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MURIO DURANTE LA NOCHE EL JEFE CORLEONÉS TOTÒ RIINA

Por Aaron Petinari y Francesca Mondin

El jefe de jefes falleció a las 3.37 en la unidad de detención de la cárcel de Parma.

Estaba en coma farmacológico después de dos intervenciones quirúrgicas

por Aaron Pettinari y Francesca Mondin – 17 de noviembre del 2017

 

Ha muerto esta noche a las 3:37 Salvatore Riina, llamado “Totò el corto“. Estaba hospitalizado, en coma farmacológico, después de haber sido sometido a dos delicadas intervenciones quirúrgicas en la unidad de detención de la prisión de Parma. En particular, durante la segunda intervención se habrían producido las complicaciones graves que requirieron una fuerte sedación. Así se apagó a los 87 años (cumplidos justo ayer), el jefe corleonés considerado hasta hace unas horas el jefe de jefes. El “campesino” que hizo emerger el lado más feroz de la mafia siciliana. Bajo su dominio Cosa Nostra llevó a cabo los principales asesinatos de la década del ‘80 y ensangrentó las calles de todo “el continente” con una estrategia de destrucción.

Riina fue encarcelado en virtud del artículo 41 bis desde el 15 de enero del ‘93, cuando fue arrestado después de 24 años de evadir la acción de la justicia. Estaba compliendo 26 condenas a cadena perpetua después de haber cometido varios estragos (entre ellos el de Viale Lazio, los atentados del ‘92 en los que murieron Giovanni Falcone y Paolo Borsellino y los del ‘93 en Milán, Roma y Florencia) y homicidios atroces. Durante todo este tiempo, nunca manifestó la voluntad de cooperar con la justicia, nunca se arrepintió de los asesinatos cometidos y nunca intentó desvincularse de Cosa Nostra. Un juramento que le había reiterado a su esposa, Ninetta Bagarella: “Yo no me arrepiento … a mi no me doblegarán. No quiero pedirle nada a nadie aunque me den 3000 años en vez de 30”. Y luego nuevamente: “Soy Salvatore Riina … y me quedaré … permaneceré en la historia”.

Incluso la DIA (Direzione Investigativa Antimafia, ndt) el pasado julio, en el informe semestral, confirmó el papel del jefe corleonés en el vértice de Cosa Nostra. Interceptado en prisión mientras caminaba con su compañero en la hora de aire, Alberto Lorusso, “la Fiera” (así es apodado), además de reivindicar las masacres y jactarse de haberle dado el “fin del atún” a Falcone, había vuelto a amenazar a magistrados vivos. En el 2013, fue interceptado nuevamente durante el recreo con su compañero de celda, Alberto Lorusso, mientras agregaba como próximo objetivo asesinar al magistrado Nino Di Matteo, fiscal que encabeza el proceso de la tratativa Estado-mafia.

Y es justo en este proceso, que todavía está en curso, donde el Jefe de Jefes estaba imputado de amenazar al Cuerpo Político del Estado, junto con carabineros como Mario Mori, Giuseppe De Donno y Antonio Subranni y ex senadores como Marcello Dell’Utri y Nicola Mancino.

Historia criminal

¿Pero quién era Riina? “Totò siempre quiere dar bocados más grandes que su boca”, dijo Luciano Liggio, el jefe de Corleone que en la década del ‘60 comenzó la avanzada hacia Palermo.

Rina, junto con Provenzano, tomó el lugar de Liggio dentro del triunvirato mafioso (del que formaba parte Gaetano Badalamenti y Stefano Bontade) en el ’74 después del arresto de Liggio. Pronto se reveló como un jefe sanguinario, sin escrúpulos, codicioso de poder, bueno para manejar peones, listo para saltar las reglas y los criterios propios que Cosa Nostra había establecido hasta entonces. La “bestia” lo llamaba su enemigo número uno, Giuseppe Di Cristina, jefe de Riesi, quien inmediatamente se enfrentó con el campesino de Corleone que tomaba decisiones sin consultar a la Comisión Regional.

Después de haber acumulado una buena cantidad de dinero con secuestros de personas (prohibidos por la Comisión) comenzó la escalada, asegurándose la obediencia de algunos hombres escogidos dentro de las familias mafiosas rivales, tejiendo con astucia una red de personas de confianza que le respondían sólo a él. Y así como Di Cristina se convirtió en un objetivo a eliminar, fue asesinado en el ’78, Riina primero aisló y luego eliminó a traición a los cabezas de familia que no lo veían con buen ojo, hasta llegar a matar en 1981 a los dos líderes históricos de Palermo: Stefano Bontade y Salvatore Inzerillo. La furia desencadenada de Riina pasará a la historia como la segunda guerra de la mafia, incluso si no fue un enfrentamiento entre dos sectores en guerra, sino más bien un número muy elevado de homicidios a traición. Así es como el campesino “ganó”, explotando la ambición de algunos hombres de la mafia, estudiando las posibles brechas en el interior de cada territorio y diseminando la estrategia del terror dentro de Cosa Nostra. Sus víctimas podían ser hombres, mujeres e incluso niños, poco le importaba al tío Totò si ello le servía para mantener el poder.

Estrategia homicida

Con la misma ferocidad enfrentó el choque con el Estado que en aquellos años, gracias a hombres como Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, le estaba dando un fuerte golpe a la mafia y al sistema que la apoyaba. El 30 de enero del ‘92 varios mafiosos fueron condenados en el llamado maxiproceso y el apoyo político hasta entonces representado por la Democracia Cristiana había desaparecido. Riina provocó una guerra de bombas para presionar al Estado que no dudó en “tirarse abajo”. Quien primero habló de “tratativa” a los magistrados fue Giovanni Brusca en 1996, pero el propio Riina le dijo a algunos policías de la prisión, mientras estaba a punto de ser llevado a la sala de videoconferencia para asistir al juicio de Palermo: “Yo no estaba buscando a nadie, fueron ellos los que me buscaron a mí”.

Secretos y misterios

Después de Provenzano, quien murió en julio del 2016, Riina ahora deberá verse con el padre eterno. Con él, se va también la posibilidad de conocer muchos misterios que rodean la historia italiana. Y una vez más, son siempre las palabras del jefe de jefes las que llevan a reflexionar: “Toto Cancemi dice que tenemos que inventar que la muerte de Falcone …. ¿qué se debe inventar, le dije? Y él dijo … inc … le dije, si sabemos que la cosa ha terminado”. Para los investigadores este pasaje en particular de la conversación entre Riina y Lorusso (contenida en las intercepciones transcriptas por la DIA y acompañadas al proceso de la tratativa Estado-mafia) es algo simbólico. ¿Por qué Salvatore Cancemi, ex jefe de Porta Nuova y leal a Riina, propone a su jefe “inventar” algo acerca de la matanza de Capaci? ¿Hay que proporcionar una versión “oficial” a los integrantes de Cosa Nostra para evitar que se enteren de lo sucedido detrás de las escenas de esa masacre? ¿Por qué a Riina le preocupa que si “la cosa” se llega a saber, “se acabó”? ¿Quizás porque así colapsaría su imagen como gobernante absoluto que no recibe órdenes de nadie, y mucho menos de miembros del Estado?

La verdad sobre tantos hechos, tal vez, esté contenida en el famoso archivo de documentos que Riina habría tenido en su refugio. Documentos que, como Totò el corto repetía, según lo dicho por los arrepentidos, “podrían haber derrumbado a Italia” y sobre los cuales se tejieron varias hipótesis. Algunos piensan que los tiene el escurridizo Matteo Messina Denaro. Sin embargo, en un anónimo enviado en el 2012 al fiscal Di Matteo, de doce páginas, se afirmaba que algunos miembros de las fuerzas policiales habrían robado esos documentos de la caja fuerte en el escondite de Riina, antes de que se hiciera la búsqueda, para guardarlos después durante un cierto período “en un cuartel en el centro de Palermo”.

Sobre la existencia de estos documentos y su ubicación solo pueden responder el hallazgo o, quién sabe, tal vez el arresto del súper prófugo Messina Denaro. Lo que es seguro es que durante 18 días la guarida del jefe de jefes, con todo el material en su interior, no fue requisada y tampoco fue sometida a vigilancia, dando así tiempo a los “soldados” y familiares del jefe de la cúpula mafiosa para limpiar la villa con toda tranquilidad y guardar sus secretos. Cuando el 2 de febrero las fuerzas del orden entraron finalmente al refugio del jefe, encontraron incluso las paredes reparadas. La explicación oficial fue que se trató de un malentendido, una incomprensión metodológica entre la Fiscalía de Palermo y el ROS (Grupo de Operaciones Especiales, ndt).

La verdad sobre lo que sucedió en esos días y por qué se dio la orden de no buscar inmediatamente en el calabozo y cancelar la vigilancia nunca se aclaró completamente y con la muerte de Totò Riina la posibilidad de saberlo se aleja aún más, dejando uno de los agujeros negros más incomprensibles en la historia de la mafia y de nuestro país.

Los últimos días

Después de las operaciones que había sufrido, con la inducción del coma farmacológico, con la opinión positiva de la Fiscalía Nacional Antimafia y de la Administración Penitenciaria, el Ministro de Justicia, Andrea Orlando, firmó el permiso para que lo vean sus hijos, su esposa y los parientes más cercanos de Riina. En julio pasado, el organismo de control de Bologna rechazó la solicitud de aplazamiento del castigo para Totò Riina presentada por sus abogados. Los jueces consideraron que el jefe de 87 años había sido tratado de la mejor manera en el hospital emiliano. La decisión siguió a la medida por la cual la Casación solicitó al Órgano de Vigilancia que explicara mejor la compatibilidad con el sistema penitenciario del prisionero.

Según los jueces, Riina parecía “todavía capaz de intervenir en la lógica de la Cosa Nostra”, a pesar de sus condiciones de salud y de su edad avanzada y “por lo tanto, consideró de actualidad su peligrosidad social”. “La amplia lucidez” de Riina y “el tipo de crímenes cometidos en el pasado (de los que a menudo era el autor intelectual y no el ejecutante material) -se leyó en la resolución-, hacen que no se pueda considerar que las condiciones de salud tomadas en su totalidad, incluso conjuntamente con la edad, sean tales que reduzcan por completo el peligro de que la misma persona pueda cometer otros delitos graves (incluso de la misma índole que aquellos por los que fue condenado)”. Las frases fueron pronunciadas solo tres meses antes de que la Casación afirmara la existencia del “derecho a morir dignamente”.

El futuro

¿Qué pasará ahora dentro de Cosa Nostra? En enero del 2015 los jefes Santi Pullarà y Mariano Marchese dieron a entender claramente que una eventual sustitución en el vértice solo sería posible con la muerte. ¿Qué pasará ahora? Matteo Messina Denaro sigue en libertad, y en Palermo hay numerosos jefes mafiosos salidos de la prisión dispuestos a recoger el legado del histórico padrino y a redescubrir los equilibrios del poder. Ciertamente, ese “vacío” no permanecerá mucho tiempo sin llenarse.


Foto © Getty Images/Franco Origlia