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LOS TIEMPOS DE LAS BESTIAS, NO SON LOS TIEMPOS DE LAS ABUELAS

Por Jean Georges Almendras

Hay bestias que impiden que Mirta Baravelle, Abuela de Plaza de Mayo, abrace a su nieto

Por Jean Georges Almendras-21 de marzo de 2018

 

Desde el primer día comencé su búsqueda. A través de los años mis pasos me guiaban a que el niño que yo seguía podía ser el hijo de Ana, pero las dificultades que hubo durante aquellos años fueron terribles y no había posibilidades de poder recuperar un niño basta que llegaron los análisis. Ahora la justicia está muy lenta. Ellos tienen tiempos eternos, pero para mí el tiempo es limitado

Así habla a los periodistas una y mil veces, Mirta Baravelle, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo y co-fundadora de Madres de Plaza de Mayo.
Hoy, a sus 93 años de edad, así resume la historia de la búsqueda de su nieto.

Ese nieto nacido en cautiverio. Fruto del amor entre Ana María Baravelle, su hija, y Julio César Galizzit. Ambos, compañeros de lucha y de tormento.

Ese nieto que fue arrancado de los brazos de su madre.

Ese nieto que es buscado afanosamente por una admirable mujer como Mirta que nunca bajó los brazos. Más bien todo lo contrario, los mantuvo firmes para sortear obstáculos y malas caras, en esa valerosa labor de búsqueda de pruebas y de evidencias. Pruebas y evidencias para hallar pistas que la lleven a buen puerto, es decir: poder abrazar a su nieto, y lo que es más, que él sepa la verdad absoluta sobre su pasado y su presente.

Mirta Baravelle esta a punto de lograrlo, porque hace unos pocos años esas pistas definieron firmes sospechas.

Firmes sospechas sobre la identidad de una persona. Una persona con nombre y apellido, que sería él: su nieto.

Su nieto, seguramente con otro apellido. Con otras vivencias. Pero su nieto.

Un nieto, cuyos derechos fueron pisoteados. Un nieto, a cuyos padres se les destinó una desaparición forzada.

Un nieto que tiene derecho a saber sobre su pasado. Un nieto que no tiene por qué vivir en la mentira, sin posibilidad de opción, porque hubo un presente (su presente) que no fue construido sobre la verdad, sino sobre la mentira.

Un nieto, cuya vida fue desgajada de su identidad original; cuya vida fue arrancada de los brazos maternos, en circunstancias de horror para Ana, su madre.

El horror que vivieron muchas mujeres, en los centros clandestinos de detención de Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Chile y Bolivia.

El horror que vivieron muchas abuelas, de saber que sus hijas parían en celdas nauseabundas y a merced de bestias que les robaban a sus críos.

El horror. Muchos horrores.

Cuarenta años después más horrores.

El horror de Mirta Baravelle, por ejemplo, de saber que su nieto tiene nombre y apellido, pero que no puede decírselo. No lo puede abrazar. Y él no la puede abrazar.

Nosotros no tenemos por qué adaptarnos a los tiempos de la justicia. Ella tiene la posibilidad de encontrar a su nieto. El Tribunal nos dijo que estaba la posibilidad de extracción de sangre para un examen de ADN, pero después (para ello) piden un montón de pruebas y hasta que eso no se responda no van a realizar el examen al joven”

Así habla a los periodistas una y mil veces, Victoria Moyano. Habla del horror que padece Mirta Baravelle. Del horror de tener que esperar a que las autoridades de hoy den luz verde para que al joven avizorado como nieto se le haga el examen.

¿Pero cuándo será eso?

Victoria, una nieta recuperada en la década de los ochenta, que apoya jurídica, militante y afectivamente a esa abuela de 93 años, y que tiene su misma fortaleza y su misma entereza es categórica en lanzarles a los represores, los merecidos dardos por su proceder.

Es insólita la situación, porque Mirta tiene 93 años y de la única manera en la que todos sabemos que se pueda conocer la identidad es con un ADN de manera inmediata. Estamos trabadas con una serie de maniobras y burocracias judiciales y no podemos permitir que Mirta tenga que vivir esto”.

Ciertamente no podemos permitirlo. Ni usted ni yo.

Que los horrores de los tiempos de dictadura persisten.

Esos horrores que a veces ignoramos. Esos horrores con ropajes de impunidad. La impunidad de nuestros días.

Impunidades que siguen vigentes: esos tiempos de los represores que no son los tiempos de quienes buscan las verdades.

Impunidades de los represores que están en nuestras calles.

¿Por qué no salimos en masa a las calles a echárselos en cara? ¿Por qué no salimos en masa a las calles a repudiarlos? ¿Por qué no salimos en masa a las calles a desenmascaralos? ¿ A señalarlos?

Jueces y fiscales duermen en el letargo de la insensibilidad. La insensibilidad de los tibios. La insensibilidad de los cobardes. La insensibilidad de los cretinos.

Los cretinos de las democracias de hoy, que viven los tiempos de los represores.

Que no son los tiempos de las verdades. Que no son los tiempos de Mirta Bavavelle y de las Abuelas que todavía no han podido recuperar a sus nietos. Esos nietos que entre sí son hermanos. Esos nietos que están entre nosotros.

Los represores, con sus tiempos, y nosotros con nuestros tiempos.

Que son los tiempos de los reclamos justos. Los tiempos de las personas justas que buscan a sus nietos.

Los nietos robados por las bestias.

Las bestias que un día terminaremos de encerrar en celdas, cuyas llaves tiraremos al río. Para siempre.

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*Foto de Portada: www.enfoquerojo.com