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NIÑOS DESAPARECIDOS: LA TRAGICA REALIDAD DEL TRAFICO DE ORGANOS

Por Sonia Savioli

                                       NIÑOS DESAPARECIDOS: LA TRÁGICA REALIDAD DEL TRAFICO DE ÓRGANOS

                                                                            por Sonia Savioli21 de junio  de 2017

La gente solía decir que el valor de una sociedad puede ser juzgado por cómo la misma se ocupa de los niños y de los ancianos. He aquí una de las formas en que nuestra sociedad se ocupa de los niños: entre 2014 y 2015 cinco mil niños desaparecidos en Italia..

La Europol (Oficina Europea de Policía, ndt) en el 2017, año en curso, grita a los cuatro vientos que en Europa, entre 2014 y 2015, han desaparecido por lo menos diez mil niños inmigrantes ya registrados por las autoridades estatales. Sólo en Italia han desaparecido cinco mil niños. La historia se repite, porque la alarma ya había sido dada en el 2016. Es evidente que no alarmó tanto.

Dijo también Europol que esa cifra es indicativa pero “hacia abajo”. Una cifra prudente.

Un informe del mes de octubre de las autoridades de Trelleborg, una ciudad portuaria de Suecia, dijo que un millar de menores de edad llegados el mes anterior había desaparecido. “Se desvanecieron”, dicen los suecos “y no hay ninguna información sobre lo sucedido después de su desaparición”.

El informe de Europol menciona la posible explotación, incluida la sexual. No habla de tráfico de órganos. Nadie habla de ello. ¿Por qué? Dado que solo se habla de hipótesis y de niños y adolescentes de los cuales no quedan rastros ¿por qué la hipótesis del explante de órganos ni siquiera se toca?

En el triunfo del progreso, de la información y de la informática, se vive en la nebulosa y oscura bruma de la inconsciencia que, ocasionalmente, es atravesada por destellos de luz.

Al igual que en la noche, sólo a la luz del flash se revela con claridad el mundo que nos rodea. Pero se trata sólo de un momento y tranquilamente se puede pensar que lo soñamos.

En enero del 2009, en una conferencia de prensa el entonces Ministro del Interior Maroni dijo: “Tenemos indicios de tráfico de órganos de niños desaparecidos en Italia”.

El rayo despertó de golpe a políticos, periodistas y organizaciones médicas, provocando un coro de indignación dirigida en su mayoría no al tráfico de órganos cosechados de niños asesinados sino a las declaraciones del ministro.

¿Por qué?

Sin embargo es necesario hablar.

El diario La República del 31 de enero del 2009 entrevistó al magistrado Adelchi d’Ippolito “desde hace unos meses Subjefe de la Oficina Legislativa del Ministerio de Economía” y que había participado en una investigación sobre el tráfico de órganos durante el tiempo en que fue fiscal en Roma: cuando los magistrados albaneses investigaban la desaparición de dos mil niños (nunca encontrados), llegaron a la conclusión de que esos niños habían sido “divididos” entre Italia y Grecia. “Se sospechaba que nosotros éramos el destino final. Las sospechas me llevaron a profundizar las investigaciones sobre dos clínicas romanas. No pude determinar si realmente estaban involucradas … porque he cambiado de función”.

El retorno a la oscuridad.

En 2010, el informe de una investigación ordenada por el Consejo de Europa se hace público. El mismo dice que Hashim Thaci, el primer ministro de Kosovo (y líder del UCK, el llamado “Ejército de Liberación de Kosovo” (ELK en español, ndt)  al cual Occidente ha alentado alegremente) es el jefe de una “red mafiosa de tráfico de órganos”.

Los trasplantes ilegales, en su mayoría con la eliminación del “donante”, se habían prolongado durante años, como años duró la limpieza étnica llevada a cabo por el ELK. Sólo en 1999 desaparecieron cuatrocientos, entre serbios, gitanos y albaneses que no acordaban con las ideas y las acciones del ELK. Hubo una clínica en Pristina, que tenía un cirujano alemán y donde había intermediarios israelíes y turcos … es interesante observar que la ‘limpieza étnica’ del ELK, que prendió fuego a decenas de iglesias y monasterios ortodoxos, no implementó ninguna discriminación de raza o de religión respecto a sus colaboradores en el tráfico de órganos.

Hoy Hashim Thaci es el presidente de la República de Kosovo.

El retorno a la oscuridad.

El 21 de febrero del 2004, la misionera Doraci Judita Edinger fue asesinada a martillazos en Nampula, Mozambique. Junto con las monjas del convento Mater Dei y otros religiosos, entre ellos el padre Claudio Avallone, desde hacía años denunciaba la muerte de niños para utilizar sus órganos. En Nampula a menudo los niños ni siquiera desaparecían. Siendo africanos, negros, pobres y salvajes, en un país esclavizado y corrupto, se podían arrojar sus cadáveres vacíos en el campo, en las zanjas. Sin embargo, la gente del lugar llevó a los misioneros a ver con sus propios ojos los pobres restos, y daban testimonio de lo que sucedía. No a la policía, ya que la policía se encargaba de perseguir a los testigos en lugar de perseguir a los asesinos y de archivar las denuncias bajo el rótulo de asesinatos rituales o casos de magia negra.

Para denunciar a los asesinos pensaron en las monjas. Pero la “magia” era toda blanca. La practicaba Gary O’Connor, de origen irlandés y de nacionalidad sudafricana, junto con su esposa, la danesa Tanja Skitte. En la granja de trescientas hectáreas donde supuestamente criaban pollos que nunca había visto nadie, todo el mundo podía ver la pista de aterrizaje para aviones que iban y venían. Sus pollos parecen haber sido “subcontratados” a cientos de familias del lugar, porque en los campos de Mozambique cada familia tiene algunos pollos ¿cómo controlarlo? ¿Y quién sabe si los dos “mágicos” hacendados blancos no han recibido también subsidios de “ayuda al desarrollo”?

Después de la muerte de la misionera y las quejas de las monjas y los sacerdotes misioneros (los únicos que tuvieron el valor y la fuerza para hacerlo), las recalcitrantes autoridades de Mozambique debieron fingir que iniciaban una investigación. Pero, a pesar de que el fiscal general Madeira hubo finalmente declarado que “existe el tráfico y está dirigido por una red internacional … se descubrieron niños secuestrados y mantenidos cautivos en las ciudades de Nacala y Nampula”, Gary O’Connor y Tanya Skitte siguen libres … y sin cargo alguno.

El retorno a la oscuridad.

Hay investigaciones, locales e internacionales, expedientes enteros de organizaciones tales como la Agencia Vaticana Fides o UNICEF que recogen innumerables evidencias del tráfico de órganos y de la matanza de niños y jóvenes para este propósito.

Hay estadísticas oficiales: en 2009 la diputada del PDL Procaccini dijo que se utilizan cada año 60.000 niños en el mundo, que producen una ganancia de 1.500 millones de euros.

Sin embargo el tema se oculta, se minimiza, se niega.

¿Por qué?

Porque todo esto forma parte del nuevo mercado global. En el nuevo mercado global los intereses de todos los poderes económicos, los mafiosos y los oficialmente legales, están inextricablemente entrelazados. ¿En qué invierte cada uno? Y quién lo sabe.

Del mismo modo el tráfico de órganos une también inextricablemente a los criminales declarados, a los responsables del secuestro de las víctimas, a los que eliminan los residuos y a la gente “buena”.

¿Quién lleva a cabo la extracción y el trasplante? Los mejores cirujanos en las mejores clínicas altamente equipadas. No existe un sótano en el que se hagan trasplantes, ni es un carnicero el que los hace.

Son médicos, anestesiólogos, enfermeras. Como el médico alemán que dirigía la clínica del ELK y trabajaba también en Alemania, donde probablemente todavía trabaje, ya que no ha sido ni siquiera investigado. ¿Qué hará ahora? ¿Dónde encontrará las piezas de repuesto?

Se necesitan cómplices en las instituciones, porque una clínica no puede funcionar sin ellos, y mucho menos una clínica donde se hacen trasplantes.

Todas estas buenas personas no son censuradas y, en algunos casos, son muy poderosas.

Por último, están los beneficiarios ricos de los trasplantes clandestinos. Gente estimada, respetada, con éxito, que recibe cientos de miles de dólares para el trasplante y que carece totalmente de escrúpulos. En la mayoría de los casos gente poderosa. Gente que da miedo, gente de la cual es fácil ser cómplice porque es poderosa o sirve a los poderosos.

Pero hay otra razón para quedarse en la oscuridad, que tal vez sea aún más importante. Y es para poder continuar creyendo que ‘progreso’ significa mejor. Y que no se debe cuestionar totalmente, radicalmente, la sociedad en que vivimos, ni su economía, ni su cultura. Ni su ciencia.

Porque el tráfico de órganos con sus horrendos sacrificios humanos es el desarrollo lógico e inevitable de una sociedad dominante, en la cual importa sólo la vida de los que dominan, mientras que la de los oprimidos puede convertirse en muchos tipos de mercaderías: esclavos, presas, repuestos.

Es una economía de dominio donde el beneficio es la deidad, y debe ser obtenido a toda costa y más allá de todos los límites.

Con  una ciencia de dominio al servicio de los grandes poderes económicos, en donde lo “científico” lucha con uñas y dientes para volverse cada vez más poderoso, famoso y rico.

Mientras que los “intelectuales”, artistas, científicos, periodistas, escritores, que deberían tener la responsabilidad de entender y revelar la realidad para denunciar los horrores e indignarse, se limitan a ser  aduladores y bufones del poder; bailando en la corte de los poderosos, luchando ellos también con uñas y dientes para ganar un lugar en sus mesas y alimentarse de las sobras.

Sólo quedan, por desgracia, algunos misioneros, sacerdotes y monjas, gritando en la oscuridad sin que nadie los escuche.

 

Fuente: http://www.ilcambiamento.it//articoli/bambini-scomparsi-la-tragica-realta-del-traffico-d-organi