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UNA REHEN SILENCIOSA

Por Jean Georges Almendras

UNA REHEN SILENCIOSA

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Por Jean Georges Almendras

Cuando la sangre del periodista Pablo Medina y de Antonia Almada se esparcía sobre sus respectivas ropas y por sobre el tapizado de la camioneta en la que fueron víctimas del atentado, mismo aquella tarde del día miércoles 16 de octubre del pasado 2014 se materializaba en los hechos una nueva violencia a la vida humana, y muy sutilmente se pulseaba a la Justicia de una democracia vigente. La muerte de ese periodista tenía un enorme significado, no solo para sociedad paraguaya sino para las instituciones que tanto se precian de serlo. Entre ellas la institución responsable de administrar justicia. Por esa razón, hoy, a más de cinco meses de esa tragedia, mirándola a la distancia y a sabiendas de que uno de los asesinos –Vilmar “Neneco” Acosta- todavía se encuentra en el Brasil en “cómoda” espera de la resolución para extraditarlo al Paraguay, la bofetada de la impunidad se cobra una nueva victoria, prácticamente tomando de rehén a la Justicia, mientras los devaneos jurídicos y burocráticos de los acuerdos políticos e internacionales siguen su curso. Se viven tiempos de esperas y de paciencias compartidas, llevándose a los tumbos con las legalidades de esta época.
No es un tema personal, traer o dejar a “Neneco”, es un tema de Estado. O al menos debería serlo y con las manos verdaderamente puestas en el arado y no con la tibieza que siempre ha caracterizado a los gobiernos “manchados” por la tintas de la corrupción y de la intriga. La misma intriga y corrupción que sirvió de marco para cometer el crimen de Medina y de otros que como él, un buen día, con sus denuncias y sus ideas, tocaron resortes tan altos, que para callarlos, no había otra que eliminarlos, sacarlos del medio. Los unos, implicados por ideólogos, los otros, por sicarios y los terceros, por negligentes. Y dentro del grupo de los negligentes, y quedó comprobado tras el caso Medina, se encuentran los políticos corruptos y los hombres y las mujeres del poder del Estado que desde las sombras, luciendo traje y corbata o finos vestidos, exhibiendo sonrisas y diciendo palabras y frases complacientes y formales, creen hacer la patria o vivir la democracia, aunque en realidad la están traicionando descaradamente, a puro guante blanco
A propósito de la negativa de deportación de uno de los asesinos de Medina no tengo dudas, que mientras hay quienes entienden que los tecnicismos jurídicos fueron interpretados erróneamente, hay otros que aferrándose a ellos defienden a capa y espada los procedimientos realizados. Y por ahí, incluso hasta habrá alguien que osará decir que “una mano negra” tomó participación en el asunto para llegarse a las resoluciones conocidas. Todo es admisible pero la verdad es una sola: la sangre derramada por Medina y Almada, sigue siendo pisoteada por sus asesinos. Por los ideólogos y por los verdugos que todavía están prófugos.
Ya, a esta altura de los acontecimientos, uno está definitivamente perplejo ante el cúmulo de situaciones que se han ido dando, desde que a “Neneco” se lo esposó en las calles de una ciudad brasileña el pasado día miércoles 4 de marzo, faltando tanto solo diez minutos para las 18 y 30 horas de la tarde.
Sobrevinieron luego, las más inimaginables pujas, tanto para que Vilmar Acosta pueda neutralizar su situación de detenido con pasaje pronto para ser llevado al Paraguay para ser juzgado, como para que ocurra todo lo contrario. ¿Extraditarlo o deportarlo? Fueron las interrogantes que estremecieron a las familias de las víctimas y al mismo Vilmar Acosta. Sobrevinieron entonces todas las argumentaciones más razonables y menos razonables para responderlas. Y en el embudo de toda la situación planteada, desde el Brasil se arrojaron más leños al fuego: decidieron no aceptar la deportación, la que implicaba un rápido –casi inmediato- traslado de “Neneco” ante la Justicia Paraguay, venciendo la pulseada la corriente jurídica de la extradición, cuya puesta en práctica tiene el olor inconfundible del largo plazo.

¿Autoridades brasileñas inclinaron la balanza ajustados a Derecho o ajustados a otros intereses, más mezquinos?¿Por qué, así , tan descaradamente se le hizo una zancadilla a la Justicia paraguaya?¿El crimen de Medina, o mejor dicho, aclararlo no era acaso un asunto de mucho interés para el Estado? Los vientos parece que cambiaron muy rápidamente, más ajustados a los cambios climáticos de los últimos tiempos, que a Derecho, o a la ética. El tsunami de la muerte del periodista y de su asistente, en un santiamén se transformó en una brisa de primavera.
Y llovieron las repercusiones, en los días siguientes a conocerse el fallo brasileño que dio tranquilidad al asesino, todavía alojado en una unidad estatal de Campo Grande, mientras Policías Federales –seguramente a contrapelo de las ideologías instaladas en las tiendas de sus superiores- , más que conscientes de los hechos, sorprendentemente e irónicamente, hacen –ahora mismo- denodados esfuerzos para que Vilmar Acosta, el ex intendente de Ypehjú que mandó a matar a un periodista , permanezca allí, en la superintendencia de la Policía de Campo Grande, y que se retarde su traslado a una prisión del estado de Mato Grosso, mientras se hacen los últimos intentos para que en un acto de absoluta sensatez diplomática pueda revertirse la situación, y pueda concretarse el traslado al Paraguay. Los Policías Federales brasileños, saben perfectamente que una vez ingresado “Neneco” a la prisión, a la espera de la tan mentada extradición, los plazos se alargarán y hasta crecerían inclusive las posibilidades de que el detenido pueda llegar (a quedar libre) a zafar de la Justicia paraguaya.
¿Y cuáles fueron las principales repercusiones en el Paraguay tras el fallo de extradición de las autoridades brasileñas? Por ejemplo, el fiscal general del Estado paraguayo Javier Díaz Verón, dijo que todavía puede darse la deportación de Vilmar Acosta, pero solo si existe voluntad de las autoridades del Brasil
“Lo mejor que le puede pasar al país es que venga a Paraguay a someterse a la Justicia. Hoy la sociedad paraguaya está convencida de eso y mientras él no sea procesado siempre existirá una deuda con la sociedad, por eso no vamos escatimar esfuerzos para que venga a Paraguay. Esto va a significar no una revisión, sino un análisis exhaustivo para que el Estado paraguayo, a través de sus autoridades, vea en el futuro la conducta a desplegar en caso de presentarse. Seguimos esperando la misma reciprocidad, teniendo en cuenta nuestro accionar con personas que se encontraban en nuestro país y fueron deportadas hacia territorio brasilero en el menor tiempo posible” sentenció Javier Díaz Verón .
A todo esto, se supo que la defensa de Vilmar Acosta habría presentado una apelación ante el Juez de Sete Quedas, Guilherme Henrique Berto de Almada ,el mismo que anteriormente había revocado su nacionalidad brasileña, con la pretensión de volver a recuperar nuevamente esa ciudadanía, para acogerse así a la legislación local buscando evitar su traslado al Paraguay. Trascendió además que “Neneco” estaría promoviendo un recurso de habeas corpus. Este aspecto no ha sido ni ratificado, ni desmentido.
Pero hay más, porque un titular de ABC Color resume la posición del presidente paraguayo. O al menos su sentir. “Tímida reacción de Cartes sobre Vilmar” es el título de un artículo en el que se menciona una visita que hizo Horacio Cartes a Villa Hayes. “Se están haciendo todas las gestiones necesarias y posibles para que Vilmar Acosta sea traído al Paraguay. Se está haciendo más de lo que uno puede” concluyó el Presidente paraguayo sin hacer mayores comentarios, ni sobre las demoras del trámite, ni sobre los trascendidos respecto a que haya conversado sobre este asunto con su colega Dilma Rousseff.
Para Eladio Loizaga, ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, no es que Brasil haya denegado la deportación “sino que la instancia diplomática (deportación) no se ha agotado”
Mientras que para Francisco de Vargas y en razón de su experiencia anterior como Fiscal el trámite de extradición – de Vilmar Acosta- puede durar meses o hasta años. “Lastimosamente, me doy cuenta que esto no va a ser rápido”, dijo evitando hablar sobre la influencia política en el caso.
José Antonio Moreno Ruffinello, ex ministro de Relaciones Exteriores paraguayo y ex embajador en Brasil se lamentó de la falta de reciprocidad del Brasil al no dar lugar a la deportación del ex intendente, y dijo que dadas estas circunstancias hay motivos para entender que hay una mano negra. “Debía haber reciprocidad, atendiendo que es un principio cardinal del derecho internacional. En una semana en Brasil cambiaron la estrategia como tres veces, no puede ser; nosotros nos portamos muy bien con ellos al deportar a peligrosos delincuentes. Pero hay que estar alertas y confiar en nuestra diplomacia” manifestó.
Sheila Abed, ministra de Justicia, en cambio, dijo que nunca hubo posibilidad de deportación de Vilmar Acosta puesto que no se cumplieron cuestiones administrativas que establece el Brasil para ello, contradiciendo la posición de la Fiscalía, que apostó a la deportación.”Esa medida solo corre cuando ocurren faltas administrativas, como ser que la persona está ilegalmente en ese país, ha vencido la visa, tiene problemas sanitarios, situaciones que no afectaron a Vilmar Acosta”
Todos, dentro y fuera de fronteras paraguayas quedamos meciéndonos en la cuna de la paciencia. En Asunción, los parientes y allegados directos de Pablo Medina y de Antonia Almada, y la viuda del ex intendente Julián Nuñez, seguramente deben estar viviendo el dolor de la impotencia frente a la impunidad reinante, con la dignidad moral que el sufrimiento en sí mismo nos aporta, en las situaciones límite. Y estos tres crímenes fueron no solo la situación límite de tres familias, sino también fueron la situación límite de la sociedad paraguaya, la que debería haber salido masivamente a las calles de Asunción con los altavoces de la protesta, en una movilización enérgica, que trascendiera a la familia periodística y a las movilizaciones que se hicieron sentir en localidades y ciudades del interior del país, como Curugutay, Villa Igatimi entre otras. Pero no fue así, porque las movilizaciones tenían que haber hecho cimbrar al gobierno. E Insisto, no fue así. Todos murmuraban los hechos, mascullaban la rabia y dejaban paso al miedo. Ese miedo ciudadano que atenaza implacable cuando no se es firme en convicciones o principios, y por sobre todo, en valores de solidaridad y de justicia. Esas flaquezas que dominan al mundo de hoy. Esas flaquezas que los poderosos de turno y los involucrados en la narco política, sentados en algunos sillones del gobierno de Horacio Cartes, conocen y saben explotar muy bien, para beneficio propio, sin mirar su pasado y al vecino que se tiene al lado. Pablo Medina y otros periodistas se inmolaron, porque se quedaron solos. Los dejaron solos. Aislados.