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YO NO OLVIDO

Por Sonia Bongiovanni

YO NO OLVIDO.

Diálogo entre Salvo Vitale y Sonia Tabita Bongiovanni – 9 de Marzo de 2016

“La memoria es un monstruo. Uno olvida, ella no. Simplemente archiva las cosas, las guarda por ti, o te las esconde y las trae al recuerdo con voluntad propia. Piensas que tienes memoria… No es cierto… Es la memoria que te tiene a ti…” (John Irving).

La memoria no me ha olvidado, está dentro de mí.  No creo, como dice Irving, ser su esclavo o recordar según “su voluntad”. Todavía soy yo quien decide qué recordar, a pesar de darme cuenta de que la búsqueda de ese lugar recóndito, muy particular, de ese claro que Prevert definía como “la selva de la memoria” nunca es casual. Arriesgas de emprender obligados caminos, en los insondables meandros, a menudo inexplorados, de lo vivido.

Yo no olvido tampoco, no mucho y no solo porque fue asesinado un compañero con el cual compartía el tiempo y el pan (compañero, es decir, cum panis, persona con la que se comparte el pan, n.d.r.), sino porque juntos construíamos el modelo de sociedad en el que nos habría gustado vivir.

De por medio estaba “La Idea”, que era el nombre del periódico en el que Peppino Impastato escribía con apenas 16 años, un año más que tú, que es el que nosotros gritamos que no morirá jamás, pero que muchos ignoran, que muchos han olvidado, han renegado. Esas ideas con las que muchos dijeron que querían continuar, pero solo en palabras, porque ya se habían detenido después de la muerte de Peppino, al haber perdido su punto de referencia. Pero además porque se vieron privados de alguien que pensaba y que trabajaba por ellos.

 Si estas ideas que, reducidas a unas pocas palabras, significan igualdad social y económica, justicia, libertad, respeto por el otro, fraternidad, rebelión frente a las injusticias, belleza, arte, música, sonrisa, sencillez, espontaneidad, comunicación, amor, seguirían encontrando a alguien que se haga cargo y que las lleve adelante, entonces Peppino seguirá estando allí. En cambio, como ocurre en nuestro tiempo, si cada uno piensa en si mismo, Peppino habrá muerto para siempre. De todos modos creo que alguien seguirá estando. Sueño con que sean muchos los que estén.

Ciao Sonia

Salvo Vitale

“Peppino está vivo y lucha con nosotros. Nuestras ideas jamás morirán”, 9 de mayo de 1978.

Los gritos de los jóvenes se escuchaban en toda la ciudad de Cinisi. Esos rostros de sufrimiento, pero al mismo tiempo de rebeldía, de muchos chicos que quisieron dar un mensaje, que quisieron acompañar a Peppino en el día de su funeral.

Las pancartas llevadas por los cientos de personas presentes. Estas son las cosas que logran dejar, al menos, una migaja de esperanza. Este es el espíritu rebelde, revolucionario, que aún puede hacernos creer en algo. Esas expresiones cargadas de rabia hacían que el momento fuera incluso más tétrico y el ataúd vacío, en el que se encontraban apenas unas pequeñas partes del cuerpo de Peppino y que habían sido recogidas por sus amigos y compañeros en la noche de su muerte, llevado y arrastrado por sus verdaderos hermanos, como Salvo Vitale,

 

El simple hecho de pensar en ello me da escalofríos. Pocas horas antes Peppino había estado riendo y bromeando con ellos. Poco más tarde esas mismas personas se encontraban frente a sus entrañas. Frente a pedazos de carne, a su sangre. Frente a partes de su cuerpo destrozado, esparcidas en las vías del tren de la estación de Cinisi. Con una acción perpetrada en pocos minutos se puede provocar un acontecimiento capaz de perturbar y cambiar el futuro de millones de personas.

Pero ¿qué nos importa a nosotros? ¿No es cierto? ¿Qué nos importa uno más de estos muchos chicos sicilianos que han muerto, que han sido asesinados por personas que tienen el poder en sus manos? ¿Qué nos importa la mafia, la criminalidad, qué cambia para nosotros su existencia? Toda esta sangre derramada a causa de las injusticias ¿qué nos importa? Nosotros estamos aquí, haciendo cada uno su vida, nosotros, los jóvenes de hoy, estamos aquí pensando solo en como pasar el tiempo, pensando en nosotros mismos y en lo que llamamos “felicidad”.

Pero ¿qué es realmente esta felicidad que creemos que tenemos tan cerca y qué creemos que vivimos realmente? La felicidad no es aquella que nosotros creemos, la felicidad es algo más; la felicidad es tener un objetivo, buscar tomar el camino correcto, aquel que puede llevarnos realmente a ser nosotros mismos.

La felicidad es luchar para cambiar nuestro mañana, hacerlo a través de nuestras pasiones y hacerlo junto a las personas que amamos. La felicidad es sacrificio. La felicidad es valor. La felicidad es altruismo. La felicidad es humildad. La felicidad es amor.

En el momento que hayamos comprendido cuáles son los verdaderos valores de la vida y los hayamos puesto en práctica será cuando comencemos a sentir esa felicidad de la que todos hablan. En el momento que empecemos a cambiar la sociedad será cuando seremos realmente felices.

Pero nosotros estamos aquí, de brazos cruzados, indiferentes ante todo esto. Hacemos nuestro minuto de silencio en la clase y luego ¿qué importa? total mañana morirá algún otro en lugar de Peppino Impastato, de Paolo Borsellino, de Giovanni Falcone.

“La indiferencia mata más que la mafia” son las palabras del Juez Nino Di Matteo, a quien todos han dejado solo, incluso nosotros, los jóvenes. Porque también nosotros somos la causa de todo esto. Si fuéramos diferentes de lo que somos tal vez la mafia habría dejado de existir, tal vez no habrían ocurrido todos esos atentados, tal vez toda esa sangre jamás habría sido derramada.

Tenemos que pensar en nuestro futuro, en el de las próximas generaciones; tenemos que dejar de ser apáticos, indiferentes, egoístas e intentar pensar un poco más en el bien de la sociedad, porque si seguimos sin hacer nada cuando lleguemos a comprender todo esto quizás sea demasiado tarde. Peppino, Paolo, Giovanni, el Generale Carlo Alberto Dalla Chiesa, el periodista Pippo Fava, Don Puglisi, todos ellos y muchos más han dejado una huella, han dejado  esculpido en cada uno de nosotros el verdadero sentido del valor, de la revolución, del amor por el pueblo, los verdaderos valores de la vida. Han dejado en nosotros esa causa. Causa por la que tenemos que sentir el deber de luchar. No tenemos que olvidarnos de que ellos, los mártires de nuestra Italia, no se sacrificaron en vano. Quiero recordar sus sonrisas, sus miradas, sus pensamientos y sus ideas, ideas que querían provocar el cambio, ideas que querían salvar a nuestra sociedad “ideas que seguirán caminando con nuestras piernas”.

Estos, nuestros héroes, nos han enseñado todo esto, Peppino nos ha enseñado todo esto y ya no me es suficiente con escribir estas pocas líneas en su memoria, ya no me es suficiente derramar lágrimas por esos hechos horribles que han ocurrido, ya no me es suficiente. Yo no olvido.

Sonia Tabita Bongiovanni