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RECORDAR A DALLA CHIESA, PADRE DE LA PATRIA, Y BUSCAR A LOS IDEÓLOGOS DE SU ASESINATO

Por Giorgio Bongiovanni

RECORDAR A DALLA CHIESA, PADRE DE LA PATRIA, Y BUSCAR A LOS IDEÓLOGOS DE SU ASESINATO.

por Giorgio Bongiovanni – 3 de septiembre del 2018

3 de septiembre de 1982. En la calle Isidoro Carini de Palermo, un comando de Cosa Nostra mata al prefecto Carlo Alberto dalla Chiesa, a su esposa Emanuela Setti Carraro y al agente de su escolta Domenico Russo. Todos asesinados con disparos de Kalashnikovs, AK-47. Treinta y seis años han pasado desde esa noche. Algunos años después Totò Riina, en una de sus “historias” al compañero de la hora de aire, Alberto Lorusso, demostrando toda su ferocidad, dijo de los instantes en que se produjo la matanza,: “Tan pronto como salió con su esposa, lo seguimos a distancia. Podríamos haberlo hecho ahí, en el hotel, para que fuera más espectacular, pero a mí esas cosas me molestan … Al día siguiente yo le dije: ‘Pino, Pino (se refiere a Pino Greco, llamado ‘Scarpuzzedda’, uno de los asesinos más notorios de Cosa Nostra) ve a buscar las cosas … preparemos las armas’. El primer disparo lo hicimos nosotros … éramos unos siete u ocho, terribles, éramos terribles. Mientras caía muerto, a pesar que estaba muerto, le disparamos donde estaba, de pronto … ta … ta …, ta … y estaba muerto”.

Esas palabras se suman a los testimonios de colaboradores de justicia como Calogero Ganci y Francesco Paolo Anzelmo que ya habían contado a los investigadores la dinámica de la emboscada, permitiendo identificar a los asesinos y a los jefes de Cosa Nostra que ordenaron la acción homicida.

Ganci y Anzelmo, por la muerte del general, tuvieron que cumplir 14 años de prisión. Por lo tanto, se sabía que el A112, en el que se desplazaban el prefecto y su esposa, estaba flanqueado y superado por un BMW 518 en el que viajaban Antonino Madonia y Calogero Ganci. El que debía abrir fuego con el fusil Kalashnikov era Madonia. Un segundo automóvil, conducido por Anzelmo, seguía al prefecto, listo para intervenir y bloquear la eventual reacción del custodio. Russo fue asesinado por Pino Greco “Scarpuzzedda”, quien seguía a sus cómplices a bordo de una motocicleta.

El A112, después de ser golpeado por el fuego del Kalashnikov, se desvió, obligando al auto del asesino a girar bruscamente hacia la derecha. Los ideólogos de la masacre, hace ya más de quince años, fueron condenados en el maxiproceso a la mafia iniciado en 1986 y terminado el 17 de diciembre de 1987. Y la cadena perpetua, con sentencia que se convirtió en definitiva en el ‘92, fue impuesta a los jefes mafiosos, entre ellos Totò Riina, Bernardo Provenzano, Pippo Calò y Michele Greco, mientras que Nitto Santapaola, jefe mafioso de Catania, fue condenado en primera instancia y absuelto en la apelación. Dos de los asesinos, Vincenzo Galatolo y Nino Madonia, fueron condenados a cadena perpetua. Posteriormente, la Corte d’Assise de Palermo, presidida por Claudio Dall’Acqua, condenó también a cadena perpetua a los dos últimos miembros del grupo de ataque, Giuseppe Lucchese, jefe de Brancaccio y Raffaele Ganci, jefe de Noce.

Reconstruido el crimen muchas interrogantes permanecen sin respuesta, en particular aquellas relacionadas con los instigadores ocultos, es decir, con aquellos que “inspiraron” a Cosa Nostra. En este sentido, vale la pena mencionar la escucha ambiental en la que el jefe Giuseppe Guttadauro, hombre de confianza del super jefe fugitivo Bernardo Provenzano y en aquel momento regente del mandato de Brancaccio, mientras conversaba con Salvatore Aragona, médico y también mafioso, declaró: “Salvatore… pero comienzas a partir del ochenta y dos, en su lugar… pero ¿quién coño nos jodió para matar a dalla Chiesa… hablemos claramente…”. “Y por qué tuvimos que hacer ese favor…”. Los que ordenaron la escucha, en el 2001, fueron los magistrados de Palermo coordinados por el fiscal Nino Di Matteo, que investigaban al ex gobernador de Sicilia Salvatore Cuffaro, luego condenado en sentencia definitiva por ayuda agravada a la mafia. 

Al releer estas palabras, de inmediato aparece una pregunta: ¿a quién se le hizo ese favor? El mismo Francesco Paolo Anzelmo había declarado que la masacre no fue determinada por la guerra de la mafia sino que era “algo que estaba afuera de ella” y, posteriormente, también los colaboradores de justicia Tullio Cannella y Gioacchino Pennino aportaron nuevas ideas. El primero, cercano a Pino Greco Scarpuzzedda, se habría quejado con él por haber tenido que organizar el crimen (“El asesinato de dalla Chiesa no se quería … Llevará al menos diez años recuperar el barco”); mientras que el segundo habló de la convergencia de intereses externos a Cosa Nostra. Una pista que también seguían en ese momento los jueces del primer maxi-proceso. Tanto es así que el mismo Giovanni Falcone y Paolo Borsellino hablaron precisamente de “convergencia de intereses entre Cosa Nostra y sectores políticos y económicos”.

Lo cierto es que dalla Chiesa fue asesinado solo cien días después de su llegada a Palermo como prefecto y a quien el ministro Rognoni le había prometido “poderes extraordinarios”. “Poderes” que nunca le fueron “concretamente” asignados. Lo que hubiera hecho con esos “poderes” dalla Chiesa se lo comunicó a Giulio Andreotti, justo antes de partir hacia Sicilia: “No tendré ningún respeto por el sector contaminado de su corriente”. Una afirmación que incluso fue “blanqueada” por el siete veces primer ministro. Lo cierto es que el general, que ya había luchado contra el Terrorismo Rojo, no se hubiera detenido ante esto. Habría cumplido con su deber contra Cosa Nostra, investigando a fondo los lazos que la organización criminal tenía con otros segmentos del poder, como la política, la economía y los sectores desviados.

Por eso fue detenido. En la misma frase de condena de los jefes, también se dice que “podemos, por supuesto, estar de acuerdo con aquellos que sostienen que persisten grandes áreas de sombra con respecto a las formas en las que el general fue enviado a Sicilia para enfrentar el fenómeno de la mafia, tanto en la coexistencia de intereses específicos dentro de las propias instituciones, como en la eliminación del peligro constituido por la determinación y la capacidad del general”.

Y hoy es en este frente donde se debe volver a investigar. Después de 36 años, los rostros de los instigadores de este crimen, así como los de las masacres de 1992 y 1993, aún no se han revelado y en un país que quiere ser llamado democrático esto no es aceptable. Graves son también las piezas que faltan debido a la desaparición de documentos de la caja fuerte y del maletín del general, lo cual es investigado por la Fiscalía de Palermo. Se sabe que alguien ingresó a la casa del prefecto en Villa Pajno durante la noche del 3 al 4 de septiembre de 1982, logrando vaciar la caja de seguridad que estaba allí. En la mañana del 4 de septiembre, los miembros de la familia de dalla Chiesa buscaron la clave para abrir dicha caja fuerte pero sin éxito. La llave solo reapareció en la tarde del 11 de septiembre, en el cajón de un secretario. Sin embargo, cuando la caja fue abierta, adentro no había nada excepto una caja (vacía por supuesto). ¿Y qué decir del maletín del general, encontrado en el 2013 en el sótano del Tribunal de Palermo? En su interior no había originales, ni siquiera el informe del acta de inspección de la policía forense, conservado en la investigación judicial sobre la matanza de via Carini, que certifica que poco después de las 21.30 del 3 de septiembre de 1982 Carlo Alberto dalla Chiesa (muerto desde hacía un cuarto de hora dentro de su auto) sostenía una bolsa llena de papeles sobre sus piernas.

¿Qué pasó con esos documentos? ¿Quién los tomó? ¿Quién los guarda? ¿Qué había descubierto el general Carlo Alberto dalla Chiesa? Su desaparición dejó una gran brecha dentro de nuestras instituciones. El sí puede ser llamado un verdadero Padre de la Patria.

 

Foto di copertina © Ansa