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UN ACTO DE JUSTICIA

Por Georges Almendras

UN ACTO DE JUSTICIA

Absuelven a los campesinos condenados por la masacre de Curuguaty, en Paraguay

                             Por Jean Georges Almendras-30 de julio de 2018

 

Seis años después de la masacre. Seis años después de que la maldad y la violencia del oscurantismo político en el Paraguay sembraran impunidad. Esa impunidad que arrolló vidas y esperanzas. Esa infamia propia de las corruptelas instaladas en democracias a medias tintas. Seis años después finalmente se hace justicia.

Campesinos acusados de asociación criminal, homicidio doloso acabado e invasión de inmueble ajeno,  condenados a estar en la cárcel entre 4 y 30 años, recuperaron la libertad después que la Sala Penal de la Corte –integrada por los camaristas Emiliano Rolón  Fernández, Arnaldo Martínez Prieto y Cristóbal Sánchez- anuló  sorpresivamente las condenas dictadas por la masacre de Curuguaty, responsabilizando a la fiscalía de una deficiente investigación. Una deficiente investigación que sobrevino en las condenas dictadas el 11 de julio del año 2016 por el Tribunal de Sentencias integrado por los jueces Ramón Trinidad Zelaya, Benito Ramón González y Samuel Silvero.

Ruben Villalba fue condenado a 30 años de prisión, más cinco años de medidas de seguridad. Total,  35 años de cárcel.

Luis Olmedo fue condenado a 20 años de prisión.

Arnaldo Quintana y Néstor Castro Benitez fueron condenados a 18 años de prisión.

Lucia Agüero, María OImedo y Dolores López fueron condenadas a 6 años de prisión.

Felipe Benitez Balmori, Adalberto Castro, Alcides Ramirez y Juan Tillería fueron condenados a 4 años de prisión.

Los camaristas admitieron el recurso extraordinario de casación presentado por la defensa de los campesinos y en consecuencia, inesperadamente, resolvieron revocar las sentencias por las que fueron condenadas las 11 personas por la masacre de Curuguaty del día 15 de junio de 2012, oportunidad en que en un enfrentamiento (de ribetes sumamente confusos y controvertidos) murieron 11 campesinos y seis agentes de policía.

Emiliano Rolón, uno de los camaristas que dictó la absolución de los condenados dijo a los medios de prensa locales que  tras el estudio del incidente no se logró justificar aspectos que hacen a la participación criminal de los acusados.

También  agregó: “se tomó una decisión directa que fue la de revocar la sanción dispuesta en primera y segunda instancia. No habrá nuevo juicio. Tras el análisis de las sentencias se encontró una falta de evidencias que sostengan la culpabilidad de los acusados. El problema fundamental es la falta de fundamentación. La falta de justificación en aspectos esenciales de la responsabilidad penal. En nuestro sistema penal la responsabilidad es individual, por más que haya un hecho que sea real como en este caso, se necesita un nexo directo categórico contra uno de los acusados. No podemos saber quien disparó, qué arma se utilizó para matar a A o B persona. Las enunciaciones principales del Tribunal de Sentencia y de Apelación se basan en simples formulaciones genéricas. Hubo falta de evidencias”.

En el tramo final de la resolución de absolución  de los campesinos condenados se puntualiza textualmente: “Las deficiencias detectadas ya no podrán ser corregidas pues fueron ocasionadas en la etapa investigativa y en ritual penal no se podrá retrotraer el procedimiento a etapas anteriores, con grave perjuicio para el imputado”

El abogado de los campesinos Jorge Bogarín dijo: “se investigó incorrectamente desde el principio, ya que solo se indagó sobre la muerte de los policías y no de los campesinos. Errores como estos son muy serios y permitieron anular la sentencia”

Pero además Bogarín fue muy claro al señalar:” Ni la investigación de la Fiscalía, ni la actuación del Tribunal que condenó a los campesinos llegó a aproximarnos a la idea de lo que sucedió. Estamos hablando de impunidad, pero esta decisión es un acto de justicia para estas personas condenadas”

La noticia de la absolución de los campesinos se esparció por el Paraguay y por  toda la región como reguero de pólvora. Cada una de las familias de los campesinos que se encontraban en la cárcel no podía dar crédito a  la buena nueva.

Pero inevitablemente el júbilo por la libertad de los condenados  se debió abrazar con la interrogante sobre lo que realmente ocurrió aquel 15 de junio pasadas las siete y media de la mañana en el predio de la firma “Campos Morombí” a unos 1.600 metros de la ruta X “Las Residentas”, del km 282.

¿Cuál es la verdad de ese trágico episodio, donde tanto el campesinado como las fuerzas policiales aportaron sus  muertos? ¿Fueron los campesinos los que empuñaron las armas que se segaron vidas o fueron los policías?.  La confrontación de los “sin tierra” con el poder, en relación a esos terrenos ya estaba declarada pero no se esperaba un desenlace sangriento. Es más, aquel día no se esperaba un contingente policial de 250 hombres de diferentes reparticiones y mucho menos que los campesinos, que desde días atrás estaban allí acampando con niños y mujeres, fueran a responder al desalojo con el uso de armas de fuego.

Pero los hechos –sorprendentemente- tomaron otro cariz. La violencia se impuso sembrando de muertos el terreno.

En el libro “La masacre de Curuguaty. Golpe Sicario en el Paraguay” del periodista y escritor paraguayo Julio Benegas Vidallet se escribe:“La noche antes al 15 de junio de 2012 la población paraguaya ya se había acostado con la sensación colectiva de que nada importante sucedería. El gobierno del ex obispo Fernando Lugo se acercaba al final de su cuarto año de mandato luego de haber sorteado innumerables intentos de juicio político. Intentos estimulados por grupos políticos y empresariales que nunca habían digerido el hecho de que un gobierno progresista esté al frente de la conducción del país. Lugo, sostenido por una gelatinosa alianza entre el Partido Liberal y una constelación de pequeños partidos y movimientos de izquierda, apenas había logrado rozar algunos de los privilegios que tradicionalmente detentaban los poderes facticos, pero esos limitados avances sociales producían un hondo escozor en esos sectores. Nada presagiaba que esa mañana se produciría uno de los acontecimientos más traumáticos de las últimas décadas. La masacre que termino costando la vida a once campesinos y seis policías. La inestabilidad creada por el “caso Curuguaty”  generó las condiciones para que la derecha vernácula tuviera por fin las condiciones para entablar, una vez más, el juicio político al Presidente

Entonces, hoy,  que se ha hecho un acto de justicia absolviendo a los condenados,  sobrevienen las interrogantes de siempre . ¿A quién o a quiénes convenía ese derramamiento de sangre, en medio de la confusión y el desconcierto? ¿A quién o a quiénes convenía que los muertos fueran no solo campesinos sino además policías? ¿Por qué los registros gráficos de cámaras de televisión de la prensa pautaron en una primera instancia de una emboscada proveniente de  una zona arbolada y no del sector donde estaban agrupados los campesinos, como si se tratara más bien de una suerte de emboscada, planificada con anterioridad y al detalle? ¿Quiénes formaban parte de la línea de tiradores ocultos entre los árboles? ¿Por qué ese día la cámara instalada en el helicóptero policial que sobrevolaba la zona a la hora del desalojo y del tiroteo no funcionaba? ¿Hubo entre filas policiales infiltrados que procuraron desviar la atención hacia los campesinados para que éstos fueran los únicos señalados como responsables de la masacre? ¿Por qué después de los primeros  minutos de tiroteo “indiscriminado” la represión contra los campesinos  se concretó bajo una carga de violencia muy elevada? ¿Por qué después de los hechos de Curuguaty sobrevino un juicio político contra el entonces presidente Fernando Lugo? ¿Por qué después de los hechos se criminalizó prioritariamente a los campesinos sobrevivientes de la masacre? ¿Por qué después de los hechos los campesinos identificados como  partícipes de la violencia (del tiroteo) aún sin evidencias definidas, fueron sometidos a la justicia, haciéndolos responsables de la masacre contra las fuerzas policiales? ¿Por qué finalmente se condenó a once campesinos con penas altas sin poseerse evidencias? ¿Por qué los fiscales que condenaron a los campesinos no investigaron el procedimiento policial para definir a los responsables de la muerte de  los 11 campesinos?¿Por qué tanta impunidad alrededor de la masacre de Curuguaty?.

El periodismo amante de la libertad y de la verdad se hizo cargo de plantear estas y otras interrogantes, en torno a los trágicos hechos de Curuguaty. Ríos de tinta se dedicaron a señalar al mundo que en Curuguaty se había cometido una masacre, cuya autoría más parecía ser  un verdadero tsunami de confusiones que una situación precisa y definida. Como si quienes accionaron los gatillos de sus armas, además de causar muertes, hubiesen querido crear confusiones por doquier, buscando criminalizar a quienes en la confrontación eran los más vulnerables: los campesinos, en reclamo legítimo de tierras que eran destinadas a ellos.

Periodistas y los propios campesinos con sus respectivas familias y compañeros de lucha siempre reclamaron justicia y siempre dieron de los hechos una visión ajustada a la triste realidad del campesinado constantemente perseguido y excluido por terratenientes y poderosos de la región.

Y los detenidos debieron soportar el encierro a la espera del juicio del año 2016, momento en que el Tribunal de Sentencia descargó sobre ellos una furia y una tormenta de duras sentencias.

Pero hoy, las circunstancias judiciales hicieron que el caso de los campesinos de Curuguaty diera un giro de 180 grados.

Después de cargar sobre sus espaldas seis años de impotencia, sufrimientos físicos y emocionales, desesperaciones y desesperanzas, los campesinos recuperaron la libertad, a excepción de cuatro que ya habían cumplido la pena impuesta.

Fue así que el jueves 26 de julio, el mismo día en que se dictó la absolución de los condenados la viuda del comisario Erven Lovera, que fue el primer oficial en caer muerto, Estela Meza, dijo en el programa “Crimen y Castigo” de ABC TV que sentía “Impotencia, tristeza y mucha decepción de la justicia, de las autoridades. Alguien nos tiene que decir qué fue lo que pasó en Curuguaty, cómo murieron y quiénes mataron a nuestros maridos”

Fue así que  este viernes 27 de julio reciente los campesinos –un total de seis- que estaban entre rejas recuperaron la libertad en medio de exclamaciones de júbilo y lágrimas, no así Rubén Villalba (quien recibió la condena mayor ) ya que pesa sobre él otra condena por invasión de inmueble.

Fue así que también este viernes 27 de julio  de julio el Ministro del Interior, Ariel Martinez dijo a los periodistas del Paraguay que le consultaron sobre la absolución de los campesinos:”Los fallos judiciales hay que respetar, nos gusten o no. Creo que debe haber un respeto irrestricto al estado de derecho. No se puede instalar en el Paraguay un Estado donde no se respeten”.

Fue así que este sábado 28 de julio, después de dos años, se levantó la “carpa de resistencia” ubicada frente al Palacio de Justicia de la capital paraguaya que habían montado familiares y amigos de los condenados por la masacre de Curuguaty.

¿Seis años después de la masacre de Curuguaty será muy difícil saber  la verdad?

Sí. Será muye difícil.

¿Podremos saber algún día que pasó verdaderamente en Curuguaty?.

No perdamos la esperanza.

Libres los campesinos ¿cada uno seguirá con su vida y con la lucha de los “sin tierra”?.

Seguramente.

¿Ahora que se ha hecho un acto de justicia, podremos creer verdaderamente en la justicia?

Es lo más probable.

.¿Quiénes verdaderamente apretaron los gatillos de las armas aquel 15 de junio estarán más impunes aún?

Puede ser,  porque es un hecho que los campesinos no fueron los asesinos.

¿Y entonces?

Pues todos seguiremos preguntándonos: ¿Qué pasó realmente en Curuguaty?.

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*Foto de Portada: www.abccolor.com

 

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