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“SIN UNA CULTURA DE DD.HH EN NUESTRAS SOCIEDADES LAS DEMOCRACIAS SON VACIAS”

Por Georges Almendras

“SIN UNA CULTURA DE DD.HH EN NUESTRAS SOCIEDADES LAS DEMOCRACIAS SON VACIAS”

Raúl Olivera del Observatorio Luz Ibarburu: luces y sombras de los DDHH en Uruguay

                         Por Jean Georges Almendras-2 de setiembre de 2018

 

Familiares de dos centenares de detenidos desaparecidos en el Uruguay siguen aguardando que los militares y los civiles involucrados en los enterramientos clandestinos aporten datos para que las excavaciones puedan llevar al hallazgo de   restos  de sus seres queridos, siendo hasta la fecha solo cuatro los que fueron ubicados. Sigue existiendo un pacto de silencio entre los militares para negar información sobre el paradero de los desaparecidos. Hubo 123 asesinatos políticos en el período de la dictadura uruguaya; asesinatos que en su  mayoría están impunes. Familiares de una docena de menores apropiados por las fuerzas represivas uruguayas, en diferentes operativos y circunstancias, procuran saber la suerte de ellos, con la esperanza de recuperarlos. Unas 307 causas penales por violaciones a los derechos humanos han sido iniciadas en el Uruguay quedando pendientes las correspondientes condenas dentro de un contexto en el que el 62 por ciento están en fase de pre sumario, 23 por ciento están archivadas, un siete por ciento acumuladas a otras, un tres por ciento en sumario y un dos por ciento no están registradas como corresponde y la mayoría de las causas son por denuncias de tortura, muerte , privación de libertad, desaparición forzada, detención ilegítima, secuestro y amenazas; delitos (muchos de lesa humanidad, es decir imprescriptibles)  cometidos mayormente entre los años 1972 y 1978. En la mayoría de los casos ni siquiera se iniciaron los procesos penales ya que “no ha existido voluntad tanto desde el sistema judicial como del poder político de impulsarlas” según palabras de la ex fiscal penal Mirtha Guianze.  Mientras que el jurista Wilder Tyler, integrante del consejo directivo de la  Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) ha dicho: “Tenemos un Poder Judicial que no ha actuado con la misma fidelidad y una Suprema Corte de Justicia que ha elaborado una doctrina que tiende a no dar lugar a estas causas; entonces, si bien hay más actividad, las perspectivas siguen siendo bastante magras”. No pocos jueces penales, que han realizado investigaciones de relevancia (sea por los delitos por los cuales han sido imputados militares y civiles, como por la cantidad de expedientes asignados a sus juzgados) han sido retirados, contra su voluntad, del área penal para ser asignados a la órbita civil, dejando inconclusas las investigaciones que en consecuencia debieron de ser encaradas por los jueces que los sustituyeron, enlenteciéndose considerablemente las investigaciones, los procesamientos y por ende las condenas de los imputados. Los gobernantes de la corriente progresista (de la coalición de izquierda  Frente Amplio) en los tres periodos de presidencia de la República consecutivos sorprendentemente no tuvieron gestos a favor del esclarecimiento de los casos de violaciones de derechos humanos en tiempos de dictadura. En el mes de febrero del año 2011 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDDHH) de la OEA condenó al Estado uruguayo a darle a la justicia un impulso importante porque estableció que la Ley de Caducidad no podía ser impedimento para el desarrollo de las investigaciones, y en tal sentido se establecieron determinadas obligaciones que el Estado debía cumplir. El Estado uruguayo ha ido creando comisiones y grupos de trabajo de carácter honorario para encarar los asuntos de violaciones de DDHH, pero estos han sido considerados como inoperantes desde filas de los organismos de DDHH. En materia de archivos conteniendo informes y datos sobre torturas, torturadores, seguimientos y procedimientos del terrorismo de Estado, hallados recientemente, ha predominado una política de secretismo, al extremo que desde el Estado esos archivos han sido manejados de una forma ilegal. Inexplicablemente las causas penales sobre violaciones de  derechos humanos están literalmente diseminadas por diferentes juzgados siendo que hay un solo delincuente, que es el Estado. Un Estado que adolece de graves problemas de comunicación para coordinar los procesos judiciales en los cuales los imputados son viles sujetos que alguna vez se mancharon sus manos con la sangre de connacionales; viles sujetos de filas castrenses, policiales y del sistema político que transitan libremente por las calles de las ciudades de todo el territorio uruguayo, como si nada hubiese pasado. En definitiva, las políticas de impunidad aplicadas por el Estado uruguayo  han sido tan evidentes que en las últimas marchas de los familiares de los detenidos desaparecidos la consigna ha sido siempre una sola: “Impunidad, responsabilidad del Estado”. Una consigna lapidaria para el oficialismo, tratándose sobre todo de un oficialismo que se precia de progresista y de izquierda. Una izquierda que prometió a sus compañeros hacer justicia para con las víctimas de la dictadura. Una izquierda que hoy –a juzgar por los hechos- parece estar más en favor de la impunidad y no parece estar decidida a tomar el toro por las astas en materia de dar castigo a los represores y hallar los restos de los desaparecidos, abriendo día a día una terrible grieta entre los familiares de las víctimas de la dictadura y el Estado en el cual confiaron.

Con este panorama, como telón de fondo, dialogamos con Raúl Olivera, Coordinador Ejecutivo del Observatorio Luz Ibarburu. Un hombre íntegro. Un militante de la vieja guardia que  nos habló con el equilibrio y la transparencia necesarias, a la hora de encarar temas relacionados con la lucha por la verdad y la justicia, y con las investigaciones de los delitos de violaciones de los DDHH cometidos por la represión en el Uruguay. Un luchador combativo que hizo un paréntesis en sus actividades recibiéndonos en el despacho de trabajo diario del  Observatorio ubicado en un anexo edilicio lindero a la sede del Pit-Cnt, sobre la calle Jackson. Un luchador con ideas claras que se permitió profundizar para Antimafia Dos Mil sobre un árido tema, aportándonos respuestas sólidas y convincentes, propias de una persona que conoció en carne propia la represión, ya que entre 1973 y 1980, él mismo fue uno de los seis mil presos políticos que tuvo el Uruguay en dictadura.

Raúl Olivera, nació en Montevideo en el año 1944 y desde muy joven fue un muy comprometido dirigente gremial y un militante de grupos de lucha entre ellos el  Partido Por la Victoria del Pueblo, siendo además autor de libros, junto a Sara Méndez –otra referente de las luchas contra la dictadura- tales como “Secuestro en la Embajada”; “Desaparecidos: la coordinación represiva” y “Hugo Cores. La memoria combatiente”.

Raúl Olivera es crítico en sus palabras y en sus apreciaciones. Y nos habla con la honestidad que lo caracteriza y que lo enaltece. Con esa humildad militante y sabia, acunada indiscutiblemente en la autoridad que emerge de su propia experiencia y seguramente de la convivencia que mantuvo con los muchos compañeros de lucha que conoció en su extensa y activa vida de dirigente, ya sea en las calles montevideanas, ya sea en los días de encierro y a merced del represor, pero sin doblegarse.

Personalmente me resultó muy halagador reencontrarlo. En esta oportunidad me acompañaron la redactora de Antimafia Erika Pais y la joven estudiante Vera Santini del Movimiento Cultural Our Voice.

Años atrás nos habíamos reunido para hablar –entre otros temas- sobre el caso Elena Quinteros en ocasión del lanzamiento del libro alusivo: “Secuestro en la Embajada” escrito con Sara Méndez.

En el hoy, un frío día del pasado mes de julio, desgranamos juntos las luces y las sombras de una lucha contra la impunidad y una lucha diaria y tenaz, para que los responsables castrenses y civiles de los delitos  cometidos durante la represión sean juzgados como corresponde, para que los familiares de los detenidos desaparecidos puedan recuperar los restos de los fallecidos y para preservar la memoria de un pasado reciente. ¿Por qué? Porque en materia de llevar a prisión a los torturadores y asesinos, de hallar restos de detenidos desaparecidos y de recuperar nietos nacidos en cautiverio y de darle un duro golpe a la impunidad (que sigue vigente como si tal cosa) al menos nosotros estamos corriendo una verdadera carrera contra reloj. Y cada día que pasa, si no se trabaja unido y con conciencia militante,  desafortunadamente es un paso que cedemos a la impunidad.   

-¿Cuál es la evaluación que tú haces como persona y como coordinador del Observatorio Luz Ibarburu de las investigaciones de Derechos Humanos en el Uruguay? ¿En qué etapa están? ¿Hay disconformidades? ¿Qué asignaturas pendientes tiene el Estado con las víctimas de la dictadura?

 –Yo en primera instancia te diría que tenemos que partir de la base, para hacer una consideración lo más acertada a la realidad, que hoy existen dos visiones con relación a en qué situación estamos. O sea, te encuentras con una parte, digamos, de la sociedad uruguaya, fundamentalmente sectores más vinculados al sistema político que te dice “acá está todo bien”, o sea, aquí hemos creado una institucionalidad encargada de resolver el tema de los derechos humanos, o sea Uruguay tiene una proliferación de instituciones dedicadas a resolver los temas del pasado-presente. Te las enumero: tiene una secretaría de derechos humanos a nivel de Presidencia de la República, tiene una secretaría para el pasado reciente, tiene un grupo de trabajo por verdad y justicia, tiene una fiscalía especializada en derechos humanos, tiene un equipo especial a nivel del Ministerio del Interior dedicado al tema del terrorismo de estado. Y está la Institución Nacional de Derechos Humanos que tiene una visión mucho más amplia en el tema del proceso penal. Entonces vos te encuentras con media docena de instituciones. Entonces en ese sentido, el sistema político dice “no, en Uruguay hemos actuado, hemos aprobado leyes, existe la ley, digamos, de la adecuación de la corte penal internacional, existe la ley 18.831 que establece los delitos de lesa humanidad, que restablece la pretensión punitiva del estado, que dice que los delitos actuales no han prescrito. Está el reconocimiento que hizo el Estado en el parlamento de la responsabilidad sobre el caso Gelman, ah y me olvidaba, también existió en determinado momento (aunque virtualmente) una comisión interministerial para hacer el seguimiento del cumplimiento de la sentencia Gelman, aparte de tener el Ministro de Relaciones Exteriores una secretaría, una dirección, encargada del tema derechos humanos. Entonces esa es la visión del sistema político, y es la visión que desgraciadamente existe a nivel internacional. Cuando nosotros viajamos al extranjero hablamos de este tema y Uruguay en realidad está en la vieja Suiza de América en el tema de derechos humanos, porque no solamente tienen toda esa institucionalidad, no solamente han suscrito todos los convenios internacionales, no solamente han establecido una agenda de derechos humanos, han establecido el tema de la legalización del aborto, el matrimonio igualitario, la legalización del consumo de marihuana, y tuvieron al presidente más pobre del mundo, que sigue dando conferencias todavía. Entonces, en ese sentido, esa es una de las visiones que existen, después tienes la otra visión que te dice “acá está todo mal”, “acá estamos igual que cuando la salida de la dictadura”, “aquí sigue reinando la impunidad” pero yo, digo, para ubicarnos entre esas dos visiones extremas, de que está todo bien o que está todo mal te diría que ni pelado ni con dos pelucas, o sea, tenemos una situación preocupante pero de alguna manera no estamos igual que antes. En ese sentido me parece que a veces inclusive la situación que se hace con relación a los gobiernos progresistas, también a veces es algo inexacta porque se dice “bueno, en realidad no ha cambiado nada”. No es así, cambió sí, yo creo que la instalación del gobierno progresista cambió determinadas cosas, lógicamente que no cambió lo que debería haber cambiado. Eso es real, y de alguna manera el gobierno progresista o los distintos gobiernos, a partir digamos de la asunción del primer gobierno de Tabaré y después el de Mujica y el actual de Tabaré nuevamente, han habido cambios importantes, pero no ha sido suficiente, y te diría más, que no han resuelto adecuadamente lo que yo llamaría, no existe una voluntad política para resolverlo adecuadamente. Entonces efectivamente hoy transitamos un camino con dificultades que algunos dicen “bueno, esto es un problema de la Suprema Corte de Justicia”, lo dijo la propia Vicepresidenta de la república Lucía Topolansky, cuando inauguraron ahora el sitio de la memoria,  en Bulevar Artigas donde antes era sede del CALEN. Topolansky dijo “bueno, estamos haciendo lo que podemos, hay una independencia de poderes” es cierto, hay una independencia de poderes pero esos poderes actúan con leyes que aprueba el parlamento y son ejecutadas por gente que vota el parlamento, entonces la actual confirmación de la Suprema Corte de Justicia es una responsabilidad política.

-¿No hay una independencia de poderes?

No es decir “es un  problema de independencia”, yo creo que efectivamente hoy está radicado el problema de las luchas contra la impunidad porque se ha instalado una visión, desde el punto de vista jurídico, retrógrada  y conservadora de la Suprema Corte de Justicia que a la larga amenazan con concretar la impunidad jurídica. Después hay una impunidad de hecho que es por la inacción por parte de los organismos del estado. O sea ninguno de esos organismos que yo nombré hoy, salvo en estos últimos tiempos, la secretaría especializada que es una iniciativa que nosotros venimos impulsando hace mucho tiempo, que debería haberse hecho hace mucho tiempo antes, no se hizo, bueno, y le impuso un nuevo ritmo, pero también con ciertas dificultades: un solo fiscal para atender todas las causas de derechos humanos de todo el país con un equipo mínimo como el que tiene, va a actuar mejor de lo que pasaba antes pero no va a ser suficiente para ganar una batalla, que es la batalla contra el tiempo.

-¿Qué significa una batalla contra el tiempo?

Nosotros ahora estamos inmersos desde hace un par de años en lo que yo llamo la batalla contra el tiempo ¿Por qué digo eso? Porque las causas penales, o sea la posibilidad de que el Uruguay salde el tema del pasado reciente con la punición de algunas conductas hacen necesario que haya un victimario, y el victimario se va muriendo  y también es necesario que haya víctimas que den su testimonio, que aporten su información y también se van muriendo. Entonces en ese sentido hay una estrategia llevada eficazmente por el Círculo militar, digamos, los que agrupan a los militares retirados en Uruguay y también en actividad que juegan en ese sentido. Juegan en el alargue, son como esos campeonatos del mundo cuando nadie quiere llegar al arco. Y ahí creo que el gobierno también juega al alargue y el Poder Judicial  juega al alargue, y bueno nosotros desde el Observatorio lo que tratamos de hacer es desde la tribuna y a veces no tanto de la tribuna sino jugando concretamente a través de los abogados y los escritos y de la denuncia de la prensa, tratar de que ese juego alargado no continúe y marche lo mejor posible. Entonces, yo resumiendo te diría… con relación a las obligaciones que Uruguay tiene con las obligaciones de carácter internacional que están inscritos en la sentencia del caso Gelman, el Uruguay efectivamente no ha cumplido, o sea, sigue sin cumplir. Sigue cayendo en responsabilidad de carácter internacional. Entonces en ese sentido el balance que hacemos es efectivamente negativo; pero como te decía anteriormente hace diez años atrás, salvo algunos pocos, que pensábamos que eso era posible, que alguna vez un militar iba a ir a un juzgado, no lo soñábamos. Bueno y sin embargo han ido a los juzgados y hemos logrado procesar a alguno, es cierto.  Están en  la cárcel  algunos y otros están en cárcel domiciliaria. Pero si no hubiéramos dado esa batalla en su momento no se hubiera dado. Eso es lo que yo quiero que quede claro. Es que estas batallas son batallas duras, porque luchamos al igual que luchamos contra el terrorismo de estado. Luchamos actualmente con un aparato del Estado que efectivamente pone trabas o inacciones que hacen mucho más difícil esta lucha, que la damos los ciudadanos de la sociedad civil.

-Raúl, la columna vertebral de la impunidad, una de ellas  es la omertá militar la maquinación militar de los represores militares y de los represores civiles que hay sueltos por allí y que forman parte del sistema político, es un tema que no deja de ser preocupante, pero es un tema esperado. De los militares puedo esperar cualquier cosa, pero me resulta muy amargo ver que  no hay voluntad política y que el sistema político de alguna forma contribuye al terrorismo de estado cuando hay una inacción, a pesar de todo lo que se ha hecho, pero también es un poco demoledor que en trece años de período de un gobierno progresista, solamente se hayan encontrado cuatro cuerpos y que las excavaciones hayan sido también trabadas. Entonces, sin llegar a ser pesimista lo que pregunto a un operador como tú, a un operador como el Observatorio, ¿cómo contrarrestar esa carrera contra el reloj, esa impunidad, o esa cultura como decía Galeano…la cultura de la impunidad, porque ya no es un tema de una situación circunstancial, es una cultura. Entonces comparándola con América Latina o mejor dicho, con Argentina donde se ha avanzado muchísimo. ¿Cómo contrarrestamos esto con los jóvenes? ¿Dando esperanza a los jóvenes? ¿Cómo contrarrestamos la falta de educación y de conciencia en los institutos, para crear precisamente esta conciencia de la que estás hablando?.  

-Yo creo que el verdadero desafío radica en el aspecto generacional, ¿por qué digo esto? Porque tú decías bien, hay conductas que son esperables por parte de un delincuente como fue el estado dictatorial. ¿Pensar que el aparato militar, dictatorial, que después tuvo su continuidad en democracia, se iba a comportar de una manera distinta?. No, se va a comportar como un delincuente, entonces va a tratar de esconder la información va a tratar de escabullir las responsabilidades y cuando cometió el delito no dejó registrado donde enterraba a los desaparecidos, ni nada por el estilo. Es más construyó una gran mentira sobre un montón de hechos. Eso es un elemento de la coyuntura. El otro tema, es decir cuando se aprobó la sentencia Gelman, cuando creamos el Observatorio. El Observatorio en realidad al principio no iba a tener la función que tiene en la actualidad, simplemente dijimos… bueno, tenemos un gobierno de izquierda que de alguna manera fue la víctima privilegiada del terrorismo de estado, tenemos una obligación de carácter internacional y tenemos un paquete programático del gobierno del respecto al tema de los derechos humanos, entonces efectivamente como decían en Chile las amplias alamedas para que caminara la justicia estaban abiertas. Entonces dijimos bueno, pero nos encontramos con causas que tenían muchos años, cosas que no se denunciaron y de alguna manera la existencia de un aparato estatal no pensado para resolver estos temas. Estaban preparados para resolver el robo de la gallina, una violación, un choque, pero no estaban preparados para resolver los crímenes de terrorismo de estado. Entonces dijimos, vamos a crear un observatorio ¿para qué? Para hacer eso que dice la propia palabra, para observar ese proceso y decirle al gobierno “bueno, por acá hay esta dificultad, hay que crear esto, acá tenemos tal dificultad” y eso trasladarlo a una visión global del problema, que era lo que no existía y creo que no existe todavía a nivel del Poder Judicial con relación del tema a las causas de violación de los derechos humanos. Entonces nosotros íbamos a mirar eso, íbamos a mirar, no íbamos a intervenir, sin embargo tuvimos que salir a perseguir ladrones, entrar a la cancha. Bueno eso de alguna manera nos demostró que había una cierta dificultad. Ahora hay dificultades que son administrativas. Hay dificultades que tienen que ver con la estructura de cómo está organizado el Estado y hay otro que es un problema que está en la cabeza de la izquierda uruguaya. La izquierda uruguaya nunca entendió el tema de los derechos humanos ¿por qué no lo entendió? Te digo yo. Porque pensó, y en parte era así, pero hay que relativizarlo. Pensaba que los derechos humanos en el período de la guerra fría, o sea la existencia de la Unión Soviética, de los norteamericanos, el tema de la bandera de los derechos humanos era una bandera del imperialismo para atacar supuestamente las violaciones, que muchas de ellas existían en el campo del socialismo. Entonces los derechos humanos eran una herramienta del imperialismo, pero no se dieron cuenta que el mundo cambió, entonces siguen viendo el tema de los derechos humanos como un elemento ajeno a las luchas de los pueblos; y es más, esa visión es la que permite por ejemplo que se haya instalado en una parte importante de la izquierda la teoría de los dos demonios, porque existe. Entonces nosotros no solamente teníamos dificultades externas, tenemos dificultades internas para entender el problema de los derechos humanos, que no es fácil. Porque por ejemplo aún en el campo popular, aún en el campo de los trabajadores, nosotros pensamos que la convención sobre desaparición forzada, o la convención sobre los derechos de la niñez y todas esas cosas han sido casi regalos de algún benefactor. Que a nivel del mundo se puso a pensar eso y aprobó eso. No, muchas veces son luchas de los pueblos.

 -Totalmente…

O sea, la propia convención sobre desaparición forzada la llevaron adelante las víctimas de desaparición forzada en América Latina. Entonces no tenemos una apropiación como que esos derechos son una conquista nuestra y que tenemos que defenderlos. Entonces esa dificultad es una dificultad interna del problema de la izquierda que también pensó que no es Uruguay solo, también es problema de Brasil. ¿Por qué Brasil no da resolución al tema de los derechos humanos? ¿Por qué tiene condena de parte de la comisión interamericana, la corte interamericana y no las ha cumplido? ¿Y por qué solamente ha hecho el trabajo de reconocimiento digamos de la tortura y todos esos informes pero no hay ningún militar preso?  Y con un gobierno donde en alguna manera, que estaba esa política con relación al tema militar, muchas veces estaban vinculados al tema de la guerrilla, y eso también te lo encuentras acá en Uruguay. Y frente a eso vos te decís, y por qué en Argentina que en realidad el gobierno del kirchenerismo es un gobierno que de alguna manera tuvo una buena política de derechos humanos, en otras cosas no sé, puedo tener grandes diferencias. Pero en la política de derechos humanos tuvo una política activa, inclusive a veces no solamente hechos. Porque la política no solamente es crear un instrumento que pueda juzgar a alguien  o algo por el estilo. También son gestos. En Uruguay generalmente los gestos que han tenido son todo lo contrario. ¿Esos gestos dónde tienen efecto? En los jueces, porque dicen “acá los jueces son independientes”… sí, tienen independencia de alguna manera de pensamiento pero son influenciados. Existe un elemento, digamos de lo que pasa a nivel de la sociedad. O sea ¿por qué en algunos casos decretan la prisión de algunos delitos y en otros no? Bueno porque han tenido alarma pública. La alarma pública es la alarma de los jueces para que en ese sentido piensen bien lo que van a hacer. Bueno, esos gestos que tiene el gobierno, cuando te dicen “bueno son unos viejitos que estamos metiendo presos, debemos mirar para delante”. Todos esos son gestos que de alguna manera el juez lo interpreta y en función de eso el juez actúa o no. Yo creo que hoy también los jueces están tirando la pelota para adelante; tenemos, no sé, veinte o treinta pedidos de procesamiento en la actualidad por parte de los fiscales y sin embargo siguen ahí.

-Durmiendo. Durmiendo en los cajones de los juzgados.

Entonces, lo interesante es como esa idea que de alguna manera hay con relación a una cultura de derechos humanos, es asumida por los ciudadanos, cuando yo digo… o a veces cuando nosotros hablamos de impunidad, nosotros lo asociamos a falta de castigo. Pero impunidad no es eso sólo. Hay falta de castigo pero antes hay una violación de un derecho humano. Entonces pensar la impunidad como ausencia de un derecho o afectación de un derecho es un elemento que nos pone frente a la agenda de nuevos desafíos que tienen las nuevas sociedades de una manera distinta. Estamos en una sociedad donde tienes cámaras por todos lados, donde estás vigilado, donde saben hasta lo que comiste. En esa nueva sociedad de alguna manera creas unos instrumentos donde el ciudadano cada vez está más indefenso frente al poder del Estado. Yo les cuento una cosa, hay un desaparecido uruguayo que desapareció en Argentina que se llama igual que yo, tiene mi nombre y mi apellido igual, se llama Raúl Olivera, lo único que él es Cancela y yo soy Alfaro, pero tiene el mismo nombre que yo. Él, cuando desapareció tenía dos hijos uno de ellos actualmente es conocido, tiene un programa creo que en TV Ciudad, trabaja en la FIC. Cuando yo los conocí a ellos, tenían ocho y nueve años, ahora tienen cuarenta y pico. Entonces, yo un día iba de visita a la casa de Cristina Cajiga que era la madre de ellos y la compañera de Raúl Olivera, a visitarlos, entonces Cristina me pide que no le diga cómo me llamo, porque claro… me llamo igual que el padre que estaba desaparecido. Le digo que sí que no había problema, que iba a cumplir eso. Empezamos a hablar y uno de ellos lo primero que me pregunta es cómo me llamo, y yo le saqué la conversación para otro lado. Volvió a preguntar de nuevo y yo dos o tres veces le contesté cualquier cosa para no darle la respuesta y al final le dije “a mí me dicen “el flaco”. Ahí me di cuenta que a Raúl Olivera el desaparecido, también le decían  “el flaco”. El chiquilín me empezó a someter a un interrogatorio de esos, pero siempre quería saber cómo me llamaba. En determinado momento me acuerdo que miré a Cristina como diciéndole “me entrego, confieso” y fui y le dije “me llamo Raúl Olivera”. Me acuerdo que el niño me miró y me dijo: “ten cuidado porque puedes desaparecer”. Cómo vivía ese niño el hecho de un nombre, que un nombre pudiera hacer desaparecer. Porque la desaparición no tiene mucha explicación, es muy difícil. ¿Por qué una persona puede desaparecer? Cómo nosotros codificamos los efectos del terrorismo de Estado. En la generación nuestra, la que lo vivió como el caso este que te estoy contando y en el caso de los jóvenes. Frente a eso vos decís, caramba, esas personas que desaparecieron, ¿Qué es lo que se puso en funcionamiento? El aparato del Estado. Entonces ya empiezas a mirar, no con desconfianza, porque cuando vos miras una cosa con desconfianza la tratas de cambiar, la empiezas a mirar con miedo, te empiezas a cuidar. Ese es un elemento peligroso. 

-A propósito de cómo el Estado se organiza y tiene elementos, fue un punto de inflexión el año 2013 cuando el Poder Judicial separa a la doctora Motta de los casos de derechos humanos y luego pasa el tiempo y ella deja el Poder Judicial y ahora está en la Institución Nacional de Derechos Humanos ¿puede ser que sea un buen paso adelante que esté Motta en ese puesto?

En el accionar del Estado, en relación a estos temas, nosotros siempre hemos encontrado ciertas islas donde el clima ha sido acogedor. Digamos, la tierra fértil para la lucha por los derechos humanos. En esas islas encuentras a  fiscales como Mirtha Guianze, jueces como Mariana Motta, como Alejandro Recarey, como Reyes y en otras instituciones como fue Isabel Wschebor cuando estuvo en la secretaría para el pasado reciente. O sea, siempre te encuentras de alguna manera con algún funcionario del aparato político del Estado a contra pelo. Ahí yo digo el dicho “una sola golondrina no hace el verano”. Es real. Te ayuda efectivamente. Cuando tú encuentras eso te ayuda a resolver unas cosas. Encaminar algunas cosas, pero no resuelven lo que tú precisas, que es una acción conjunta de todo el aparato del estado actuando. Yo me acuerdo cuando Macarena Gelman un día me dice “Raúl voy a ser candidata y voy a asumir como diputada” y yo le dije “mucha suerte, pero te vas a encontrar con una dificultad”. Yo personalmente la viví, no en el tema de derechos humanos. Yo estoy trabajando en la secretaría de derechos humanos desde el año ’98, salvo durante cinco años que hice la experiencia de trabajar a nivel del Estado en el gobierno de Canelones con Marcos Carámbula, en un cargo de dirección política en el tema de centralización. Ahí me di cuenta que el estado no es solamente una estructura, es una ideología. Yo creo que los políticos deberían de estar un tiempito en el Estado y después  salir de alguna manera, ir a un cierto baño turco que les haga  olvidar de alguna manera un montón de cosas porque es una lógica contaminante y donde entras a ver una cierta justificación. Hasta ves como enemigo a aquel que dice “el rey está desnudo”. El que te dice que está desnudo, ese, se transforma en enemigo. Entonces Mariana Motta yo creo que cumplió un papel muy importante, no solamente desde el punto de vista jurídico sino desde el punto de vista de que cuando vos ibas al juzgado. Personalmente yo tuve que ir a testimoniar en una causa. Yo todavía no tenía una relación personal con ella, era la primera vez que la conocía  porque me tocó ir a declarar en el caso del asesinato, de la muerte por tortura de un compañero que cayó conmigo. Vos te das cuenta ahí que de alguna manera eso que yo te planteaba que sentí frente al Estado, no la ves a ella como una funcionaria del Estado. Cuando efectivamente sale Mariana Motta de ese juzgado y todo lo demás, ella no iba a cambiar la situación del poder judicial pero era un elemento importante. Ahora, yo creo que efectivamente, actuar en la lógica digamos de los aparatos del Estado implica ese riesgo, ese riesgo que de alguna manera tienes los límites para actuar. Pero tampoco puedes regalar esos lugares. Nosotros de alguna manera, desde el PIT-CNT y del Observatorio nosotros apoyamos que Mirtha Guianze en su momento y que ahora Mariana Motta integraran la comisión, porque son lugares que de alguna manera ayudan.

-No hay que ceder espacios…

Pero ojalá nosotros pudiéramos cambiar la mentalidad del sistema político en su conjunto, porque eso de alguna manera llevaría a que el Estado dijera “bueno, esta es mi obligación y yo la voy a cumplir,  voy a liquidar este problema y no voy a dejar que muera”.  Eso es lo que genera la generación nuestra, es la que está más enojada con el gobierno, ¿por qué? Bueno, porque teníamos determinada expectativa. Yo creo que eso a veces el gobierno no lo sabe entender, y debería entenderlo, porque eso es lo que de alguna manera repercute, que nosotros tengamos un grado de influencia entre comillas, en las nuevas generaciones. Porque la trasmisión es así: acá no hay escuela para que los jóvenes vayan a adquirir conciencia sobre los derechos, la adquieren en la vida práctica y en la vida práctica ¿quiénes son los maestros? Sin quererlo, nadie tiene en la vida maestros. Somos los que venimos del pasado y tiene que ver con cómo nos comportamos. Entonces cuando alguien de nuestra generación mete la pata, es grave. Tiene un  aspecto mucho mayor.

-Raúl para ir cerrando el encuentro ¿cuál es tu experiencia personal, tu historia de vida, tu militancia sindical durante la  cual  fuiste perseguido, fuiste reprimido y fuiste un preso político?

Estuve seis años y medio preso en la dictadura, caí al mes de la huelga general, o sea me empezaron a buscar los militares el 27 de junio, me van a buscar a mi casa por actividades de carácter sindical. Bueno después termino seis años preso, si te voy a decir cuáles son los elementos que implica mi vinculación con el tema de los derechos humanos te voy a decir dos aspectos, uno es familiar, es haber vivido que mi compañera tuvo un hijo desaparecido, razón por la cual eso te implica un pararte frente a ese problema. El otro tema es que muchos de los desaparecidos en Uruguay eran mis compañeros y el tercer elemento, que no es menor, es haber entendido eso que te decía, que hay una dificultad en la izquierda que es el tema de los derechos humanos. Que si no logramos instalar una cultura de los derechos humanos en nuestras sociedades, las democracias son vacías, o sea, si yo te diría cuál es la plataforma más revolucionaria hoy yo te pondría lo que no logró hacer la Revolución Francesa. Que eso de alguna manera se haga realidad ya sería un avance muy grande, a nivel de lo que vos planteabas digamos de las otras situaciones que existen en el mundo, las cosas que suceden en África, lo que sucede en todo el Mediterráneo, lo que sucede en todo el contexto y vos decís bueno, nuestra humanidad es una humanidad insensibilizada frente a esos temas, porque antes nos indignábamos con mucho mayor facilidad. Acá en Uruguay tenemos una cultura latinoamericana donde vivíamos todos los problemas, ahora en realidad yo siempre digo, Uruguay es como una suerte de aldea como donde vive Astérix. Nosotros pensamos que Uruguay también es eso, porque en Uruguay tenemos cosas a la uruguaya, tenemos ley de impunidad a la uruguaya. La salida nuestra es vivir lo que sucede en el mundo tanto para asumir la vigencia que tiene la impunidad, los derechos humanos, como las otras violaciones que existen a nivel del mundo. Yo creo que eso es uno de los elementos a tener en cuenta, la mochila nuestra de nuestros desafíos.

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*Foto de Portada: Antimafia Dos Mil-Erika Pais

*Foto 2: Antimafia Dos Mil-Erika Pais

*Foto3: www.cooltivarte.com Martín Pereira

*Apoyo de transcripción de entrevista: Vera Santini (Our Voice)