la presencia de un policía de civil, que se mencionó como “coronel”, no pasa desapercibida. En un lugar normalmente inaccesible para cualquier persona que no está involucrada en el juicio celebrado, aquel hombre estaba allí asistiendo al pronunciamiento de la sentencia.

El fiscal general, Carlo di Casola, solicita inesperadamente el rechazo del recurso de la fiscalía de Caltanissetta. La misma solicitud se hace por parte del defensor de Arcangioli, el abogado Adolfo Scalfati. El abogado de la parte civil, Francesco Crescimanno, es el único que pide la oportunidad de tener un proceso regular para aclarar el misterio del hurto de la agenta roja. Pero sigue estando en minoría. La Corte declaró inadmisible la apelación de la fiscalía de Caltanissetta. Y la absolución del coronel Arcangioli se vuelve definitiva. La sombra de una “razón de Estado” se cierne sobre la sentencia de un proceso abortado incluso antes de empezar. En las cuatro cortas páginas de las motivaciones de la sentencia la ignominia de un Estado que no quiere procesarse a sí mismo toma forma.

El punto más alto de la indecencia se alcanza cuando se vuelve a poner en tela de juicio la existencia misma de la agenda roja de Paolo Borsellino. Citando el testimonio del inspector Maggi, de Farinella, del Dr. Teresi y del Sr. Ayala, los armiños subrayaron que de “ninguna de estas fuentes, cuyas contribuciones se registran con precisión y fueron analizadas críticamente, se deduce la existencia de la agenda roja en el maletín manejado por Arcangioli y mucho menos puede sostenerse la sustracción por parte de éste del interior del maletín“. La obvia tergiversación de las pruebas testimoniales adquiere los contornos de una decisión ya acordada y que debía ser solamente formalizada. En las motivaciones de la sentencia de casación, el Presidente de la VI Sala Penal se basa en la mayor parte de las motivaciones del juez de la audiencia preliminar de Caltanissetta concluyendo que “los únicos hallazgos realizados en los momentos cercanos a los hechos nos llevan a descartar que el maletín tomado por el capitán Giovanni Arcangioli contuviera una agenda”.

Desconcierto, desilusión y sobre todo enojo de Salvatore y Rita Borsellino ante la noticia de la absolución de Arcangioli con tales motivaciones. “En este punto -escribe provocativamente Salvatore Borsellino en su página web- sólo resta sacar las inevitables consecuencias de esta decisión de la Corte de Casación, acusar a la esposa del juez de falso testimonio y procesar a todos los miembros de su familia, hijos, esposa, hermanos y hermanas por el robo y ocultamiento de la agenda”. Puesto que Paolo y la agenda nunca se separaron -remarca con desprecio y enojo el hermano de Borsellino- sólo su familia puede haberla sustraído y ocultado. Contra la madre del juez no se puede proceder debido a la muerte de la acusada”. El momento actual es peor que el ’92 -dirá más tarde Rita Borsellino- entonces se sabía quiénes eran los amigos y quiénes los enemigos, con todas las limitaciones del caso se sabía en quien confiar. Hoy en día no es así. Sabemos que no podemos confiar prácticamente en nadie. Durante años hemos estado ante mentiras presentadas como verdad. Hoy sabemos que no son verdad. La voluntad de los magistrados que continúan buscándola es el modo más bello de recordar el legado de Paolo”.

En las computadoras de los magistrados de Caltanissetta se almacenan los archivos de las extensas declaraciones de los protagonistas de esta increíble historia. Carpetas que permanecen cerradas con sus ambiguas contradicciones. Y al volver a leerlas el humo negro de Via d’Amelio se aclara. Detrás de la niebla se vislumbran ahora los rostros de los “sin nombre” de esta época. Pero esta vez se trata sólo de una cuestión de tiempo. Y el temporizador ya está en marcha.

(continúa)

*Extraído del libro “Los últimos días de Paolo Borsellino” (G. Bongiovanni y L. Baldo, Aliberti)