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NAVALNY, O EL PARADIGMA DE LA “GUERRA HÍBRIDA”

Por Giulietto Chiesa

NAVALNY, O EL PARADIGMA DE LA “GUERRA HÍBRIDA”

por Giulietto Chiesa – 3 de abril del 2017

Alexei Navalny se ha convertido de repente en el ídolo de los principales comentaristas occidentales y, en no menor grado, en el de las filas de rusos rusofóbicos. Es probable, por tanto, que su presencia en la escena política rusa no sea efímera. Lo que estamos observando, en torno a él, es el comienzo del enésimo “cambio de color”, es decir, la apertura de un nuevo capítulo de la ofensiva general que Occidente, desde hace algún tiempo, ha desencadenado contra la Rusia de Putin. Un episodio de la “guerra híbrida” que, de hecho, no tiene frentes físicos, y que se manifiesta a como “penetración” en el campo contrario, con el objetivo de interferir tanto en la organización política como en el comportamiento de las masas. Es la forma moderna -posible gracias a la utilización de sistemática del “hollywoodismo” (para citar a Roberto Quaglia) y a las tecnologías de comunicación de masas, las redes sociales- del bombardeo de las ciudades alemanas durante la Segunda Guerra Mundial o del uso de la bomba atómica sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. El objetivo es golpear a la población civil para “desmoralizarla” (entonces) y para introducir en su percepción general, consciente e inconsciente (hoy), el nuevo software.

Se encuadra en la campaña mundial de noticias falsas, otro “frente híbrido” abierto de la corriente principal americana en la guerra contra Trump y en contra de Putin: una especie de “proyección sobre el enemigo” en su estrategia de influencia. Algo así como, para utilizar la sabiduría popular, si el buey le dice cornudo al asno.

Pero lo dicho no es una broma. Navalny es, a su manera, una prueba de fuego, una especie de paradigma. Si se busca en su biografía se descubre un verdadero sistema operativo que se ejecuta en una escala espacial y temporal muy grande. Mientras, el ”hollywoodismo” sirve a la preparación del “campo”, es decir, la preparación del suelo sobre el que va a crecer la hierba, o sea, los valores de Occidente, se pone en funciones en forma paralela un elaborado sistema de reclutamiento de “cortadores”, que van a cortar esa hierba. Alexei Navalny es uno de ellos.

Los “cortadores” deben ser preparados con tiempo, con mucha antelación. Conforman una verdadera aristocracia y está claro que el período de Navalny empezó en la Universidad de Yale (una de las mejores, si no la más prestigiosa de todas, donde tradicionalmente se formó la élite americana) lo cual coincidió con su elección como miembro del “Greenberg World Fellows Program”. Hecho del cual pocos están al corriente, y es lógico que esto sea así, como se verá en breve.

Es un programa que sirve para identificar -y una vez individualizados, formar- a los potenciales líderes políticos “globales”. Listos para su uso, cuándo y dónde se presente la oportunidad. El imperio siempre se ha sentido con derecho a dictar la ley en la casa de los subordinados. Y no hay mejor manera de hacerlo que decidir directamente, desde Washington o desde Yale, quiénes van a ser sus “gobernantes”. Así que, para empezar, los entrenamos para aprender a “hacer del mundo un lugar mejor”, según los criterios del imperio. Después de completar el proceso de adoctrinamiento, el “líder mundial” formado de esta manera, regresa a su país de origen y comienza -apoyado adecuada y financieramente- a preparar la siembra, es decir, a explicar a sus seguidores como “promover la democracia” de acuerdo a los criterios occidentales, los únicos universalmente válidos.

El Greenberg World Fellows Program es una de estas beneméritas instituciones educativas. Su tarea institucional es crear, todos los años, exactamente 16 “líderes mundiales”. Ni uno más ni uno menos. No se debe inflar el mercado ya que de lo contrario los productos se devalúan. En Yale han preparado, año tras año, alrededor de 291, provenientes de 87 países. Pero que no se crea que Yale es una excepción. Por el contrario, en todas las principales universidades de Estados Unidos, cada una a su manera y con sus propios métodos, se efectúa la misma selección, formación y entrega al remitente de los futuros líderes de todos (o casi todos) los países del mundo.

Y no sólo en las universidades. La USAID (US Agency for International Development) organiza y paga programas de becas que van desde la “promoción de la democracia”, los “derechos de la mujer”, hasta la “salud global”. En cualquier caso se trata de desarrollar el “conocimiento de las actividades del gobierno” en términos de “cuestiones globales”. Otro ejemplo famoso es el del Wilson Center en Washington. De este centro salen, todos los años y desde hace décadas, cerca de sesenta de estas “personas influyentes”. Son seleccionados en todos los continentes, muchos de los cuales ya están bien ubicados en los medios de comunicación, en las universidades o en los centros de investigación de sus respectivos países.

Aunque las cosas puedan parecer tranquilas, se piensa en el momento en que se conviertan en turbulentas (o se transformen en turbulentas). Valga por todos el ejemplo múltiple de los tres estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania. Ninguno de ellos fue reconocido por los EE.UU. como parte de la Unión Soviética. Y los EE.UU. no sólo hospedaron durante décadas a sus gobiernos en el exilio, sino que formaron, utilizando los mismos criterios descriptos anteriormente, a los “alumnos” que luego, cuando llegó el momento oportuno, llegaron al poder en las tres capitales. Ese momento oportuno llegó con la caída de la Unión Soviética. Y, de hecho, las estructuras de esos nuevos gobiernos e institutos estatales, pronto se llenaron con los “cuadros” ya preparados en los centros de formación de Estados Unidos.

Nada queda librado al azar, nada se improvisa. Detrás de estos “líderes de opinión”, “influenciadores” o “líderes mundiales”, se alzan imponentes (por la cantidad de dinero disponible) las fundaciones culturales y organizaciones no gubernamentales, que financian actividades subversivas en abundancia (en las fases extremas) o (en situaciones normales) iniciativas culturales, propaganda y fachadas, que se desarrollarán en un gran número de países. Junto a este tipo de organizaciones se ubican los grandes medios de comunicación, ya emplazados en el lugar y preparados para apoyar y promover las políticas de gobierno que estos líderes mundiales implementarán en cada país.

El ejemplo más claro de estas complejas operaciones de preparación de la subversión fue la creación de “Otpor” en la antigua Yugoslavia, cuyos “cuadros” estudiantiles eran, en su mayoría, contratados por las ONG que operaban como fachada de los servicios de inteligencia norteamericanos, ingleses y alemanes. El ejemplo más reciente de este tipo de operaciones fue la revuelta de Euromaidan, en Kiev, que dio como resultado el golpe de Estado del 22 de febrero. La Vice Secretaria del Departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, cuantificó públicamente el gasto para derrotar a Viktor Janukovic. “Hemos invertido -dijo- seis mil millones de dólares para dar al pueblo de Ucrania el futuro que merecen“. Navalny fue el destinatario -se dice- de los fondos de la National Endowment for Democracy cuando dio vida a su movimiento “Alternativa Democrática”. No es un misterio que la NED financia, con fondos privados pero también del Congreso, “el avance de la democracia” en más de 90 países en todo el mundo. Por no hablar de las actividades verdaderamente globales de las diversas fundaciones que son propiedad de Soros. También lo hace la guerra híbrida, que no requiere ninguna declaración formal. El país objeto del ataque no tiene ningún medio de defensa.

 

Extraído de: it.sputniknews.com 


Foto © Sputnik. Kirill Kallinikov