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Pablo Medina, un mártir de la verdad

Por Patricio Alod

Pablo Medina, un mártir de la verdad.

Por Patricio Alod

 

El pasado viernes 16 de Octubre se cumplió un año del asesinato del periodista paraguayo Pablo Medina y su asistente Antonia Almada, los que fueron perpetrados por dos sicarios en un camino rural del interior de Paraguay y asesinados en el acto con una escopeta calibre 122 y una pistola calibre 9 mm.
Los autores materiales fueron identificados como Wilson Acosta Marques y su sobrino, Flavio Acosta Riveros, que hasta la fecha siguen prófugos, a diferencia del hermano de Wilson, señalado como autor intelectual del crimen y en ese momento Intendente de Ypejhú, Vilmar Neneco Acosta, detenido en Brasil y actualmente en proceso con un fallo que dispone su extradición al Paraguay.
Pablo Medina era periodista de ABC Color. Investigaba el camino del narcotráfico en Paraguay, cerca de la frontera con Brasil, así como las injusticias y abusos sufridos por los campesinos de la zona. Además, había denunciado a varios integrantes de la política paraguaya que se encontraban en connivencia con los grupos mafiosos que controlan la región y el tráfico de estupefacientes. Desde sus inicios había recibido varias amenazas de muerte, por ende la policía lo había proveído de guardaespaldas, protección que fue suspendida meses antes del ataque.
El crimen del periodista y su asistente ocurrió en Villa Ygatimí, departamento de Canindeyú, ubicado en el este de Paraguay. Ese día Pablo debía realizar una serie de coberturas a los campesinos de la región, a las que se dirigió en su camioneta Mitsubishi L-200 con la compañía de Antonia Almada, su asistente, y la hermana de ésta, Juana Ruth Almada, quien viajaba en el asiento trasero del vehículo.
Camino a la ciudad de Curuguaty, a 50 km aproximadamente, el vehículo del comunicador fue emboscado por dos hombres con uniformes camuflados, que aparecieron desde un monte. Los sicarios hicieron que Pablo detuviera la marcha y, después de asegurarse de su identidad, uno de ellos empezó a disparar con una pistola 9 mm. El otro, remato el cuerpo ya sin vida de Pablo con una escopeta calibre 12mm.y por un milagro o un descuido de los asesinos, la hermana de la joven Antonia, Ruth Almada, permaneció con vida.
La muerte de Pablo se une a los casi 20 asesinatos de hombres y mujeres, trabajadores de la comunicación, que han perdido la vida en más de 25 años de democracia del Paraguay, luego de la caída de Alfredo Stroessner. Entre ellos, los dos hermanos de Pablo Medina: Salvador y Salomón Medina.
Un año después de esta masacre, en la plaza “34 Curuguateños” de la ciudad de Curuguaty, la redacción de la revista digital Antimafia Dos Mil Paraguay (filial de Antimafia Duemila Italia) realizó una manifestación pública en honor al periodista y su ayudante. En la misma se contó con la participación de periodistas argentinos, uruguayos y familiares del reportero asesinado, quienes abrieron el acto pidiendo justicia y exigieron al poder judicial de Paraguay que acelere los procesos investigativos de la causa Medina.
Además, se presentó un documental realizado por la redacción de Antimafia Dos Mil Uruguay a cargo del periodista Jean Georges Almendras, que expone la lucha de Pablo Medina así como la grave situación que vive Paraguay con el narcotráfico y la narco-política. También intervino vía skype el periodista Giorgio Bongiovanni, director de la revista Antimafia Duemila, que instó al pueblo paraguayo a hacer una revolución, a levantarse y luchar por la justicia.Y para cerrar el acto, se expresaron los senadores del Partido Liberal Luis Alberto Wagner y Miguel Abdón Saguier, así como Arnaldo Giuzzio, del Partido Demócrata Progresista.
La jornada concluyó con una pequeña ceremonia en los caminos rurales de Villa Ygatimí, en el preciso lugar del asesinato, donde se exhibió una placa en memoria de Pablo Medina y Antonia Almada, masacrados por la mafia paraguaya.
Hoy Pablo ya no está, pero su lucha y su valor siguen presentes inspirando a las nuevas generaciones del mundo hacia la verdad. Hoy su vida trasciende las barreras de los límites geográficos, y así el Pablo de Curuguaty se transforma en un mártir de la humanidad, en el Pablo de todos.