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           MASACRE DE VIA D’AMELIO: EL TESTIMONIO DE DI MATTEO

Por Giorgio Bongiovanni

¡Fiammetta Borsellino lo ataca y se sigue equivocando!

Por Giorgio Bongiovanni – 4 de febrero del 2020

Ayer, en el Tribunal de Caltanissetta, tuvo lugar la extensa deposición, en calidad de testigo, del consejero del CSM Nino Di Matteo, en el proceso sobre el llamado despiste de la masacre de via d’Amelio. Un examen en el que, como se deducirá del artículo de Aaron Pettinari, no sólo se explicaron las decisiones tomadas con respecto al “asunto Scarantino”, sino que también fue abundantemente tratado el tema de los “instigadores externos” de la masacre, en busca de una verdad que sea realmente completa.

Sin embargo, a pesar de esto, al final de la audiencia, Fiammetta Borsellino (hija del juez Paolo Borsellino, asesinado el 19 de julio de 1992), al hablar con periodistas fuera de la sala del tribunal, volvió a atacar al magistrado, diciendo “sentirse impotente”, al“no haber notado por parte de nadie la voluntad de hacer una contribución, más allá de la propia defensa personal, para comprender lo que sucedió”, al ver “una enorme dificultad para que se revele la verdad”. Y de nuevo: “Escuché con atención la declaración del consejero Di Matteo y siempre me sorprende la defensa, además de personal, a ultranza de los magistrados y policías que se ocuparon de la investigación de la masacre. Pero todos parecen haber estado ahí por casualidad”. “Parece que todo lo relacionado con la historia de Scarantino y el despiste tuvo lugar en virtud del espíritu santo – continuó –Se tiende a estigmatizar el tema Scarantino como un pequeño segmento de una cuestión mucho mayor. No creo que lo de Scarantino sea un tema tan pequeño. Nos llenamos la boca con el trabajo del pool antimafia, pero yo ni siquiera he visto la sombra del pool. Cada vez que preguntamos por qué no sabían nada sobre las entrevistas de investigación, o por qué no se escuchó a Giammanco, se caen de las nubes. Todos dicen que intervinieron más tarde, pero eso no significa no saber lo que pasó antes. Creo que ninguno de estos magistrados entendió nada sobre mi padre”.

Una invectivadura, enojada y en nuestra opinión profundamente injusta y equivocada.

Explicamos por qué.

Hemos dicho repetidamente que el dolor de quienes han perdido a un miembro de su familia debe ser respetado. Especialmente si la pérdida ocurrió de una manera tan trágica, como la de Paolo Borsellino y los agentes de su custodia y si después de 27 años todavía hay tantos agujeros negros en la investigación (basta pensar que aún no se sabe con certeza quién presionó el control remoto que produjo la explosión, ndr).

Sin embargo, después de haber estado presentes en la sala de audiencias del tribunal y haber oído toda la declaración, nos parece que quien se “cae de las nubes” no es el magistrado sino la propia hija del juez que, ahora es evidente, no ha escuchado los argumentos y las explicaciones dadas, quizás debido a un gran prejuicio contra todos los magistrados de la Fiscalía de aquella época pero, en particular, contra Nino Di Matteo.

Porque seis horas y treinta y dos minutos de proceso (tanto duró la deposición) no se pueden agotar en esas pocas palabras.

Di Matteo respondió con precisión y puntualidad a las preguntas formuladas por los fiscales, pero también a las de las partes civiles y las defensas de los acusados.

Incluso los más provocativos y duros, planteados por la abogada Rosalba Di Gregorio, han encontrado una respuesta sobre el mérito de los hechos.

Un “match”, por así decirlo, en el que el magistrado ha despejado las dudas e insinuaciones.

En la declaración se habló largamente de las investigaciones hechas en esos años sobre la masacre.

Explicó que la intervención del Fiscal General de Palermo, Giammanco, se utilizó ante la Comisión Parlamentaria Antimafia, en el verano de 1992, y que en las actuaciones se resaltó no sólo el hecho del enfrentamiento entre Giammanco y Borsellino, sino también el “ostracismo sustancial” y la “voluntad de no valorizar la experiencia de Borsellino” en su trabajo en Palermo.

Al igual que declaró en el Borsellino quater, sin ocultar su amargura, por no haber sido nunca informado de la existencia de entrevistas investigativas, autorizadas por otros magistrados, entre los policías y Vincenzo Scarantino, después de que éste ya había comenzado su colaboración con la justicia.

Por enésima vez se explicó que el “picciotto della Guadagna”, por los elementos recopilados en ese momento, no era el único sobre el que se habían suscitado dudas. Salvatore Cancemi y Mario Santo Di Matteo también presentaron problemas críticos en su declaración, que tuvieron que superarse.

Di Matteo, textualmente, dijo:

“Hubo dudas muy serias sobre la confiabilidad de Scarantino cuando dio los nombres de otros sujetos. Hubo dudas sobre él, pero también hubo dudas muy grandes sobre la autenticidad y las declaraciones hechas hasta entonces por Mario Santo Di Matteo: respecto a él hubo una escucha de la entrevista con su esposa Franca Castellese, fue la primera vez que los dos hablaron después del secuestro de su hijo, un momento dramático.Enel cual no le pide a su esposo que se retracte de lo que ya había dicho sobre lo que sabía de la masacre de Capaci, sino que lo invita a no hablar de Viad’Amelioen alusión a infiltrados externos, incluso de la policía. No la acusamos porque en ese momento no teníamos los elementos para llevar adelante un juicio… No es que le tuvimos lástima porque era una mujer que sufrió el secuestro y la muerte de un hijo, sino que estimamos que en ese momento no teníamos los elementos suficientes para respaldar la acusación en un juicio. Hubo también grandes dudas sobre Totò Cancemi: hasta 1993 dijo que los mandatos involucrados eran los de Guadagna y Brancaccio, pero sabíamos que no sólo sabía esto, que era reticente”.

El testigo, entonces, sigue explicando la razón por la cual las actas de careo entre los arrepentidos no se agregaron inmediatamente: “Aunque fui el último en llegar, fui el primero en pretender que se hicieran careos, que no agregamos de inmediato al Borsellino bis, sino más tarde, coincidiendo con la audiencia del bis en el que se escucha a Cancemi y el reenvío al ter. Así que, de todos modos, lo hicimos antes de que finalizara la investigación del juicio. A causa de esto fuimos denunciados en Catania, hubo una presentación, pero las fechas son importantes. No presentarlas de inmediato fue una decisión de toda la DDA tomada en una reunión”.

Y, de nuevo, los elementos recopilados evidenciaron las presiones sobre Scarantino para que se retracte de sus declaraciones.

Declaraciones que, vale la pena recordar, como se afirma en la misma sentencia del Borsellino quater, nos guste o no, también tenían núcleos de verdad.

Pero el corazón del testimonio está sobre todo en esos vínculos, muy importantes, en esa búsqueda de la verdad que va más allá de Cosa Nostra. Una investigación que no terminó en el período en que vivió como magistrado en Caltanissetta sino que siguió también más tarde en Palermo, con indagaciones como la de la Tratativa Estado-mafia y luego enla Fiscalía Nacional Antimafia.

El propio Di Matteo, respondiendo a los fiscales, dijo que en esos años la investigación sobre la masacre en el pool le llevaba “hasta 8 horas al día” y que en ese arco de tiempo “diez minutos podían dedicarse a Scarantino”, pero que se hablaba “también de otras cosas”.

¿Pero qué quiso decir con esas “otras cosas”? Lamentablemente, los fiscales Gabriele Paci y Stefano Luciani no le hicieron esa pregunta, pero es posible entenderlo al unir otros pasajes de la declaración: las investigaciones sobre los “instigadores externos”.

Es necesario, de hecho, profundizar y comprender quién “llevó de la mano”, como dijo Cancemi, a Totò Riinaen las masacres y, sobre todo, lo que sucedió en los 57 días entre Capaci y via d’Amelio y en los momentos inmediatamente posteriores al atentado. Comenzando con la desaparición de la agenda roja.

Investigaciones todas que, según dijo el consejero del CSM, “no surgen cuando ANTIMAFIADuemila lleva a la Fiscalía la foto del Capitán Arcangioli, sino que nacen de otra veta en la que ha habido reticencias institucionales enormes”, es decir, de la investigación abierta sobre los servicios de seguridad. La intención era explorar la hipótesis de la presencia del ex número tres del Sisde, Bruno Contrada, en via d’Amelio.

“Investigué a fondo la presencia de Bruno Contrada en via d’Amelio después de la masacre– dijo Di Matteo– fui yo quien reabrió la investigación sobre él y sobre la base de las declaraciones del arrepentido Elmo que nos había dicho que lo había visto abandonar el teatro del atentado con un maletín o algunos documentos en mano. En ese momento leí todos los viejos archivos, hasta sus agendas”. “Al ver esas actas, me di cuenta de que había un oficial del Ros, Sinico, que había ido a la oficina del fiscal en Palermo y había informado a algunos magistrados que sabía que el primer automóvil que había llegado después de la explosión había determinado la presencia de Contrada. Y también habló de un informe del servicio que atestiguaba la presencia de Contrada en via d’Amelio, el que luego sería destruido en las oficinas de policía de Palermo – explicó –. Se abrió una investigación muy exhaustiva sobre los Servicios Secretos. Estuve a punto de solicitar que el carabinero fuera llevado a juicio, quien luego decidió nombrar a su fuente, también de acuerdo con el coronel Mori, que señaló a Roberto Di Legami, un oficial de policía. Di Legami negó todo. También fue enviado a juicio. Más tarde me enteré del resultado de ese juicio, cuando ya estaba en Palermo y supe que Di Legami había sido absuelto”.

Un asunto turbio, como señaló el magistrado, en el que es evidente que alguien ha mentido.

Di Matteo también habló de Gaetano Scotto, jefe de Arenella y, según numerosos colaboradores de justicia, cercano a los Servicios de Seguridad, y de las declaraciones del arrepentido Totò Cancemi que habló precisamente en el proceso bis de via d’Amelio, por primera vez, de Silvio Berlusconi y Marcello Dell’Utri como instigadores de las masacres.

Palabras, estas últimas, que condujeron a la apertura de una investigación que no contó con el apoyo de toda la Fiscalía. “Hubo una reunión en la DDA – recordó Di Matteo– convocada para iniciar la causa contra los honorables Berlusconi y Dell’Utri y fue vergonzosa. El fiscal de la época, Giovanni Tinebra, se presentó con una copia de un periódico, creo que fue ‘Il Giornale ‘bajo el brazo, que en esa ocasión publicó un artículo con un título muy crítico del colaborador Salvatore Cancemi. Miscolegas Petralia y Tescaroli y yo, insistimos en el registro. Luego, después de una larga y animada discusión, el fiscal Tinebralo aprobó, pero también dijo que teníamos que proceder con nombres de fantasía y que no firmaría ningún escrito”. Un verdadero “aislamiento” que, de alguna manera, ya había ocurrido durante la investigación de los servicios donde, aunque el Fiscal General no impidió la investigación, nunca asistió a ningún interrogatorio o careo (“En las investigaciones sobre instigadores externos ciertamente no nos acompañó”).

Estos son los hechos por los que lo sucedido con el asunto Scarantino puede ser considerado “un segmento” del gran escenario investigativo en la búsqueda de la verdad sobre la masacre.

Una investigación que inevitablemente pasa por la necesidad de alinear lo que sucedió en los 57 días entre Capaci y via d’Ameliopara comprender las causas que llevaron a la aceleración del ataque. “Estaba claro que en el programa original de Cosa Nostra intervino un repentino factor de aceleración – dijo Di Matteo en la sala del tribunal –se abrieron más líneas. Una de ellas condujo a la Tratativa Estado-mafia. Otra fue la de los contratos de la mafia, sin embargo nos concentramos en algunas de las expresiones del Dr. Borsellino, como las de la entrevista con periodistas franceses (en la que habló de investigaciones sobre Dell’Utri, ndr); una concedida al periodista D’Avanzo en la que dijo que iría a Caltanissetta para informar sobre una serie de circunstancias útiles para comprender quién y por qué había matado a Falcone, refiriéndose a los hechos; y luego la consideración sobre Provenzano y Riina de que “como dos boxeadores se enfrentaban dentro del mismo ring” en un momento en que muchos pensaban que Provenzano estaba muerto y que no había oposición posible”.

Estos son los elementos de investigación con los que contaba, en aquel tiempo y hoy, la Fiscalía di Caltanissetta.

Y el magistrado Di Matteo siempre se ha ocupado de esto.

No podemos olvidar que otro artículo sobre la existencia de instigadores externos también es evidente a partir de la sentencia de muerte que, figuras como Totò Riina y Matteo Messina Denaro han emitido, por cuenta de otros, contra el mismo magistrado.

No habló al respecto en la sala del tribunal, pero Vito Galatolo el 3 de noviembre de 2014, sobre el mismo fiscal, que estaba en ese momento involucrado en el proceso Estado-mafia, dijo: “Miren que en su contra hay un plan de ataque en una fase ya muy avanzada. Ya se ha estudiado cómo matarlo en Palermo, lo hemos estado acechando y también hemos concebido un plan diferente para matarlo en Roma, donde se mueve con una escolta profesionalmente menos equipada”. En esa habitación había una imagen de Falcone y Borsellino. Y el ex jefe de Acquasanta señaló la fotografía. Primero, refiriéndose a Falcone, dijo: “¿Lo ven? Con aquello no tiene nada que ver porque ahí está todo claro”. Y luego agregó: “El otro– señalando a Borsellino –yo era pequeño, pero después lo supe. Y es lo mismo que le está pasando a él… a nosotros nos lo pidieron”.

Un proyecto de atentado que, como dirán los fiscales nissenos en la solicitud para archivar la investigación, aún está en curso.

A la luz de todo esto, ¿cómo se puede decir que no se ha constatado el deseo de contribuir para que se sepa la verdad?

La única respuesta que encontramos es que estos hechos obviamente no le interesan a Fiammetta Borsellino.

Se prefiere apuntar el dedo y enfocarse en eventuales errores cometidos (ciertamente no por el fiscal Di Matteo, ndr).

Acusar, sin hacer las distinciones necesarias, solo genera confusión.

De alguna manera, es el mismo error que cometieron ciertos personajes cuando, de igual forma, acusaron a la Fiscalía de Palermo y a Giovanni Falcone de “esconder los papeles en los cajones”.

Hoy, como entonces, se ha abierto una “caza del magistrado” con graves circunstancias que llevan directamente a la deslegitimación y al aislamiento de hombres que, como Di Matteo, dieron su vida en busca de la verdad, como en los años de las masacres.

Y duele que los que participen no sean solo abogados adversarios o poderosos de turno, sino un pariente cercano de un mártir de nuestro tiempo.

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*Foto de Portada:  © ACFB