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MORIR EN VERACRUZ

Por Jean Georges Almendras

MORIR EN VERACRUZ

Recrudecen atentados contra periodistas en México, asesinan al colega  Cándido Ríos

                                Por Jean Georges Almendras-1 de setiembre de 2017

 

Se llamaba Cándido Ríos Vázquez, y fue el décimo periodista  asesinado este año 2017 por manos mafiosas, en México. Fue baleado el martes 22 de agosto en las calles de una localidad del Estado de Veracruz. Era un periodista especializado en temas policiales, que trabajaba en el diario Acayucan, que formaba parte de un programa gubernamental de protección a periodistas, y que desde el año 2012 venía siendo constantemente amenazado.

¿Cómo ocurrieron los hechos? El colega y otras dos personas  -una de ellas un ex funcionario policial- se encontraban cerca de una tienda de comestibles en el pueblo de Covarrubias, a unos 200 kilómetros al sureste del puerto de Veracruz. Los atacantes balearon certeramente al periodista y a quienes lo acompañaban, generando una situación en extremo dramática. Mientras Cándido Ríos era trasladado agonizante a un centro asistencial las otras personas perdieron la vida en el acto. Los asesinos huyeron, obviamente.

En medio de la confusión reinante en el lugar de los hechos, donde de inmediato se hicieron presentes las autoridades policiales, fue posible determinar que los autores del atentado actuaron como un comando profesional utilizando armas de grueso calibre.

A poco de conocerse la noticia del deceso en el hospital de Cándido Ríos Vázquez, se supo que investigaba al gobierno de Acayuca, por ser el principal sospechoso de la desaparición en 2010, de uno de sus regidores. Desde ese momento las amenazas contra su persona fueron una constante. veracruz1 

El ataque a Cándido Ríos Vázquez, con un saldo fatal para periodistas mexicanos, es el número 17 desde el año 2011, momento en que recrudecieron los actos de violencia contra el periodismo libre, en el marco de una violencia generalizada en el territorio,  y donde los elementos del hampa (muchas veces en sociedad con policías corruptos) son los principales causantes del verdadero baño de sangre desatado en suelo mexicano.

Según lo consignan los medios locales, antes del caso Ríos,  los periodistas asesinados fueron Cecilio Pineda, Ricardo Monlui, Miroslava Breach, Maximino Rodríguez, Filiberto Alvarez, Jonathan Rodríguez, Salvador Adame y Luciano Rivera.

Se dice en México que durante el primer trimestre del año cada 15 horas es  agredido un periodista, estimándose que en el 50% de los casos, los principales responsables de los ataque son funcionarios públicos. En ese marco se informó que las organizaciones que denuncian estos hechos documentaron ya unas 276 agresiones –de distinto tenor y bajo diferentes circunstancias- contra trabajadores de la prensa de diferentes ciudades.

Para  hechos de esta naturaleza ya no hay lágrimas para derramar. Ya no bastan los reclamos ni  las enérgicas protestas o marchas. Sobra la indignación. Sobra el estupor. Sobra la rabia.

Pero también sobra la hipocresía: de un gobierno que no hace otra cosa que monitorear la muerte, en vez de monitorear la vida; de un gobierno que se muestra preocupado por tanta violencia, pero que en los hechos no es coherente, ni con sus  promesas, ni con sus acciones; de un  gobierno que gradualmente se va mimetizando  con el crimen organizado con ropajes de narcotráfico; de un gobierno que genera violencia, con el descaro del mafioso y con la sutileza del político.

Parecería que ya no tiene marcha atrás, toda esta desenfrenada violencia y todo el ejercicio de impunidad en manos del gobierno,  a través de sus representantes, que siguen mirando a un costado cada vez que el plomo ocasiona ríos  de sangre, y ese dolor indescriptible entre los seres queridos de las víctimas.

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El cinismo, no está  ausente. Dice presente. Con descaro. Con la formalidad estatal. Y con declaraciones provocativas e inmorales, de un subsecretario de Derechos Humanos de la Gobernación, Roberto Campa Cifrián, que para minimizar el atentado tuvo la osadía de asegurar (ante una protesta generalizada sobre la inoperancia del Mecanismo Federal de Atención y  Protección a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas)  que el Mecanismo funciona y que Cándido se encontraba en el “lugar equivocado” y que el ataque no era para el reportero del diario de  Acayucan.

Casi de inmediato de conocerse estas declaraciones, se conocieron otras, a modo de respuesta: el editor de Ríos, según cita el diario Vanguardia, dijo que las palabras  de Campa “son peores que las balas que mataron a Cándido”

Cuesta aceptarlo, pero es así. Así de dolorosa, es la huella que deja una de las tantas muertes del México de hoy, desangrado y vejado por la demencia criminal.

Esa demencia criminal (en connivencia con los políticos y las fuerzas de seguridad desviadas y compradas) que gana y gana terreno, sin parar.

 

*Foto de Portada: www.elhuffingtonpost.com

*Foto 2: www.sinembargo.com.