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TODOS POR SANTIAGO MALDONADO, EN LA LOF CUSHAMEN Y EN PLAZA DE MAYO

Por Georges Almendras

Por Jean Georges Almendras-23 de julio de 2018

 

“Mari Mari Kompuche, Mari Mari Po We Nui. Este primero de agosto invitamos a juntarnos en el cruce de la ruta 40 y el Maitén, donde vimos por última vez con vida a Santiago , donde llegó a solidarizarse con la causa mapuche pidiendo la libertad del Lonko Facundo Jones Huala”

“Recordamos su lucha, reivindicamos su fuerza”

“Allí en el cruce encendemos el fuego para llamar su memoria, donde las mentes y el poder perverso del Estado sacaron su cuerpo desde el territorio donde Santiago llegó, con la conciencia clara y la capucha puesta.”

“El grupo no se ahogó, fue Gendarmería.”

“Plantaron su cuerpo”

“Plantamos resistencia y rebeldía”.

Esta es la convocatoria de las comunidades mapuches de la Lof Cushamen de la provincia de Chubut para este 1ero de agosto, a un año de la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado.

“A 1 año de la desaparición forzada y muerte de Santiago exigimos Verdad y Justicia. El Estado es responsable”

“Concentración en Plaza de Mayo. 1ero de agosto de 2018. 17 hrs Bandas/ 18 hrs Acto Central”

“Santiago es solidaridad”

Esta es la convocatoria de los familiares y amigos de Santiago Maldonado, y organizaciones de DDHH, para este 1ero de agosto, a un año de su desaparición forzada seguida de muerte (1).

Con fuerza demoledora y a diferentes niveles y en diferentes ámbitos se guarda y se preserva la memoria del joven artesano fallecido en circunstancias que siguen siendo motivo de controversia, por más que los hechos apuntan convincentes a las fuerzas represivas como responsables de la tragedia (en el marco de una acción estrictamente criminal y abusiva, viniendo de funcionarios del Estado) en un país cuyo gobierno ya no puede disimular ni guardar secreto de la burda e ilegítima aplicación  de una doctrina de persecución y de criminalización de los pueblos originarios, en todo lo largo y ancho del territorio argentino.

Territorio en el que las masacres de antaño cometidas contra los pueblos originarios por parte de los hombres blancos en acuerdo y con la complicidad de los poderosos hombres blancos de otras tierras no difieren mucho de las masacres de hoy, con la única diferencia de las modernidades y de las sutilezas de una vida política notoriamente más corrupta, más perversa y mucho más incisiva y sofisticada, obviamente a instancias de las ideas capitalistas más criminales de los tiempos que corren.

Pero las masacres son las mismas. Las perversidades y las crueldades son las mismas.

Y las muertes, las injusticias, los avasallamientos de derechos, las arbitrariedades, las inconstitucionalidades, las maniobras mediáticas, y los más despiadados cinismos hoy no están ausentes.

El 1ero de agosto, en la ruta 40 de la Provincia de Chubut, en territorio de la Lof Cushamen, un irracional y un mal intencionado abuso de funciones cometido por fuerzas de la Gendarmería Nacional desencadenaron un hecho criminal que por donde se lo mire está más sobrado en irregularidades y en maldades, que en aciertos y en legalidades.

Es impensable imaginar a un reducido grupo de mapuches poniendo contra las cuerdas a los gendarmes del operativo, superiores en número y en armamento, aquel día.

Fueron  las fuerzas de seguridad las que actuaron con saña. Las que actuaron al margen de la Ley. Mancillando la institución y el uniforme que cada uno vestía. Y lo hicieron así porque las órdenes que tenían fueron muy precisas. Y lo hicieron así porque la maquinaria de la infamia estaba muy bien aceitada. Porque en definitiva era el poder el que actuaba sobre los  “terroristas”, sobre los revoltosos, sobre los “indios”. Entonces todo era válido. Desde cazarlo, hasta matarlo.

En el seno de las filas de la represión no imaginaron que uno de los mapuches no era tal, sino un “winca” rubio y de ojos claros entreverado con ellos, con los terroristas mapuches que protestaban por la prisión inconstitucional del Lonko Facundo Jones Huala. Un “winca” (hombre blanco) que los estaba apoyando, porque se estaba comprometiendo con una causa que no era suya.

Y en el tenso, criminal y dramático momento en el que el único cometido era “cazar” un mapuche lo “cazaron” a él, a Santiago Maldonado. Y después de cazarlo y de ahogarlo, se lo llevaron.

Nunca imaginaron, los represores, que ese instante marcaría un antes y un después en la lucha de los mapuches.

Nunca imaginaron, los represores,  que la infamia de irrumpir a balazo limpio en las tierras de la Lof Cushamen, desobedeciendo lo dispuesto por el juez, que únicamente autorizó el despeje de la ruta, se transformaría en un boomerang, en un problema mayúsculo.

Nunca imaginaron, los represores,  que la infamia del solo abuso de entrar en la Lof Cushamen  escupiendo plomo y odio, acarrearía otra infamia mucho mayor: la muerte de un ser humano y algo no menos peor: su desaparición forzada y finalmente, meses después, la criminal tarea de plantarlo a orillas del río Chubut para cerrar la historia con la burda “historia” de una muerte de asfixia por inmersión. Y dejarlo así, como un simple caso de  ahogado en aguas del Chubut. Como si entre el primero de agosto de hace un año y el momento mismo en que se halló el cuerpo de  Santiago, 78 días después, no hubiese pasado nada. Absolutamente nada.

En ese lapso, hubo conspiraciones a alto vuelo, manipulaciones a alto vuelo. En ese lapso hubo malas intenciones criminales con el solo cometido de cubrir  a la Gendarmería con el manto de la impunidad. Malas intenciones que partieron desde filas gubernamentales, y que se desarrollaron y se ejecutaron en el nombre de la verdad y de la justicia. Malas intenciones de hombres y mujeres de la justicia, de la fiscalía, de las fuerzas de seguridad y de los medios de comunicación, en particular de los medios que forman parte del circo simiesco que circunda al poder de turno. Malas intenciones de periodistas referentes que se burlaron de los mapuches y del dolor de la familia Maldonado. Y que distorsionaron la verdad y las informaciones. Malas intenciones de verdaderos payasos de un sistema criminal instalado en las filas del gobierno macrista y del poder judicial argentino.

En ese lapso, hubo algo más que persecuciones a los mapuches de la provincia de Chubut: hubo represiones injustas, hubo tergiversaciones de testimonios, hubo desprestigio de personas, hubo amenazas, intimidaciones y espionajes totalmente ilegales a testigos, abogados, y familiares directos del desaparecido Santiago Maldonado.

En ese lapso, desde el gobierno pretendieron dar vuelta el plato: que los denunciantes y las victimas fueran los investigados.

El gobierno de Mauricio Macri no tuvo sensibilidad alguna frente a un caso de desaparición forzada en plena democracia. El gobierno de Mauricio Macri no tuvo (no tiene) más que odio y racismo para los pueblos originarios, demonizándolos, judicializándolos y criminalizándolos gratuitamente.

Y por si fuera poco, la infamia tuvo su pico más alto cuando se produjo el hallazgo del cuerpo de Santiago en un punto del río Chubut que se rastrilló no pocas veces con resultados negativos.

Y por si fuera poco, la infamia también tuvo su pico más alto cuando el gran circo forense caratuló la muerte por ahogamiento sin mayores consecuencias y sin dar lugar a una pericia forense en manos de profesionales ajenos al gobierno, tal como fue solicitado por la abogada de la familia Maldonado.

Desde la Casa Rosada se monitoreó siempre la persecución a los mapuches. Y se monitoreo siempre todo lo que ocurrió ese 1ero de agosto en la Lof Cushamen. Hombres de confianza del gobierno fueron partícipes directos de ese monitoreo y de una cadena de cínicos testimonios dados al mundo a través de sus “periodistas amigos”.

Pero no todo ha sido estiércol manado del poder, en torno al caso Maldonado.

Desde antes del 1ero de agosto, durante el 1ero de agosto y después del 1ero de agosto, de ese 2017, el periodismo libre y los hombres y mujeres libres de la Argentina, de la región y del mundo asimilaron muy bien el mensaje nefasto del gobierno represor y depredador de los mapuches y de los valores de justicia.

Tal como se protestó por la injusta prisión del Lonko Facundo Jones Huala (prisión ilegal para que sea extraditado a Chile) aquel 1ero de agosto en la ruta 40, en la Lof Cushamen (sin suponer que en esa protesta el asesinato de Estado estaría presente con sordidez inimaginable) las protestas de ahí en más, preguntando por el paradero de Santiago Maldonado se hicieron sentir por toda la Argentina, la región y el mundo, con ensordecedor estruendo.

El estruendo propio de la impotencia, de la rabia y de la indignación ante tanta arbitrariedad y tanta criminalidad vestida de “democracia” y de “legalidad”.

El estruendo propio que en los hombres y las mujeres, y en los jóvenes libres de esta pútrida sociedad moderna y “civilizada” que fomenta intolerancias y racismo, nace para confrontar al poder y para  exigirle sin hipocresías que la justicia y la verdad deben preservarse y defenderse, y no deben ser pisoteadas ni distorsionadas.

El estruendo propio de una parte de la sociedad latinoamericana que no es servil a ideologías o intereses literalmente prisioneros de un capitalismo criminal, que en definitiva no hace otra cosa que erosionar las democracias y reprimir las protestas sociales y los reclamos por la libertad, por la justicia y por el derecho a la vida.

Desde el 1ero de agosto a la fecha el torrente de movilizaciones apoyando a la familia Maldonado y a la causa de las comunidades mapuches se ha hecho sentir en todos los rincones de la tierra argentina, como contrapunto a la sarta de maldades que se han continuado materializando desde filas gubernamentales y judiciales y desde ámbitos legislativos y periodísticos, hasta hoy, que escribimos estas líneas.

Desde el 1ero de agosto de 2017, el hombre que fue Santiago Maldonado, es el emblema de la libertad y de la solidaridad, y del reclamo de justicia para las comunidades mapuches. Aunque también es el emblema de la lucha de los pueblos originarios, porque pagó con su vida participar como ellos de una protesta y de una movilización expuesta a la represión brutal del hombre  blanco.

Desde el 1ero de agosto de 2017, ha corrido mucha agua bajo el puente.

Se ha seguido atenazando a los mapuches: sobrevinieron  más represiones, más infamias, el asesinato del joven mapuche Rafael Nahuel en Bariloche y por ende la impunidad de sus asesinos del grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina, el juicio al Lonko Facundo Jones Huala en el que la represión no estuvo ausente a la hora de conocerse el dictamen del Tribunal, en las puertas mismas del Juzgado Federal de Bariloche donde fuimos testigos de la carga policial a puro plomo y gases sobre mapuches de diferentes edades.

Se han seguido aplicando políticas de intolerancia, desbordadas por la indecencia de enturbiar la verdad, como por ejemplo en el caso del crimen de Estado de Rafael Nahuel que se pretende distanciar de la justicia al prefecto que le dio muerte. Un prefecto de nombre Francisco  Javier Pintos que ya no tiene argumentos que demuestren  su inocencia, sino todo lo contrario, tiene en su contra sobradas evidencias de su culpabilidad.

Pero desde el gobierno se insiste en decir, obviamente faltando a la verdad, que el 25 de noviembre de 2017, día en que matan a Rafael, los mapuches tirotearon a los represores que los estaban desalojando. Una mentira tras otra, como un castillo de naipes de la falsedad sostenido solo a instancias del poder, para preservar la impunidad y pisotear la verdad.

Y la fruta de la cereza en todo este pandemónium de injurias y de blasfemias, en contra de la verdad y de la justicia, proviene de la boca de un terrorismo mediático patrocinado por el gobierno, que  lanza recurrentemente misiles contra la libertad de los hombres y contra el derecho a la vida y a la tierra de las comunidades mapuches.

Por ejemplo, el periodista  argentino Jorge Lanata del Grupo Clarín, que es un emblema de la infamia reaccionaria y de la exclusión, y de la putrefacta prensa al servicio estrictamente del poder, ha denostado cruelmente a la familia Maldonado y ha insultado a quienes reclamamos verdad y justicia para un caso de terrorismo de Estado en plena democracia argentina

“Hay un acto por Maldonado, ¿ustedes entienden lo que está pasando? Maldonado se ahogó, lo lamento, es una lástima. Nadie está diciendo que esto sea bueno. Se ahogó en un contexto de represión de la Gendarmería. Ahora no entiendo: “un año sin Santiago” no entiendo, se ahogó. Es una locura. Hay sectores de este país que están escindidos de la realidad”

La realidad de Lanata es una muy distinta a la nuestra. Y nos avergüenza que un hombre de prensa hable así. Soberbio, insensible y lo que es más grave aún: asido a la inmoralidad de un gobierno criminal, solo por el ejercicio equívoco de una profesión que viene desarrollando al servicio del poder, sumergido entre las miasmas de la soberbia periodística, al punto que en verdad, me hace decir que es él quien se encuentra, no solo escindido de la realidad sino además más cercano a ser cómplice del crimen y a transformarse en una pieza clave de la maquinaria de la impunidad reinante.  

Nosotros, como periodistas libres en este mundo prisionero del sistema, y como otros colegas de medios alternativos (En Estos Días y La izquierda Diario entre otros) seguiremos no  solo por el camino de la verdad y de la denuncia, sino que además lucharemos por Verdad y por Justicia,  junto a las familias de Santiago Maldonado y de Rafael Nahuel.

El gobierno  argentino, que es un gobierno democrático de América Latina tiene las manos tintas en sangre. Y denunciarlo es ético. Y desenmascararlo mucho más aún.

Deberíamos sentirnos avergonzados como “civilizados” que nos decimos, de ver con nuestros ojos que  las prácticas colonialistas europeas de otros tiempos y de otros continentes, tienen una vigencia horrenda en nuestra América Latina.

Siempre de la mano de inescrupulosos  sudamericanos viciados y sedientos de poder político y dinero, que no titubean en venderse a los imperios, a las multinacionales y al terrorismo de Estado.

Y que, Insensibles y despiadados, se hacen cómplices de actos criminales de lesa humanidad, cometidos contra pueblos y personas.

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*(1) Organizaciones que convocan a la movilización de Plaza de Mayo: Encuentro Memoria Verdad y Justicia, la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), Familiares y Amigos de Luciano Arruga y Liberpueblo, la Asociación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la Amia (Apemia), H.I.J.O.S. Zona Oeste, la Asociación de Profesionales en Lucha (APEL), el Centro de Abogados por los Derechos Humanos (Cadhu), la Coordinadora Anterrepresiva por los Derechos del Pueblo (Cadep), la Coordinadora Argentina por los Derechos Humanos (CADH), el Equipo Argentino de Trabajo e Investigación (Eatip), Hermanos de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia, el Colectivo Memoria Militante, integrantes del EMVJ, Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), la APDH La Matanza, H.I.J.O.S. Capital, la Asociación Buena Memoria, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Comisión Memoria, Verdad y Justicia Zona Norte, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz, la Fundación Memoria Histórica y Social Argentina y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre

*Foto de Portada: www.eldestape.com